jueves, 30 de septiembre de 2010

Buró



Adaptación gráfica de la voz francesa “bureau” /byro/ (“mesa de despacho”, “despacho”, “oficina”), cuyo significado se vio más adelante ampliado en su uso en castellano para definir al “órgano colegiado de dirección” de algunas organizaciones políticas; además, en México lo utilizar para referirse a la “mesa de noche”. Es innecesario, y debe evitarse, el empleo de este galicismo en lugar de los términos españoles “oficina” o “agencia”, pero ya se sabe que nuestros amigos de Investigar 11S están muy por encima de estas burdas recomendaciones lingüísticas, y denominan al FBI “Buró Federal de Investigaciones”, en vez de “Agencia Federal de Investigación” (o, simplemente, “FBI”, que a estas alturas casi todo el mundo conoce estas siglas).

Display



Calco del inglés “display” /dɪ'spleɪ/ (“exposición”, “muestra”, “exteriorización”, “demostración”, “despliegue”, “demostración”, “visualizador”) que recoge el DRAE, aunque se trata de un artículo propuesto para ser suprimido. Su uso es innecesario en español por existir alternativas propias para cada una de sus acepciones: en su sentido más general, equivale a los términos españoles “despliegue”, “exhibición” o “demostración”; en ciertos aparatos electrónicos, como teléfonos, calculadoras, equipos de música, etc., puede sustituirse por las expresiones “pantalla de visualización” o “visualizador”; en el lenguaje publicitario, el equivalente español es “expositor”.
Como de costumbre en esto del espanglish, todo puede ser peor. También hay quien se ha inventado los verbos “displayar” y “displayear” (dos mejor que uno), barbarismos a partir del inglés “to display” (“mostrar”, “visualizar”, “exponer”, “manifestar”, “lucir”, “demostrar”, “presentar”).

lunes, 20 de septiembre de 2010

Estado del arte



En inglés, “state-of-the-art” (/steɪtəvðɪ:'ɑ:t/) es un adjetivo que significa ‘lo último’, ‘de vanguardia’, ‘de última generación’, ‘de lo más moderno o reciente’, ‘de tecnología punta’, ‘los últimos avances’; también hay un sustantivo, “state of the art”, que significa ‘el grado más alto de desarrollo de una técnica o arte en un momento determinado’. Sin embargo, “estado del arte” es un calco inapropiado que en castellano no está relacionado en absoluto con la ciencia o la tecnología, por lo que aquellos que utilizan esta expresión en vez de las castellanas mencionadas anteriormente están haciendo el ridículo.
Otra variante en inglés de “state of the art” es “prior art” (/ˈpraɪərɑːt/), típica de la jerga de las patentes y la propiedad intelectual. Para no variar, muchos se han apresurado a traducirla por “arte anterior”, cuando serían correctas cualquiera de las alternativas aportadas en el párrafo anterior, además de “invenciones previas”, “patentes existentes” e incluso “estado de la cuestión”, “estado [actual] de la técnica” o “conocimientos actuales”, no del todo correctas pero ampliamente utilizadas en el ramo y por organizaciones internacionales como la OEPM o la OMPI.

Estación de gas


Traducción oligofrénica del inglés norteamericano “gas station” (los británicos dicen “petrol station”, es decir, “estación de petróleo” – si no fuera porque “petróleo” no es “petrol”, sino “oil” o “petroleum”, ya que “petrol” es “gasolina”); del mismo modo, “gas station” sería en todo caso “gasolinera” o “estación de servicio” (también “bencinera”, “bomba” o “grifo” en algunos países de Hispanoamérica).

Establishment (/ɪ'stæblɪʃmənt/)


Aparte de “establecimiento”, “centro”, “fundación” o “creación”, también existe el término “the establishment”, referido a “la clase dirigente”, “las altas esferas” o incluso “el sistema”, es decir, el conjunto de dirigentes o personas que ostentan el poder. Lo mire por donde lo mire, no encuentro ninguna razón para utilizar el inglés en vez del castellano, aunque todavía podría ser peor: no creo que falte mucho para que a cualquier imbécil se le ocurra referirse a este concepto como “el establecimiento”.
Nota: pues no, no faltaba mucho; estaba leyendo la versión de Cristian Fernández de la guía del Movimiento Zeitgeist y me ha dado el dudoso placer de darme la razón en este caso.
Otra nota: se ve que es algo contagioso, porque ahora lo utiliza también Eduardo Punset.

