miércoles, 29 de febrero de 2012

Áiscrim / Áiscrin


Ante lo intrincado y complicado de una palabra como “helado”, la espanglish rrollal akademi se ha visto obligada a aceptar los términos “áiscrim” y “áiscrin”, inevitables y perentorios calcos del inglés “ice cream” (/aɪskrɪ:m/).

Badiman


Extraño vocablo espanglés que puede dar lugar a mucha confusión en más de una manera, a la vista del limitado vocabulario de la “generación SMS”. Me “ejplico”: se trata de un calco de “body shop” (/'bɒdɪʃɒp/), que no debe confundirse con la cadena de establecimientos “The Body Shop”, puesto que la traducción de aquel es “taller de chapa y pintura”, con lo que el término en castellano para nuestro amigo el “badiman” sería “chapista” (‘persona que trabaja la chapa’), palabra que causaría la risa tonta del botellonero medio, incapaz de diferenciarlo de “chapero” (‘homosexual masculino que ejerce la prostitución’).

Ebitda


Impronunciable palabro salvo que antes se haya calentado la lengua con algún licor de alta graduación o ablandado el cerebro con psicotrópicos. Indicador financiero que aparece en toda información económica que se precie (desconfíen si lo ven sustituido por el vulgar castellano “resultado operativo de explotación” o “ganancia bruta que obtiene una empresa”). Anglicismo acrónimo de “Earnings Before Interests, Taxes, Depreciations and Amortizations”: ‘resultado empresarial antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones productivas’, es decir, ganancias sin tener en cuenta los elementos financieros (intereses de los préstamos), los impuestos o tasas y demás gastos contables que no implican salida de dinero en efectivo, como las depreciaciones de los activos y las amortizaciones (recuperación de las inversiones).
Si nos resignamos a que se haya incorporado como sustantivo al léxico común, y puesto que no se trata de un nombre propio —como sucede, por ejemplo, con Unicef o Unesco—, sino que es el nombre común de un indicador financiero, ha de escribirse en minúsculas y aplicársele el plural que rige para los nombres comunes: “los ebitdas”. Así, en noticias como «La productora espera alcanzar un crecimiento de ventas del 7 % y un aumento en el Ebitda de un 13 %» o «Telefónica venderá activos no estratégicos para situar el ratio deuda/EBITDA por debajo de lo esperado», lo adecuado habría sido escribir “ebitda”.

Decrimento


Extraño calco del inglés “decrease” /'dɪ:krɪ:s/ (“decremento”, “disminución”, “reducción”, “descenso”, “recorte”, “merma”), bastante común entre economistas y demás fauna, que también se confunde con “detrimento” (‘destrucción leve o parcial’, ‘pérdida, quebranto de la salud o de los intereses’, ‘daño moral’), cambiando por “en decrimento de” la expresión “en detrimento de”, ya de por sí mal utilizada con relativa frecuencia como ya nos alertara D. Fernando Lázaro Carreter en sus dardos en la palabra: «En los medios de comunicación se suele confundir “en detrimento” por “en sustitución de” o “en vez de”. Es muy usual “hoy juega Morientes en detrimento de Anelka” o “proponer algunas medidas en detrimento de la conflictividad”. El detrimento, es claro, supone ‘perjuicio’, pero ¿se puede causar perjuicio a algo tan indeseable como es la conflictividad? No se sorprenda si el médico le receta un antibiótico “en detrimento de sus bacterias”; ni si a un menesteroso le toca la lotería “en detrimento de su pobreza”».

martes, 28 de febrero de 2012

Esperar por


Cuando “esperar” tiene el sentido de ‘permanecer en un sitio hasta que [alguien o algo] llegue o hasta que [algo] suceda’, en el español culto general se trata de un verbo transitivo (esperar [algo o a alguien]). No obstante, en gran parte de América, especialmente en el área caribeña, no es infrecuente su uso como intransitivo, seguido de un complemento con “por”, sin que exista matiz causal que lo justifique, probablemente debido al influjo del inglés “to wait for” (/weɪt/).
Otro caso parecido es el uso que algunos hablantes dan a la preposición “por” como calco del inglés “for” /fɔ:(r)/ (“durante”) ante grupos cuantitativos de sentido temporal en frases como “tuve que esperar en el aeropuerto por dos horas”. Se trata de un valor ampliamente documentado en la lengua antigua, pero que resulta confuso hoy en día. Teniendo en cuenta las zonas y los grupos sociales en los que se utiliza, es evidente que se trata de un anglicismo. Ante la duda, también existe la opción de no utilizar ninguna partícula, ni “por” ni “durante” (“tuve que esperar dos horas en el aeropuerto”).

Hula hoop


También conocido como “hula-hula”, se trata de un juego que consiste en hacer girar un “aro” alrededor de la cintura o de otro miembro del cuerpo como brazos o piernas. Probablemente el término proceda del “hooping”, ya popular en Inglaterra en el siglo XIV, y del “hula”, baile típico hawaiano que recordaba al “hooping” a los marineros que visitaron esas islas en el siglo XVIII.

lunes, 27 de febrero de 2012

Estand


Este sustantivo inglés quiere decir “puesto”, “caseta”, “quiosco” o “estante”; lo que no entiendo es qué tienen las dos primeras que no tengan las dos últimas, es decir, por qué hemos sustituido “puesto” y “caseta” por “stand” /stænd/ (incluso en el DRAE, aunque se trate de un artículo propuesto para ser suprimido: ‘instalación dentro de un mercado o feria, para la exposición y venta de productos’), pero hemos mantenido “quiosco” y “estante” en su versión castellana. Otras opciones en castellano serían “expositor” e incluso “pabellón” si se trata de un edificio de un tamaño considerable.

jueves, 23 de febrero de 2012

Jaiguai / Jaigüi / Jaigüey


Continuamos con la sección del espanglish Tex-Mex (si entre alguno de mis millones de lectores se encuentra algún amable informático que no se haya ofendido por mis cáusticos comentarios y conozca la manera de crear apartados, menús o secciones en Blogger, le estaré eternamente agradecido si se ofrece a compartir dicha información; a quien haya sorprendido la referencia a “millones” de lectores, informarle de que el hecho de que le marcador indique la cifra de 100 000 significa que ya he dado la vuelta varias veces al marcador o, dicho de otra manera, que no hay marcador en este mundo que pueda registrar la infinidad de visitas que recibe mi diario).
Bueno, después de esta absurda perorata, paso a explicar lo evidente: “jaigüi” o “jaigüey” es la manera en la que los hablantes que reniegan de sus orígenes se refieren a la “carretera” o “autopista”, a modo de remedo del inglés “highway” (/’haɪweɪ/).

Jacuzzi® (/dʒæ'kʊ:zɪ/) / Yacusi


Al igual que con Tipp-ex®, Tupperware®, Turmix® o Walkman®, no nos encontramos ante un anglicismo (aunque el término, efectivamente, provenga del Imperio), sino ante el nombre de un inventor, Candido Jacuzzi, de origen italiano, que en 1917 fundó junto a sus seis hermanos una fábrica de bombas hidráulicas en Chino (California), hasta que en 1956 inventó la “bañera de hidromasaje” o “baño de burbujas” con la intención de tratar la artritis reumatoide de su hijo. Se ha propuesto la adaptación gráfica “yacusi”.
Aviso para navegantes: en los EE. UU. lo llaman “hot tub” (/hɒttʌb/), no “jacuzzi”.

