viernes, 29 de julio de 2011

¿Efectivo, eficaz o eficiente?


Los términos “efficacy” (/'efɪkəsɪ/), “efficiency” (/ɪ'fɪʃənsɪ/) y “effectiveness” (/'ɪfektɪvnɪs/) no siempre son traducibles directamente por “eficacia”, “eficiencia” y “efectividad”, e incluso se solapan unos con otros al traducirlos al castellano: “efficacy” equivale a “eficacia”, “efficiency” a “eficiencia” (si se refiere a una persona) o “eficacia” (si se refiere a una máquina) y “effectiveness” puede traducirse como “eficacia” o como “efectividad” según el contexto.
Del mismo modo, “effective” (/ɪ'fektɪv/) puede ser “eficaz” (‘que funciona bien’) o “efectivo” (‘real’) y “efficient” puede referirse tanto a personas (“eficiente”) como a máquinas (“eficaz”), mientras que el término “efficacious” (/'efə'keɪʃəs/) se usa con muy poca frecuencia.
Como en cualquier otro caso, para poder utilizar bien el inglés primero tenemos que dominar nuestra propia lengua y conocer las diferencias entre estos tres términos.
El DRAE define “efectivo” como “eficaz” (la primera en la frente), aunque el Diccionario Panhispánico de Dudas recomienda utilizar con preferencia “eficaz” y no utilizarlo como sinónimo de “eficiente” cuando nos referimos a personas.
La definición de “eficaz” según el DRAE es ‘capaz de lograr el efecto que se desea o se espera’, pero el DPD sigue recomendando dejarlo sólo para cosas y utilizar “eficiente” (o “competente”) para personas.
Así llegamos a “eficiente” (‘capaz de disponer de alguien o de algo para conseguir un efecto determinado’), donde el DPD considera preferible usar “eficaz” o “efectivo” en referencia a cosas.

jueves, 28 de julio de 2011

Art Nouveau (/ɑːt'nuːvəʊ/)


No estoy del todo de acuerdo con la costumbre actual de utilizar la locución francesa “Art Nouveau” para referirse al movimiento artístico conocido en castellano como “Modernismo”. Más que nada porque esa es la denominación utilizada en Francia y Bélgica, pero no necesariamente en el resto del mundo, ya que en el Reino Unido se llamó “Modern Style”, en Austria “Sezession”, en Alemania y Escandinavia “Jugendstil”, en EE. UU. “Liberty” y en Italia “Floreale” (por el uso de líneas sinuosas y motivos vegetales).

martes, 26 de julio de 2011

Gente, dos


Parece increíble, pero anda suelto por ahí algún cateto que se empeña en traducir el sustantivo incontable inglés “people” (“gente”, “pueblo”, “personas”) de las maneras más inverosímiles: “yo había visto dos gente que se parescan (sic), pero como estos dos muchachos todavia (sic) no lo habia (sic) oservado (sic)”. Si bien está claro que en castellano el sustantivo “gente” puede ser plural (decir de las gentes, derecho de gentes, dicho de las gentes, don de gentes, trato de gentes), creo que es aún más evidente que en su sentido de “pluralidad de personas” funciona como incontable y es incorrecto decir “dos gente” o “tres gentes”, sino que hay que utilizar otras opciones, tal como “persona”, que sí es contable.