Draft (/drɑ:ft/)



Entre muchos otros significados (“corriente de aire”, “borrador”, etc.), “draft” significa “llamamiento a filas” o, como verbo, “reclutar” (“draftear”, si uno lee El País). Es por eso que en el ámbito de (perdón, a nivel de) los deportes se utiliza también para referirse al proceso de “ronda selectiva” utilizado (normalmente en los países anglosajones) para asignar jugadores, provenientes de las ligas universitarias o de otras ligas menores, entre los distintos equipos deportivos por el sistema de turnos.
También existe el término “drafing”, probablemente derivado del concepto de “corriente de aire”, utilizado en deportes como atletismo, triatlón, ciclismo, natación o automovilismo para designar el hecho de “correr a rebufo”, “pegarse a rueda” para evitar la succión del viento o reducir la resistencia del aire, o “nadar a estela”.
Está claro que tanto barbarismo innecesario es perjudicial para la salud mental, tal como demuestra el autor de esta reseña sobre el duatlón de Torrelavega, que no solo se olvida de poner las tildes donde mandan los cánones y se decanta por el uso británico del sistema de separadores de miles y decimales en detrimento del nuestro, sino que en su empeño por evitar el uso del castellano escribe “draff” en vez de “draft”, quizá debido a los efectos de demasiadas cervezas “Duff” en su organismo.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Chófer / chofer



Calco del francés “chauffeur” /ʃofœr/ (“conductor”, “automovilista”, “maquinista”, “fogonero”). Ambas acentuaciones son válidas, ya que la primera es la más común pero la segunda (la más común en América) sería más acorde con el étimo francés. Es común en cuanto al género (el/la chófer/chofer), pero también hay quien utiliza el femenino “choferesa”.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Espray



Curiosamente, aunque en castellano disponemos de palabras como “atomizador”, “pulverizador” o “rociador”, lo más común es utilizar el anglicismo “spray” /spreɪ/ (envase con un dispositivo especial para pulverizar los líquidos que contiene, o sustancia líquida contenida en este envase) o el galicismo “aerosol” (líquido que, almacenado bajo presión, puede ser lanzado al exterior, o recipiente que contiene este líquido).
También existe algo llamado “spray (de) pimienta”, derivado de “pepper spray” /'pepə(r)spreɪ/, referido a un tipo de gas paralizante para defensa personal.
En Investigar 11S, fieles a su estilo alternativo, nos obsequian con el neologismo “aerosolezación”, deformación de “aerosolización”, término médico calcado del inglés “aerosolization” que podría traducirse como “aplicación con aerosol”.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Brain trust (/breɪntrʌst/)


De “brain” (“cerebro”) y “trust” (“tener confianza en”), se trata de un término utilizado para definir un grupo de asesores, normalmente cercanos a una figura política, valorados por su pericia en algún campo en particular. Su origen se sitúa en el grupo de consejeros de Franklin Roosevelt durante su mandato, aunque en la actualidad las connotaciones se han extendido a cualquier grupo de adjuntos, sea o no en el ámbito de (perdón, a nivel de) la política. En castellano tenemos las expresiones “equipo de confianza” o, más recientemente, “comité de sabios”, pero Quino Petit, autor del artículo “La vida animada de Pixar”, aparecido en El País Semanal del 11 de julio de 2010, prefiere utilizar directamente el término inglés.

martes, 7 de septiembre de 2010

El “chiste verde” y el “muslamen”, ya forman parte de la RAE.

La Vanguardia, 30 de julio de 2010.