It girl (/ɪtgɜ:(r)l/)


Por influencia de las novelas de Cecily von Ziegesar, se utiliza para describir a la ‘mujer joven y atractiva que recibe una intensa cobertura por parte de los medios de comunicación, sin relación alguna con sus logros o de manera totalmente desproporcionada en cuanto a estos’. Es joven, atractiva, moderna y creadora de tendencias. Los chicos la desean y las chicas quieren ser como ella. O, como lo define un diseñador llamado Carlos Villalobos en una revista llamada Perfil, «Es una mujer joven o madura con excelente imagen, glamourosa y sexy; por supuesto es amante de la moda, es súper fashion y por lo general es una figura pública importante. Es una mujer joven con un gran sex appeal o una mujer un poco madura con una gran actitud: ocupa tiempo en frecuentar las zapaterías (sic) y las fiestas de moda y en las revistas de moda se refieren a las mujeres icono del momento con esta expresión.» Gracias, Carlos.

Trujamanizar (Bertha Gutiérrez Rodilla)

 

Era digna de verse la cara que puso el otro día mi abuelita cuando el médico le dijo que era necesario “ambulatorizarla”. Ella lo primero que pensó es que iban a llamar a una ambulancia para llevársela a algún hospital, y no se cansaba de preguntar la razón de que la fueran a ingresar. El médico respondía que, por el contrario, como la hospitalización de los pacientes geriátricos resulta extremadamente costosa, hay que “ambulatorizar” su asistencia. Y mi abuela me miraba pálida y perpleja, esperando que yo le diera alguna explicación. Pero ¿cómo contarle que, gracias al inglés, tenemos la posibilidad de formar infinidad de verbos simplemente añadiéndole a cualquier palabra que se nos ponga por delante el sufijo -izar? No lo habría entendido. Por mucho que cada noche se aplique un medicamento “aerosolizado”, para ella los verbos serán siempre del tipo amar, reír, bailar, cantar, coser, mirar, ver, dormir, saber…; es decir, mucho más simples, en su fondo y en su forma.
Días después, cuando la estaban “ambulatorizando” en un “centro de día” que está cerca de casa, mientras yo leía en una revista médica lo bueno y lo malo que se deriva de “haploidizar” las células somáticas en reproducción asistida, una enfermera trataba de ponerle una inyección. Y como tenía serias dificultades para encontrarle una vena donde hacerlo, el médico, que observaba la escena, concluyó que los brazos de mi abuela se habían “rigidizado”. Eso sí que a mi abuela le pareció mal, como si fuera un insulto. ¿Cómo explicarle ahora que, además de lo del sufijo -izar del día anterior, el inglés nos ha hecho adquirir la costumbre de querer simplificarlo todo, acortarlo todo, buscar expresiones y palabras cortas y, por eso, tenemos una enfermedad parecida, pero distinta, a la del rey Midas de convertir en verbo todo lo que tocamos? ¿Cómo convencerla de que ella misma, en sus largas noches de insomnio, podría divertirse a placer inventando nuevos verbos: “calcetizar” (hacer calceta), “puntizar” (hacer punto), “partidizar” (jugar la partida), “revistizar” (leer una revista)…?
Me costó bastante hacer que entrara en razón y que bendijera conmigo la generosa lengua inglesa que nos ha dado la posibilidad de crear verbos tan fácilmente y nos ha inducido a simplificar tanto nuestro alambicado estilo cervantino. Lo que no le conté es que nuestro fervor ha llegado a tal punto que inventamos verbos de esta manera, no solo para aquellas acciones para las que no disponíamos de uno, sino también para aquellas otras en las que sí contábamos con él, como ocurre con señalar y “señalizar”, por ejemplo. O con inocular e “inoculizar”, que es lo que se empeña cada mañana en hacerle la enfermera a mi abuelita. Pero, eso sí, en este caso sin participación del inglés, pues curiosamente, en lo que nos dejamos la piel es en formar verbos más largos y complicados que los ya existentes.
Por eso, como mi abuela no estaba avisada, cuando al día siguiente el médico comprobó que sus brazos seguían “rigidizados” y decidió que le iba a “bautizar” unas pastillas (¡ojo! Porque el verbo con el que compite, “pautar”, también es de trujamán de guardia), mi abuela, que a su edad es un poquito dura de oído, pero conserva su mal genio de siempre, le contestó enseguida que qué se había pensado, que ella estaba bautizada desde que nació y que ésa era la última vez que la veían por allí.

miércoles, 22 de febrero de 2012

“Explosionar” o “explotar”

 

Cuando se “hace explotar” una bomba lo adecuado es decir que “se explosiona” y no que “se explota”.
El verbo “explotar”, utilizado con su significado de ‘hacer explosión’, no es apropiado en frases como las siguientes, tomadas de los medios de comunicación: «Especialistas del ejército colombiano “explotan” una bomba colocada por las FARC»; «Los artificieros de la Guardia Civil “explotaron” un proyectil en el Club de Campo».
Así pues, las bombas “explotan” (o “estallan”) solas, mediante los mecanismos instalados para ello; pero si hay alguien que las hace explotar lo indicado es utilizar el verbo “explosionar” o la construcción “hacer explotar”.

martes, 21 de febrero de 2012

Apología a favor de

 

La construcción “apología a favor de” algo o de alguien es redundante, pues en la idea misma de “apología” está incluido el que sea siempre a favor de alguien o de algo, tal y como se define en el Diccionario académico: ‘Discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o algo’.
Así en frases como: «Esas declaraciones se consideraron como una “apología a favor de” la corrupción de los periodistas»; «Los acusan de hacer una descarada “apología a favor del” Gobierno de Chávez», lo adecuado, por tanto, habría sido: «Esas declaraciones se consideraron como una “apología de” la corrupción de los periodistas»; «Los acusan de hacer una descarada “apología del” Gobierno de Chávez».

lunes, 20 de febrero de 2012

“Decrecimiento”, no “decrecimiento negativo”

 

La expresión “decrecimiento negativo” resulta inadecuada para referirse al “decrecimiento”, por ejemplo, económico, y se recomienda usar, en su lugar, simplemente “decrecimiento”.
En sentido estricto, “decrecimiento negativo” significaría “crecimiento”, por lo que en frases como «Para los siguientes trimestres se prevé una desaceleración pero no un “decrecimiento negativo”», «En el periodo citado la economía registró un “decrecimiento negativo” del 0,2 %», «El área audiovisual del grupo, tras meses de “decrecimiento negativo”, comienza a ofrecer buenos resultados» lo apropiado habría sido hablar de “decrecimiento”.
En lugar de “decrecimiento” puede hablarse asimismo de “crecimiento negativo”, que es correcto pero más propio de ámbitos técnicos.

Milonga sentimental (Bertha Gutiérrez Rodilla)

 

