jueves, 30 de julio de 2009

Autostop / Autostopista



El DRAE remite a las versiones “autoestop” (‘manera de viajar por carretera solicitando transporte a los automóviles que transitan’) y “autoestopista” (‘que practica el autoestop’) e indica que se trata de un galicismo (“auto-stop” /otostɔp/), que a su vez incluye el anglicismo “stop” /stɒp/ (“parada”, “alto”), mientras que el DPD considera que la grafías etimológicas “autostop” y “autostopista” son la más usadas y recomendables.
Lo malo viene cuando, creyendo que es así como se dice en inglés, se visita un país de habla inglesa, donde se utilizan los términos “hitchhike” (/'hɪtʃhaɪk/) para “hacer autostop” y “hitchhiker” (/'hɪtʃhaɪkə(r)/) para “autostopista”, además de la expresión “to thumb a lift/ride” (de “thumb”, pulgar, y “give a lift”, llevar en coche, o “ride”, paseo en coche), con lo que se corre el riesgo de no hacerse entender o incluso de hacer el ridículo.
En todo caso, siempre podemos decantarnos por el castellano y decir “hacer dedo”, aunque hay versiones peores (ya he oído por ahí las expresiones “pedir raid/raite”, “pedir lift” e incluso “pedir chance”) y otras muy pintorescas: “pedir un aventón” en México, “pedir jalón” en Guatemala y Honduras, “pedir bote” en Panamá, “pedir botella” en Cuba, “pedir bola” en la República Dominicana, “pedir pon” en Puerto Rico, “pedir (la) cola” en Venezuela, “echar dedo” en Colombia, “tirar dedo” en Perú o “tirar/jalar la goma” en Nicaragua.

Confort / inconfortable / disconfort



Mientras que el adjetivo “confortable” (siempre con ene, claro está) deriva del verbo “confortar”, que a su vez proviene del latín “confortāre” (‘dar ánimo, vigor o consuelo’), el sustantivo masculino “confort” se introdujo a mediados del siglo XIX a través del francés “confort” /kÕfƆr/ (lengua de la que también pasó al inglés “comfort” /'kʌmfərt/); en consecuencia, el adjetivo “confortable” pasó también a significar, desde ese momento, ‘que proporciona confort o comodidad’. Sin embargo, el sustantivo “confort”, pese a estar recogido en el DRAE (‘aquello que produce bienestar y comodidades’), es totalmente superfluo teniendo en cuenta la disponibilidad de otros como “comodidad”, “bienestar”, “consuelo”, “ánimo” o “aliento”.
También hay que tener en cuenta que en español “confort”, al igual que su étimo francés, es palabra aguda (/konfórt/); así pues, deben evitarse tanto la grafía anglicada “comfort” como la pronunciación llana /kónfort/.
Más cacofónico (y no recogido en el DRAE) es el palabro “inconfortable” (calco del inglés “uncomfortable” /ʌn'kʌmftəbəl/: “incómodo”, “molesto”, “desagradable”).
Por último, rizando el rizo, tenemos el número 12 de la Revista Red Ubuntu, donde encontramos el vocablo “disconfort”, por influjo del inglés “discomfort” /dɪs'kʌmfə(r)t/ (“incomodidad”, “molestia”, “malestar”, “inquietud”, “desasosiego”).

miércoles, 29 de julio de 2009

Concreto



Este es un caso más típico de los hispanohablantes de EE.UU. y México, pero lo incluyo aquí por ser el colmo de la absurdez. Todos sabemos que “concreto” es un adjetivo castellano que significa “determinado”, “preciso”, “sin vaguedad”, “delimitado”, “fijado”, “ceñido”, “fijo”, “cabal”, “definido”, “establecido”, “designado”, “estipulado”, “señalado”, “específico”, “especial”, “típico”, “distinto”, “sólido”, “compacto”, “material”; por desgracia para nuestra lengua, en inglés existe la palabra “concrete” (/'kɒnkrɪ:t/), equivalente al castellano “concreto” cuando funciona como adjetivo, pero no cuando lo hace como sustantivo con el significado de “hormigón”. Si algunos se empeñan en destrozar el castellano diciendo “concreto” cuando quieran decir “hormigón”, será mejor que se limiten a hablar inglés, y así se les entenderá mejor (o no). Eso sí, tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe: ya han conseguido que la RAE lo incluya en el diccionario.

