viernes, 24 de junio de 2011

El espanglish en Internet

Xosé Castro. Extracto de una conferencia sobre Internet organizada por Novell (Madrid, del 12 al 14 de junio).


El espanglish formal es el que emplean las personas que ya no tienen una clara percepción de qué es inglés, espanglish o español. Es el espanglish de buche (bush; arbusto, mata), vaquear (vacuum cleaning; aspirar), carpeta (carpet; alfombra), yarda (yard; jardín), groserías (groceries; comestibles, abarrotes, provisiones). Tiene mayor gravedad cuando afecta a las estructuras sintácticas y lógicas de nuestro idioma: te llamo para atrás (I’ll call you back) o vuelvo para atrás (I’ll be right back), etc. Este espanglish es, principalmente, el que usa cierta población hispanohablante de los EE.UU.
El espanglish informal es el que usamos todos alguna vez cuando hablamos de computadoras, explicamos algo técnico, o simplemente queremos hacernos entender más rápidamente con nuestro interlocutor, que entiende inglés: disco removible (extraíble), el programa no corre bien (to run), tomé un shuttle desde el hotel, etc.
¿Por qué nace el espanglish?
El espanglish tiene una lógica forma de ser y un origen explicable y comprensible. Su función es claramente comunicadora, pero sólo puede darse cuando existe una carencia de vocabulario entre los que dialogan. Cuando existe alguna duda o algo que obstaculice la comprensión, se echa mano de la versión inglesa, idioma que ambos interlocutores comprenden. Debemos tener en cuenta que el espanglish de Nueva York es diferente del de Los Ángeles. Así que, en realidad, no estamos hablando de una lengua sino de un conjunto de dialectos tan variados como sus comunidades de hablantes.

El vigor del ‘spanglish’: El cóctel de español e inglés invade las calles de Nueva York por boca de su población hispana


Una familia de hispanos pasea por una calle de Los Ángeles. Uno parquea el carro en las proximidades de Mony Travel, el local del número 3825 de la neoyorquina calle de Broadway; apaga el radiocasete, donde sonaba música de Selena; pone unos cuartos en la maquinita municipal, no vaya a ser que la policía ronde por la zona y le ponga un ticket, y se encamina hacia el local, que anuncia a los transeúntes: «Prepare su income tax aquí».
La carpeta de Mony Travel está tan desgastada y sucia como casi todo en este rincón septentrional de Manhattan, habitado por dominicanos y puertorriqueños; pero, como también casi todo, el local bulle de vida: gente telefoneando a países latinoamericanos, buscando billetes de avión baratos, indagando por un abogado que pueda darles una sustanciosa liability por un accidente de tráfico, recabando información sobre cómo conseguir la carta verde y evitar la deportación, preparando sus income tax... Entre la algarabía de voces, uno retiene la de una joven mulata que termina así su conversación telefónica: «Te llamo para atrás, ¿okey?».
En este barrio de Washington Heights, en todos los de Nueva York con presencia hispana, se ha impuesto el spanglish, un castellano salpicado de palabras inglesas –ticket (multa), income tax (impuesto sobre la renta), okey (de acuerdo), liability (responsabilidad civil), nice (simpático)…– y traducciones literales de palabras y frases inglesas –chores (shorts, pantalones cortos), marqueta (market, mercado) , taipear (to type, escribir a máquina), parquear el carro (park the car, aparcar el coche), vacunar la carpeta (vacuum the carpet, aspirar la alfombra), te llamo para atrás (I call you back, te vuelvo a llamar), el rufo del bildin (the roof of the building, el tejado del edificio)…–
Un habla que, como comenta con humor Enrique Camacho, el director del Instituto Cervantes de Nueva York, produce disparates como el decir que el hispano Fernando Ferrer «está corriendo para la oficina de mayor» (está compitiendo por el cargo de alcalde), o que tal tienda «delibera groserías» (“deliver grocery”, reparte la compra), o que cual negocio «necesita mujeres estériles» (“need steady women”, necesita empleadas fijas).
Un artículo reciente de The New York Times calificaba el spanglish como la tercera lengua de Nueva York después del inglés y el español. Es cierto. Con 1,8 millones de hispanos –un 25% de la población, según el censo de comienzos de esta década– y varios diarios, semanarios, emisoras de radio y canales de televisión en castellano, Nueva York permite al visitante pasarse el día escuchando a gente que habla la lengua de Cervantes con múltiples acentos latinoamericanos o en su versión spanglish. El pasado martes, al inaugurar el centro universitario que lleva su nombre, don Juan Carlos pudo decir con toda razón: «Nueva York ya es hoy una de las grandes capitales del mundo hispánico».
El mestizaje de inglés y castellano está saltando de la calle donde nació a la cultura popular. “Mi padre's infidelity. Are cuernos genetic?”, reza el titular de un artículo de Latina, el “magazine bilingüe” para jóvenes hispanas publicado en Nueva York. La revista, de buena calidad, inserta textos en inglés o castellano, pero no puede resistir la tentación de hacer cócteles lingüísticos como el citado. O como éstos: “Mi vida en fast forward”, “When do you need un abogado?” . Escritores como Julia Álvarez introducen con desparpajo palabras y frases castellanas en sus textos en inglés.
El spanglish tiene sus defensores. «Reflejamos la vida entre dos lenguas y dos culturas de nuestros lectores», dice Christy Haubegger, editora de Latina; «el spanglish es una muestra de destreza lingüística», afirma Ana Celia Zentella, una profesora universitaria que ha escrito un libro sobre el bilingüismo en Nueva York. Y también sus detractores. Roberto González Echevarría, profesor de literatura hispánica en Yale, se ha visto obligado a precisar en una carta publicada por The New York Times que el spanglish es «una invasión del español por el inglés», que «trata al español como si la lengua de Cervantes, Lorca, García Márquez, Borges y Paz no tuviera una esencia y una dignidad por sí misma».