Género


Según el Diccionario Panhispánico de Dudas, esta palabra tiene en español los sentidos generales de ‘conjunto de seres u objetos establecido en función de características comunes’ y ‘clase o estilo’. En gramática significa ‘propiedad de los sustantivos y de algunos pronombres por la cual se clasifican en masculinos, femeninos y, en algunas lenguas, también en neutros’. Para designar la condición orgánica, biológica, por la cual los seres vivos son masculinos o femeninos, debe emplearse el término “sexo”. Por tanto, los términos “género” y “sexo” designan realidades distintas, pues el primero se refiere a la ‘categoría gramatical de las palabras’ y el segundo hace alusión a la ‘condición de los seres vivos por la que se distingue el macho de la hembra’; es decir, que las palabras (y no todas) tienen “género” (y no “sexo”), mientras que los seres vivos tienen “sexo” (y no “género”). De modo que podemos decir que una persona es de ‘sexo masculino o femenino’, pero no que es de uno u otro “género”. Asimismo, podemos decir que un sustantivo es de ‘género masculino o femenino’, pero no de uno u otro “sexo”. El “sexo” es una categoría biológica, el “género” una categoría gramatical, por lo cual es incorrecto utilizar estos términos indistintamente.
No obstante, en los años setenta del siglo XX, con el auge de los estudios feministas, se comenzó a utilizar en el mundo anglosajón el término “gender” (/'dʒendə(r)/) con un sentido técnico específico, que se ha extendido a otras lenguas, entre ellas el español. Así pues, en la teoría feminista, mientras con la voz “sexo” se designa una categoría meramente orgánica, biológica, con el término “género” se alude a una categoría sociocultural que implica diferencias o desigualdades de índole social, económica, política, laboral, etc. Es en este sentido en el que cabe interpretar expresiones como “estudios de género”, “discriminación de género”, “violencia de género”, etc. Dentro del ámbito específico de los estudios sociológicos, esta distinción puede resultar útil e, incluso, necesaria. Es inadmisible, sin embargo, el empleo de la palabra “género” sin este sentido técnico preciso, como mero sinónimo de “sexo”, según se ve en los ejemplos siguientes: «El sistema justo sería aquel que no asigna premios ni castigos en razón de criterios moralmente irrelevantes (la raza, la clase social, el género de cada persona)»; «Los mandos medios de las compañías suelen ver cómo sus propios ingresos dependen en gran medida de la diversidad étnica y de género que se da en su plantilla»; en ambos casos debió decirse “sexo”, y no “género”. Para las expresiones “discriminación de género” y “violencia de género” existen alternativas como “discriminación o violencia por razón de sexo”, “discriminación o violencia contra las mujeres”, “violencia doméstica”, “violencia de pareja”, “violencia conyugal” o similares.
En relación con el término “sexo”, conviene resaltar que cuando en un anuncio de trabajo leemos que “se necesitan personas de ambos sexos” equivale a decir que solicitan personas hermafroditas, ya que el adjetivo “ambos” significa ‘el uno y el otro; los dos’. Lo correcto sería decir “se necesitan personas de uno u otro sexo”.
Los sustantivos en español pueden ser masculinos o femeninos. Cuando el sustantivo designa seres animados, lo más habitual es que exista una forma específica para cada uno de los dos géneros gramaticales, en correspondencia con la distinción biológica de sexos, bien por el uso de desinencias o sufijos distintivos de género añadidos a una misma raíz, como ocurre en gato/gata, profesor/profesora, nene/nena, conde/condesa, zar/zarina; bien por el uso de palabras de distinta raíz según el sexo del referente (heteronimia), como ocurre en hombre/mujer, caballo/yegua, yerno/nuera; no obstante, son muchos los casos en que existe una forma única, válida para referirse a seres de uno u otro sexo: es el caso de los llamados “sustantivos comunes en cuanto al género” y de los llamados “sustantivos epicenos”. Si el referente del sustantivo es inanimado, lo normal es que sea sólo masculino (cuadro, césped, día) o sólo femenino (mesa, pared, libido), aunque existe un grupo de sustantivos que poseen ambos géneros, los denominados tradicionalmente “sustantivos ambiguos en cuanto al género”.
Sustantivos comunes en cuanto al género son los que, designando seres animados, tienen una sola forma, la misma para los dos géneros gramaticales. En cada enunciado concreto, el género del sustantivo, que se corresponde con el sexo del referente, lo señalan los determinantes y adjetivos con variación genérica: el/la pianista; ese/esa psiquiatra; un buen/una buena profesional. Los sustantivos comunes se comportan, en este sentido, de forma análoga a los adjetivos de una sola terminación, como feliz, dócil, afable, etc., que se aplican, sin cambiar de forma, a sustantivos tanto masculinos como femeninos: un padre/una madre feliz, un perro/una perra dócil.
Sustantivos epicenos son los que, designando seres animados, tienen una forma única, a la que corresponde un solo género gramatical, para referirse, indistintamente, a individuos de uno u otro sexo. En este caso, el género gramatical es independiente del sexo del referente. Hay epicenos masculinos (personaje, vástago, tiburón, lince) y epicenos femeninos (persona, víctima, hormiga, perdiz). La concordancia debe establecerse siempre en función del género gramatical del sustantivo epiceno, y no en función del sexo del referente; así, debe decirse «La víctima, un hombre joven, fue trasladada al hospital más cercano», y no «La víctima, un hombre joven, fue trasladado al hospital más cercano». En el caso de los epicenos de animal, se añade la especificación macho o hembra cuando se desea hacer explícito el sexo del referente: «La orca macho permanece cerca de la rompiente zarandeada por las aguas de color verdoso».