martes, 28 de julio de 2009

Commodity (/kə'mɒdɪtɪ/)


El intrincado mundo de las inversiones financieras, con la tensión provocada por la cantidad de millones que cambian de manos cada momento, no puede permitirse la bajeza de utilizar demasiados términos en castellano. De este modo, jamás deben utilizarse palabras como “artículo”, “producto (objeto de comercialización)”, “mercancía”, “mercancía”, “mercadería”, “materia prima” o “bienes de consumo”, sino “commodity”; así, el “mercado de materias primas” se convierte en el “mercado de commodities” o, mejor aún, en el “commodity market”.

Cómic


¡Sorpresa! Esta palabra tampoco pertenece a la lengua castellana. Aunque aparece en el DRAE como ‘serie o secuencia de viñetas con desarrollo narrativo; libro o revista que contiene estas viñetas’, procede del inglés “comic” /'kɒmɪk/ (“historieta”, “tira cómica”, o ‘libro o revista que las contiene’). Yo me decanto por los términos “novela gráfica” o “tebeo”, aunque ésta tampoco es realmente una palabra, sino que proviene de la revista “TBO” (y algunos me rebatirán diciendo que no es lo mismo un “cómic” que un “tebeo”, pero para mí básicamente son lo mismo).

viernes, 24 de julio de 2009

Clinker / clínker


“Caliza cocida” sería el equivalente en castellano más exacto de lo que se conoce como “clinker” (/'klɪŋkə(r)/), la principal materia prima de la que se obtiene el cemento. Previamente, el “clinker” es sometido a un proceso de cocción, a partir del cual puede ser utilizado por las industrias, que lo someterán a una trituración laboriosa de la que se obtiene el cemento. Para ello, los operarios de las fábricas de cemento emplean unos molinillos especiales en los que se muele directamente el “clinker”, que está constituido por una especie de bolas de color grisáceo de tamaño similar al diámetro de una pelota de golf, aunque en ocasiones son más pequeñas.

jueves, 23 de julio de 2009

Comercial


Además de los significados clásicos (‘perteneciente o relativo al comercio o a los comerciantes’; ‘que tiene fácil aceptación en el mercado que le es propio’), el DRAE ha añadido una tercera acepción (‘soporte visual o auditivo en que se transmite un mensaje publicitario’) por influencia hispanoamericana, a su vez proveniente del inglés “commercial” /kə'mɜ:ʃəl/ (“pausa publicitaria”, “espacio publicitario”, “mensaje publicitario” o “anuncio publicitario”).
Por otra parte, conviene tener en cuenta la primera acepción del DRAE y no utilizarlo como sustantivo en lugar de “vendedor”, “viajante” o “agente comercial”, sino únicamente como adjetivo.

miércoles, 22 de julio de 2009

Chef (/ʃƐf/)


En un restaurante u hotel, se utiliza para designar al “jefe de cocina”. Pese a haberse vuelto tan común que su utilización en solitario presupone la referencia a un “cocinero”, en su origen francés significa “jefe” a secas (“chef de famille” = “cabeza de familia”; “chef de fille” = “jefe de filas”; “chef de gare” = “jefe de estación”; “chef d’entreprise” = “empresario”; “chef d’État” = “jefe de Estado”; “chef d’orchestre” = “director de orquesta”, “sous chef” = “asistente del jefe”; etc.) Lo que ya me hace dudar es la grafía “cheff”, cortesía de José María Massip en Los Domingos de ABC del 6 de septiembre de 2009, creando una especie de fusión entre “chef” y sheriff.