Ayer quedé para tomar café con un amigo que, además de ser médico, es algo pedante: tanto como para pedirse una “bebida de autor”, que es como se llaman ahora, por lo visto, los combinados. Me aburrió hasta la saciedad con los últimos “desarreglos”, “desórdenes” y “patologías” que han aparecido en el mercado y su forma de “debutar”; y más aún cuando me contó que cada vez le gustan más las revistas de “scooters” —ya saben, los ‘buscadores de tendencias’—; y no digamos nada, cuando trató de explicarme en qué consiste el sistema “blusoft” con el que están provistos sus zapatos… Me estaba quedando medio dormida cuando me bombardeó, metafóricamente hablando, “of course”, con los problemas que plantean la “ortorexia” y la “vigorexia” y con lo mucho que se ha avanzado en el campo de las “distracciones” óseas. Justo después se empeñó en que lo acompañara a la consulta para regalarme su último artículo.
Cuando llegamos allí, la enfermera discutía con una paciente enfadadísima, porque le habían recetado un medicamento con muchas “contradicciones”. Mi amigo puso cara de suficiencia, mientras la enfermera ocultaba una sonrisa condescendiente; yo, sin embargo, me maravillé de la agudeza de la designación, pues, desde luego, nada hay tan contradictorio como un medicamento que te arregla una cosa y te estropea el resto… Porque —seguía la señora—, ella era “hiperténsica” (¿por qué no puede uno ser “hiperténsico”, si los médicos son capaces de “hipotensionar” a la gente?); y, además, tenía mal las “trombetas” (¡qué bonita combinación entre trombocito y plaqueta, que son los dos nombres registrados que, hasta ahora, tenían estas células de la sangre!) En todo caso, prefería pastillas “fluorescentes” o, incluso, inyecciones “ultramusculares”, que los malditos “opositorios”.
Ya dentro de su despacho, mientras me enseñaba el “display” maravilloso de su nuevo ordenador y hacía una “rellamada” a no sé quién, mi amigo se reía abiertamente de la paciente, cuyo problema, según él, es que su cuerpo se había “grasificado” por no sé qué razones. Por fin, me tendió una separata de su último trabajo sobre los “disruptores” endocrinos… Me sentía yo tan horripilada por la jerga de mi amigo como fascinada por el extraño sentido de la lengua de aquella mujer y me preguntaba por qué no era ella la que se reía de él. Todavía sin respuesta, caí en la cuenta de que, gracias a nuestros excelentes sistemas educativos actuales pero, sobre todo, gracias a la altura cultural de nuestra televisión y de Internet, las personas como ella, con dificultades para entender los incomprensibles términos médicos, pero con un deseo inmenso de hacerlos sonar más cercanos, estarían a punto de extinguirse. En cambio, seguiría creciendo sin cesar el número de los que se empeñan en que las palabras suenen cada vez más lejanas…
Al parecer, mi amigo había decidido darme la puntilla explicándome que estaba “revisitando” la producción científica de no sé quién o, quizás, la suya propia. Y ahí es cuando decidí desconectarme del todo; porque, la verdad, puestos en ese plan, prefiero mil veces las revisitas mnésicas que el protagonista de Du côté de chez Swann le hacía a su tía Léonie tras tomar un trocito de madalena. Ignoro qué disruptores se activaron en mí la primera vez que leí ese precioso pasaje, porque siempre que un olor o un sabor me producen un “flashbacks” y me transportan a otras épocas de mi vida, se me viene a la cabeza igualmente la sentencia de Proust: cuando ya no queda nada, después de la muerte de los seres o de la destrucción de las cosas, todavía el olor y el sabor permanecen; dispuestos para que, en cualquier momento, algo los active e, imperceptiblemente, traiga a la memoria el edificio inmenso del pasado.
En esta calurosa noche de verano en que intento olvidarme de las tonterías de ayer, me voy a empapar del inconfundible sabor de este jamón de mi tierra y del olor del romero de mi jardín; por si algún día la globalización que se cierne acaba con todo, empezando por mi lengua. Para entonces, seguirán atesorados estos recuerdos en la trastienda de mi memoria esperando que una varita mágica los despierte de su letargo y me devuelvan otra vez el mundo que se fue.

La privacidad (Xosé Castro Roig)

 

El español resiste con entereza la aparición de neologismos —unos muy necesarios y otros no— que aparecen cada día debido a la gran demanda de terminología nueva que requieren las nuevas disciplinas y ciencias, cada vez más vulgarizadas. Desgraciadamente, por el mismo conducto llegan palabras innecesarias auspiciadas a veces por profesionales del idioma poco celosos.
Esta se ha ido colando por los intersticios que ciertos flancos de nuestro idioma dejan expuestos a otras lenguas; al inglés en este caso. No necesitábamos —y no necesitamos— la palabra “privacidad” para definir lo que en español se conoce como “intimidad” en unos casos, o como “confidencialidad” en otros. No existe tal vocablo en nuestro idioma.
En cierta ocasión me hospedé en un hotel neoyorquino perteneciente a una famosa cadena internacional. En el cartelito que colgaba de la puerta de mi cuarto podía leerse «Privacy, please» y, a continuación, «Privacidad, por favor». Una versión en espanglish del tradicional “no molestar”.
Del mismo modo, se oye hablar del «derecho a la “privacidad” de los personajes públicos» o de «los problemas de “privacidad” del correo electrónico» cuando quieren referirse al derecho a la “intimidad” o a los problemas de “confidencialidad”. No es raro encontrar variaciones más peculiares de aquella palabra (como “privacía”) más injustificables, si cabe.

viernes, 17 de febrero de 2012

Ítem


Como en castellano sólo tenemos las palabras “elemento”, “artículo”, “asunto”, “punto” o “número”, a alguien se le ha ocurrido adaptar el inglés “item” (/'aɪtəm/), que en realidad proviene del latín pero con el significado de “añadidura”, “agregado”, “aditamento”, “anexión”, “además”. Era muy frecuente en textos antiguos y hoy pervive en textos de carácter jurídico o de nivel muy culto, frecuentemente en la forma “ítem más”, de donde deriva su uso como sustantivo masculino, con el sentido de ‘apartado de los varios de que consta un documento, normalmente encabezado por dicha fórmula’.
A este paso ya no van a hacer falta los diccionarios bilingües, puesto que vamos a acabar utilizando las mismas palabras, aunque sean adaptaciones de lo más catetas.

Isolación


Hallazgo con nombre, apellidos y denominación de origen. Se trata del cronista cinematográfico de ABC I. Risco, quien pergeñó este neologismo en la edición del 23 de mayo de 2008. Se conoce que a este insigne periodista no le gusta el término “aislamiento” y prefiere adaptar su equivalente anglosajón “isolation” (/aɪsə'leɪʃən/).

Introducir


En castellano significa “meter”, “embutir”, “empotrar”, “enterrar”, “encajar”, “implantar”, “enclavar”, “encuadrar”, “llenar”, y algunas de estas acepciones servirían para traducir el verbo inglés “to introduce” (/ɪntrə'djʊ:s/), pero no al revés; me explico: la primera acepción del verbo “to introduce” es “presentar” (una persona a otra persona, o uno mismo a otra persona). Lo que resulta estúpido es empeñarse en utilizar “introducir” en vez de “presentar” y proferir barbaridades como “permítame que me introduzca” o “voy a introducirte al resto del personal”. Aunque parezca inverosímil, no me estoy inventando nada: esta expresión la he oído en el ámbito empresarial y la he leído en varias publicaciones de negocios y trabajo.

Interviú


Adaptación gráfica de la voz inglesa “interview” /’ɪntərvju:/ (“entrevista”, “entrevistar”). Suele utilizarse en femenino por analogía con el género de “entrevista”, su equivalente castellano. Pese a su cacofonía, también hay quien utiliza el verbo “interviuvar”, en vez de “entrevistar”, y el sustantivo “interviuvador”, en vez de “entrevistador”.

jueves, 16 de febrero de 2012

Dron


Adaptación gráfica del inglés “drone” (/drəʊn/), término que originariamente designa al “zángano”, el “zumbido” que emite esta abeja macho y, en sentido figurado, “cantinela” o “sonsonete” (cuando se habla monótonamente). Sin embargo, el significado con el que hemos adoptado este vocablo inglés es para referirnos al “vehículo aéreo no tripulado” (VANT), “avión pilotado por control remoto” o “robot volador”, es decir, aquella ‘aeronave que vuela sin tripulación humana a bordo’ (en alusión a la versatilidad y facilidad de vuelo de estos artilugios, por similitud con el de las abejas).