Hablar spanglish es devaluar el español


Para Roberto González-Echeverría, profesor de literaturas hispánicas y comparadas en la Universidad de Yale, la mezcla de español e inglés perjudica a los propios hablantes.
El spanglish, la lengua compuesta de español e inglés que salió de la calle y se introdujo en los programas de entrevistas y las campañas de publicidad, plantea un grave peligro a la cultura hispánica y al progreso de los hispanos dentro de la corriente mayoritaria norteamericana.
Aquellos que lo toleran e incluso lo promueven como una mezcla inocua no se dan cuenta de que ésta no es una relación basada en la igualdad. El spanglish es una invasión del español por el inglés.
La triste realidad es que el spanglish es básicamente la lengua de los hispanos pobres, muchos de ellos son casi analfabetos en los dos idiomas por eso incorporan palabras y construcciones inglesas a su habla de todos los días porque carecen del vocabulario y la educación en español para adaptarse a la cultura cambiante que los rodea.
Los hispanos educados que mezclan las dos lenguas tienen una motivación diferente: algunos se avergüenzan de su origen e intentan parecerse al resto usando palabras inglesas y traduciendo directamente las expresiones idiomáticas inglesas. Hacerlo, piensan, es valorar la calidad de la corriente mayoritaria. Políticamente, el spanglish refleja marginalización, no liberación.
El spanglish trata al español como si la lengua de Cervantes, Lorca, García Márquez, Borges y Paz no tuviera una esencia y una dignidad propias.

jueves, 23 de junio de 2011

Defaultear / Defoltear


En las informaciones económicas aparece a menudo el innecesario término “default” (/dɪ'fɔ:lt/), término equivalente a las expresiones castellanas “suspensión de pagos”, “cese/cesación de pagos” o “impago”: ‘situación en la que no se pueden pagar las deudas con los acreedores, que lleva a un procedimiento que tiene por objeto llegar a un acuerdo entre el deudor y los acreedores, bajo supervisión judicial, sobre el modo en que se pagará’.
En algunos países de América llegan aún más lejos y, para referirse a la acción de “dejar de pagar”, se utilizan incorrectamente verbos como “defaultear” o “defoltear”, que deben evitarse y usar en su lugar expresiones como “suspender pagos” o “incurrir en cesación de pagos”.

