martes, 31 de enero de 2012

¿Clima o tiempo?


El “tiempo” y el “clima” son dos conceptos distintos que muchas veces se confunden y en ocasiones ese error se ve reflejado incluso en los medios de comunicación, como es el caso de Diario de Burgos en su artículo “Pedaleando al trabajo”, donde nos encontramos frases como “cada vez son más las personas que se suman a cambiar el coche por la bicicleta a la hora de moverse por la ciudad, a veces incluso sin importar el clima que haga”.
Esto puede deberse en ocasiones a un fenómeno de “falso amigo”, ya que ambas son posibles traducciones del inglés “weather” (/'weðə(r)/), aunque también existe el sustantivo “climate” (/'klaɪmɪt/), más preciso.
El “tiempo” es el ‘estado que presenta la atmósfera en un lugar y un momento determinados’ y viene reflejado por sus características en ese instante (presión, viento, temperatura, humedad, visibilidad horizontal, nubosidad y clase y cantidad de precipitación: lluvia, granizo…) El “tiempo atmosférico” cambia constantemente al variar dichas características: no hace la misma temperatura y, por ende, el mismo “tiempo”, a las 12 del mediodía que a las 6 de la mañana.
En cuanto al “clima”, una posible definición podría ser esta: ‘síntesis de un conjunto fluctuante de condiciones atmosféricas en un área determinada, correspondiente a un periodo suficientemente largo para que sea representativo’.
Resumiendo, el “tiempo” viene reflejado por las características meteorológicas en un instante, es decir, que es algo puntual, instantáneo, cambiante y en cierto modo irrepetible, mientras que el “clima”, aunque se refiere a los mismos fenómenos, los traduce a una dimensión más permanente, duradera y estable, representando la media de esas características en un determinado lugar al cabo de muchos años. Así, en un momento dado podría decirse que Madrid, París y Caracas tienen un “tiempo” similar (por ejemplo, un día con lluvia en las tres capitales a la vez); sin embargo, es evidente que estas tres ciudades no tienen el mismo “clima”, ni siquiera parecido.
Otros casos típicos en los medios de comunicación son ejemplos como «El clima para mañana se presentará bueno, con cielo despejado y temperatura en ascenso»; «La climatología impidió la celebración de la corrida»; «En el resultado influyó decisivamente la climatología» o «Un día de mala climatología», cuyos autores quieren dar a entender que las condiciones meteorológicas han influido en los acontecimientos, pero no han empleado la terminología correcta, puesto que “climatología” es la ‘ciencia que estudia el clima’ y este no puede definirse por lo que ocurre en un solo día. El hecho, por ejemplo, de que en una jornada de agosto llueva, haga viento y el ambiente esté fresco en Málaga, no puede dar pie a decir que el “clima” (y menos aún la “climatología”) sea mala en la Costa del Sol. El pronóstico que se difunde se refiere a los cambios del “tiempo”, no del “clima”.

lunes, 30 de enero de 2012

Lo de ellos es mejor (Xosé Castro Roig)

 

El otro día, paseando por mi barrio (otrora castizo y chulapo y ahora receptor de inmigrantes de decenas de nacionalidades); paseando, decía, me topé con una peluquería cuyo letrero exterior rezaba: “PELUQUERÍA AFROAMERICANA”.
Leer aquello y entrar fue todo uno y, para mayor asombro, descubrir que el establecimiento estaba regentado por inmigrantes chinos que, conscientes de la oportunidad de negocio inherente al rizo cabello de sus vecinos de raza negra —en contraposición con el sencillo y liso cabello oriental— habían montado el negocio con gran éxito de público.
El local estaba hasta la bandera de hombres y mujeres negros y mulatos, pero ninguno parecía identificarse como afroamericano.
Las corrientes culturales —en este mundo que camina cuesta abajo hacia la cultura única— aprovechan cualquier rendija, cualquier intersticio, para diluirse sin solución de continuidad en culturas ajenas. Ocurre lo mismo con partículas tan nimias del lenguaje como las onomatopeyas, y quizá por eso ya no es raro oír a escolares españoles interjiriendo yuks, auchs y oh-ohs, en lugar de hispanos “puajs”, “ayes” y “uyes”. Serán los Teletubbies, que aunque no puede decirse que tengan unos diálogos metafísicos, se ve que le colaron un buen gol al traductor con las onomatopeyas inglesas («oh oh», que diría Dipsy).
Volviendo al hilo: los regentes de esta peluquería querían captar a la clientela negra del barrio, pero llamarse “Peluquería para negros” resultaba, digo yo, políticamente incorrecto. También debieron pensar que “Peluquería africana” (nombre con el que se autodenominan casi todos estos establecimientos en Madrid) no abarcaba todo el público al que querían ofrecer sus servicios, que es mayoritariamente caribeño, así que el término afroamericano, que debe de aunar lo mejor de ambos continentes —sigo diciendo yo— era la solución más apropiada sin lugar a dudas.
Algo así deben de pensar algunos traductores, redactores, correctores y periodistas que trabajan en diversos medios de comunicación y salpican sus textos con términos que no son aplicables, en muchos casos, en la cultura destinataria. Trasladan, quizá sin saberlo, términos y expresiones fruto de un problema social e impropios de la lengua y contexto cultural destinatarios. El problema es que las palabras mal traídas son, a veces, los prefacios de debates innecesarios.
Los ciudadanos e inmigrantes negros en Europa —y en España, concretamente— no viven el mismo contexto cultural que las personas de raza negra de los Estados Unidos. En Europa no hay “afroeuropeos” porque la palabra “negro” no se ha cargado de las connotaciones negativas que quizá haya podido adoptar para algunos en Estados Unidos. Debe decirse, además, que en Estados Unidos no todos los negros, ni mucho menos, defienden esta corriente nominalista o eufemista que consiste en llamar a una misma cosa con distinto nombre para que, dentro de unos años, el neologismo vuelva a cargarse de las mismas connotaciones negativas que sus predecesores. Así, en aquel país ya han utilizado casi todo el campo semántico disponible para definir a gente de raza negra: “nigger”, “coloured”, “black”, “negro”… y ahora, “afroamerican”. En España hay negros españoles o españoles negros. No traduzcamos problemas sino palabras.

viernes, 27 de enero de 2012

Entrando instrucciones al pipeline (Bertha Gutiérrez Rodilla)

 

Con frecuencia se demoniza el lenguaje de los científicos; desde luego, su forma de hablar no es como para tirar cohetes. Sin embargo, parecen los fundadores de la RAE si se compara su lenguaje con el de los que desempeñan sus tareas profesionales en el ámbito de la técnica. Recientemente ha caído en mis manos el discurso de entrada en una academia de uno de sus egregios representantes —silencio su nombre, por razones obvias—, y me he quedado de un aire leyéndolo, porque no tiene desperdicio. Estoy hablando, claro está, desde el punto de vista lingüístico, pues de sus contenidos tengo poco que decir, aunque sólo sea porque la manera en que está escrito me ha impedido acceder a buena parte de ellos. Por eso, los dejaré de lado y me ceñiré al lenguaje.
Lo más evidente es, sin duda, lo que tiene que ver con el léxico, salpicado hasta la saciedad de anglicismos extraños, verbos y sustantivos ingleses vestidos de español, palabras mal empleadas por causa de una pésima traducción, etc.: oblea, iteración, resistor, bus, chip, bit, thread, qubit, embedded, subrutina, optimizar, miniaturizar, factorizar…, presentes también en expresiones llamativas como computador de guiado, jerarquía de memoria, disipador de calor, ambientes de ayuda a la gestión, calculadoras de propósito general, computador de propósito específico, máquina orientada a la solución de ecuaciones… En cuanto al uso de las palabras, no me resisto a señalar que, a la conocida apropiación indebida del adjetivo inteligente por parte de las máquinas —que ya está al cabo de la calle, pues hasta existen cremas inteligentes o aparcamientos inteligentes, por ejemplo—, se añade ahora la del adjetivo razonable, puesto que, al parecer, los “dispositivos de entrada salida” pueden serlo (¡no como el presidente de mi comunidad de vecinos, al que no hay manera de hacerle entrar en razón para algunas cosas!)
En honor a la verdad, debo remarcar que me ha impresionado favorablemente que el discurso no esté plagado de principio a fin de verbos terminados en -izar, aunque haya unos cuantos. Sí detecto, en cambio, una tendencia enfermiza a utilizar verbos, supongo que de última generación, formados anteponiéndoles a los antiguos la partícula re-: reiniciar, repensar, reprogramar, relanzar, rediseñar, redefinir, reejecutarPeccata minuta son los abusos del gerundio o de la voz pasiva («tenía hasta 64 instrucciones en su lenguaje máquina que podían ser llamadas a ser ejecutadas por el programa principal»), si se comparan con el uso transitivo del verbo entrar («son procesadores que permiten entrar al pipeline (¡!) varias instrucciones por ciclo»), y otras anomalías sintácticas diversas como «conmutar entre dos estados estables»; «se denominó Máquinas de Diferencias y nunca llegó a construirla»; «cada unos pocos meses, salen tablas que…»; por destacar sólo algunas.
Como no tengo espacio para dar cuenta de todo, termino con un párrafo que haría las delicias de los hermanos Marx, ya que parece como si lo hubiera escrito un autómata que se estuviera aplicando a sí mismo un programa de traducción automática. Que el lector saque sus propias conclusiones, pues yo me he quedado en coma flotante —como los números reales en coma flotante que hay en este discurso—, después de leerlo: «En los procesadores que ejecutan las instrucciones fuera de orden (out of order), el hardware es capaz de, dinámicamente, detectar qué instrucciones posteriores a las que tienen problemas no dependen de éstas y entonces, las ejecutan antes que las anteriores. (…) La desventaja es que el hardware necesario para implementar esta política de ejecución fuera de orden, junto con otros mecanismos asociados para detectar y eliminar las dependencias no verdaderas entre instrucciones, es realmente caro y complejo y parece poco escalable en el sentido de que esta complejidad va en contra de las tecnologías futuras».
Desde luego, de todas las heridas que tiene abiertas el español, no hay ninguna que sangre como ésta.

