miércoles, 31 de agosto de 2011

Glamping


Ni siquiera aparece en los diccionarios en inglés, y aquí ya estás totalmente out si no sabes lo que es. Fusión entre las palabras “glamour” y “camping”, en referencia a un tipo de acampada de categoría o calidad superior (es decir, para un público de categoría que, al fin y al cabo, es lo que hay que tener para utilizar estos términos).

Glamur / glamor / glamoroso / glamuroso

Para explicar la majadería y la vulgaridad de las personas que pretenden ser “glamorosas” (o “glamurosas”, en el español de América, pero nunca el híbrido “glamouroso”), o bien creen tener “glamur” (adaptación gráfica para la voz inglesa “glamour” /'ɡlæmə(r)/, introducida en español a través del francés, que significa ‘encanto sofisticado’, ‘encanto sensual que fascina’ o ‘tipo de belleza muy elegante y sofisticada’) o “glamor” (variante formal que existe también en inglés), pero nunca el invento “glamoure”, transcribo un interesante artículo de la periodista y novelista Carmen Posadas titulado ‘Síntoma de nuestro tiempo’.


Me pregunto si alguna de las personas que tan orgullosas están de que las describan como glamorosas tienen la más remota idea de lo que en realidad significa esa palabra. Lo digo porque el equivocado sentido que normalmente se le atribuye, es decir, el de brillante, bello o elegante, comparado con su significado real es, a mi modo de ver, una verdadera metáfora de estos tiempos figurones en los que vivimos.
Hay palabras que, aunque existan desde hace siglos en los diccionarios, solo comienzan a ser usadas regularmente cuando describen muy atinadamente algo que tiene que ver con el talante de los tiempos. Algo así le ha ocurrido a la palabra ‘glamour’ que, a pesar de figurar en el Diccionario Oxford desde 1720, no ha sido conocida ni utilizada hasta tiempos recientes. Pero permítanme que me reserve un momento su verdadero significado hasta que les cuente el ‘glamoroso’ camino que ha recorrido el mencionado término antes de incorporarse a nuestro vocabulario habitual.
Hasta hace más o menos cincuenta años, esa palabra inglesa era un cultismo utilizado sólo por poetas. Sin embargo, hacia mediados del siglo pasado, las viperinas lenguas que se dedicaban a criticar a las actrices de cine la sacaron de su intelectual contexto para describir la diferencia que existía entre las damas de la escena y las actrices de Hollywood. Es necesario explicar que, hasta no hace mucho, en Inglaterra los actores de teatro seguían mirando con displicencia a sus colegas de la pantalla. Aún sucede entre los puristas, pero, desde luego, hasta bien entrada la década de los cuarenta, a un actor de teatro no le gustaba en absoluto que lo relacionaran con sus colegas del cine. Y para describir precisamente esa nueva categoría de estrella rutilante y algo estridente, por no decir vulgar, que según los amantes del teatro nada tenía que ver con los intérpretes de la escena, se comenzó a usar (despectivamente, por cierto) la vieja palabra glamour. Porque si consultamos el Diccionario Oxford, el significado del término es: ‘Belleza ficticia que se atribuye a un objeto o cosa’ y, también, ‘brillo falso o engañoso’. Por tanto, glamorosas eran Jean Harlow, con sus camisones de satén, y la oronda Mae West, una de las mujeres más inteligentes y, sin embargo, más vulgares que ha dado la escena.
Glamorosas podían ser también Marilyn Monroe o incluso Ava Gardner, pero desde luego nunca Audrey Hepburn, Grace Kelly o Katharine Hepburn. Porque el glamour tiene un punto de vulgaridad considerable o, para decirlo de otra forma, tiene tufillo a pachulí y no a Chanel número cinco, a pesar de aquella famosa frase de Marilyn (ya saben ustedes: «I sleep only with my Chanel number 5»). E incluso ahora, para que vean que el término conserva algo de su significado original, observen cómo cuadra más a una Mariah Carey que a una Sigourney Weaver, por ejemplo.
A mí, que me gusta tanto observar frivolidades, no porque sea frívola (que lo soy), sino porque creo que describen muy bien ciertos valores estéticos actuales, el auge de la palabrita de marras me parece todo un síntoma de los tiempos en que vivimos: ahora lo importante es brillar, no ser brillante, y parecer mucho, antes que ser. De ahí que, si en las próximas fiestas les dicen a ustedes que los encuentran muy glamorosos, respóndanles que preferirían que los calificaran con otro término, por ejemplo que los llamaran ‘chic’. Es tan foráneo como el anterior y tampoco significa lo que usted y yo creemos, pero por lo menos resulta más amable cuando se sabe su verdadero significado. Porque chic quiere decir literalmente ‘diestro desde el punto de vista artístico y literario’. ¿Que no lo sabían ustedes? Yo tampoco, la verdad; no soy tan marisabidilla como parezco. Lo acabo de mirar en el diccionario, tengo mucha “destreza artística y literaria” manejando el mataburros; vamos, que soy de lo más chic.