Alerta de viaje



La expresión “alerta de viaje”, que se viene utilizando especialmente en las noticias procedentes de los EE. UU., es un calco de la inglesa “travel alert” /'trævələ'lɜːrt/ que en español sería “recomendación de no viajar”.
Esta construcción es la que usan los Ministerios de Asuntos Exteriores para advertir a sus ciudadanos de que no viajen a otros países donde pueden correr peligro.
Así, en lugar de «EE. UU. emitió una alerta de viaje a Yemen», lo correcto (e inteligible) en español sería «EE. UU. recomendó no viajar al Yemen».

martes, 21 de junio de 2011

Cumbre


Aunque en el caso de las acepciones ‘cima o parte superior de un monte’ y ‘mayor elevación de algo o último grado a que puede llegar’ queda claro que provienen del latín “culmen”, en el caso de ‘reunión de máximos dignatarios nacionales o internacionales para tratar asuntos de especial importancia’ ya nos avisaba en su día D. Fernando Lázaro Carreter de que se trata de un calco del inglés “summit” /'sʌmɪt/ (“cumbre”, “cima”, “conferencia”) que en castellano podemos sustituir por otras opciones como “reunión”, “junta”, “asamblea”, “consejo” o “conferencia”.

Camp (/kæmp/)


Además de “campamento”, como adjetivo significa “amanerado”, “afeminado”, “afectado”, “exagerado”, lo cual dio origen al uso que se daba a este término a principios del siglo XX, para referirse a comportamientos ostentosos, exagerados, afectados, teatrales o afeminados. Ya en los años setenta, apareció una nueva variante, que es la que aún perdura, a partir del argot francés “se camper” /səkãpe/ (posar de una forma exagerada) dando nombre a la estética que basa su atractivo en un valor irónico o un cierto mal gusto.

Gag (/gæg/)


Para los angloparlantes es básicamente un “chiste” (con la connotación de un tipo de humor a través de imágenes, sin palabras, tipo cine mudo; puede que lo denominen así porque “gag” también significa “mordaza” o “amordazar”), pero por aquí nos gusta rizar el rizo, y el DRAE lo define como “efecto cómico rápido e inesperado en un filme o, por extensión, en otro tipo de espectáculo”.

Fund-raising (/'fʌnd'reɪzɪŋ/)


Según D. Pablo Pardo, bloguero de la sección Crónicas desde EE.UU. de El Mundo, «los españoles somos “patéticos” [sic] para el ‘fundraising’» (la palabra incluye un enlace al artículo correspondiente de “Wikipedia”, para que puedan documentarse los ignorantes que desconozcan el significado del término). Parece mentira que todavía haya quien se empecine quijotescamente en utilizar antiguallas como “recaudación de fondos”, cuando ya lo han dejado atrás tanto universidades (interesantísimo curso sobre “Relaciones Públicas y ‘Fundraising’” de la Universidad de Málaga, por D. Antonio Castillo Esparcia, que cubre temas tan imprescindibles como el interaccionismo –sic– de las relaciones públicas; y no menos interesante el Curso Práctico de “Fundraising” de la Universidad Francisco de Vitoria) como asociaciones (Asociación Española de “Fundraising”, “Fundraising” Iniciativas) o Congresos (Congreso Anual de “Fundraising”).

Full equip (/fʊlɪ'kwɪp/)


Burda y absurda expresión inventada por la prensa especializada en el mundo del motor para referirse a que algo, normalmente un vehículo, lleva todo el equipamiento necesario para funcionar a la perfección y con todas las comodidades, o bien que, dentro de una gama, es lo que consta de más elementos de entre los disponibles para su equipamiento, no de manera opcional, sino de serie (es decir, con todos los extras).

lunes, 20 de junio de 2011

Fular


Otro galicismo que se nos cuela en la sección. Aunque en Francia “foulard” (/fulaʀ/) es simplemente un “pañuelo” en sentido amplio, se conoce que, viniendo de donde viene, aquí nos ha parecido un concepto demasiado poco glamoroso, así que lo hemos adaptado como algo más fashion: “tela de seda muy fina, por lo general con dibujos estampados” o “pañuelo para el cuello o bufanda de este tejido”. Debe evitarse la forma híbrida “fulard”, que no es ni francesa ni española.
También suele utilizarse el término “pashmina”, vocablo con origen en el persa “pashm” (“lana”) y utilizado para referirse a la lana de cachemira y a todos los textiles fabricados con ella, sobre todo chales (otra palabra persa), salvo por parte de los fashion victims que, por alguna razón que desconozco, sólo lo identifican con un tipo de pañuelo elaborado con algodón barato (se conoce que algún diseñador de lo más cool quiso introducir una nueva gama de pañuelos baratos y, como estrategia publicitaria, se le ocurrió mancillar la palabra “pashmina”).