jueves, 26 de enero de 2012

Inicializar


Como bien indica el Instituto Cervantes, “los nuevos objetos traen consigo nuevas palabras”. De este modo, los ordenadores han traído consigo nuevas acciones que necesitan términos nuevos, por lo que el DRAE ha terminado por introducir el verbo “inicializar” (‘realizar las tareas previas y establecer los valores iniciales para que un programa o sistema pueda comenzar a funcionar’), calco del inglés “initialize” (/ɪˈnɪʃəlaɪz/). No es lo mismo “iniciar” un programa informático que “inicializarlo”: se “inicia” un programa cuando se comienza sin hacer ningún cambio («El ordenador inició Adobe Photoshop sin problemas») y se “inicializa” un programa cuando hay una configuración previa («Los técnicos no pudieron inicializar el programa porque no tenían la clave»).
El problema viene con la irresistible atracción que palabras como esta crean en algunos hablantes, que se enamoran de ella, comienzan (perdón, “inicializan”) a confundirla con “iniciar” (‘comenzar o empezar algo’) e incluso con “inicialar” (‘firmar con las iniciales del nombre y del apellido’; ‘firmar provisionalmente un documento, como paso previo a la firma definitiva’) para finalmente utilizarla en cualquier contexto, aunque no tenga nada que ver con la informática, condenando al ostracismo a vocablos como “iniciar”, “empezar”, “comenzar”, “arrancar”, etc. Así, ya no se “inician” las actividades, sino que “se inicializan”, y las historias tampoco “empiezan” ni “comienzan”, sino que “se inicializan” (me imagino que, por la misma regla de tres, tampoco terminan, sino que “se terminarizan”).

Indimensionable


¡Hay que ver lo que discurren algunos con tal de no hacer el esfuerzo de consultar el diccionario para traducir una palabra! Hoy me ha llegado una presentación sobre la ubicua crisis en la cual hablan de la “indimensionable” cifra del plan de rescate. Siguiendo las pistas que deja todo criminal, se llega fácilmente a la palabra “immeasurable” /ɪ'meʒərəbəl/ (de “measure”: “medida”, “cantidad”), con sus rebuscadísimos equivalentes castellanos: “inconmensurable” (que además se parece mucho más), “incalculable”, etc.

Indie


Curiosa muestra de la pedantería de aquellos que se empeñan en utilizar estos términos. “Indie”, en inglés, es la abreviatura de “independent” (/ɪndɪ'pendənt/), término utilizado para referirse a aquello que es “independiente” o “alternativo”, sobre todo en el caso de la cultura, especialmente la música, pero no en relación con el género, sino con las condiciones de producción y publicación de la obra. En castellano, lo más sencillo sería limitarse a decir “independiente”, “alternativo” o, en caso de no poder resistir la tentación de las abreviaturas, tener en cuenta que “indie” es una abreviatura en inglés de un vocablo en inglés, luego lo correcto en todo caso sería realizarla desde el castellano.

Incorporada


Es una pena que los idiomas no sean como las matemáticas; mientras que en estas 1+1=2, las lenguas son entes vivos y cambiantes, cada habla tiene sus propios vocablos, con diferentes denotaciones y connotaciones, y una palabra de un idioma nunca va a corresponderse totalmente con ninguna de otro, aunque en ocasiones puedan ser más o menos equivalentes y se acepten generalmente como válidas para realizar traducciones. Si esto no fuera así, sería muy sencillo programar traductores informáticos que realizaran esa tarea por nosotros, pero lamentablemente lo es, aunque todavía hay quien no se ha dado cuenta. Por ejemplo, la guía del Movimiento Zeitgeist nos ofrece un buen ejemplo, al traducir “incorporated organization” por “organización incorporada”, en vez de por “sociedad anónima”.


Otro problema sería el uso de la voz pasiva, que no se hace de la misma manera en castellano que en inglés, o el orden de las frases. Así, una persona normal traduciría “strategic edges are always sought” por “siempre se buscan ventajas estratégicas”, o “a constant battle is always raging” por “siempre se está llevando a cabo una batalla constante” (más o menos), pero el tal Cristian Fernández, traductor de la Guía del Movimiento Zeitgeist —quien le mandaría— prefiere entrar a saco con “ventajas estratégicas son siempre buscadas” o “una batalla constante siempre está llevándose a cabo”. Ejemplos como este los hay a cientos en la citada guía, que recomiendo leer, pero en inglés si es posible, para no tener que soportar tanta burrada).

“Dimisionario” y “dimitido” no significan lo mismo


Para referirse a la persona que “dimite”, es decir, la que ‘renuncia voluntariamente a su cargo’, el término adecuado es “dimisionario” o “dimitente”, tal y como indica el Diccionario panhispánico de dudas, y no “dimitido”, que es el participio del verbo “dimitir”.
Así en frases como el «El director “dimitido” agradeció el apoyo a sus colaboradores», lo apropiado habría sido «El director “dimisionario” agradeció el apoyo a sus colaboradores».
Además del verbo “dimitir”, para referirse a alguien que renuncia voluntariamente a su cargo puede emplearse el verbo “cesar”, pero si a una persona se la hace “renunciar”, lo adecuado es usar el verbo “destituir” o la perífrasis “dar el cese”.

(Pregunta para los lectores: ¿cómo deberíamos llamar a la persona que “no dimite”, es decir, la que ‘no renuncia voluntariamente a su cargo’, pese a su más que probada incompetencia, su demostrada culpabilidad en casos de corrupción, su total rendición a los poderes fácticos (banca, mercados, FMI, UE, agencias de calificación y caciques varios) o su mala gestión y despilfarro con el dinero de todos? Existen símiles en la naturaleza, como “garrapata”, “rémora”, “parásito”, “virus” o “cáncer”, pero no estoy seguro de que expresen todas las connotaciones de estos individuos, ni mucho menos todo el asco que me producen.)

miércoles, 25 de enero de 2012

“Incautar” o “incautarse de”, pero no “incautarse”


Con el verbo “incautar” es aconsejable usar las formas “incautarse de algo” o “incautar algo”, pero no “incautarse algo”.
Aunque originalmente este verbo solo admitía la forma “incautarse de algo” (de modo idéntico a “apropiarse”), hoy se considera admisible también la forma “incautar algo” (como “confiscar”), de modo que las dos siguientes frases son válidas: «La policía se incautó de dos explosivos» y «La policía incautó dos explosivos».
Sin embargo, en ocasiones se ve la fórmula intermedia “incautarse algo”, como en «La policía se incautó dos explosivos», que no está avalada por un uso general y que por tanto se desaconseja.
Finalmente, aunque ambas formas sean correctas, se recomienda usar “incautarse de algo” mejor que “incautar algo”, por ser la mayoritaria y la preferida tradicionalmente.