Glam


Además de ser la abreviatura de glamour, “glam” se utiliza para calificar al género musical “glam rock” (también conocido como “glitter rock” – de “glitter” /'ɡlɪtə(r)/: brillar, relucir), nacido en Gran Bretaña a principios de los setenta (perdón, seventies) y caracterizado por una vuelta a la espontaneidad de los cincuenta (perdón, fifties) pero, sobre todo, por su estética, caracterizada por la ropa y el maquillaje extravagantes, que jugaba con la ambigüedad sexual con una actitud descarada y provocativa, frente a la imagen masculina imperante en esos días (véase Judas Priest o Motörhead versus T. Rex o David Bowie). También existe el “glam metal” (Kiss, Poison) y el “glam punk” (The Stooges, New York Dolls).
Buena manera de enlazar con el siguiente post

Flagship store (/'flægʃɪpstɔː(r)/)


De “flagship” (“buque insignia” y, en sentido figurado, “el mejor o más importante integrante de un grupo o sistema” o “elemento muy representativo y distintivo de una serie de personas, objetos, etc.”; por ejemplo: “equipo insignia” o “edificio insignia”) deriva la expresión “flagship store” (“tienda principal”, “tienda insignia” o “tienda de referencia”), que se está poniendo cada vez más de moda en nuestro país cuando se habla sobre la apertura de establecimientos de grandes marcas.

viernes, 26 de agosto de 2011

Fain


Así es como, calcando la pronunciación del inglés “fine” (/faɪn/), los bausanes del espanglish evitan expresiones tan complicadas como “de acuerdo”, “(muy) bien”, “perfecto”, “vale”, etc.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Finning


Gerundio heterodoxo formado a partir del sustantivo “fin” /fɪn/ (“aleta”) para designar la loable y bella práctica de capturar tiburones, cercenar sus aletas y devolverlos mutilados al mar para que agonicen lentamente en el fondo del mar desangrados, ahogados o devorados por otros peces, todo por la sencilla razón de que, primero, dichas extremidades se utilizan para elaborar la tradicional sopa china, por lo que pueden alcanzar precios de hasta mil euros (cien por un plato de dicha “exquisitez”), y segundo, que de esta manera las bodegas de los barcos tienen más espacio para acumular más cantidad de aletas (si no, sería imposible alcanzar los 150 millones de tiburones capturados cada año con este propósito).
No sé qué será más ruin y barato, el precio de la vida de un tiburón según estos salvajes, o bien sus propias vidas, miserables, insignificantes y carentes de toda razón y sentido, condenadas a la estulticia y a la maldición, no solo por su brutalidad y crueldad, sino también por impedir el procesado y aprovechamiento del resto del tiburón en la costa (con la consiguiente amenaza para el desarrollo alimentario y socioeconómico de zonas costeras de muchos países pobres) y por las peligrosas e imprevisibles consecuencias que la eliminación de un gran número de depredadores del último escalón de la cadena trófica puede tener en el equilibrio de gran cantidad de ecosistemas (por lo tanto, también sobre otras especies de interés comercial).