Esteticién


Innecesario galicismo, adaptación de “esthéticien” /ƐstetisjƐ˜/ (“esteticista”, “diseñador estilista”, “esteta”) para designar al ‘profesional especialista en tratamientos de belleza’.
Hoy en día, cuando se habla de “estética”, ya casi nadie se refiere a la ‘rama de la filosofía que tiene por objeto el estudio de la esencia y la percepción de la belleza’ (de las voces griegas αἰσθητική (aisthetikê) “sensación, percepción”, de αἴσθησις (aisthesis) “sensación, sensibilidad”, e -ικά (ica) «relativo a»), sino a la “cosmética”, al embellecimiento del cuerpo, es decir, a la séptima acepción del DRAE, que reza así: ‘conjunto de técnicas y tratamientos utilizados para el embellecimiento del cuerpo’.

Recortar


El verbo “recortar” (y el sustantivo derivado de este, “recorte”), se encuentra en los medios de comunicación como término comodín cuando se quiere dar la idea de “reducción” o “disminución” de algo, ya sea material o inmaterial, como en los siguientes ejemplos: «Medio Ambiente “recorta” un 40 % el agua para regar», «“recorte” de un parque público para favorecer una urbanización ilegal» o «Chrysler anuncia un “recorte” masivo de la plantilla».
Esta forma no es incorrecta, pues uno de sus significados es ‘disminuir o hacer más pequeño algo material o inmaterial’. El problema surge cuando siempre recurrimos a dicho verbo, lo cual supone un importante empobrecimiento en el uso del léxico de nuestra lengua, ya que desplazamos a otros verbos sinónimos como “disminuir”, “reducir”, “aminorar”, “menguar”, “limitar”, etc. que, según el contexto, serían más precisos que “recortar”.
Así, en los ejemplos citados, lo adecuado habría sido escribir: «Medio Ambiente “disminuye” un 40 % el volumen de agua para regar», «“menguan/limitan” la extensión de un parque público para favorecer una urbanización ilegal» o «Chrysler anuncia una “reducción” masiva de la plantilla».
Por otra parte, en ocasiones, el complemento que se añade al “recorte” no es apropiado, por lo que no es correcto decir «“recortes” de CO2» sino «“recortes” de emisiones de CO2», ya que lo que se recortan son las emisiones de CO2 y no el gas en sí.

“Mayoría” y “mayor parte”


El término “mayoría”, cuando significa ‘mayor parte de un conjunto de personas o cosas’, se emplea con sustantivos en plural («la “mayoría” de los trenes») o con nombres colectivos («la “mayoría” de la gente, de la población, del coro…»)
En el resto de los casos se emplea en su lugar “la mayor parte”, como indica el DPD: «la “mayor parte” del dinero», «la “mayor parte” del día»…
Por tanto, en frases como «Los ciudadanos de Cabañas entregaron la “mayoría” del dinero que les correspondía» o «El detenido pasó la “mayoría” del día sentado en una mesa», habría sido más apropiado que se hubiese escrito: «Los ciudadanos de Cabañas entregaron la “mayor parte” del dinero que les correspondía» o «El detenido pasó la “mayor parte” del día sentado en una mesa».

miércoles, 15 de febrero de 2012

“Partidario” y “partidista”


“Partidario” es ‘el que sigue a un partido, también a una idea, persona o movimiento’, y no tiene carácter peyorativo; mientras que “partidista”, que sí lo tiene, es ‘aquel que antepone los intereses de su partido a los generales’ aunque, según indica el DPD, en América es común el uso de “partidista” con el significado de ‘de(l) partido o de (los) partidos’: «El tema de la educación está sobrepasando al ámbito político “partidista” y gubernamental».
Así, en frases como «Demostró con esas declaraciones su carácter “partidista”», lo que se quiere decir es que existe una adhesión total al partido que impide la imparcialidad.
No debe usarse “partidario” como referente a un partido político («Los intereses partidarios»), sino “del partido” o “de los partidos”. Cuando una persona pertenece a un partido se dice que es “militante”, ya que el “partidario” no tiene por qué pertenecer a un partido.

Clampar / Clampaje


Términos propios del lenguaje médico y técnico que intentaré explicar dentro de mis posibles. Su origen es un calco del inglés “clamp” /klæmp/ (“pinza”, “grapa”, “abrazadera”, “cepo”, “sujetar con [todo lo anterior]”, “pinzar”) referidos a la ‘maniobra quirúrgica consistente en la compresión o ligadura de un conducto, fundamentalmente vascular, con una pinza’.

martes, 14 de febrero de 2012

Finiquitar


Cuando se informa sobre fútbol es habitual leer en la prensa deportiva y oír en los noticiarios de radio y televisión frases como las siguientes: «Adolfo Bautista disparó por encima del portero y “finiquitó” la victoria de su equipo» o «Se vio un buen Ronaldinho y una delantera con gran movilidad, que “finiquitó” el partido tempranamente en una acción a balón parado».
Según el DRAE, “finiquitar” significa ‘terminar’ o ‘saldar una cuenta’, y también, en la lengua coloquial, ‘acabar’, ‘concluir’ o ‘rematar’. Pero en los ejemplos anteriores se usó con otros significados, que no le son propios: el de ‘conseguir’ o ‘decidir’ la victoria del equipo o el de ‘sentenciar’ el partido.
En los ejemplos anteriores, lo correcto habría sido decir: «Adolfo Bautista disparó por encima del portero y “consiguió” [o “decidió”] la victoria de su equipo» o «Se vio un buen Ronaldinho y una delantera con gran movilidad, que “sentenció” el partido tempranamente».

“Proclive” significa ‘propenso’, no ‘apropiado’


El adjetivo “proclive”, que se acompaña de la preposición “a”, significa ‘propenso o con inclinación a algo’, como cuando se dice de alguien que «es “proclive” a engordar» o que «es “proclive” a exagerar».
Sin embargo, resulta frecuente encontrarlo empleado con otros significados, como ‘adecuado’, ‘oportuno’, ‘apropiado’ o ‘frecuente’: «Es un momento “proclive” para comprar buenos valores», «El verano es la época más “proclive” para realizar ejercicio físico», «La etapa ciclista de hoy es “proclive” a los escaladores», «Estas temperaturas son más “proclives” en la sierra».
Si se sustituye “proclive” por sus equivalentes “propenso” o “inclinado”, se advierte que esas frases no tienen sentido. Hubiera sido preferible decir, por ejemplo, «Es un momento “oportuno” para comprar buenos valores», «El verano es la época más “adecuada” para realizar ejercicio físico», «La etapa ciclista de hoy es “apropiada” para los escaladores», «Estas temperaturas son más “frecuentes” en la sierra».
Además, aquello a lo que se propende va introducido por la preposición “a”, no por las preposiciones “para” o “en”: lo adecuado es decir «Se trata de un equipo “proclive a” jugar a la defensiva», no «“proclive para” jugar a la defensiva» ni «“proclive en” jugar a la defensiva».