Oprima la tecla, MEMO (Xosé Castro Roig)

 

Entre los préstamos innecesarios tomados del inglés figura un gran número de falsos latinismos que muchos hablantes, sin saberlo, creen estar empleando como propios de nuestra lengua o, al menos, como menos foráneos que otros de aspecto más anglicado y pronunciación más compleja.
En España es frecuente ver el término “versus” tomado del inglés (y, lo que es peor, su abreviatura inglesa “vs.”) para sustituir la preposición “contra”, como en “Manchester vs. Leeds” o “Tyson vs. Holyfield”, por ejemplo.
También hemos visto cómo el término “status” entró hasta la cocina sin llamar casi a la puerta, se aferró a un taburete y se puso un nuevo nombre (“estatus”) en su pasaporte español recién estrenado. Poco a poco —ya fornido por el condumio español— ha arrinconando a vocablos como “condición social o económica”, “posición”, “rango”, “categoría”, “jerarquía”, “situación”, “estado”…
Y para rematar con esta lista de anglicismos pertrechados de clámide y coturnos, les recordaré un caso que, de lamentable, resulta hasta cómico. Uno de mis primeros teléfonos inalámbricos tenía un botón que permitía grabar unos cuantos segundos de la conversación telefónica. Cuando leí el manual de instrucciones (eso que los traductores seguimos mal llamando “guía del usuario”), me topé con la siguiente frase:
1. Para grabar una conversación, oprima la tecla, MEMO.
No sabía si el manual me insultaba o me había confundido de renglón. Nada de eso: la tecla de grabación de mi teléfono se llamaba “MEMO”, abreviación de la palabra inglesa “memorandum” (‘nota, circular, apunte’), también integrante de la expresión “memo pad” (‘cuaderno de notas’). Para colmo, esa coma mal puesta (¿chanza del traductor, quizá?) hurgaba más en la llaga de una mala adaptación.
En posteriores ocasiones me he ido encontrando con programas y aparatos informáticos que incorporaban alguna función (“Memo feature”) para la redacción de notas o circulares (y no “memorandos”, pues este vocablo español no significa lo mismo que su falso amigo inglés “memorandum”), y en más de una ocasión me he visto convenciendo al cliente de que aquello no podía dejarse como “memo” en la traducción para España porque resultaría asombroso para el lector.
No obstante, como en tantas otras ocasiones, unos compatriotas, los encargados de vender el producto en cuestión en España, echaron por tierra mi argumentación lingüística y traductora con un simple «bah, pero todo el mundo sabe que un “memo” es una “nota”». Un argumento tan aplastante que se aplasta a sí mismo…

martes, 24 de enero de 2012

(Tener) “ascendiente” o “ascendencia”, no (tener) “ascendente”


Para indicar que alguien o algo ejerce influencia sobre otra persona o conjunto de personas pueden emplearse las expresiones “tener ascendiente” y “tener ascendencia”.
Sin embargo, en ocasiones se encuentra en los medios la variante “tener ascendente”: «Ignacio González es, sin duda, la persona con más ascendente político sobre Aguirre», «Considera que Ronaldinho tiene gran ascendente entre los hinchas», «La imagen del País Vasco tiene mucho ascendente y se puede trabajar mucho».
Entre las diversas definiciones de “ascendente” que recogen los diccionarios de español, no figura la de ‘influencia o autoridad moral’; con ese sentido se emplea “ascendiente”: «Ignacio González es, sin duda, la persona con más ascendiente político sobre Aguirre».
Según indica el Diccionario panhispánico de dudas en la entrada “ascendencia”, también puede utilizarse este término con el mismo sentido: «Considera que Ronaldinho tiene gran ascendencia entre los hinchas».

Conmutar


Falso amigo del inglés “commute” /kə'mjʊ:t/ (‘trasladarse o desplazarse a diario al lugar de trabajo’, ‘viajar a diario entre el lugar de residencia y el de trabajo’), ya que en castellano este verbo no comparte dicha acepción con el inglés, si bien sí que comparte otras como ‘cambiar una cosa por otra’, ‘sustituir penas o castigos impuestos por otros menos graves’, ‘sustituir obligaciones o trabajos compensándolos con otros más leves’, ‘dar validez en un centro, carrera o país, a estudios aprobados en otro’, ‘comprar, vender o cambiar comercialmente algo’ o ‘cambiar el destino de una señal o corriente eléctrica’, que se traducirían al inglés por “commute”.
La idolatría a la lengua del Imperio provoca este tipo de confusiones, además de las consabidas erratas (perdón, errores de tipeo) como este “conmuting” que encontramos en un artículo de El País sobre el “teletrabajo” o “trabajo a distancia”, que también hay quien gusta de llamarlo por su versión inglesa “telecommuting” (/'telikə'mju:tɪŋ/). Otros prefieren crear confusión traduciendo “telecabin” /'teli'kæbɪn/ (‘construcción equipada con todos los instrumentos para el teletrabajo’) por “telecabaña” en lugar de “telecabina”.

lunes, 23 de enero de 2012

Realizar, verbo comodín


El “verbo” realizar se utiliza en muchas ocasiones en contextos que no le son apropiados, de manera incorrecta e incluso abusiva, desplazando con ello a otros verbos más adecuados.
Es habitual, pero incorrecto, decir que “se realizan visitas” o que “se realiza un viaje”. Las visitas y viajes se “hacen” o, simplemente, se “viaja” o se “visita” algo o a alguien. Lo apropiado sería, así, decir que «está programado visitar el Vaticano», y no que «está programado realizar una visita al Vaticano».
Las reuniones, conferencias, ruedas de prensa, concursos, elecciones, etc. tampoco “se realizan”; “se celebran”. Son inadecuadas, por tanto, expresiones como: «realizar la concentración de pretemporada» o «acordamos realizar reuniones iberoamericanas».
El español es rico en verbos de significado semejante a “realizar”, pero de matices distintos: “ejecutar”, “llevar a cabo”, “efectuar”, “desarrollar”, “fabricar”, “elaborar”, “componer”, “confeccionar”, “construir”, “plantear”, etc. Con estos verbos pueden evitarse fácilmente las impropiedades y errores de frases como: «el PP ha decidido realizar propuestas», «el jugador que realizó las declaraciones», «el presidente realizó esta reflexión», «el atleta realizó la quinta mejor marca» o «realizaron la evacuación del herido». Las propuestas, las declaraciones o las reflexiones se “hacen”, las marcas se “consiguen”, los heridos se “evacuan”, etc.

El mismo, la misma, los mismos, las mismas


A pesar de su extensión en el lenguaje administrativo y periodístico, es innecesario y desaconsejable el empleo de “mismo” como mero elemento anafórico, esto es, como elemento vacío de sentido cuya única función es recuperar otro elemento del discurso ya mencionado; en estos casos, siempre puede sustituirse “mismo” por otros vocablos (“susodicho”, etc.) o por elementos más propiamente anafóricos, como los demostrativos, los posesivos o los pronombres personales; así, en «Criticó al término de la asamblea las irregularidades que se habían producido durante el desarrollo de la misma», pudo haberse dicho “durante el desarrollo de esta” o “durante su desarrollo”; en «Serían citados en la misma delegación a efecto de ampliar declaraciones y ratificar las mismas», debería haberse dicho simplemente “ratificarlas”; en «El que su acción fuera efímera, innecesaria, no resta a la misma su significado», hubiera sido mejor “no le resta su significado”.
A menudo, su simple supresión no provoca pérdida alguna de contenido; así, en «Este año llegaremos a un billón en exportaciones, pero el 70 por ciento de las mismas se centra en el mercado europeo», pudo decirse, simplemente, “el 70 por ciento se centra…”

viernes, 20 de enero de 2012

Incluir / Incluso / Incluido / Incluyendo


Ojo con este verbo: su uso es muy común en castellano, pero a la hora de traducir del inglés puede fácilmente convertirse en un “falso amigo”. Nada que objetar cuando se pasa “include” (/ɪn'klʊ:d/) a “incluir” respetando las denotaciones castellanas (‘poner algo dentro de otra cosa o dentro de sus límites’; ‘dicho de una cosa: contener a otra, o llevarla implícita’), pero hay que tener en cuenta que el verbo “include” se usa con muchísima frecuencia en textos técnicos y científicos como sinónimo de “consistir en”, “estar compuesto por”, “constar de”, “abarcar” o verbos de similar significado, y la traducción literal en estos casos es un anglicismo que se debe evitar, ya que en castellano su significado más común está asociado a la acción de “poner” o “integrar” una cosa dentro de otra.
A la hora de utilizar este verbo, téngase en cuenta también que cuando el participio “incluido” funciona como adjetivo, debe concordar en género y número con el sustantivo al que se refiere, por lo que es incorrecto el uso invariable de incluido, como en la frase «Las Fuerzas Armadas investigarán los casos, incluido ciertos retrasos a la hora de seguir estas anomalías» (El Mundo, 19 de julio de 1996). Asimismo, la forma “incluso” (del latín “inclusus”: ‘incluido’), considerada tradicionalmente participio irregular de “incluir”, funciona hoy normalmente como adverbio y excepcionalmente como adjetivo, pero nunca como participio para formar los tiempos compuestos o la pasiva perifrástica. Por último, tenemos el gerundio “incluyendo”, que significa ‘con inclusión de’ («acudió mucha gente, “incluyendo” amigos y familiares»).
No se trata de un anglicismo salvo cuando se trate de una traducción literal del inglés “including” (/ɪn'klu:dɪŋ/), caso en el que es más apropiado utilizar “del que forma parte”, “entre ellos/ellas” o “constituido por”.