El Diccionario de la Real Academia Española incorpora novedades como “obrón”, “jet lag”, “oenegé”, “sobao” o “antiestrés”.
Reflejar con la mayor rapidez posible la lengua que se habla en la calle, fruto de los cambios sociales, políticos o tecnológicos. En ese empeño están las veintidós Academias de la Lengua Española, que trabajan para incorporar las continuas novedades del lenguaje. Ahí están voces como “libro electrónico”, “jet lag”, “oenegé”, “antiestrés” o “ambientalista”, recién aprobadas. Estas y muchas otras se sumaron ayer a la página web del diccionario, como resultado de las casi 3.000 enmiendas y adiciones consensuadas en los últimos tres años por dichos centros.
Hay un poco de todo en la amplia relación de nuevos vocablos. En el ámbito político, se admiten las palabras “abertzale” (así, con su grafía en euskera, en lugar de la anterior entrada “aberzale”) o “antiespañolismo” y “antiespañol”, bastante esgrimidas últimamente en determinados foros. O también “alcaldable” y el coloquial “rojillo”, una persona con “tendencias políticas más bien de izquierdas”. En el terreno ecológico, se incorporan la “sostenibilidad” y el adjetivo “ambientalista”, aplicado a quien “se preocupa por la calidad y la protección del medio ambiente”.
Palabras todas ellas que «demuestran la viveza del idioma», según el secretario de la RAE, Darío Villanueva, en declaraciones a Efe. Como “jet lag” (locución admitida así en inglés) o “libro electrónico” (“dispositivo electrónico que permite almacenar, reproducir y leer libros” y “libro en formato adecuado para leerse en ese dispositivo o en la pantalla de un ordenador”), solución que la RAE prefiere a la castellanización de e-book (por la que opta el diccionario María Moliner).
Aunque la crisis económica, con sus duros y complejos efectos, nos ha familiarizado con algunos inquietantes neologismos, que tardarán en subirse al diccionario, sí tenemos el nuevo vocablo “anticrisis”, idóneo para las medidas que los gobiernos están adoptando. O bien términos como “bonus”, “bróker”, “acción de oro”, “ahorro forzoso” o “base monetaria”.
Los académicos han dado también luz verde a vocablos coloquiales muy populares, como el “muslamen” (tan frecuente en los chistes de Forges), que por cierto en casos de crecimiento exagerado la RAE permite ya combatir con productos “anticelulíticos”. O también el “curalotodo” (referido a medicinas válidas para cualquier dolencia) o “meloncete” (aplicado a un chico poco avispado). Otro coloquialismo admitido es “cultureta”, que no es el término catalán acuñado hace años con buena fortuna por Joan de Sagarra, sino un vocablo despectivo que define a una “persona pretendidamente culta”. Y cuando tengamos que referirnos a una obra de gran envergadura podremos desde ahora utilizar la palabra “obrón”.
Ya podemos explicar algún “chiste verde” con toda propiedad (los “de contenido erótico”), comunicarnos por “teleconferencia”, ser “abducidos” (en una película de ciencia ficción, por “una supuesta criatura extraterrestre” o, en el ámbito literario, por una buena novela).
El mundo de la cultura cuenta con incorporaciones como “art déco” y “art Nouveau”, escritas así, con sus grafías originales francesas; “propiedad intelectual”, “novela social”, o también por ejemplo el adjetivo “buñueliano”, por el que prometió luchar el cineasta José Luis Borau cuando ingresó en la Academia. El tristemente célebre “tsunami” (“ola gigantesca producida por un seísmo o una erupción volcánica en el fondo del mar”) ya puede utilizarse con propiedad. Al igual que “espray”, “sobao”, “festivalero”, “grafitero” y “homófono”.
El secretario de la RAE confirma que la edición electrónica del diccionario, que ya va por su vigésima segunda edición, recibe cada día un millón de consultas. Según Villanueva, este elevado interés obliga a las Academias de la lengua española a estar «en el tajo siempre, haciendo aportes continuos para seguir el ritmo de la sociedad y del idioma». Las nuevas incorporaciones se suman a las ya realizadas en los años 2004 (2.576), 2005 (9.029) y 2007 (4.618). Todas ellas formarán parte de la próxima edición impresa del DRAE, la vigésima tercera, prevista para el año 2013. No obstante, el proceso de actualización del diccionario es continuo y sigue abierto.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Chándal



Es curioso que en francés dejen de utilizar una palabra y después vayamos nosotros detrás no sólo a recuperarla sino a cambiarle el significado.
Al igual que en muchos otros lugares, los vendedores de los mercados de París tenían por costumbre proclamar su mercancía a voz en grito, en su caso con un característico lenguaje apocopado. Así, acortaban la palabra “marchand” (“vendedor”) a “’chand” y se podía oírles gritar “Chand d’habits” (si eran vendedores de ropa), “Chand d’ail” (si eran vendedores de ajos), etc. Y ese nombre, “chandail” (/ʃãdaj/) se dio en el lenguaje popular a los gruesos jerséis de punto que llevaban esos vendedores. Sin embargo, mientras en Francia el término quedaba en desuso, lamentablemente sustituido por el anglicismo “pull-over” (o su abreviatura “pull”), aquí se nos ocurrió castellanizarla para designar la ropa deportiva que consta de un pantalón y una chaqueta o jersey amplios, atuendo que, a su vez, ha ido pasando de ser un traje deportivo a convertirse en un atuendo cotidiano, sobre todo para los domingos o para ir a misa.