“Cesar” no es sinónimo de “destituir”



Una persona puede cesar en su empleo o cargo, pero no ser cesado.
En las noticias sobre despidos de personas de sus puestos de trabajo es frecuente encontrar frases como «El PSOE aplaude la rectificación de Aguirre al cesar a Neira», «El Necaxa cesó a Omar Arellano de la dirección técnica» o «Los profesores se manifiestan por los 16.000 trabajadores que fueron cesados en el 2010».
Estos usos son inapropiados, porque el verbo “cesar” es intransitivo y significa ‘dejar de desempeñar algún empleo o cargo’; es decir, que es el trabajador quien cesa, bien porque lo despiden, bien porque él decide poner fin a la relación laboral.
Se recomienda, pues, evitar este uso incorrecto del verbo “cesar” con el sentido de ‘hacer que alguien abandone su puesto’, y emplear para ello otros verbos más adecuados, como, según el caso, “destituir”, “relevar”, “deponer” o “despedir”.

martes, 23 de agosto de 2011

Gin-tonic


Hay que tener en cuenta que los angloparlantes suelen ser un poco cuadriculados y, para que entiendan lo que les decimos, conviene ser lo más fieles posibles a sus estructuras, no sólo a su pronunciación y entonación. No sería la primera vez que algún españolito se las ve y se las desea para conseguir que le sirvan un “gin-tonic” (combinación de tónica con ginebra) en algún pub o bar allende los mares por no llamarlo a la manera de los locales (gin and tonic: /dʒɪnən'tɒnɪk/); aunque se parezcan mucho, puede dar lugar a confusión (no es lo mismo “ginebra con tónica” que “tónico de ginebra”).

Gim


Si ya me parece hacer el ridículo decir “gym” (/dʒɪm/) en vez de “gimnasio” o “gimnasia”, cuando lo he visto escrito “gim” me he partido de la risa.

Giallo (/'dʒallo/)


Voz italiana que significa “amarillo”, “novela policíaca” o “novela de misterio”, utilizada para designar un subgénero cinematográfico de origen italiano derivado del cine de misterio y de terror, denominado así porque los primeros argumentos estaban basados en una colección de novelas cuyas cubiertas eran de ese color.

Gentrificación


No estoy seguro de si se trata de un nuevo invento o de una traducción demasiado apresurada. No es que sea un “falso amigo”, sino que ni siquiera existe en castellano. “Gentrification” es, simplemente, “aburguesamiento” o “aristocratización”, del mismo modo que “gentry” (/'dʒentrɪ/) no es “gentría”, ni nada por el estilo, sino “alta burguesía”, “pequeña aristocracia” o “gente bien” (esta última con sentido un tanto peyorativo). El término simplemente ha sido apropiado por las jergas de la sociología y el urbanismo para referirse al ‘proceso mediante el cual la población original de un sector o barrio, generalmente céntrico y popular, es progresivamente desplazada por otra de un nivel adquisitivo mayor’, como por ejemplo en frases como «Chueca es un ejemplo clásico de “gentrificación”: el barrio se ‘limpió’ en todos los sentidos, el tejido social cambió y se revalorizó el suelo».

Gentleman (/'dʒentəlmən/)


Versión cool de nuestros sustantivos “señor” o “caballero”, que incluso recoge el DRAE con la siguiente definición: caballero inglés de cierto rango social u hombre que se le asemeja en porte, comportamiento y actitud.
La expresión inglesa “gentlemen’s (o gentleman’s) agreement” ha de traducirse en español por “pacto de caballeros” o “pacto entre caballeros”.