Sustantivos ambiguos en cuanto al género son los que, designando normalmente seres inanimados, admiten su uso en uno u otro género, sin que ello implique cambios de significado: el/la armazón, el/la dracma, el/la mar, el/la vodka. Normalmente la elección de uno u otro género va asociada a diferencias de registro o de nivel de lengua, o tiene que ver con preferencias dialectales, sectoriales o personales. No deben confundirse los sustantivos ambiguos en cuanto al género con los casos en que el empleo de una misma palabra en masculino o en femenino implica cambios de significado: el cólera (‘enfermedad’) o la cólera (‘ira’); el editorial (‘artículo de fondo no firmado’) o la editorial (‘casa editora’). De entre los sustantivos ambiguos, tan sólo “ánade” y “cobaya” designan seres animados.
Uso del masculino en referencia a seres de ambos sexos:
En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no sólo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: “El hombre es el único animal racional”; “El gato es un buen animal de compañía”. Consecuentemente, los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: “Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales”; “En mi barrio hay muchos gatos” (de la referencia no quedan excluidas ni las mujeres prehistóricas ni las gatas). Así, con la expresión “los alumnos” podemos referirnos a un colectivo formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas. A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de desdoblar indiscriminadamente el sustantivo en su forma masculina y femenina para hacer explícita la alusión a ambos sexos: «Decidió luchar ella, y ayudar a sus compañeros y compañeras». Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva; así pues, en el ejemplo citado pudo —y debió— decirse, simplemente, “ayudar a sus compañeros”, evitando repeticiones por razones extralingüísticas que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y la lectura de los textos. Sólo cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto, es necesaria la presencia explícita de ambos géneros: “La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente”; “En las actividades deportivas deberán participar por igual alumnos y alumnas”. Por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramática: “las y los ciudadanos”.
Para evitar las engorrosas repeticiones a que da lugar la reciente e innecesaria costumbre de hacer siempre explícita la alusión a los dos sexos (los niños y las niñas, los ciudadanos y ciudadanas, etc.), ha comenzado a usarse en carteles y circulares el símbolo de la arroba (@) como recurso gráfico para integrar en una sola palabra las formas masculina y femenina del sustantivo, ya que este signo parece incluir en su trazo las vocales a y o: “l@s niñ@s”. Debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico y, por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; a esto se añade la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos sin dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en “Día del niñ@”, donde la contracción sólo es válida para el masculino “niño”.
Formación del femenino en profesiones, cargos, títulos o actividades humanas. Aunque en el modo de marcar el género femenino en los sustantivos que designan profesiones, cargos, títulos o actividades influyen tanto cuestiones puramente formales —la etimología, la terminación del masculino, etc.— como condicionamientos de tipo histórico y sociocultural, en especial el hecho de que se trate o no de profesiones o cargos desempeñados tradicionalmente por mujeres, se pueden establecer las siguientes normas, atendiendo únicamente a criterios morfológicos:
a) Aquellos cuya forma masculina acaba en -o forman normalmente el femenino sustituyendo esta vocal por una -a: bombero/bombera, médico/médica, ministro/ministra, ginecólogo/ginecóloga. Hay excepciones, como piloto, modelo o testigo, que funcionan como comunes: el/la piloto, el/la modelo, el/la testigo (no debe considerarse una excepción el sustantivo “reo”, cuyo femenino etimológico y aún vigente en el uso es “rea”, aunque funcione asimismo como común: “la reo”). También funcionan normalmente como comunes los que proceden de acortamientos: el/la fisio, el/la otorrino. En algún caso, el femenino presenta la terminación culta -isa (del latín -issa), por provenir directamente del femenino latino formado con este sufijo: diácono/diaconisa; y excepcionalmente hay voces que tienen dos femeninos, uno en -a y otro con la terminación -esa (variante castellana de -isa): diablo, fem. diabla o diablesa; vampiro, fem. vampira o vampiresa.
b) Los que acaban en -a funcionan en su inmensa mayoría como comunes: el/la atleta, el/la cineasta, el/la guía, el/la logopeda, el/la terapeuta, el/la pediatra. En algunos casos, por razones etimológicas, el femenino presenta la terminación culta -isa: profetisa, papisa. En el caso de “poeta”, existen ambas posibilidades: la poeta/poetisa. También tiene dos femeninos la voz “guarda”, aunque con matices significativos diversos: la guarda/guardesa. Son asimismo comunes en cuanto al género los sustantivos formados con el sufijo -ista: el/la ascensorista, el/la electricista, el/la taxista. Es excepcional el caso de “modista”, que a partir del masculino normal “el modista” ha generado el masculino regresivo “modisto”.
c) Los que acaban en -e tienden a funcionar como comunes, en consonancia con los adjetivos con esta misma terminación, que suelen tener una única forma (afable, alegre, pobre, inmune, etc.): el/la amanuense, el/la cicerone, el/la conserje, el/la orfebre, el/la pinche. Algunos tienen formas femeninas específicas a través de los sufijos -esa, -isa o -ina: alcalde/alcaldesa, conde/condesa, duque/duquesa, héroe/heroína, sacerdote/sacerdotisa (aunque “sacerdote” también se usa como común: la sacerdote). En unos pocos casos se han generado femeninos en -a, como en jefe/jefa, sastre/sastra, cacique/cacica.