Ciao (/'tʃao/)


Exclamación italiana utilizada tanto para saludarse (“hola”) como para despedirse (“adiós”, “hasta luego”), tanto en su país de origen como en la mayoría de zonas de habla hispana (en este último caso, normalmente sólo para despedirse).

Bonus (/'bəʊnəs/)


El mundo de la empresa y de la economía de mercado no se contenta con hacer estragos en nuestros bolsillos y en nuestro ánimo (y estoy hablando desde el denominado “primer mundo” —hasta el momento—, porque más abajo los estragos no son tan “benignos”), sino que está empeñado en desterrar por completo al castellano. En este caso, parece que no les gustan los términos “prima”, “bonificación” (también derivada del latín “bonus”), “ventaja”, “incentivo”, “plus”, “gratificación”, “sobresueldo” o “adehala” (¡hermosa lengua mozárabe!) para referirse a la retribución variable que percibe un trabajador como recompensa por haber cumplido con los objetivos de su empresa, ya que los sustituyen por “bonus”, aunque no creo que sea por amor a las lenguas muertas, sino más bien por idolatría al Imperio y a su dios Dólar.
También he oído por ahí a algún listo utilizando el vocablo “perk” (/pɜ:rk/) con el mismo sentido, pero es una metedura de pata (nunca lo reconocerán, al igual que los bancos jamás admitirán que ellos son los responsables de la crisis), ya que es un término referido a los “beneficios adicionales”, “extras” o “ventajas” de un determinado puesto de trabajo, tales como comedores subvencionados, transporte al trabajo y demás.

Colaje


Adaptación gráfica propuesta para la voz francesa “collage” (/kƆlaƷ/), que designa la ‘técnica pictórica consistente en pegar sobre lienzo o tabla materiales diversos’ o la ‘obra pictórica efectuada con este procedimiento’. Al no ser muy ducho en la materia, no me atrevo a sugerir alternativas como “encoladura” o “pegadura”, por miedo a no respetar todas las connotaciones que la mencionada técnica artística pudiera comportar.
Aunque se documenta también la adaptación “colage”, debe preferirse la grafía con jota por analogía con el resto de las voces francesas terminadas en -age que se han incorporado al español, y que se han adaptado siempre con la terminación -aje: bagaje, bricolaje, masaje, etc.

martes, 21 de julio de 2009

Colectar


Muchos convierten el inglés “to collect” /kə'lekt/ (“estancarse”, “reunir/se”, “congregar/se”, “juntar”, “recopilar”, “recoger”, “coleccionar”, “acumular/se”, “retener”, “cobrar”, “recaudar”, “hacer una colecta”, “recolectar fondos”) en “colectar”. Lo malo es que lo utilizan para todos los significados (“juntar”, “recopilar”, “recoger”, “coleccionar”, “acumular”…), mientras que los únicos válidos serían los cuatro últimos (“cobrar”, “recaudar”, “hacer una colecta” o “recolectar fondos”).

miércoles, 15 de julio de 2009

Carné


Del francés “carnet” /karnƐ/ (“cuadernillo”, “libreta”, “bloc”), donde curiosamente no lo utilizan con el mismo significado que nosotros (‘documento que se expide a favor de una persona, provisto de su fotografía y que la faculta para ejercer ciertas actividades o la acredita como miembro de determinada agrupación’), concepto para el que utilizan las expresiones “pièce d’identité” o “carte d’identité”. Todo sería más fácil si imitáramos el apego de los franceses a su lengua y nos limitáramos a utilizar el castellano y dijéramos “tarjeta (de identidad)”, “identificación”, “permiso (de conducir)”, etc.
En algunos países de América, como Colombia, Venezuela o Bolivia, ha comenzado a circular en los últimos años el verbo “carnetizar”, con el significado de “proveer a alguien de identificación”, así como el derivado sustantivo “carnetización”. Se trata de usos no tradicionales, rechazados por la norma culta de esas zonas, por lo que se recomienda seguir empleando las expresiones habituales en español en estos casos, como “proveer de identificación”, “expedir la tarjeta”, “hacer el permiso”, etc.