viernes, 17 de junio de 2011

Contemplar


No conviene olvidar que, en castellano, sólo pueden “contemplar” los sujetos animados. Utilizar este verbo con el sentido de cualquiera de las otras traducciones del inglés “contemplate” /'kɒntempleɪt/ (según el caso, “considerar”, “atender”, “prever”, “tener en cuenta”, “tomar en consideración”, “examinar”, “tratar”, “incluir”, “estipular”, “establecer”, “juzgar”, “planear”, “intentar”, “disponer”, “suponer”, “proyectar”, “proponerse”, “tener el propósito de”) constituye un anglicismo, verdaderamente innecesario si tenemos en cuenta todas las posibilidades anteriores. Es decir, frases tan comunes hoy en día como «la ley contempla…» o similares son totalmente incorrectas.

Contactar


Se trata de un verbo completamente instalado en nuestra lengua, registrado en el DRAE, empadronado, inscrito en el registro civil, bautizado, comulgado y hasta confirmado, pero ya en su día D. Fernando Lázaro Carreter, en uno de sus imprescindibles artículos titulados “El dardo en la palabra”, avisaba de que se trata de un calco del verbo inglés “contact” /'kɒntækt/ (“entrar/ponerse en contacto con”) que debe ser sustituido por las expresiones castellanas “establecer contactos”, “mantener relaciones”, etc.
Derivada de ese préstamo, tenemos la expresión “contact center” (/ˈkɒntæktˈsentəʳ/) o “centro de contacto”.

Discrédito


La influencia del Imperio en nuestro día a día es enorme, y ello conlleva un gran peligro de deformación de nuestra lengua para adaptarla a la ortografía y morfología del inglés. De este modo, cada día es más común encontrarse con variaciones como este caso, en el que se pierde la e del castellano “descrédito” para sustituirla por la i del inglés “discredit” (/dɪs'kredɪt/); en este caso no se trata de un falso amigo, pero corremos el riesgo de que el virus se propague y contagie a “desacreditar”, convirtiéndola en “discreditar”, y más adelante a muchas palabras más (“immediatamente” en vez de “inmediatamente”, “govierno” en vez de “gobierno”, etc.)

Carrusel


Hispanización de la voz francesa “carrousel” (/karuzƐl/), que puede tener varios significados: ‘espectáculo en el que varios jinetes ejecutan vistosas evoluciones’, ‘atracción de feria que consiste en una rueda de caballitos’ (lo que en francés denominan “manège” /manƐƷ/, no “carrousel”, y que en castellano decimos “tiovivo”), ‘plataforma giratoria’ o ‘presentación consecutiva e ininterrumpida de algo’ (como el conocido “carrusel deportivo” que miles de españolitos devoran cada fin de semana).

Cuquear


Además del uso que se da en Cuba a este vocablo como sinónimo de “azuzar”, también tenemos a los zopencos que lo utilizan no para referirse a “hacer el cuco” (ni el “cuáquero”), sino como calco del verbo inglés “cook” /kʊk/ (“cocinar”, “hacer”, “preparar”, “guisar”) en frases antológicas como «honey, apúrate a cuquear la comida que ya tengo hambre»; es decir, que Juan Palomo tendría que cambiar su dicho a “yo me lo cuqueo, yo me lo como”.
También existe otra variante, más espantosa aún si cabe, proveniente del mundo de la informática (¡cómo no!), donde el participio “cuqueado” indica “que contiene cookies”.

lunes, 13 de junio de 2011

Fuel (/'fjʊəl/) / fueloil / fuelóleo


Según el DRAE, estos calcos del inglés indican la “fracción del petróleo natural, obtenida por refinación y destilación, que se utiliza como combustible”. Aunque no sean exactamente lo mismo, en castellano disponemos de los vocablos “combustible” y “carburante”, con los que perdemos la connotación de la proveniencia del petróleo, pero son perfectamente entendibles y precisas.