Dentro de este grupo están también los sustantivos terminados en -ante o -ente, procedentes en gran parte de participios de presente latinos, y que funcionan en su gran mayoría como comunes, en consonancia con la forma única de los adjetivos con estas mismas terminaciones (complaciente, inteligente, pedante, etc.): el/la agente, el/la conferenciante, el/la dibujante, el/la estudiante. No obstante, en algunos casos se han generalizado en el uso femeninos en -a, como clienta, dependienta o presidenta. A veces se usan ambas formas, con matices significativos diversos: la gobernante (‘mujer que dirige un país’) o la gobernanta (en una casa, un hotel o una institución, ‘mujer que tiene a su cargo el personal de servicio’).
d) Los pocos que terminan en -i o en -u funcionan también como comunes: el/la maniquí, el/la saltimbanqui, el/la gurú.
e) En cuanto a los terminados en -y, el femenino de “rey” es “reina”, mientras que los que toman modernamente esta terminación funcionan como comunes: el/la yóquey.
f) Los que acaban en -or forman el femenino añadiendo una -a: compositor/compositora, escritor/escritora, profesor/profesora, gobernador/gobernadora. En algunos casos, el femenino presenta la terminación culta -triz (del latín -trix, -tricis), por provenir directamente de femeninos latinos formados con este sufijo: actor/actriz, emperador/emperatriz.
g) Los que acaban en -ar o -er, así como los pocos que acaban en -ir o -ur, funcionan hoy normalmente como comunes, aunque en algunos casos existen también femeninos en -esa o en -a: el/la auxiliar, el/la militar, el/la escolar (pero el juglar/la juglaresa), el/la líder (raro lideresa), el/la chofer o el/la chófer (raro choferesa), el/la ujier, el/la sumiller, el/la bachiller (raro hoy bachillera), el/la mercader (raro hoy mercadera), el/la faquir, el/la augur.
h) Los agudos acabados en -n y en -s forman normalmente el femenino añadiendo una -a: guardián/guardiana, bailarín/bailarina, anfitrión/anfitriona, guardés/guardesa, marqués/marquesa, dios/diosa. Se exceptúan “barón” e “histrión”, cuyos femeninos se forman a través de los sufijos -esa e -isa, respectivamente: baronesa, histrionisa. También se apartan de esta regla la palabra “rehén”, que funciona como epiceno masculino (el rehén) o como común (el/la rehén), y la voz “edecán”, que es común en cuanto al género (el/la edecán). Por su parte, las palabras llanas con esta terminación funcionan como comunes: el/la barman.
i) Los que acaban en -l o -z tienden a funcionar como comunes: el/la cónsul, el/la corresponsal, el/la timonel, el/la capataz, el/la juez, el/la portavoz, en consonancia con los adjetivos terminados en estas mismas consonantes, que tienen, salvo poquísimas excepciones, una única forma, válida tanto para el masculino como para el femenino: dócil, brutal, soez, feliz (no existen las formas femeninas dócila, brutala, soeza, feliza). No obstante, algunos de estos sustantivos han desarrollado con cierto éxito un femenino en -a, como es el caso de juez/jueza, aprendiz/aprendiza, concejal/concejala o bedel/bedela.
j) Los terminados en consonantes distintas de las señaladas en los párrafos anteriores funcionan como comunes: el/la chef, el/la médium, el/la pívot. Se exceptúa la voz “abad”, cuyo femenino es “abadesa”. Es especial el caso de “huésped”, pues aunque hoy se prefiere su uso como común (el/la huésped), su femenino tradicional es “huéspeda”.
k) Independientemente de su terminación, funcionan como comunes los nombres que designan grados de la escala militar: el/la cabo, el/la brigada, el/la teniente, el/la brigadier, el/la capitán, el/la coronel, el/la alférez; los sustantivos que designan por el instrumento al músico que lo toca: el/la batería, el/la corneta, el/la contrabajo; y los sustantivos compuestos que designan persona: el/la mandamás, el/la sobrecargo, un/una cazatalentos, un/una sabelotodo, un/una correveidile.
l) Cuando el nombre de una profesión o cargo está formado por un sustantivo y un adjetivo, ambos elementos deben ir en masculino o femenino dependiendo del sexo del referente; por tanto, debe decirse la primera ministra, una intérprete jurada, una detective privada, etc., y no la primera ministro, una intérprete jurado, una detective privado, etc.
Género de los nombres de países y ciudades. En la asignación de género a los nombres propios de países y ciudades influye sobre todo la terminación, aunque son muy frecuentes las vacilaciones. En general puede decirse que los nombres de países que terminan en -a átona concuerdan en femenino con los determinantes y adjetivos que los acompañan: «Serán los protagonistas de la Colombia del próximo siglo»; «Hizo que la vieja España pensara sobre sus colonias»; mientras que los que terminan en -a tónica o en otra vocal, así como los terminados en consonante, suelen concordar en masculino: «Para que construyan juntos el Panamá del futuro»; «El México de hoy ya no es el México de hace tres años»; «La participación de Rusia en el Iraq que resultará de la guerra dependerá de si adopta una “postura constructiva” en la ONU». En lo que respecta a las ciudades, las que terminan en -a suelen concordar en femenino: «Hallado un tercer foro imperial en la Córdoba romana»; mientras que las que terminan en otra vocal o en consonante suelen concordar en masculino, aunque en todos los casos casi siempre es posible la concordancia en femenino, por influjo del género del sustantivo ciudad: «Puso como ejemplo de convivencia cultural y religiosa el Toledo medieval»; «Ya vuela sobre la Toledo misteriosa»; «El Buenos Aires caótico de frenéticos muñecos con cuerda»; «Misteriosa Buenos Aires». Con el cuantificador “todo” antepuesto, la alternancia de género se da con todos los nombres de ciudades, independientemente de su terminación: «—¿Lo sabías tú? —Bueno, Javier, lo sabe todo Barcelona»; «Por toda Barcelona corre un rumor de llanto y de promesa». La expresión masculina «el todo + nombre de ciudad» se ha lexicalizado en países como México y España con el sentido de ‘élite social de una ciudad’: «Su pequeño bar es el lugar donde se reúne “el todo Barcelona”».