Coffee break (/'kɒfibreɪk/)


“Pausa del café”, “descanso para tomar café”, “pausa para comer”, “hora del almuerzo”, etc. son costumbres del pasado, destinadas a desaparecer por obsoletas, indignas e indeseables. Hoy lo que se lleva, en medio de un meeting o un workshop, es hacer un “coffee break” (también escrito de cualquier otra manera, a cual más inverosímil, como puede verse en la imagen) en el “coffee corner” que tendrá habilitado toda empresa que se precie, o bien un “lunch break” (a ser posible escrito “lonch breic”).

martes, 14 de julio de 2009

Cóctel / coctel



Incluso lo he visto escrito como “coktel” y “cocktel” (claro, que eran foros de Internet, que parece que atraen a la flor y nata de los antisistema de la Lengua Castellana). Según el DPD, la forma llana “cóctel” (plural “cócteles”), que refleja la pronunciación etimológica, es la única usada en España y la preferida en los países del Cono Sur. En el resto de América esta forma alterna con la aguda “coctel”. Son inadmisibles grafías como “coktail”, “coctail” o “coktel”, que no son ni inglesas ni españolas. Por la misma razón no es válido el plural híbrido “cóctels”.
Se trata de una palabra recogida en el DRAE (‘bebida compuesta de una mezcla de licores a la que se añaden por lo común otros ingredientes’; ‘reunión o fiesta donde se toman estas bebidas, generalmente por la tarde’; ‘mezcla de cosas diversas’), incluyendo sus compuestos “cóctel de mariscos” (parecido a “prawn cocktail” o “cóctel de gambas”) y “cóctel molotov” (lo que algunos usuarios de esos foros de Internet lanzan a las tumbas de Cervantes, Góngora y demás retrógrados del lenguaje). Sin embargo, me surgen varias dudas: ¿qué tiene de malo la palabra castellana “combinado”? Y, en caso de que aborrezcamos cualquier término con tufo a tan opresor idioma, ¿por qué limitarnos a tan pocas acepciones? ¿Por qué no sustituir, por ejemplo, “macedonia” por “cóctel de frutas” (“fruit cocktail”), “mueble-bar” por “armario de cóctel” (“cocktail cabinet”), “vestido de fiesta” por “vestido de cóctel” (“cocktail dress”), etc.?

lunes, 13 de julio de 2009

Coach (/kəʊtʃ/)


Término inglés que significa “entrenador”, “preparador”, “tutor”, “instructor”, “guía” o “profesor particular”; normalmente estos son los términos que utiliza la mayoría en castellano salvo, claro está, a nivel de management, en cuyo caso hay que decir “coach”. Como en todo, siempre hay alguien que eleva la estupidez a límites insospechados, como Miguel Ángel Barroso quien, en la edición de Los domingos de ABC del 4 de octubre de 2009, empeñado a toda costa en evitar las múltiples posibilidades del castellano, hace el ridículo con la siguiente frase: «cenaba y entrenaba con un couch las escenas del día siguiente», confundiendo “coach” con “couch” /kaʊtʃ/ (“diván”, “sofá”, “camilla”), error en el que reincide el 22 de agosto de 2010, cuando aprovecha para demostrar que no tiene ni pajolera idea de lo que significa el palabro en cuestión: «incluye un personal shopper y un “couch” o psicólogo». Con tanta reincidencia, al final consigue provocar el contagio y hasta se convocan cursos prácticos de “couching aplicado al trabajo”, se crea el innecesario verbo “couchear” e incluso se añade una erre, como Miriam Subirana en El País Semanal del 5 de febrero de 2012, convirtiéndolo en el verbo francés “coucher” /kuʃe/ (“acostar[se]”, “tender”, “tumbar”, “dormir”).