Mundial, globalmente (Xosé Castro Roig)

 

Podría apostarme un almuerzo a que usted, lector, ha oído alguna de estas palabras en los últimos tres meses: “globalizar”, “aldea global”, “globalización”, “global”. Si no fuera así, no viviría en este globo.
No sospechaban los latinos que su “globos” (“esfera”) iba a cundir tanto. Algunos hispanohablantes no entienden bien estas nuevas expresiones, que surgen como hongos en el ciberbosque. Pero la confusión es fácil de dilucidar: en nuestro idioma, el adjetivo “global” se refiere a algo que se toma en su conjunto, mientras que en inglés —de donde procede el error— significa “esférico” (‘que tiene forma de esfera o globo’) y mundial (‘que afecta o incluye a toda la Tierra’), entre otras cosas.
Cuando se habla de la “aldea global” se hace referencia en realidad a esta supuesta “aldea mundial” en la que se está convirtiendo nuestro planeta debido al avance de las comunicaciones y a las repercusiones mundiales que tienen ciertas decisiones (una aldea donde las chabolas o favelas ocupan la mayor parte del territorio).
Por tanto, el manido calco “globalizar” no significa ‘considerar algo globalmente’, aunque pudiéramos creerlo si intentásemos deducir su significado en español. Quizá deberíamos crear una segunda acepción para el verbo español “internacionalizar” que diese cabida a este neologismo mal trasladado a nuestra lengua, y así poder echar mano de lo que ya tenemos sin adosar acepciones anglicadas a nuestro vocabulario. Quizá podríamos optar por “internacionalizar”, “aldea mundial”, “internacionalización”, “mundial”…

lunes, 13 de febrero de 2012

Don Quijote de la Mancha, versión espanglish


En el año 2003, Ilán Stavans, catedrático de Filología y Estudios Culturales en el Amherst College de Massachusetts, donde creó la primera cátedra de espanglish (lo cual nos da una idea de la seriedad y credibilidad de esta universidad y sus catedráticos), publicó el primer diccionario de esta patochada que algunos se empeñan en llamar idioma. No contento con esto, al año siguiente tradujo a este arbitrario híbrido (y ya sabemos lo que pasa con los híbridos) el primer capítulo de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de D. Miguel de Cervantes Saavedra (se conoce que en ese momento no tenía a mano la última novela de Lucía Etxebarría, ni algún poema de César Antonio Molina).
Fiel seguidor de leyendas negras y bucles melancólicos varios, pero completamente indocumentado, nuestro eminente profesor gusta de burlarse del lema de la Real Academia Española Limpia, fija y da esplendor, asegurando que sirvió como patente de corso para imponer el español en América «con la cruz y la espada». Curioso y sorprendente que una institución “educativa” otorgue una cátedra a un demagogo ignorante, incapaz de restar 1713 (fecha de fundación de la RAE) y 1492 (llegada de los españoles a América) para obtener la no despreciable cifra de 221 años de diferencia entre la creación de dicho lema y la supuesta imposición del español en América. Y subrayo lo de “supuesta” porque el acuerdo que la Corona española suscribió con el Vaticano daba carta libre a los misioneros para predicar el Evangelio en las lenguas autóctonas americanas, lo que explica la supervivencia del quechua, entre muchas otras. Paradójicamente, no fue hasta el siglo XIX, después de la Independencia, cuando se generalizó el uso del español en América.
Más allá de la mera anécdota, dudo mucho que ningún hispanohablante o angloparlante reconociera este “texto” como propio de su lengua. Así, se trata de una de tantas iniciativas aisladas que hacen poco más que confirmar el hecho de que, a pesar de los muchos intentos, el espanglish no pasa de ser una variedad de jerga callejera. Aunque se haya granjeado cierta popularidad en algunos medios de comunicación, está muy lejos de poder satisfacer las necesidades de la inmensa variedad de áreas lingüísticas propias de un idioma.
El problema del espanglish va más allá de la existencia de préstamos, que es algo común a la evolución de cualquier lengua. El espanglish no es el resultado de un contacto, formado a través del uso de estructuras y palabras de otros idiomas que puedan llegar a normalizarse (bien por medio de las correspondientes instituciones, bien por la generalización de su uso). Más bien se trata de una especie de jerga que falla estrepitosamente en el cumplimiento de sus propias reglas, puesto que es el resultado del uso incorrecto de las dos lenguas de las que hace uso (y abuso). Por lo tanto, no resulta aceptable ni en español ni en inglés como medio normal de comunicación.
El (mal) resultado de todo esto es que, en muchos casos, la indiscriminada propagación de esta variante lingüística está causando la pérdida de significados, siempre en detrimento del español.


Si el lector está sentado y ya tiene hecha la digestión, veamos los catastróficos resultados; tengan a mano de todos modos una palangana (perdón, bol) o alguna bolsa para el mareo del estilo de las que dan en los aviones:

In un placete de La Mancha of which nombre no quiero remembrearme, vivía, not so long ago, uno de esos gentlemen who always tienen una lanza in the rack, una buckler antigua, a skinny caballo y un grayhound para el chase. A cazuela with más beef than mutón, carne choppeada para la dinner, un omelet pa’ los Sábados, lentil pa’ los Viernes, y algún pigeon como delicacy especial pa’ los Domingos, consumían tres cuarers de su income. El resto lo employaba en una coat de broadcloth y en soketes de velvetín pa’ los holidays, with sus slippers pa’ combinar, while los otros días de la semana él cut a figura de los más finos cloths. Livin with él eran una housekeeper en sus forties, una sobrina not yet twenty y un ladino del field y la marketa que le saddleaba el caballo al gentleman y wieldeaba un hookete pa’ podear. El gentleman andaba por allí por los fifty. Era de complexión robusta pero un poco fresco en los bones y una cara leaneada y gaunteada. La gente sabía that él era un early riser y que gustaba mucho huntear. La gente say que su apellido was Quijada or Quesada —hay diferencia de opinión entre aquellos que han escrito sobre el sujeto— but acordando with las muchas conjecturas se entiende que era really Quejada. But all this no tiene mucha importancia pa’ nuestro cuento, providiendo que al cuentarlo no nos separemos pa’ nada de las verdá.
It is known, pues, que el aformencionado gentleman, cuando se la pasaba bien, which era casi todo el año, tenía el hábito de leer libros de chivaldría with tanta pleasura y devoción as to leadearlo casi por completo a forgetear su vida de hunter y la administración de su estate. Tan great era su curiosidad e infatuación en este regarde que él even vendió muchos acres de tierra sembrable pa’ comprar y leer los libros que amaba y carreaba a su casa as many as él podía obtuvir. Of todos los que devoreó, ninguno le plaseó más que los compuestos por el famoso Feliciano de Silva, who tenía una estylo lúcido y plotes intrincados that were tan preciados para él as pearlas; especialmente cuando readeaba esos cuentos de amor y challenges amorosos that se foundean por muchos placetes, por example un passage como this one: La rasón de mi unrasón que aflicta mi rasón, en such a manera weakenea mi rasón que yo with rasón lamento tu beauty. Y se sintió similarmente aflicteado cuando sus ojos cayeron en líneas como these ones: el high Heaven de tu divinidad te fortifiquea with las estrellas y te rendea worthy de ese deserveo que tu greatness deserva.
El pobre felo se la paseaba awakeado en las noches en un eforte de desentrañar el meanin y make sense de pasajes como these ones, aunque Aristotle himself, even if él had been resurrecteado pa’l propósito, no los understeaba tampoco. El gentleman no estaba tranquilo en su mente por las wounds que dio y recebió Don Belianís; porque in spite de how great los doctores que lo trataron, el pobre felo must have been dejado with su face y su cuerpo entero coverteados de marcas y escars. Pero daba thanks al autor por concluir el libro with la promisa de una interminable adventura to come. Many times pensaba seizear la pluma y literalmente finishear el cuento como had been prometeado, y undoubtedly él would have done it, y would have succedeado muy bien si sus pensamientos no would have been ocupados with estorbos. El felo habló d’esto muchas veces with el cura, who era un hombre educado, graduado de Sigüenza. Sostenía largas discusiones as to quién tenía el mejor caballero, Palmerín of England o Amadís of Gaul; pero Master Nicholas, el barbero del same pueblo, tenía el hábito de decir que nadie could come close ni cerca to the Caballero of Phoebus, y que si alguien could compararse with él, it had to be Don Galaor, bró de Amadís of Gaul, for Galaor estaba redy pa’ todo y no era uno d’esos caballeros second-rate, y en su valor él no lagueaba demasiado atrás.
En short, nuestro gentleman quedó tan inmerso en su readin that él pasó largas noches —del sondáu y sonóp—, y largos días —del daun al dosk— husmeando en sus libros. Finalmente, de tan pocquito sleep y tanto readin, su brain se draidió y quedó fuera de su mente. Había llenado su imaginación con everythin que había readieado, with enchantamientos, encounters de caballero, battles, desafíos, wounds, with cuentos de amor y de tormentos, y with all sorts of impossible things, that as a result se convenció que todos los happenins ficcionales que imagineaba eran trú y that eran más reales pa’ él que anithin else en el mundo. El remarcaba que el Cid Ruy Díaz era un caballero very good, pero que no había comparación with el Caballero de la Flaming Sword, who with una estocada had cortado en halfo dos giants fierces y monstruosos. El prefería a Bernardo del Carpio, who en Rocesvalles había slaineado a Roland, despait el charm del latter one, takin advantge del estylo que Hercules utilizó pa’ strangulear en sus arms a Antaeus, hijo de la Tierra. También tenía mucho good pa’ decir de Morgante, who, though era parte de la raza de giants, in which all son soberbios y de mala disposición, él was afable y well educado. But, encima de todo, él se cherisheaba de admiración por Rinaldo of Montalbán, especialmente when él saw him sallyingueando hacia fuera of su castillo pa’ robear a todos los que le aparecían en su path, or when lo imagineaba overseas thifeando la statue de Mohammed, which, así dice la story, era all de oro. Y él would have enjoyado un mano-a-mano with el traitor Galalón, un privilegio for which él would have dado a su housekeeper y su sobrina en el same bargain.
In efecto, cuando sus wits quedaron sin reparo, él concebió la idea más extraña ever occurrida a un loco en este mundo. Pa’ ganar más honor pa’ himself y pa’ su country al same time, le parecía fittin y necesario convertirse en un caballero errant y romear el mundo a caballo, en un suit de armadura. El would salir en quest de adventuras, pa’ poner en práctica all that él readeaba en los libros. Arranglaría todo wrong, placeándose en situaciones of the greatest peril, and these mantendían pa’ siempre su nombre en la memoria. Como rewarda por su valor y el might de su brazo, el pobre felo podía verse crowneado por lo menos as Emperador de Trebizond; y pues, carriado por el extraño pleacer que él foundió en estos thoughts, inmediatamente he set to put el plan en marcha.
Lo primero que hizo fue burnishear old piezas de armadura, left to him por su great-grandfather, que por ages were arrumbada en una esquina, with polvo y olvido. Los polisheó y ajustó as best él could, y luego vio que faltaba una cosa bien importante: él had no ral closed hemleto, but un morión o helmete de metal, del type que usaban los soldados. Su ingenuidad allowed him un remedio al bendear un cardbord en forma de half-helmete, which, cuando lo attacheó, dió la impresión de un helmete entero. Trú, cuando fue a ver si era strong as to withstandear un good slashin blow, quedó desappointeado; porque cuando dribleó su sword y dió un cople of golpes, succedió only en perder una semana entera de labor. Lo fácil with which lo había destrozado lo disturbó y decidió hacerlo over. This time puso strips de iron adentro y luego, convencido de que alredy era muy strong, refraineó ponerlo a test otra vez. Instead, lo adoptó then y there como el finest helmete ever.
Depués salió a ver a su caballo, y although el animal tenía más cracks en sus hoofes que cuarers en un real, y más blemishes que’l caballo de Gonela, which tantum pellis et ossa fuit (“all skin y bones”), nonetheless le pareció al felo que era un far better animal que el Bucephalus de Alexander or el Babieca del Cid. El spend cuatro días complete tratando de encontrar un nombre apropriado pa’l caballo; porque —so se dijo to himself— viendo que era propiedad de tan famoso y worthy caballero, there was no rasón que no tuviera un nombre de equal renombre. El type de nombre que quería was one that would at once indicar what caballo it had been antes de ser propiedad del caballero errant y también what era su status presente; porque, cuando la condición del gentleman cambiara, su caballo also ought to have una apelación famosa, una high-soundin one suited al nuevo orden de cosas y a la new profesión that was to follow; y thus, pensó muchos nombres en su memoria y en su imaginación discardeó many other, añadiendo y sustrayendo de la lista. Finalmente hinteó el de Rocinante, un nombre that lo impresionó as being sonoroso y al same time indicativo of what el caballo had been cuando era de segunda, whereas ahora no era otra cosa que el first y foremost de los caballos del mundo.
Habiendo foundeado un nombre tan pleasin pa’ su caballo, decidió to do the same pa’ himself. Esto requirió otra semana. Pa’l final de ese periodo se había echo a la mente that él as henceforth Don Quixote, which, como has been stated antes, forwardeó a los autores d’este trú cuento a asumir que se lamaba Quijada y no Quesada, as otros would have it. Pero remembreando que el valiant Amdís no era happy que lo llamaran así y nothin más, but addirió el nombre de su kingdom y su country pa’cerlos famous también, y thus se llamó Amadís of Gaul; so nuestro good caballero seleccionó poner su placete de origen y became Don Quixote de La Mancha; for d’esta manera dejaría very plain su linaje y confería honor a su country by takin su nombre y el suyo en one alone.
Y so, with sus weapons alredy limpias y su morión in shape, with apelaciones al caballo y a himself, él naturalmente encontró que una sola cosa laqueaba: él must seekiar una lady of whom él could enamorarse; porque un caballero errant sin una ladylove was like un árbol sin leaves ni frutas, un cuerpo sin soul.
“If,” dijo, “como castigo a mis sines or un stroque de fortuna, me encuentro with un giant, which es una thing que les pasa comunmente a los caballeros errant, y si lo slaineo en un mano-a-mano o lo corto en two, or, finalmente, si vanquisheo y se rinde, would it not be well tener a alguien a whom yo puedo enviárelo como un presente, in order pa’ que’l giant, if él is livin todavía, may come in pa’ arrodillarse frente a mi sweet lady, and say en tono humilde y sumisivo, ‘Yo, lady, soy el giant Caraculiambro, lord de la island Malindrania, who has been derroteado en un single combate para ese caballero who never can be praiseado enough, Don Quixote of La Mancha, el same que me sendió a presentarme before su Gracia pa’ que Usté disponga as you wish?’”
Oh, cómo se revolotió en este espich nuestro good gentleman, y más than nunca él pensaba en el nombre that él should oferear a su lady! Como dice el cuento, there was una very good-lookin jovencita de rancho who vivía cerca, with whom él had been enamorado una vez, although ella never se dio por enterada. Su nombre era Aldonza Lorenzo y decidió that it was ella the one que debía to have el título de lady de sus pensamientos. Wisheó pa’ ella un nombre tan good como his own y que conveyera la sugestión que era princeza or great lady; y, entonces, resolvió llamarla Dulcinea del Toboso, porque ella era nativa d’ese placete. El nombre era musical to his óidos, fuera de lo ordinario y significante, like los otros que seleccionó pa’ himself y sus things.