Gatillar


Espantoso término utilizado en el campo de la informática (o, como diría un “experto”, a nivel computacional). Lo más curioso es que suelen usarla en construcciones del tipo “un ‘trigger’ gatilla un proceso”, es decir, que están utilizando dos veces la misma palabra en una frase, una vez en inglés y otra en “computacionalespanglish”, ya que el invento de “gatillar” viene del verbo inglés “to trigger” /'trɪgə(r)/ (“provocar”, “desencadenar”, “hacer estallar”), que también funciona como sustantivo (“gatillo”, “disparador”). Es decir que, a fin de cuentas, el proceso lo “provoca” o “desencadena” un “gatillo” o “disparador”.

viernes, 22 de julio de 2011

Tema: uso y abuso



Cada vez es más frecuente en los medios de comunicación el uso abusivo de la palabra “tema” como muletilla que sustituye, en función del contexto, a palabras como “problema”, “asunto”, “cuestión”, “duda”, “razón”, “esquema” o “proposición”. A veces incluso resulta innecesario su empleo: «El tema de los embarazos no deseados preocupa a la sociedad», en lugar de «Los embarazos no deseados preocupan a la sociedad».
Además, “tema” es el ‘asunto’ o ‘materia’ de la cual trata algo, pero no ese algo en sí mismo; por tanto, lo apropiado es decir: «Se quiere acabar con la inseguridad ciudadana» y no «Se quiere acabar con el tema de la inseguridad ciudadana».
Para evitar su reiteración se recomienda que se usen otras palabras como “asunto” o “materia”: «El presidente se ha referido a este asunto al término de su estancia»; «El ministro ha sido el mayor crítico sobre esa materia».

Remiso, reacio, reticente: claves para distinguirlas



A pesar de que los significados de estas palabras son muy próximos, hay ciertos matices que las distinguen y conviene tener presentes: quien es remiso es indeciso o inactivo; quien es reacio es opuesto o contrario, y quien es reticente es callado o desconfiado.
De este modo, en una noticia como «El Arsenal se ha mostrado remiso a desprenderse de su estrella, consciente de las dificultades que entraña retenerla», lo más probable es que se quisiera decir “reacio”, pues no se muestra ninguna indecisión, sino una clara voluntad de evitar algo; en «Aunque consideran que la propuesta es sólida y creíble, se muestran reticentes a aceptarla sin conocer el resto de las posturas», no parece que haya desconfianza ni silencio, sino indecisión o, tal vez, oposición, por lo que sería “remisos” o “reacios”, respectivamente.
Es posible que “remiso” y “reticente” se usen con el fin de evitar la reiteración de “reacio”, y aunque en ocasiones la sustitución sea adecuada, se recomienda no hacerla sistemáticamente y sin tener en cuenta los matices señalados.

Cotrabajo


Neologismo surgido a raíz de la palabra inglesa “coworking” (/kəʊ'wɜ(r)kɪɳg/) —que no “coworwing”—, empleado para referirse a una manera de trabajar que permite que varios profesionales independientes de sectores distintos compartan una misma oficina o un mismo espacio de trabajo, tanto físico como virtual, donde se fomentan la colaboración, el trabajo en un espacio comunitario y multidisciplinario, así como el establecimiento de contactos, para desarrollar sus proyectos profesionales de manera independiente, a la vez que realizan proyectos conjuntos.

miércoles, 20 de julio de 2011

Demo


Voz tomada del inglés demo /'demaʊ/ (acortamiento o apócope de “demonstration” /'demən'streɪʃən/: “demostración”), que significa ‘muestra de una grabación musical o de un programa informático con fines promocionales o publicitarios’ (es decir, “modelo”, “boceto”, “maqueta”, “muestra” o “cinta de demostración”). En el español de América es mayoritariamente masculina, mientras que en España se usa más en femenino.

viernes, 15 de julio de 2011

Vivir en persona, y no en primera persona



Para referirse a aquello que alguien hace o vive por sí mismo o estando presente, el giro apropiado es “en persona” y no “en primera persona”.
Sin embargo, en algunas ocasiones se pueden leer noticias como las siguientes: «El portugués ya vivió en primera persona una salida del club del que era bandera»; «El presidente le comunicó en primera persona que seguiría siendo consejero»; «El ciclo ha acercado a escritores de reconocida proyección y ha ofrecido la oportunidad de conocerlos en primera persona».
“En primera persona” se refiere a los relatos que están narrados por quien los escribe (o se simula que es así) y por tanto su empleo es inadecuado en los ejemplos anteriores, donde simplemente se ha querido expresar que algo les ha afectado a ellos mismos o el contacto ha sido personal.

Gastar


Mucho cuidado al traducir el verbo “spend” (/spend/) al castellano, ya que no siempre significa “gastar” o “agotar”. Cuando nos referimos al tiempo, quiere decir “dedicar”, “emplear”, “pasar”, etc. Esto va sobre todo por Cristian Fernández, que en la traducción de la guía del Movimiento Zeitgeist interpreta la frase “Robert Sapolsky spent 30 years personally studying a Baboon troop” como “Robert Sapolsky gastó 30 años…” En caso de referirnos a “perder” o “malgastar” el tiempo, suele utilizarse el verbo “waste” (/weɪst/).

Garçonne


Término surgido en Francia en los años 20 como feminización en francés del vocablo “garçon” /garsÕ/ (“chico”, “muchacho”, “dependiente”) para referirse a mujeres que, reivindicando sus derechos y la igualdad de sexos (perdón, géneros), adoptaban un estilo andrógino (siluetas más masculinas, cabellos cortos al estilo bob cut o shingle bob, trajes de chaqueta y corbata), rebelándose contra los estrictos conceptos tradicionales de la feminidad existentes hasta ese momento.