viernes, 10 de julio de 2009

Cluster (/klʌstər/) / Holding / Joint-venture (/dʒɔɪnt-ventʃər/)


Aviso para navegantes: si su empresa va a fusionarse con otra, o bien va a absorberla o ser absorbida, asegúrese de que el resultado de dicha unión va a ser un “clúster”, un “jóldin” o un “yoint-ventur”; si va a tratarse simplemente de un “grupo (financiero)”, “consorcio industrial”, “grupo de empresas”, “sociedad financiera”, “sociedad de cartera”, “sociedad de participación”, “empresa conjunta” o “sociedad de riesgo compartido”, apresúrese a abandonar el barco, pues su arcaico uso de la lengua lo está llevando a pique.
“Clúster” es la grafía hispanizada del anglicismo “cluster” (“grupo”, “conjunto”, “colección”, “racimo”), ya recogida en diccionarios como el del español actual, de Seco, Andrés y Ramos. Normalmente este término se refiere a lo indicado en el párrafo anterior (‘conglomerado de empresas de ámbito o actividad comunes y generalmente ubicadas en la misma zona’), pero otros diccionarios como el Clave también lo definen como ‘unidad de almacenamiento en el disco duro’ y ‘técnica estadística por medio de la cual se forman grupos que tienen un cierto grado de homogeneidad al compartir, en distinta cuantía, una serie de características semejantes’.

Club (/klʌb/)


Calco del inglés aceptado por la RAE con las siguientes definiciones: ‘sociedad fundada por un grupo de personas con intereses comunes y dedicada a actividades de distinta especie, principalmente recreativas, deportivas o culturales’; ‘lugar donde se reúnen los miembros de estas sociedades’; ‘junta de individuos que se constituyen en sociedad política, a veces clandestina’. Los que pertenecemos al “club” (cada vez más clandestino) del castellano preferimos decir “equipo”, “sociedad”, “asociación” o “centro”.

miércoles, 8 de julio de 2009

Cinéma vérité


“Cine de realidad”, corriente aparecida en Francia paralelamente a la nouvelle vague (nueva ola), muy cercano a ella y con grandes coincidencias; de tendencia documentalista, busca captar la vida tal como es, rodando la realidad sin condicionamientos merced al uso de cámaras más ligeras que permiten grabar con la cámara al hombro, posibilitando la improvisación.

martes, 7 de julio de 2009

Baby boom (/ˈbeɪbɪbuːm/)



Expresión inglesa equivalente a la castellana “explosión de natalidad”, surgida tras la II Guerra Mundial para referirse a la situación demográfica desde mediados de los años cuarenta (perdón, forties) hasta mediados de los sesenta (perdón, sixties), caracterizada por un notable aumento de la natalidad. “Baby boomer” (/ˈbeɪbɪbuːməʳ/) sería el término para definir a los miembros de esta generación.

Bóxer


Muy confuso el uso que le damos a esta palabra: mientras que en inglés se utiliza para referirse al “boxeador” o a la raza de perro que lleva este nombre (de origen alemán, obtenida por medio del cruce entre un bullenbeiser y un bulldog), aquí suele designar un tipo determinado de calzoncillos (posiblemente por analogía con los pantalones que llevan los boxeadores, aunque sean mucho más cortos), lo que en inglés se denomina “boxer shorts” (/'bɒksə(r)ʃɔ:ts/).
Para embrollar aún más el asunto si cabe, el DRAE define el vocablo como ‘miembro de una sociedad secreta china de carácter religioso y político, que en 1900 dirigió una sublevación contra la intromisión extranjera en China’.
Además, existe la expresión “motor bóxer”, que en español es un “motor de cilindros opuestos”.

jueves, 2 de julio de 2009

Burlesque (/bɜ:r'lesk/)


Uno de los ejemplos más estúpidos del espanglish, puesto que en castellano contamos con exactamente la misma palabra, derivada de “burla” (“burlesco”: festivo, jocoso, sin formalidad, que implica burla o chanza), con la única salvedad de que en inglés y francés se refiere al género teatral en concreto (historietas de parodia con coros de mujeres con trajes exuberantes y coloridos) y, en el caso de esta última lengua, el significado es aún más peyorativo, puesto que equivale a “grotesco” (ridículo y extravagante; irregular, grosero y de mal gusto).