Inalterable


Citando a D. Fernando Lázaro Carreter en “El Dardo en la Palabra”, «miles de radioyentes escuchan los domingos a locutores enlazados por cadenas deportivas proclamar que tal o cual marcador “continúa inalterable”. Si es así, ¿por qué se esfuerzan los caros héroes de la bola, por qué se afanan tras el balón, pugnando por alterar algo que es inalterable? Hubo algún engolado locutor a quien “inalterado” pareció poco; le siguieron cien, doscientos, encandilados con su tonta invención.»
No deben confundirse los términos “inalterable” e “inalterado”. “Inalterable” es ‘aquello que no se puede alterar de por sí’; “inalterado” es ‘aquello que no se ha alterado’. Un marcador “inalterable” no puede modificarse nunca. Debe decirse que “el marcador continúa inalterado”.

Impredecible


Cada vez es más común el uso de la palabra “impredecible” en lugar de “imprevisible”, cuando no significan lo mismo, probablemente debido a un fenómeno de “falso amigo” con el vocablo inglés “unpredictable” (/ʌnprɪ'dɪktəbəl/), que significa tanto “impredecible” como “imprevisible”. “Imprevisible” es ‘lo que no se puede prever’, ‘lo que no se puede conocer o suponer a través de indicios’ (“la caída de la Bolsa era imprevisible”), mientras que “impredecible” es ‘lo que no se puede predecir’, ‘lo que no se puede anunciar por revelación, ciencia o conjetura’ (“el número que será premiado en la lotería de Navidad es impredecible”).

Implementar


El inglés “implement” (/'ɪmplɪmənt/), además de “herramienta” o “instrumento”, significa “llevar a cabo”, “poner en práctica”, “aplicar”, “ejecutar”, “cumplir”; también existe el sustantivo “implementation” (/ɪmplɪmen'teɪʃən/), que significa “ejecución”, “puesta en práctica”, “aplicación”. Sin embargo, en castellano “implementar” significa “realizar”, “efectuar”, “hacer”, ‘poner en funcionamiento, aplicar métodos, medidas, etc., para llevar algo a cabo’, pero no “implantar”; así, “implementación” significa “ejecución”, “consumación”, “culminación”, pero no “implantación”: quienes lo usan en este sentido quieren presumir de su buen vocabulario y de su dominio del inglés y, dando por hecho que “implement” e “implementation” quieren decir “implantar” e “implantación” respectivamente (quizá porque se parecen un poco), consiguen únicamente quedar como unos necios.

Uno para todos… (Xosé Castro Roig)


Cuando estudiaba inglés en la escuela, me llamaba la atención la simpleza de la lengua inglesa en muchos ámbitos: su conjugación verbal, sus casi inexistentes y espartanos diminutivos y aumentativos (sobre todo al compararlos con los españoles, tan variados y llenos de matices -ito, -ón, -azo, -illo, -ucho, -ete, -ico…), la formación simplista de ciertas palabras («mochila se dice backpack», pensaba yo; literalmente ‘paquete de la espalda’) y el uso de un solo vocablo para designar diversos conceptos que en español requieren de varias palabras (algo así ocurre con el idioma alemán —aunque por motivos bien distintos—, pues a los germanos les parece curioso que en español tengamos cojines, almohadas, cuadrantes, cabezales…, cuando para ellos todo es una almohada con distintos usos).
Esta simplicidad, que en ocasiones tienen ciertos campos semánticos en inglés, llega al español y se prende a nuestro idioma gracias a eso que denominamos “economía del lenguaje”, o dicho en román paladino: para qué tener cinco palabras si podemos tener una.
El problema es que esta simpleza denominativa no llega a nuestro idioma de modo uniforme, sino por medio de malas traducciones creadas en sectores económicos o culturales a menudo relevantes. Así, como ya decía en un trujamán anterior, vemos que las empresas de informática llaman soporte al cliente (un dislate mayúsculo según el cual dichas empresas nos soportan, no nos ayudan) y soporte técnico a lo que en el resto de los sectores industriales se denomina “servicio al cliente” y “asistencia técnica”. Incluso hemos creado unas siglas de uso muy extendido: SAT (Servicio de Asistencia Técnica).
La Academia Española de Cinematografía habla con orgullo de sus nominados a los premios Goya. Paradójicamente, el mal uso del verbo “nominar” solo se emplea en concursos de actores y también en algún que otro programa basura, donde los concursantes nominan a sus compañeros (en realidad, los “descalifican” o “eligen” para que sean expulsados; hay que ver cuánto puede llegar a exprimirse un solo verbo). Algunos hablantes tienen tan interiorizado el error que cambian con total fluidez de un vocablo a otro sin percatarse. Hace poco, mi amigo Javier charlaba sobre los «nominados a los premios Oscar», pero a renglón seguido hablaba de los «“finalistas” del premio Planeta», de los «“candidatos” al premio Nobel», de los «equipos “aspirantes” al campeonato» y de los «“seleccionados” o “participantes” de un concurso televisivo».
En esa misma línea está el término “panel”, que con el tiempo nos ha valido tanto para un roto como para un descosido. Con él podemos designar un tablero o tablón de anuncios, el salpicadero de un automóvil, un cartel, una pared prefabricada o portátil, un cuadro de mandos, indicadores o conexiones, un jurado, un grupo de ponentes o contertulios, incluso una tertulia, un debate, un coloquio…
Como se expresa bien en el método cartesiano: dudemos de lo que creemos que sabemos, especialmente de aquello que ya dábamos por bueno antes de plantearnos la duda. Recordemos aquellos ejercicios escolares, destinados a aumentar nuestro vocabulario, en los que el maestro nos pedía que relatásemos algo sin mentar palabras como “cosa”, “hacer”, “eso”, “chisme”, etc. O aquellos tan curiosos en los que nos hacían ver las diferencias —tan graves o tan sutiles— que se daban al combinar cierto verbo con ciertos sustantivos, como en el caso de la “campana”, que puede doblarse, tocarse, picarse, herirse, repicarse, tañerse o repiquetearse.

jueves, 19 de enero de 2012

“Causar”, no “dejar”


Cada vez es más abusivo el uso del verbo “dejar” con el sentido de “causar” (referido a efectos negativos). Es muy frecuente encontrar en las noticias formulaciones como «La explosión de Manhattan deja 16 heridos»; «El incendio ha dejado daños de importancia», o «Este es el departamento boliviano más castigado por las inundaciones que dejó la presente temporada del Niño».
El Diccionario académico no recoge ninguna acepción de “dejar” que se acomode a estos ejemplos; otros diccionarios ofrecen definiciones que se aproximan más, como ‘producir [una persona o cosa] un efecto sobre algo como resultado de su presencia, paso o acción’. En cualquier caso, el empleo abusivo de “dejar” con este sentido está desplazando el uso de verbos más apropiados, como “causar”, “producir”, “ocasionar”, “acarrear”, “provocar”, “originar”, “motivar”… o la expresión “dar lugar a”: «La explosión de Manhattan causó 16 heridos»; «El incendio ha producido daños de importancia», o «Este es el departamento boliviano más castigado por las inundaciones que ha ocasionado la presente temporada del Niño».