Fuagrás / paté


Voces francesas ambas, la primera adaptada de “foie-gras” /fwaɡʀɑ/ (literalmente, hígado graso o gordo), y la segunda de “pâté” /pɑte/ (pasta comestible, untable, hecha a base de carne o hígado, generalmente de cerdo o aves). Son términos casi equivalentes, con la diferencia de que “foie-gras” es exclusivamente de hígado de ave o de cerdo.

Frisbee®


Manera cool de referirse al “disco volador” de toda la vida, en este caso con una marca registrada.

jueves, 9 de junio de 2011

Facilidades


En español se define como ‘condiciones especiales que permiten lograr algo o alcanzar un fin con menor esfuerzo’, pero da la casualidad de que en inglés existe una palabra muy cool que se le parece mucho: “facilities” (/fə'sɪlɪtɪ/). Este vocablo, además del mismo sentido que en castellano, también se traduce por “instalaciones”, “prestaciones”, “infraestructura”, “dotaciones” o “servicios”, lo cual supone una atracción irresistible para los pedantes, que se apresuran a graznar zafiedades como “no adaptó sus facilidades industriales a la directiva de prevención”, “contrató suministros y facilidades de forma directa”, “La mejor manera de garantizar las facilidades sociales es…”

Friquí



Castellanización del término futbolístico inglés “free kick” /fri:kɪk/ (“golpe franco”, “tiro libre”, “patada libre”), que aún se mantiene junto a muchos otros como “fair play” /feə(r)pleɪ/ (“juego limpio” o ‘conducta honrada en una competición o juego’), con sus variantes “fairpay”, “fearplay” y “farplay”; “orsay” (de “off-side” o “fuera de juego”); “fault”, “faul” o “fau” (“falta”; no confundir con “foul” /faʊl/, que también es “falta” pero en el béisbol); “córner” (de “corner kick” o “saque de esquina”); “penalti” o “penal” (de “penalty kick” o “pena máxima”); “réferi” o “referí” (de “referee” o “árbitro”); “chutar”; “driblar”; o las mismas palabras “fútbol” (de “football” o “balompié”), con sus variantes deformadas “fulbo” y “furbo”, y “gol” (de “goal” o “meta”, “objetivo”, “fin”).
Los inmensos seguimiento y cobertura informativa del “fúmbol” lo ha convertido en parte de nuestra cultura popular, con lo que su terminología ha llegado a ocupar un lugar importante en la lengua oral. De ahí la larga nómina de usos figurados y extensiones de significado que generan algunos anglicismos y calcos mencionados más arriba o en otras entradas:
• Estar en “orsay” (‘estar distraído’) o quedar en “fuera de juego” (‘quedar al margen de una actividad o situación’).
• Casarse de “penalti” (‘casarse forzosamente, por embarazo de la mujer, a modo de castigo’).
• Meter un “gol” (‘vencer en algo’ o ‘engañar a alguien’) o por “goleada” (‘por gran diferencia’).
• Ser un “crack” (‘un figura, un as’, es decir, una persona muy habilidosa en una rama del saber).
• Vestir de “sport” (para aludir a una indumentaria informal, sin elegancia o ceremonia).

miércoles, 8 de junio de 2011

Arma humeante



Traducción literal del inglés “smoking gun” (/'sməʊkɪɳgʌn/) por parte de Investigar 11S (por partida doble), donde parece ser que no tienen ni tiempo ni ganas de pensar cinco segundos y acordarse de otras posibilidades existentes en castellano como “pista decisiva”, “prueba concluyente” o “evidencia irrefutable”.

martes, 7 de junio de 2011

Estimado


Calco Tex-Mex del inglés “estimate” /estɪmeɪt/ utilizado por los eximios traductores de Investigar 11S para sustituir innecesariamente a posibilidades en castellano como “cálculo (aproximado)”, “presupuesto”, “tasación” o “estimación”. Ojo en inglés: no es lo mismo “estimate” (el presupuesto que pides antes de encargar algún trabajo en un taller, tienda, etc.) que “budget” /bʌdʒɪt/ (presupuesto que te sirve para planificar tus gastos).