Chapó


Voz tomada del francés “chapeau” /ʃapo/ (“sombrero”), en concreto de la expresión “tirer son chapeau à quelqu’un” (‘quitarse el sombrero para saludar o para expresar admiración o aprobación por algo o por alguien’). También es un tipo de juego de billar.

Chalé


Calco del francés “chalet” /ʃalƐ/, definido por el DRAE como un ‘edificio de una o pocas plantas, con jardín, destinado especialmente a vivienda unifamiliar’. Sin embargo, si nos remitimos al origen del término (chalet suizo), vemos que se refiere a un tipo de vivienda de madera, aunque con bases de piedra, tradicionalmente de tres plantas, característica de la región alpina y destinada tanto a vivienda como a establo, granero, taller, almacén, etc. Es decir, un significado bastante alejado de los bellísimos y estupendamente situados pareados y adobados (perdón, adosados) que han invadido nuestros espacios naturales estos últimos años.
Aunque todavía es frecuente, más en América que en España, el uso de la grafía original “chalet”, resulta preferible la forma adaptada, cuyo plural es “chalés”. La otra adaptación posible, “chalete”, no ha cuajado en el uso culto y se emplea solo en el habla coloquial, normalmente con intención humorística.

miércoles, 1 de julio de 2009

Bungaló / búngalo


Calco del inglés “bungalow” (/'bʌŋgələʊ/), a su vez procedente del hindi “bangala”, definido por el DRAE como ‘casa pequeña de una sola planta que se suele construir en parajes destinados al descanso’. Y ese es el concepto que de este término tenemos por estos lares, con esa connotación vacacional, mientras que en realidad se trata simplemente de una casa de una planta, típica de las afueras de muchas ciudades de América del Norte, a diferencia de aquellas que disponen de dos o más pisos.

Asertividad


La falta de conocimientos de vocabulario castellano, o bien la pereza a la hora de consultar un diccionario, provocan estupideces como esta. En inglés tenemos la palabra “assert” /ə'sɜ:t/ (“afirmar”, “aseverar”, “hacer valer”, “imponer/se”), de la cual derivan otras como “assertion” /ə'sɜ:ʃən/ (“afirmación”, “aseveración”), “assertive” /ə'sɜ:tɪv/ (“firme”, “enérgico”) y “assertiveness” /ə'sɜ:tɪvnɪs/ (“firmeza”), que es la que nos ocupa. Y es que esta vez no se han limitado a inventarse una traducción nueva para la palabra (“asertividad” en vez de “firmeza”), sino que se les ha ocurrido justificar sus desvaríos con definiciones rimbombantes (estrategia o estilo de comunicación consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde –sic– un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad –sic– limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia; es decir, “firmeza”). Incluso hay quien va aún más lejos: una tal María Lluïsa Fabra i Sales ha escrito un libro con el palabro por título, en el cual define el término de nuevo cuño como “la capacidad de autoafirmarse, de expresar lo que sentimos y pensamos, aunque las circunstancias no sean favorables” (es decir, “firmeza”).

Cliché (/kliʃe/)


Un galicismo en este caso, adoptado en castellano tanto en su sentido literal (‘tira de película fotográfica revelada, con imágenes negativas’; ‘negativo’) como en el figurado (‘lugar común, idea o expresión demasiado repetida o formularia’; ‘tópico’). También es válida, aunque se usa menos, la adaptación “clisé”, más cercana a la pronunciación del étimo francés.