Gadget (/'gædʒɪt/)


Parece que un portal de tecnología o una revista de tendencias no es nada si no lleva esta palabreja en cada uno de sus artículos. Y todos los modernillos la emplean en sus conversaciones. En inglés significa “artilugio”, “chisme” o “aparato”, palabras insuficientes para los amantes del espanglish (o del famoso personaje de dibujos animados, tan disparatado como la obsesión de estos personajes por evitar términos castellanos de lo más sencillo y cotidiano). Si además queremos incluir la connotación de que se trata de nuevas tecnologías, podemos utilizar denominaciones del estilo de “dispositivo electrónico”.

miércoles, 13 de julio de 2011

Email (/'ɪ:meɪl/)


Forma abreviada del inglés “electronic mail”: ‘sistema de transmisión de mensajes o ficheros de un terminal a otro a través de redes informáticas’, ‘dirección para la recepción de mensajes enviados mediante este sistema’ y ‘mensaje virtual enviado a través de la red computacional de Internet’. Su uso —así como el del engendro “imeil”— es innecesario, por existir alternativas en español en todos estos casos. La más frecuente es el calco “correo electrónico” o “c. e.”, válido para todos los sentidos señalados. Para referirse a la dirección, pueden emplearse también las expresiones “dirección electrónica”, “dirección de correo electrónico” o “buzón electrónico”; y, para el mensaje, “mensaje electrónico”. Resulta inadmisible la adopción del recurso inglés consistente en utilizar una “e” (abreviatura extrema de “electronic”) a modo de sufijo o prefijo en español (“correo-e”).
En el lenguaje coloquial también se utilizan los términos “emilio” e “ismael” para designar los mensajes de correo electrónico, así como, según el poco fiable Ilán Stavans, “mailito”, “manuelito”, “emanuel”, “ema” e incluso “webazo”. También existe “correl”, castellanización del francocanadiense “courriel”. Asimismo, por desgracia, se han creado los verbos “mailear”, “emailear” e “imeilear” (como calcos de los verbos ingleses equivalentes) y “emiliar” (como extensión de “emilio”), en sustitución de alternativas tan sencillas como “enviar (por correo electrónico)” o “mandar (por correo electrónico)”.
Por otro lado, conviene recordar que “mail” (/meɪl/) en inglés es simplemente “correo” (lo que el cartero deja en el buzón) o “enviar por correo”, sin ninguna connotación relativa a la informática, por lo que expresiones como «te lo mando por “mail”» o «envíame un “mail”» son completamente absurdas.

Agitprop (агитпроп)


Contracción del ruso “agitatsiia” (pronunciado con ge de “gato” en su idioma original) y “propaganda” para referirse a la estrategia política, generalmente de tendencia comunista, difundida a través del arte o la literatura, usando como métodos la agitación de masas y la propaganda para influir sobre la opinión pública y de este modo obtener réditos políticos. Proviene del Departamento para la Agitación y Propaganda (Otdel agitatsii i propagandy o отдел агитации и пропаганды) establecido por Lenin. Se usa también en sentido figurado o despectivamente para referirse a la propaganda. En castellano podríamos utilizar expresiones como “propaganda de agitación” o “agitación y propaganda”.

martes, 12 de julio de 2011

Elevator pitch (/'elɪveɪtə(r)pɪtʃ/)


De “elevator” (“ascensor”) y “pitch” (“lanzamiento”) tenemos el concepto “elevator pitch” o “discurso de ascensor” (también “charla”, “conversación”, etc.), referido al discurso necesario para explicar brevemente (lo que dura un viaje en ascensor) los conceptos básicos de un negocio, empresa o proyecto. Suele ser un guión memorizado de unos quince o veinte segundos (o un texto de longitud SMS o Twitter) cuyo objetivo es imprimir en la mente del cliente potencial la imagen de un producto o servicio para despertar el interés y despertar las emociones del interlocutor, y de ese modo conseguir una reunión posterior.

lunes, 11 de julio de 2011

Incunable



El término “incunable” se aplica a los libros que fueron impresos entre el nacimiento de la imprenta en Occidente, en 1453, y el 1 de enero de 1501.
Sin embargo, con motivo de la desaparición del Códice Calixtino, que data del siglo XII, de la catedral de Santiago de Compostela, se pueden leer y oír noticias como: «Ni las cerraduras ni las puertas de la estancia donde se hallaba el incunable presentan signos de violencia», «Este incunable de 225 páginas de pergamino conocido como Códice Calixtino…»
Puesto que el Códice Calixtino o Codex Calixtinus fue escrito a mediados del siglo XII, no se le puede atribuir la categoría de incunable, por lo que en las noticias mencionadas habría sido más apropiado: «Ni las cerraduras ni las puertas de la estancia donde se hallaba el manuscrito presentan signos de violencia», «Este códice de 225 páginas de pergamino conocido como Códice Calixtino…»

viernes, 8 de julio de 2011

Afterauer / After


Adaptaciones gráficas de la expresión inglesa “after-hours” (/ˈɑːftəˈaʊəz/), que designa el local nocturno o discoteca, comunes sobre todo en la escena de la música electrónica, que abren durante la madrugada y la mañana, generalmente después del cierre de otros locales.