miércoles, 18 de enero de 2012

Haber


Cada vez es más común el uso incorrecto del verbo “haber” en sus formas compuestas y en su empleo como verbo impersonal.
Cuando el verbo “haber” aparece en sus formas compuestas sólo pueden usarse las terceras personas del singular (ha habido, había habido, hubo habido, habrá habido, habría habido, haya habido, hubiera o hubiese habido, hubiere habido). De esta forma, no se podrá decir «han habido varios fuegos estos últimos días» o «habían habido otros motivos para hacerlo», sino «ha habido varios fuegos estos últimos días» o «había habido otros motivos para hacerlo».
Cuando se usa como verbo impersonal e indica la presencia o existencia de varias personas o cosas, nunca debe usarse en plural porque el sustantivo que sigue a “haber” no tiene el papel de sujeto y, por lo tanto, aunque ese sustantivo sea plural, el verbo no tiene por qué serlo (no concuerda con el complemento directo). De esta forma, se dirá «hubo grandes lluvias» o «habrá grandes sorpresas» y no «hubieron grandes lluvias» y «habrán grandes sorpresas». La tercera persona del singular (ha) adopta la forma “hay”: «Hay mucha gente».
El uso del verbo “haber” como impersonal es muy frecuente. Aparece constantemente en frases como «Hubo una gran fiesta», «Había muchas medusas en la playa» o «Este mes habrá tres días de fiesta». En estas oraciones “una gran fiesta”, “muchas medusas en la playa” y “tres días de fiesta” no son los sujetos del verbo “haber”, sino sus complementos directos, así lo demuestra el hecho de que puedan ser sustituidos por el pronombre lo/la/los/las («La hubo», «Las había» y «Este mes los habrá»). Al no estar el verbo “haber” acompañado por un sujeto, nunca va a establecerse una concordancia entre el verbo y, por ejemplo, “los tres días de fiesta”. El verbo va a permanecer invariablemente en singular, sea singular o plural el complemento que lo acompaña.
Las oraciones impersonales pueden construirse utilizando los verbos “haber” y “hacer”. Se dice que una oración es impersonal cuando carece de sujeto léxico explícito o implícito; es decir, cuando su sujeto es cero. De esta manera, debe decirse «había mucha gente» o «había muchas personas». Ambas oraciones muestran un sujeto cero, por lo que sólo podemos utilizar el singular.
En zonas de Cataluña, de la Comunidad Valenciana y en Hispanoamérica es frecuente hacer concordar el verbo con el complemento directo, cometiendo un error cuando éste está en plural. Así, se seguirá diciendo «había mucha gente»; pero, en cambio, se cometerá el siguiente error: «habían muchas personas».
Otro uso erróneo del verbo “haber” en su uso impersonal son expresiones del tipo “hay a gente” o “hay a veces”, cada vez más populares en lugar de “hay gente” o “hay veces”, cuando la norma dicta que no debe ir seguido de esta preposición.
Por el momento parece que nos libramos del plural de “hay”; todavía no me he topado con nadie a quien se le ocurra decir “hayn”.

Curador


En las noticias sobre tecnología es habitual la expresión “curador de contenidos” para referirse a la ‘persona encargada de seleccionar, filtrar, editar y validar las informaciones y los contenidos de la página de Internet’, calco del inglés “content curator” (/'kɒntentkjʊə'reɪtə(r)/), pese a que “curador” no es la única traducción de “curator” (ni la más común), ya que suele traducirse por “conservador”, “comisario” o “encargado (de museo o galería de arte)”.
El término “curador” aparece recogido en el Diccionario académico con distintas acepciones (‘que tiene cuidado de algo’; ‘que cura’; ‘persona designada por resolución judicial para complementar la capacidad de determinadas personas que la tienen limitada’; ‘persona que cura algo, como lienzos, pescados, carnes, etc.’), pero ninguna de ellas se ajusta al papel que desempeña esta figura profesional. Por lo tanto, sería más adecuado hablar de “responsable de contenidos”, “editor de contenidos” o “gestor de contenidos”.

martes, 17 de enero de 2012

Crupier


Adaptación gráfica de la voz francesa “croupier” (/krupje/), ‘empleado de un casino encargado de dirigir el juego, repartir las cartas y controlar las apuestas’, a quien en castellano podemos llamar “tallador” o “repartidor de casino”.

Bumping (/bʌmpɪŋ/)



Aparte de un estilo de música electrónica, este término, derivado del verbo inglés “bump” /bʌmp/ (“golpear”, “chocar”) se refiere a una técnica para abrir cerraduras sin forzarlas, que no voy a explicar con más detalle, ya que se trata de una técnica ilícita y bastantes robos, okupaciones y vandalismos varios se sufren ya como para tentar aún más al diablo.

lunes, 16 de enero de 2012

Cuerpos desaparecidos


En la mayor parte de las informaciones sobre accidentes en los que se producen muertes, es muy llamativa la tendencia a evitar el uso de las palabras “cadáveres” y “muertos” y emplear en su lugar los eufemismos “cuerpos” y “desaparecidos”, respectivamente. En el caso de “cuerpos” puede ser el resultado de una mala traducción del inglés “corpse” /kɔ:(r)ps/ (“cadáver”).
La definición de “cadáver” que encontramos en el DRAE es bien clara y sencilla: ‘cuerpo muerto’. Y si miramos también en el DRAE la definición de “cuerpo” veremos que puede significar muchas cosas; tiene veinte acepciones, y entre ellas (la 12.ª) aparece también la de ‘cadáver’. Pero aunque esa palabra, “cuerpo”, pueda funcionar como sinónimo de “cadáver”, no es aconsejable que se opte por no usar nunca esta última; si en español tenemos una voz tan específica como “cadáver” para designar a un ‘cuerpo muerto’, no es lógico que en el lenguaje periodístico esta se vea desplazada por otra mucho más general y que, en principio, no implica la idea de muerte.
Del mismo modo, la definición de “muerto” que encontramos en el DRAE tampoco admite lugar a dudas: ‘que está sin vida’. Asimismo, también “desaparecido” tiene dos acepciones: ‘dicho de una persona: que se halla en paradero desconocido, sin que se sepa si vive’ y ‘eufemismo de “muerto” (que ha perdido la vida)’.
Conviene huir de los usos eufemísticos y parece claro que nos hallamos ante dos de ellos.

viernes, 13 de enero de 2012

Artículos omitidos

 

Son numerosos los medios en los que es costumbre eliminar caprichosamente los artículos determinados que deben acompañar a algunos sustantivos, como los que preceden a ciertos topónimos, a las denominaciones de las residencias oficiales, a los nombres de los equipos deportivos y a siglas de partidos políticos.
Los nombres de mares, ríos, montañas, cordilleras, etc., se acompañan habitualmente de artículo: el (mar) Mediterráneo, el (río) Paraná, el (monte) Everest, los Andes… Por lo tanto son inapropiadas formulaciones como «En Alpes el ciclista ha demostrado lo bien preparado que está…» o «En marzo pasado partieron rumbo a Himalaya», donde debería haberse escrito «en los Alpes» y «rumbo al Himalaya».
También debe tenerse en cuenta que llevan artículo los nombres de las residencias oficiales, como el Quirinal, el Elíseo, la Casa Blanca, la Zarzuela… Así, hay que evitar decir o escribir, por ejemplo, «Reunión en Moncloa» o «El presidente recibió en Casa Rosada al alcalde electo de…» porque lo correcto es «en la Moncloa» y «en la Casa Rosada». De la misma manera, llevan artículo los nombres de los equipos deportivos: el Manchester United, el Boca Juniors, el (Club Deportivo) Numancia… En los ejemplos siguientes faltan los preceptivos artículos: «Se hunde Puebla en el último lugar en la Primera A», «… de una carrera ligada a Estudiantes». Lo apropiado habría sido «se hunde el Puebla» y «una carrera ligada al Estudiantes».
Deben escribirse asimismo con artículo las siglas de los partidos cuyo nombre comienza por “liga”, “agrupación”, “partido”, “frente”, “movimiento”, etc.: el MAS (Movimiento al Socialismo), el PAN (Partido de Acción Nacional), el FA (Frente Amplio), el PSOE (Partido Socialista Obrero Español), el PP (Partido Popular).
Por último, indicar que el sustantivo común siempre debe ir precedido de artículo, por lo que en construcciones como “la mayoría de comunidades”, “parte de contenedores”, “el resto de presos”, “el tanto por ciento de alumnos”, etc. el artículo está omitido injustificadamente. Lo correcto sería “la mayoría de las comunidades”, “parte de los contenedores”, “el resto de los presos”, “el tanto por ciento de los alumnos”, etc.

Impasse (/Ɛ˜pas/)


Voz francesa que significa “callejón sin salida”, “punto muerto”, “abarrancadero”, “atolladero”, “crisis”, “atasco”, “estancamiento”, “inconveniente”, “impedimento”, “obstáculo” o “incidente”. En castellano, aunque se trata de un vocablo totalmente innecesario, se utiliza (hasta en la prensa con mejor reputación, incluso quitándole una ese e incluso convirtiéndolo a un falso inglés “in pass”) con la connotación de ‘punto muerto o situación a la que no se encuentra salida’ o ‘situación de difícil o imposible resolución, o en la que no se produce ningún avance’. A veces se utiliza erróneamente por “compás de espera”, expresión que significa, simplemente, ‘detención temporal de un asunto’.

Hubo una vez un tiempo


Traducción literal de “Once upon a time” por algún redactor de La Sexta que de pequeño no debió de escuchar ningún cuento, ya que todos comenzaban con la frase “Érase una vez”, o bien su variante “Érase una vez que se era”.