Prolongar


Uno de los significados del verbo “prolongar” es ‘hacer que dure algo más tiempo de lo regular’. Por lo tanto, conviene evitar frases como «La exposición, que se “prolongará” hasta el 2 de diciembre…» o «El festival se “prolongará” hasta el próximo viernes» cuando la duración de esos acontecimientos sea la prevista. En estos casos debió decirse: «La exposición, que “durará” hasta el 2 de diciembre…» o «El festival, que “se clausurará” el próximo viernes».
Hay otros casos como «…la inflación puede “prolongarse” los próximos meses…» o «…la crisis que se “prolonga” ya más de tres años…» en los que el verbo “prolongar” sí tiene el significado de ‘continuar’, ‘alargar’, ‘dilatar’ o ‘extender’ algo. Sin embargo, se recomienda no abusar de él y utilizar cualquiera de los anteriores.

viernes, 10 de febrero de 2012

Interesantemente


El traductor del estrafalario texto Los Dinosaurios y la Biblia, encontrado en la página Respuestas en Génesis, simboliza la vagancia y la estulticia aplicadas a la traducción. Al encontrarse en el inglés original con el vocablo, “interestingly” /'ɪntrəstɪŋli/ (“de modo/manera interesante”, “curiosamente”), demanda de sus neuronas el mismo esfuerzo que el autor del escrito original para interpretar la Biblia: ni se molesta en consultar un diccionario y se inventa la palabra “interesantemente”.

Intelligentsia


Aunque en su origen proviene del latín “intelligentia”, el término como tal ha sido tomado del ruso “интеллигенция” (intellig(u)éntsiya) o del polaco, y podría traducirse como “intelectualidad” o “elite culta e intelectual” (‘personas involucradas en complejas actividades mentales y creativas orientadas al desarrollo y la diseminación de la cultura, incluyendo intelectuales y grupos sociales cercanos a ellos’). También hay quien lo escribe con zeta (“intelligentzia”).

Instanciar


Esta es una de las palabras que más trabajo me ha costado poder entender, no sólo porque se trata de un término utilizado casi exclusivamente en los campos de (perdón, a nivel de) la filosofía y la programación informática, sino también debido al hecho de tener que partir de la críptica frase «llevan tiempo trabajando unas normas para que les resulte mucho mas fácil porque la tienen que dejar poder instanciar hasta a tu enemigo» obra, cómo no, de los auténticos campeones de la pereza lingüística, los irrepetibles Investigar 11S.
Curiosamente, proviene del latín “instantia”, que no se desarrolló de la misma manera en castellano (“instancia”) que en inglés (“instance” /’ɪnstəns/: “ejemplo”, “caso”). De esta última raíz surgió más adelante el verbo “to instantiate” que, teniendo en cuenta su origen, no debería traducirse nunca por “instanciar”, sino como “ejemplificar” o “ilustrar”. Lo mismo sería aplicable a “instanciación” (“ejemplo”, “ejemplificación”, “ilustración”). Del mismo modo, en castellano el verbo correspondiente al sustantivo “instancia” sería “instar” (o su sinónimo “solicitar”), nunca “instanciar”.

Insider (/ɪn’saɪdə(r)/)


Literalmente significa ‘empleado de la empresa’, pero suele utilizarse para referirse a la ‘persona que pertenece a una organización determinada y tiene acceso a información confidencial o privilegiada’. La verdad es que no hay ninguna palabra en castellano que tenga el mismo significado; me han propuesto “allegado”, “autóctono” y muchas otras, pero no tienen mucho que ver.

Antiedad y antilongevidad (Bertha Gutiérrez Rodilla)

 

Desde luego, no es de ahora la introducción de neologismos en una lengua —en este caso, el español— que, a poco que se los analice con un mínimo de espíritu crítico, se revelan como términos o palabras con un significado absolutamente absurdo. Un tipo de neologismo que, aunque quizá siempre haya existido, seguramente nunca en la exagerada proporción en que nos los encontramos en la actualidad.
Uno de ellos es el famoso antiedad o anti-edad, que aparece acompañando a cremas, complementos, vacunas, dietas, sueros, tratamientos…, con alrededor de 2.500.000 resultados en Google. Puesto que el Diccionario académico define la palabra “edad” en su primera acepción como el ‘tiempo que ha vivido una persona o ciertos animales o vegetales’, ¿qué es exactamente lo que hacen por ti todos estos productos? ¿Ir en tu lugar al Registro Civil y lograr que el funcionario de turno cambie tu fecha de nacimiento en el Libro de Familia? ¿Es posible cambiarse la edad, como se pueden cambiar el nombre o los apellidos? ¿Es posible luchar contra la edad?
Evidentemente, no. O así lo creo yo. Quizá lo que puedan realizar tales productos sea ayudar a mitigar las huellas que el paso del tiempo va dejando sobre nosotros, sobre nuestro organismo, particularmente sobre nuestra piel. Esa, al menos, es la acción que parecen tener en inglés los famosos antiaging —que no antiage—: luchar contra los rastros que deja el envejecimiento. Antienvejecimiento, por tanto, es bastante más razonable como equivalente de antiaging, a pesar de que no sea perfecto, pues en esencia no se lucha contra el envejecimiento en sí, sino contra sus consecuencias. Pero al fin y al cabo es una forma de ver metafóricamente la realidad…
De todos modos, si lo anterior es llamativo, todavía lo es más el montón de cosas que existen o que se pueden hacer, según se comprueba en Internet, contra la longevidad: tratamientos, deporte, dieta, genes, herramientas, moléculas, factores… Si el lector cree que nos referimos a diferentes procedimientos para llevar a cabo una eutanasia activa, pasiva o perifrástica se equivoca: no estamos hablando de acortar la vida de las personas, aunque eso sería lo que cualquiera en su sano juicio pensaría, de acuerdo con la definición que el DRAE proporciona de “longevidad”: ‘largo vivir’. Sorprendentemente, se trata de todo lo contrario: de intentar alargar la vida de esas personas, de que su longevidad se prolongue. ¿Cabe mayor disparate que para eso pueda utilizarse el término antilongevidad?
Pues no me lo estoy inventando. Y si no, que se lo pregunten a esas personas —doctores y profesionales sanitarios nada menos— que se presentan a sí mismos en la red como miembros de la Sociedad Española de Medicina anti Longevidad (escrito así exactamente). Dado que la práctica de la eutanasia es tan controvertida y le puede llevar a uno hasta la cárcel, la verdad es que yo me lo pensaría dos veces antes de escribir semejante cosa en mi tarjeta de presentación.

jueves, 9 de febrero de 2012

Precipitaciones “en forma de”


Con frecuencia se emplean estructuras rebuscadas en sustitución de palabras concretas propias de nuestra lengua, como “precipitaciones en forma de agua por lluvia”.
La construcción “precipitaciones en forma de nieve/agua” aparece a menudo en las secciones de meteorología de los medios de comunicación para referirse a las nevadas y las lluvias, como en los siguientes ejemplos: «En Ribagorza, ayer se registraron “precipitaciones en forma de nieve” por encima de los 1.500 metros de altitud» o «Las “precipitaciones en forma de lluvia” descenderán un 40 % en la mitad sur de la península al final del siglo XXI».
Aunque esta forma es correcta, usar este tipo de perífrasis en las informaciones puede dificultar la comprensión del texto o del discurso. Habría sido más correcto escribir: «En Ribagorza, ayer se registraron “nevadas” por encima de los 1.500 metros de altitud» o «Las “lluvias” descenderán un 40 % en la mitad sur de la península al final del siglo XXI».
Otros verbos y sustantivos que se podrían utilizar en las informaciones meteorológicas en lugar de esta alambicada construcción podrían ser: “nevar/nevada”, “llover/lluvia”, “granizar/granizada”, “lloviznar/llovizna”, “caer un chaparrón/chaparrón”, etcétera.
En relación con el verbo “precipitar”, no debe usarse como sustituto de “llover” o “nevar”. Tanto “nevar” como “llover” se refieren a fenómenos meteorológicos que no tienen agente y, por tanto, pertenecen a una categoría gramatical llamada “verbos impersonales”, que carecen de sujeto. El verbo “precipitar” no pertenece a esta categoría, pues con él siempre tiene que haber alguien o algo que sea la causa o el agente. Por lo tanto es incorrecto decir «Hoy “precipitará” en el norte de la región». Tampoco la lluvia es el agente, por lo que también es incorrecto decir «La lluvia “precipitará” desde primera hora de la mañana». En estos casos, lo adecuado es emplear el verbo “llover” o “nevar”, o recurrir a alguna construcción como “habrá precipitaciones” o “la nieve caerá”.
Por otra parte, conviene recordar que el verbo correcto para hablar de valores pluviométricos es “registrar”, no “recoger”.