Conference call (/'kɒnfərənskɔ:l/)


Anglicismo innecesario que está intentando suplantar al español “multi-conferencia” (llamada a tres o más personas) desde el mundo del management más cool y fashion («¡Hemos tenido una “call” con el account manager, te lo juro, osea! ¿Sabes?»). También existen las expresiones “reunión telefónica”, “audioconferencia”, “teleconferencia” o “multiconferencia”.
Para el caso de las “videoconferencias”, también hay quien se ha inventado la lexicalización “siyu, simi”, a partir del inglés “see you, see me” /sɪ:jʊsɪ:mɪ:/ (“te veo, me ves”).

jueves, 7 de julio de 2011

Gay


Hace unos días, una compañera de trabajo me recriminó el uso de la palabra “negro” para referirme a la raza de otra persona, indicándome que sería más apropiado el uso del eufemismo “de color” o “afroamericano”. ¿De qué color? ¿Es que no somos todos de algún color? Es más, ¿no es el negro es la ausencia de color? Luego el término “de color” sería apropiado para cualquier raza, menos para la negra (si bien es cierto que no son realmente negros, pero así se les ha venido denominando históricamente). ¿Afroamericano? (O, aún peor, mezclando churras con merinas, ¿“subsahariano afroamericano”?) ¿Es que todos los negros provienen de África o viven en América? ¿Y por qué debemos andar con rodeos para referirnos a los negros? Mi más sincera opinión es que quien lo cree apropiado es porque opina que ser negro es algo malo, y por ende evita a toda costa pronunciar dicha palabra, sobre todo en presencia de los afectados por esa, en opinión del hablante del eufemismo, desdicha. Desconfíen de quienes nieguen ser racistas pero eviten llamar a las cosas por su nombre.


Lo mismo ocurre, con consecuencias más absurdas si cabe, en el caso de la palabra “homosexual”. Muchas personas evitan su uso, por considerarlo denigrante, y lo sustituyen por el anglicismo “gay” (pronunciado /geɪ/ por unos y /ɡaɪ/ por otros, causando confusión con la palabra inglesa “guy” —“tipo”, “tío”— que atiende a esta última fonética), que también he visto escrito “guei” y “gaimás de una vez. Lo curioso, y el momento en que el uso de este anglicismo (si bien con raíz latina: “gaudium” —“gozo”, “gozoso”—) se vuelve más esperpéntico, es que se utilice la redundante denominación “Asociación de Gays y Lesbianas” para referirse a un grupo de personas homosexuales (o “gays”). La palabra “homosexual” (cuyo prefijo “homo” viene del griego “ὁμο” —“semejante” o “igual”— y no del latín “homo, -ĭnis” —“hombre”—) agrupa tanto a hombres como a mujeres, es decir, que las lesbianas también son “gays” (mujeres homosexuales), luego no se entiende el porqué de la repetición “gays y lesbianas”. También he oído la denominación “Asociación de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (LGTB)”, que ha dado lugar a la expresión LGTBfobia; sigo con el argumento de que la “L” y la “G” podrían resumirse en una sola (preferiblemente ninguna de ellas, sino la “H” de “homosexual”, por esa manía que tengo de utilizar el castellano), y me pregunto si realmente es necesario intentar pergeñar un término que agrupe a las tres fobias diferentes (a los homosexuales, a los transexuales y a los bisexuales), e incluso a los tres colectivos diferentes (también he oído la expresión “persona LGTB”); en todo caso, no me convencen ni el anglicismo homofobia ni la estrambótica “LGTBfobia”.
Para rizar el rizo, al acrónimo LGTB se le añade en algunos la i de “intersexual” (‘que muestra, en grados variables, caracteres sexuales de ambos sexos’; no confundir con “bisexual” ‘que alterna las prácticas homosexuales con las heterosexuales’), la cu de “queer” /kwɪə(r)/ (vocablo inglés que significa “homosexual”, pero en sentido peyorativo, por lo que resulta paradójico que sea utilizado por organizaciones que supuestamente defienden sus derechos, pues es como si dijeran “marica”, “mariquita” o “maricón”) y la te de “transgénero” (término totalmente fuera de lugar, puesto que “género” es un concepto gramatical que se aplica a las palabras, mientras que lo apropiado para las personas es referirse al “sexo”). Es decir, que la cosa quedaría más o menos así: “LGTBIQT” y “LGTBIQTfobia”; como para volverse loco.
No sé si se acabará creando una “Asociación de negros y personas de color”, pero seguro que sería en España, que es donde más nos gusta hacer el idiota con el lenguaje.

miércoles, 6 de julio de 2011

Gap (/gæp/)


Voz tomada del inglés “gap” (“espacio”, “hueco”, “laguna”, “intervalo”, “interrupción”, “distancia”, “brecha”, “vacío”), que se usa ocasionalmente en español con el sentido de ‘vacío o distancia excesiva entre dos realidades que se contrastan’ (“un ‘gap’ entre la oferta y la demanda”, “el ‘gap’ generacional”). Es posible sustituir este anglicismo por equivalentes españoles como “brecha”, “distancia”, “separación” o “diferencia”. Para traducir la expresión inglesa “generation gap”, se recomiendan las expresiones españolas “brecha generacional”, “abismo generacional” o “salto generacional”.