Hosting


Otro término relacionado con Internet y la informática, en este caso encuadrado dentro del grupo de los “innecesarios”, es decir, aquellos que pueden (y, en mi humilde opinión, deben) decirse en castellano. Del mismo modo que al “anfitrión” o al “presentador” (de televisión) no les llamamos “host” /həʊst/ (aún), que es el origen de la palabra “hosting”, ¿por qué llamar “hosting” al “alojamiento/hospedaje en red”? En concreto, nos estamos refiriendo al servicio que provee a los usurarios de Internet un sistema para almacenar información, imágenes, video, etc. en la red. Por supuesto, las empresas que proporcionan este servicio se denominan “web host” (“proveedor de alojamiento/hospedaje en red”).

jueves, 12 de enero de 2012

El sufijo –ing, ¿creatividad al poder?

 

En los últimos tiempos es cada vez más habitual encontrar palabras en la lengua española terminadas en el sufijo –ing. Esta nueva tendencia, recientemente explotada al máximo por algunos sectores, por ejemplo el de la publicidad, y motivada por la necesidad de llamar la atención, hace que a menudo nos crucemos por la calle con palabras tales como compring, vueling o ticketing. Este fenómeno es realmente curioso pero hay que tener en cuenta que no es algo nuevo, sino el fruto de un proceso de introducción de la lengua inglesa en la lengua española que ha ido in crescendo a lo largo del tiempo. Las primeras palabras que se utilizaron en castellano con el sufijo –ing fueron préstamos del inglés y actualmente algunos de ellos están tan consolidados que incluso pueden encontrarse documentados en diccionarios (parking, marketing, camping o lifting se recogen en el LEMA). Existen muchos más préstamos del inglés, terminados con el sufijo –ing, que aún no se encuentran recogidos en nuestros diccionarios, y quizá nunca formarán parte de ellos, pero hoy día es innegable que palabras como bullying, kick boxing o phising ya se han integrado en nuestro vocabulario con total normalidad. Otro grupo más curioso de palabras, fruto ya de un grado de creatividad más elevado por parte de los hablantes, lo constituyen aquellas que han nacido gracias a la copia de los mecanismos de formación de palabras de la lengua inglesa. A nadie le chirrían los oídos ante palabras como puenting o footing. ¿Pero qué se esconde detrás de estos vocablos? En el caso de puenting (el equivalente inglés es bungee jumping) se puede decir que el neologismo se ha formado a partir del sustantivo puente y el sufijo –ing, intentando emular la tendencia del inglés a denominar distintas actividades mediante la unión del sufijo –ing a un sustantivo (skating, bookcrossing, shopping). Un caso parecido es el de footing, aunque en esta ocasión el sustantivo raíz no fue español sino inglés (foot). Sin embargo, este neologismo es tan “inventado” como puenting. El equivalente inglés es jogging.
Pero si de dar un Oscar a la palabra más creativa se tratase, algunos de los posibles ganadores, de los más de 1600 neologismos acabados en –ing recogidos en la base de datos del Observatorio de Neología (BOBNEO), serían compring, hoteling o suiciding. Todos ellos son un claro ejemplo de la explosión de esta nueva tendencia y, si bien es cierto que hasta este momento lo más habitual era formar palabras en español mediante un sustantivo y el sufijo que nos ocupa, no podemos pasar por alto que tanto compring como suiciding tienen como raíz un verbo. Un nuevo paso, pues, hacia un mayor grado de creatividad.
¿Qué pasará con los comprings, los vuelings, los hotelings o los suicidings? ¿Nos lleva este recurso hacia una nueva (y enriquecedora) opción lingüística? ¿O quizá nos lleva hacia un verdadero suiciding de la lengua? No olvidemos el denunciado peligro en el que supuestamente se encuentra la lengua italiana a raíz de la masiva introducción de anglicismos que se ha producido a lo largo de estos últimos años. ¿Es posible que la globalización en la que vivimos nos absorba a todos hasta niveles tan insospechados que provoque una mezcla de las lenguas? La lengua crece, se renueva y avanza de forma lenta (aunque más rápido de lo que pensamos) y solo el paso del tiempo puede dar respuesta a las preguntas que nos planteamos. Algunas modas son pasajeras, otras se consolidan y se incorporan a nuestras vidas hasta convertirse en auténticos rasgos característicos. El tiempo dirá.

martes, 10 de enero de 2012

Grimpeur (/grƐ˜pœr/)


Vocablo francés (“trepador”, “escalador”) utilizado en el mundo del (perdón, a nivel del) ciclismo para referirse a los “escaladores” o especialistas en subir puertos de montaña.

Citadino


Posible calco del francés “citadin” /sitadƐ˜/ (“urbano”, “ciudadano”), adaptado al castellano con el posible fin de evitar las connotaciones sociopolíticas que hoy tiene “ciudadano”, que se puede aplicar tanto a los habitantes de la ciudad como a los de poblaciones menores o el campo. De esa forma, “citadino” se opondría a “rural”. Como adjetivo puede ser sinónimo de “urbano”, pero como sustantivo la alternativa sería “urbanita” (‘persona que vive acomodada a los usos y costumbres de la ciudad’), muy poco usada.

Espanglish en un santiamén, 2 de 2 (Xosé Castro Roig)

 

Bienvenido a la Parte II del cursillo de espanglish rapidito para el hombre y la mujer modernos y modernas de hoy.
En esta sección trataremos exclusivamente cuestiones de vocabulario y frases con los que podrá disimular sus conocimientos de las nuevas tendencias. ¡Deje Su Forma de Hablar Gris y Véngase Del Lado Del Color! Yeeha.
Recuerde que, debido a su desconocimiento, alguna de estas expresiones aún puede resultarle extraña, pero no tardará en acostumbrarse. 

Vocabulario espanglish para la oficina. 
No diga funciones, medios, sistemas, sino herramientas, aunque no sean de hierro.
No diga remedios, aparatos o productos sino soluciones.
No diga verificar o comprobar sino chequear.
No diga urgencia sino emergencia.
No diga asistencia técnica sino soporte.
No diga servicio al cliente sino soporte al cliente.
No diga optativo sino opcional.
No diga supervisar sino monitorear o monitorizar.
No diga acceder sino accesar.
No diga blanco sino caucásico (o caucasiano; total…)
No diga negro sino afroamericano (si el negro es de otro país, llámele afroamericano igual).
No diga infringir o conculcar sino violar.
No diga crear sino desarrollar.

Sea respetuoso con las mujeres y duplique siempre el género: los proveedores y las proveedoras; los animales y las animales. También puede usar el término personas o la arroba: las personas paradas; las personas empleadas de las empresas; l@s parad@s; l@s emplead@s.

No diga en directo, directamente, al momento, instantáneo o en vivo sino en tiempo real.
No diga hacer bien las cosas sino excelencia.
No diga mejorar sino optimar o, mejor, optimizar.
No diga reducir sino minimizar.
No diga aumentar sino maximizar.
No diga a domicilio sino in situ.
No diga programas sino software.
No diga equipos sino hardware.
No diga pasar inadvertido sino pasar desapercibido, o, mejor, estar low profile. 

Vocabulario espanglish para la casa. 
No diga campesino o agricultor sino granjero o ranchero.
No distinga entre delincuencia y criminalidad, todo es criminalidad.
No diga el bueno de la peli sino el héroe, aunque no haga nada heroico.
No diga el malo de la peli sino el villano, aunque se haga bueno al final.
No diga continuación o segunda parte de una película sino secuela.

En caso de verse forzado a evitar la palabra secuela, diga Parte 2 o Parte II, pero nunca segunda parte (esto también es de aplicación para apartados, capítulos y secciones: Sección 3, Apartado 2, Capítulo 1.)

Evite los ordinales a toda costa. Diga el veinte cumpleaños, el cien aniversario, incluso el cinco congreso anual.

Sea respetuoso con las personas que no sean como usted (altos, guapos y con cuerpazo) y no diga minusválido, ciego, gordo, paciente o enfermo, enano, etcétera. En su lugar, diga discapacitado o handicapado, invidente, fuerte, usuario, persona bajita.

No diga instituciones benéficas o caritativas, beneficencia, instituciones no lucrativas, sociedades filantrópicas, etcétera, pues todas esas se denominan ahora oenegés (ONG), es decir, asociaciones no gubernamentales (aunque no gubernamental sea desde una empresa multinacional hasta un club de buceo).

No diga el modista sino el modisto (del mismo modo, diga el periodisto y no el periodista).
No diga detener y detención sino arrestar y arresto.
No diga cabrón sino bastardo.
No diga qué te pasa o qué mosca te ha picado sino cuál es tu problema.