Felino, ladrón


Extraño calco del inglés “cat burglar” /kætbɜːɡlə(r)/ (“cat” es “gato” y “felino”, y “burglar” es “ladrón”, pero juntas son “ladrón de viviendas”) utilizado en el popular juego de cartas “Magic”, además de en un famoso capítulo de Los Simpson.

jueves, 2 de junio de 2011

Friki / friqui


Curioso caso en el que un adjetivo en su idioma original (“freaky” /'fri:kɪ/: “peculiar”, “extraño”, “raro”, “estrafalario”, “excéntrico”, “extravagante”, “disparatado”; o también “freak” /frɪ:k/: “anómalo”, “anormal”, “inesperado”, “estrafalario”, “insólito”) pasa a ser un sustantivo en el nuestro.
Aunque tradicionalmente los préstamos que tienen una ka se han adaptado cambiando esta letra a ce o cu, la actual Ortografía prefiere conservarla si ya es un uso asentado tomado de la palabra original, por lo que la RAE recomienda la grafía “friki”.
También escrito “freake”, “freaquie” y de muchas otras inverosímiles maneras, se trata de un término muy de moda, utilizado hasta la saciedad en televisión (y por ende, por sus televidentes “friki”) para referirse a personas de apariencia o comportamiento fuera de lo habitual, obsesionadas por un tema o afición en concreto (informática, videojuegos, tebeos, etc.) en el que se le consideran fanáticos, llegando hasta el punto de convertirlo en un estilo de vida (es decir, que yo soy un “friqui” de la lengua castellana).
Curiosamente (aunque es un hecho frecuente), este uso no es el mismo en el inglés original: para el “friqui” patrio, ellos dicen “geek” /gɪ:k/ o “freak” (no “freakie”), aunque también tienen su versión “Tex-Mex” friquiar (“asombrarse”, de “to freak out”).

Fresco


Acabo de hablar por teléfono con una persona de Miami y, al preguntarle “¿Qué tal?” Me ha contestado “Fresco.” En el transcurso de la conversación no le he dado importancia, pero luego me he quedado pensando, dudando si no había entendido mi pregunta o si estaba intentando insultarme; finalmente he caído en la cuenta de que “fresh” /freʃ/ (“sano”, “vigoroso”, “fuerte”) es una respuesta típica en inglés ante preguntas similares, del mismo modo que aquí decimos “bien” o cualquier cosa equivalente. Por lógica aplastante, como en inglés habría respondido “fresh”, en castellano ha dicho “fresco”, del mismo modo que una conocida red social utiliza como reclamo publicitario la frase «Conoce gente “fresca” sin pagar nada. Socialízate (sic)».
Por otra parte, hay que tener en cuenta que el adjetivo inglés “fresh” no debe traducirse siempre por “fresco”, sino también por “nuevo”, “reciente”, “limpio”, “dulce”, “sano”, etc. Así, por ejemplo, “fresh water” no equivale a “agua fresca” o “fría”, sino a “agua dulce”.

Free lance


Adaptación al castellano del sustantivo inglés “freelancer” /friːlɑːnsə(r)/ (“trabajador por cuenta propia”, “autónomo”; especialmente periodistas, fotógrafos, diseñadores o traductores), puesto que “freelance” (/'frɪ:lɑ:ns/) realmente es el adjetivo (“por cuenta propia”, “por libre”, “independiente”); lo cual me imagino que dará exactamente igual a quienes utilicen estos absurdos anglicismos. Afortunadamente, pese a aparecer en el Diccionario de la RAE, es un artículo propuesto para ser suprimido.

Foursome (/fɔːrsəm/)


Literalmente significa “grupo de cuatro personas”, y se trata de un término utilizado en el mundo del golf para referirse a una de estas dos situaciones: un partido de cuatro personas que forman dos equipos y cada equipo juega una sola bola alternándose con su compañero, o bien un partido con cuatro jugadores en el que todos juegan contra todos.