Gangero


Ya le tenía un poco de manía a las palabras “gangster” /ˈgæŋstəʳ/ (adaptada como “gánster” en el DRAE: ‘miembro de una banda organizada de malhechores que actúa en las grandes ciudades’) y “gang” /ˈgæŋ/ (“pandilla”, “grupo”, “cuadrilla”, “brigada”, “banda organizada de malhechores”), con su versión “Tex-Mex” ganga (que cambia totalmente el sentido que esa palabra ya tiene en español: ‘bien que se adquiere a un precio muy por debajo del que normalmente le corresponde’). No obstante, me resignaba a utilizarlas por no encontrar otra con las mismas connotaciones (me han propuesto “bandido” o “pandillero”, pero no son lo mismo). Ahora me encuentro con la zafia y estúpida adaptación “gangero” —no “ganguero” (‘amigo de procurarse gangas, de buscar ventajas’)—.

Ganar-ganar


Uno de los requisitos indispensables para ponerse a traducir un texto, además del conocimiento tanto del idioma de origen como el de destino, es simplemente tener ganas de realizar dicha traducción. Como diría José Mota «si hay que traducir se traduce, pero traducir por traducir…» Y eso es lo que les pasa a los chicos de Investigar 11S, que se encuentran en inglés con la expresión “win-win situation” y, por desidia, lo traducen simplemente por “situación de ganar-ganar”. Poniendo un poco de interés se nos podrían ocurrir expresiones como “situación en la que todos ganan/sacan provecho/salen ganando”, “situación de mutua/o ganancia/provecho”, “situación beneficiosa para todos”. Sin embargo, no están solos en su negligencia, ya que la página Gestiopolis nos asegura que «el principio de ganar/ganar es fundamental para el éxito en todas nuestras interacciones»; la de Javier Llinares nos asegura que la traducción de “Think win/win”, del libro “Los Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva” (traducción literal donde las haya de “The Seven Habits of Highly Effective People”) es “Pensar ganar/ganar” (¡Jao, yo Manager Tatanka, tú fumar pipa de la paz!); y Aulafácil incluso nos ofrece un curso (perdón, tutorial) en el que habla de la “estrategia de ganar-ganar”.

martes, 5 de julio de 2011

Filage (/filaƷ/)


Término cinematográfico calcado del francés (“hilado”, “estirado”) para referirse a la “panorámica expresiva” o “barrido”, especie de trucaje consistente en el empleo no realista de la cámara, con el fin de sugerir una impresión o idea. El barrido, en concreto, sería un tipo especial de panorámica muy rápida, sugerente, que pasa de un plano fijo a otro, de tal forma que los detalles de la escena se diluyen en el transcurso del movimiento a causa de la velocidad (se estiran).

Finger (/'fɪŋɡə(r)/)


El término “finger” no debe emplearse para referirse, en el contexto de un aeropuerto, a la pasarela móvil por la que los viajeros entran al avión desde la puerta de embarque de la terminal de un aeropuerto. En realidad, ni siquiera en inglés se utiliza este sustantivo para referirse a esta pasarela, sino que se denomina “jetway” o “jet bridge”. En español puede hablarse de “plataforma telescópica”, “pasarela”, “manga” o “túnel”.

Costa Azul, mejor que Riviera Francesa



El nombre español tradicional de la zona costera en la que se encuentran Saint-Tropez, Cannes y Mónaco y que llega a la frontera de Francia con Italia es Costa Azul y no Riviera Francesa.
En relación con la boda del príncipe Alberto de Mónaco se pueden leer noticias como «Alberto II y Charlene Wittstock se van a casar en una unión crucial para mantener la imagen de cuento de hadas de la diminuta ciudad-estado de la Riviera francesa».
El nombre de Riviera Francesa es un calco del inglés y se ha formado a partir de Riviera, la zona costera próxima de Italia, por lo que se recomienda evitar su uso, ya que en español esta zona turística se ha conocido normalmente como Costa Azul.
Además, recientemente se ha formado una entidad administrativa en Francia con el nombre de Riviera Francesa, que no incluye ni Cannes ni Mónaco, lo que hace aún más desaconsejable denominar así a toda la Costa Azul.

lunes, 4 de julio de 2011

Critérium


Latinismo tomado del francés “critérium” (/kʀiteʀjɔm/) que se usa con los sentidos de ‘torneo de carácter no oficial en el que participan deportistas de alto nivel’ y, en hípica, ‘carrera en la que compiten potros nacidos en el mismo año para determinar cuál es el mejor de su generación’.

Culot / Culote


Adaptación gráfica de la voz francesa “culotte” /kylƆt/ (“pantalón”, “pantalones”, “bragas”), que se usa en España con el significado de ‘calzón acolchado que usan los ciclistas’ y en algunos países americanos con el sentido de ‘prenda interior femenina en forma de pantalón corto’.

Estériles, mujeres


Misterios sin resolver del espanglish. Más rebuscado no puede ser. Por muchas vueltas que le doy, no consigo ver la relación que pueda haber entre “steady women” /'stedɪ'wɪmɪn/ (“empleadas fijas”) y “mujeres estériles”, que es como se dice eso mismo en este aborto de dialecto híbrido que algunos se empeñan en denominar “lengua”, llegando a escribir libros y tratados al respecto, e incluso a crear cátedras para su estudio.