No diga pariente, tripulante, jugador, socio… sino miembro de la familia, miembro de la tripulación, miembro del equipo, miembro de la asociación/grupo…

Vocabulario independiente. 
Las siguientes son expresiones que puede introducir en cualquier parte de su discurso porque son aplicables a cualquier contexto y tema; entre paréntesis se da su significado anticuado: sinergia (combinación, unir fuerzas); especular (conjeturar, suponer); rol (papel, cargo, destino); interacción (acción); feedback (opiniones, comentarios); sostenible (sustentable, rentable); paquete de medidas (medidas); alto (en sustitución de mucho o muy); bajo (en sustitución de poco); global (internacional o mundial); contactar (comunicarse con alguien); testear (probar); concientizar (ser consciente); priorizar (definir un orden de importancia); número uno (algo que es muy importante), etcétera.

Nota redundante: este trujamán y el anterior están basados en hechos reales. Lamentablemente, el autor no se ha inventado ninguna de las palabras y expresiones empleadas, así que este no se hace responsable en absoluto de los efectos secundarios —perdón, colaterales— que pueda tener la lectura en voz baja o alta del presente artículo y del anterior. Cualquier coincidencia de las expresiones aquí expresadas con otras que el lector haya podido oír o leer es natural. El autor quiere declarar que para la elaboración del presente artículo no se sometió a dieta, dañó, perjudicó ni paseó ningún animal bípedo ni quintúpedo.

lunes, 9 de enero de 2012

Golpe de Estado / Coup d’État / Putsch


“Golpe de Estado” ya es en sí un calco de la expresión francesa “coup d’État”, ‘usurpación violenta del gobierno de un país’, luego el pedante uso del original francés es totalmente innecesario, así como el de la voz alemana “putsch”. Debe evitarse asimismo el uso de los derivados híbridos “putschismo” y “putschista”, en lugar de las voces españolas “golpismo” y “golpista”.

Otros palabros (I): Descambiar


Verbo llamado a ser uno de los más utilizados en estos días de vorágine consumista navideño-rebajera, con permiso de reyes de las ondas como “crisis”, “reforma”, “recorte”, “Messi”, “Mourinho”, “Ronaldo” y demás.
Según el DRAE (que recoge el término desde 1843 como sinónimo de “destrocar”) y el DPD se trata de ‘deshacer un cambio o trueque’, si bien también consideran válido su uso, frecuente en la lengua coloquial de España, con el sentido de ‘devolver una compra’, ya que se trata de deshacer un cambio previo realizado en el momento de la adquisición, al entregar dinero a cambio del artículo. Asimismo, en el habla popular de algunos países americanos, y en algunas hablas dialectales de España, se usa también con el sentido de ‘cambiar billetes o monedas grandes por dinero menudo, o viceversa’, aunque en el español habitual se emplea, en este caso, el verbo “cambiar”.
Sin embargo, de la misma explicación del DPD relativa a “deshacer un cambio previo realizado en el momento de la adquisición, al entregar dinero a cambio del artículo” se deduce que “descambiar” debería aplicarse solo a la ocasión en la que nos devuelven el dinero, mientras que la mera devolución de un producto a cambio de otro requiere la utilización simplemente de los verbos “cambiar” o “devolver”.
Como indica Benjamín Prado en un artículo de El País titulado “La hora de descambiar, que le dicen”, este verbo va por la selva del diccionario en dirección contraria al del resto de los de su especie. Por qué “descambiar” significa ‘cambiar una cosa’, si, por ejemplo, “deshacer” es lo contrario de “hacer”; o “desandar” es ‘volver atrás en el camino’; o “desmentir” es ‘negar un embuste’, etcétera? La Real Academia Española le ha abierto a este bicho adulterado el corral de la ortografía, para que entre y se sienta uno más, como hace con tantas palabras horribles, incorrectas y malformadas cuyo pasaporte es el del habla común y cuyo único argumento es que lo dice todo el mundo. Lo que equivale a reconocer que un error gramatical que cometan muchas personas durante mucho tiempo se convierte en una parte legítima del idioma, lo cual es tan raro como lo sería eliminar las raíces cuadradas o los logaritmos de las matemáticas porque la mayor parte de nosotros no sabe hacerlos o, a partir de cierta edad, ya no recuerda cómo demonios se hacían.

jueves, 5 de enero de 2012

“Hipocentro” y “epicentro”

 

El término apropiado para referirse al punto bajo el suelo donde tiene su origen un terremoto es “hipocentro” y no “epicentro”.
Sin embargo, en las noticias sobre los terremotos relacionados con las erupciones volcánicas de la isla de El Hierro (España) en ocasiones se emplea “epicentro”, como en «El movimiento sísmico tuvo su “epicentro” a 23 kilómetros de profundidad».
El “hipocentro”, también llamado “foco sísmico”, es el lugar en el interior de la corteza terrestre donde tiene origen un sismo, y se encuentra debajo del “epicentro”, que es el punto en la superficie terrestre —aunque puede estar sumergido— donde el terremoto es más intenso.
Por ello, en el ejemplo anterior lo apropiado habría sido «El movimiento sísmico tuvo su “hipocentro” a 23 kilómetros de profundidad» (o bien «tuvo su “foco sísmico”»).

Horror, película de


“Terror” y “horror” son prácticamente sinónimos tanto en castellano como en inglés, con determinadas connotaciones. Sin embargo, sí que hay un caso en el que hay que tener cuidado con los “falsos amigos”, y es que para referirse a lo que nosotros denominamos “de terror” (que busca causar miedo o angustia en el espectador o en el lector), en inglés se utiliza el adjetivo “horror” (/'hɒrə(r)/), lo cual provoca que los admiradores de la lengua del imperio cambien el castellano “película de terror” por “película de horror”, que no me parece del todo incorrecto pero suena muy raro.

Horary (/'hɔːrəri/)


El colmo de la vagancia y la desidia descubierto en la entrada del autoservicio Spar del municipio de Pájara en Fuerteventura. Lamentable que no se hayan tomado los cinco segundos necesarios para descubrir que “horary” no existe (en realidad sí que existe, pero es un adjetivo muy arcaico que significa ‘relativo a las horas’ o ‘que ocurre cada hora’), y la búsqueda de esa información dura un poco más de cinco segundos. Para decir “horario” con el sentido de ‘cuadro indicador de las horas en que deben ejecutarse determinadas actividades’ o ‘tiempo durante el cual se desarrolla habitual o regularmente una acción o se realiza una actividad’, que entiendo era la intención de estos mendrugos, tenemos tanto “schedule” (/'ʃedju:l/) como “timetable” (/'taɪmteɪbəl/) e incluso simplemente “hours” /aʊə(r)/ (“business hours”, “hours of opening”…) Para la otra acepción existe el vocablo “hourly” (/'aʊəlɪ/), sustituto moderno del arcaísmo “horary” que, de todos modos, tampoco vendría a cuento.

Hooligan (/'hʊ:lɪgən/)


Según el DRAE, esta voz inglesa define al ‘hincha británico de comportamiento violento y agresivo’. Y esto se puede entender de dos maneras, una de las cuales (que sólo los hinchas británicos tienen comportamientos violentos y agresivos) sería muy cómoda para aquellos que están obsesionados con que el castellano y la RAE son sexistas o racistas, la otra (de entre todos los hinchas de comportamiento violento y agresivo, a los de origen británico se les denomina “hooligans”) sería más coherente a mi entender; todo depende de las ganas que tengamos de hacer demagogia.
De todos modos, ese es el concepto con el que nos hemos quedado en España, puesto que el significado es mucho más amplio, ya que define a cualquier “vándalo” o “gamberro”, independientemente de su procedencia y hobbies. Además, el vocablo tiene su historia porque, al igual que Sandwich, Boycott o Cardigan, tiene su origen en una persona de carne y hueso, en este caso un tal Edward Hooligan, ciudadano de origen irlandés, vago, borracho y pendenciero, famoso en Londres a finales del siglo XIX; más adelante se aplicó a los excluidos del sector productivo en Inglaterra a principios de la década de 1960 (algo habrán hecho, que dirían algunos), y por último a los “aficionados violentos” o “hinchas radicales” (que son los términos que yo utilizaría en lugar de “hooligan” —o “holigan” y “júlingan”, para el caso de D. Rafa Cabeleira, de El País—).

Inmolar

 

Con frecuencia se emplea el verbo “inmolarse” en contextos en los que no es apropiado.
Los principales diccionarios de español definen así ese verbo: ‘Dar la vida, la hacienda, el reposo, etc., en provecho u honor de alguien o algo'. 'Sacrificarse o dar la vida, generalmente por una causa o por una persona'. 'Dar la vida o sacrificarse por un ideal, por una causa o por el bien de otras personas'.
Está claro en esas definiciones que se trata de sacrificarse dando la vida por una causa buena y en ningún caso haciendo daño a terceros, sino por su bien.
Así, pues, no es apropiado usar el verbo “inmolarse” en las noticias sobre terroristas asesinos, que se suicidan para originar una matanza, es decir, en ningún caso está presente la idea de que lo hagan por una causa justa (no es justo asesinar ni atemorizar a la población) ni por persona alguna (pues las matan).
Cuando se informe sobre terroristas suicidas que matan a personas inocentes debe evitarse el uso de “inmolarse” o “inmolación” y utilizar “suicidarse”, “acción suicida” o “acción terrorista” en su lugar.

miércoles, 4 de enero de 2012

Bazuca


Grafía castellana del inglés “bazooka” /bə'zu:kə/ (‘lanzacohetes antitanque portátil’), cuyo nombre se debe al parecido con un instrumento musical inventado y usado por el comediante Bob Burns, quien lo fabricó a partir de chatarra como tuberías de gas, las cuales usaba como si fuera un trombón.
Se desaconsejan, en pro de la unidad, otros intentos de adaptación, como “bazuka”, “bazoca” o “bazoka”, puesto que “bazuca” es la forma que, ajustándose a la ortografía española, más se aproxima a la pronunciación etimológica. Aunque se documenta también su uso en masculino, es mayoritario y preferible el femenino.
Además de lo que es el “bazooka” original, la palabra “bazuca” se usa a menudo incorrectamente para denominar a todas las armas antitanque operadas desde el hombro, como los lanzagranadas, así como metafóricamente en frases como «Trichet saca el “bazuca” y compra deuda de España e Italia», coloquialmente para referirse al ‘cigarrillo preparado con cocaína, mariguana y otras sustancias’, y localmente como sinónimo de “recipiente” (Cuba, El Salvador y Nicaragua) amén de, por extensión, la ‘bebida alcohólica de mala calidad que se bebe en este recipiente’.

martes, 3 de enero de 2012

Úlster

 

Los medios de comunicación suelen identificar indebidamente el Úlster con Irlanda del Norte.
El Úlster es una región histórica de la isla de Irlanda y comprende nueve condados. Seis de ellos forman Irlanda del Norte, una región administrativa del Reino Unido, mientras los otros tres condados pertenecen a la República Irlandesa.
Cuando se habla de la región británica como entidad política, lo adecuado es hablar de Irlanda del Norte y no del Úlster. Por ejemplo, es incorrecto decir «A la Asamblea del Úlster asistirán los primeros ministros del Reino Unido e Irlanda», puesto que el nombre es “Asamblea de Irlanda del Norte” (Northern Ireland Assembly). Tampoco es correcto «las condiciones que obligan a los miembros del Ejecutivo del Úlster a reconocer la autoridad de la Policía». Sí sería correcto, en cambio, «la amarga historia del Úlster» o «el proceso de paz en el Úlster», pues puede referirse al concepto histórico.
Debe escribirse con tilde pues es una palabra llana acabada en consonante que no es ni -n ni -s.
Por otro lado, los términos “Gran Bretaña”, “Inglaterra” y “Reino Unido” no deben emplearse indistintamente. Gran Bretaña está formada por Inglaterra, Escocia y el País de Gales; y el Reino Unido por Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Por tanto, “Gran Bretaña” no es sinónimo de “Reino Unido”, puesto que se deja fuera a Irlanda del Norte, y tampoco lo es “Inglaterra”, que solo es una parte del país, como lo son Gales, Escocia e Irlanda del Norte.
En lo que respecta al gentilicio, si bien lo habitual es hablar de “inglés”, resulta más adecuado el término “británico”.

Aprenda espanglish en un santiamén, 1 de 2 (Xosé Castro Roig)

 

Nota previa: este trujamán y el siguiente están basados en hechos reales.
Lamentablemente, el autor no se ha inventado ninguna de las palabras y expresiones empleadas, así que este no se hace responsable en absoluto de los efectos secundarios —perdón, colaterales— que pueda tener la lectura en voz baja o alta del presente artículo y de su continuación —perdón, secuela—. Cualquier coincidencia de las expresiones aquí expresadas con otras que el lector haya podido oír es natural. El autor quiere declarar que para la elaboración del presente artículo no se sometió a dieta, dañó, perjudicó ni paseó ningún animal bípedo ni quintúpedo.

Introducción.
¿Está harto de que no lo entiendan cuando habla bien? ¿Está harto de poner cara de pazguato mientras lee una crítica cinematográfica? ¿Siente que no entiende a los compañeros del departamento de márketing de su empresa? ¿Lo miran raro sus colegas o familiares? ¿No nota demasiadas diferencias entre la rueda de prensa posterior a un partido de fútbol y una sesión ordinaria del Congreso de los Diputados? ¿No desearía estar al día de lo que se cuece?
¡¡Acabe Ya Con Sus Pesares Y Aprenda Espanglish Cómodamente, Sin Moverse Del Sofá!! Le ofrecemos este curso, único, gratuito e intensivo, para que conozca las expresiones que le permitirán estar al día en todas partes. Nadie sospechará más de usted; ya no volverá a ser el pedante purista en su círculo de amistades ni en su entorno profesional. Ahora, será el enterado, el namberguán.
(Este cursillo está especialmente destinado a periodistas y traductores en ciernes. Anímese y siga leyendo… ¡es una oportunidad única! ¡Guau!)

Esa sintaxis.
1. Cuando hable o escriba, no construya frases muy largas con muchas cosas al final (las llaman “subordinadas”). Construya oraciones del estilo “Quiero esto.” “Detesto lo otro.” “Posicionémonos al respecto.” Si tiene que alargarlas, incluya expresiones cultas con moderación, como estas: “es por ello que…; “lo suyo es…”; “informarles que tengo que…”
2. Encabece todas sus frases con algún adverbio terminado en “-mente”: “obviamente”, “evidentemente”, “claramente”, “simplemente”. Y no olvide empezar la última frase de su discurso con el eficacísimo “finalmente”.
3. Cuando sus empleados, compañeros o amigos le propongan algo, emplee fórmulas afirmativas con gancho: “cul” (cool); “megacul” (mega-cool); “exacto”; “ahí estás”; “y además”, de verdad”; “va a ser eso”.
4. Use bien las mayúsculas. Estas letras se utilizan para llamar la atención del lector y tienen la ventaja de que no hay que acentuarlas. Las iniciales mayúsculas sirven para distinguir una frase no importante de una frase sí importante. Compare estas dos, por ejemplo: “Juan come manzanas” y “Tenemos Que Aumentar Nuestros Beneficios”. ¿Lo vio?

Estructura del discurso.
1. Hable y escriba con seguridad, y salpimente su discurso con palabras inglesas de uso común en su ámbito profesional pronunciadas a la inglesa, o, incluso, a la española; o, si lo prefiere, a la francesa (con esta variación reforzará su seguridad ante un interlocutor abrumado por sus cambios de registro). Por ejemplo, pronuncie “autsórsin” (outsourcing), pero luego diga “averash” (average) o “rátin” (rating).
2. Construya palabras con una pizca de inglés y otra de español. Eso acerca más el inglés a sus interlocutores y demuestra sus conocimientos de aquella lengua. Ya se sabe que sin inglés no se va a ninguna parte hoy en día. Por ejemplo, cuando una máquina, una persona o un concepto cualquiera funcione muy bien u tenga un gran rendimiento, diga que es muy “performance”. Si hay que adaptar algo o personalizarlo, diga que hay que “customizarlo”.

La oratoria, importantísima.
1. Un antiguo griego, llamado Quintiñán, decía que el buen orador es el que sabe echar mano de todo tipo de recursos para darle fuerza a lo que dice y también a lo que escribe. No dude en tomar terminología de otros lados para darle más frescor y dinamismo a sus ideas. Por ejemplo, para animar a sus empleados, diga que la empresa está en la pole (abreviación de “pole position”, ‘parrilla de salida’) o que necesitan un guarmáp (“warm-up”, ‘calentamiento’), como si estuviera hablando de coches de carrera.
2. No dude en acuñar términos nuevos si cree que con ello sus destinatarios se aburrirán menos. Úselos también si cree que pueden quedar graciosos y está harto de usar siempre las mismas palabras para llamar a las mismas cosas. Es el teorema conocido como «¿por qué tenemos que llamar siempre “mesa” a la mesa?». En nuestros anteriores cursillos surgieron términos fantásticos como trainero (profesor que imparte un training) o interaccionar (‘comunicarse, intercambiar opiniones’).

¡¡¡No Se Pierda La Secuela (Parte II: Vocabulario) De Este Cursillo De Espanglish!!!