Opcionalmente optativo (Xosé Castro Roig)

 

Hace años, nadie habría pensado que una disciplina tan definida y enclaustrada en su propio mundo jergal y terminológico aportaría tantas palabras —acertadas e incorrectas— al habla cotidiana. La informática se vulgariza, cada día más, y, con ella, las traducciones que antes iban destinadas a un número relativamente pequeño de lectores, usuarios y profesionales, ahora afectan a la mayoría de las personas. Hasta hace poco teníamos en español dos términos que las malas traducciones técnicas están metiendo en el mismo saco.

Por una parte teníamos: optativo, a. 1. adj. Que pende de opción o la admite.
Y por otra: opcional. 1. adj. Perteneciente o relativo a la opción.

Nada anormal: dos adjetivos con una significación diferenciada, como “educativo/educacional” o “alimenticio/alimentario”. Pero es que en inglés, “optional” (/'ɒpʃənəl/) significa ‘optativo’ y no ‘opcional’ (un falso cognado). Y, como en otras ocasiones, el error empieza a tomar el terreno que no le corresponde.
Así que seguimos diciendo que tenemos “asignaturas optativas”, pero nos dicen erróneamente que el cederrón es “opcional” al comprar una computadora.
Pero quien dude de que la jerga específica de un sector puede influir en el habla general, que aguce el oído en ambientes escolares y universitarios: la expresión “asignatura opcional” comienza a avanzar…

miércoles, 8 de febrero de 2012

“Detrás de él”, no “detrás suyo”


Cada vez es más común el empleo de construcciones como “detrás suya”, “delante suyo” o “encima mío”: «Iba treinta segundos por delante de Alonso, pero al final terminó dos décimas “detrás suya”», «La vicepresidenta se encontraba tan solo unos metros “delante suya”», «Por “encima mío” solo está Dios». Sin embargo, no se deben usar los adverbios de lugar seguidos de un pronombre posesivo, ya que en español estos adverbios solo pueden ir seguidos de una construcción introducida por la preposición “de” más el pronombre personal correspondiente.
Por lo tanto, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido «Iba treinta segundos por delante de Alonso, pero al final terminó dos décimas “detrás de él”», «La vicepresidenta se encontraba tan solo unos metros “delante de él”», «Por “encima de mí” solo está Dios».

martes, 7 de febrero de 2012

Exploit (/'eksplɔɪt/)


Del verbo inglés “to exploit” (“aprovecharse de”, “explotar”), se trata de uno más entre los cientos de calcos del inglés que debemos agradecer al mundo de la informática. En esta ocasión estamos hablando de un programa o código que “explota” una vulnerabilidad del sistema o de parte de él para causar un comportamiento no deseado o imprevisto en los programas o equipos informáticos con el fin de violar las medidas de seguridad y de ese modo acceder de forma no autorizada y emplearlo en beneficio propio o como origen de otros ataques a terceros.

Focusing (/'fəʊkəsɪɳ/)


Término inglés propio del campo de (perdón, a nivel de) la fotografía o la óptica (“enfoque”) y utilizado a partir de los años sesenta por el filósofo experencial y psicoterapeuta Eugene Gendlin quien, tras investigar cientos de grabaciones de sesiones terapéuticas, llegó a la conclusión de que las personas que se ponían en contacto con sus sensaciones corporales (sic) tenían más probabilidades de concluir con éxito su terapia, por lo que dedicó su carrera a la enseñanza de dicho recurso emocional. La disciplina ha tenido tanto calado que hay quien se ha lanzado a ofrecer titulaciones e incluso diplomaturas.

En / dentro de


Cuidado al traducir del inglés las preposiciones “in” y “on”, ya que no siempre equivalen a “en” en castellano.
El caso más flagrante es el de expresiones como “te veo en una semana” (‘en el lapso de’), traducción directa de “I’ll see you in one week”, cuando lo correcto sería “te veo dentro de una semana” (‘al término de’); compárese con otra expresión parecida como “lo hizo en tres horas”, traducción correcta de “she/he did it in three hours”, ya que estaríamos en el caso de ‘en el lapso de’.
Otro ejemplo desgraciadamente cada vez más común es el de frases como “ha llegado en tiempo”, causando una gran confusión por la dificultad que encuentra el interlocutor para descifrar si se refiere a que “ha llegado a tiempo” (“she/he has arrived in time”) o a que “ha sido puntual” (“she/he has arrived on time”).
En caso de duda, conviene repasar los usos de la preposición “en” en castellano: ‘lugar, tiempo o modo en el que se realiza lo expresado por el verbo a que se refiere’ (“Pedro está en Madrid”; “Esto sucedió en Pascua”; “Tener en depósito”); ‘sobre’ (“El rey le ha dado una pensión en la renta del tabaco”); ‘aquello en que se ocupa o sobresale alguien’ (“Trabajar en bioquímica”); ‘situación de tránsito’ (“En prensa”; “En proyecto”); ‘por’ (“Lo conocí en la voz”); ‘luego que, después que’ (“En poniendo el general los pies en la playa, dispara la artillería”); ‘término de algunos verbos de movimiento’ (“Caer en un pozo”; “Entrar en casa”); ‘con’ (“Alegrarse en una nueva”).

Virtual


Es habitual leer en la prensa y oír en los noticiarios de radio y televisión, cuando se informa sobre deportes, frases como «Jorge Lorenzo es campeón “virtual”», «El finlandés se convierte en el campeón “virtual” al adelantar a Massa en la salida de boxes» o «El español vuelve a ser campeón “virtual” a 33 vueltas para el final».
“Virtual” tiene los siguientes significados: ‘que es muy posible que se alcance o realice porque reúne las características precisas’ o ‘que existe solo aparentemente y no es real’.
El significado de “virtual”, como el de muchos otros adjetivos, varía en función de su posición: “hombre pobre” (sin dinero)/”pobre hombre” (desgraciado); “alto ejecutivo” (de superior categoría o condición)/”ejecutivo alto” (de gran estatura), y por eso no es lo mismo decir “virtual campeón”, que es alguien que aún no es campeón pero podría llegar a serlo, que “campeón virtual”, que es alguien no real.
Cuando se quiera hacer una referencia a una persona que casi con toda certeza va a alcanzar u obtener una distinción o premio debe anteponerse el adjetivo al sustantivo: “virtual campeón”.

domingo, 5 de febrero de 2012

El rapto de las palabrinas (Xosé Castro Roig)

 

He aquí un delito frecuente y nada castigado.
Consiste en raptar palabras nobles e inocentes ellas, llevarlas, ponerlas bajo un foco y despojarlas de sus vestiduras, tirarlas repetidas veces contra un muro hasta deformarlas, usarlas como arma arrojadiza y pasarlas de mano en mano; por último, una vez maznadas, se las vuelve a vestir y se las libera sin mediar rescate para que vuelvan al mundo léxico libre y sigan gozando de la vida dichosa que antes de ser raptadas tenían. En estos raptos intervienen políticos, personajes anglófilos, redactores…; el que no haya raptado nunca una palabra, que tire el primer pronombre.
Lo malo es que, tras el rapto, su mundo ha cambiado tanto que ellas no reconocen su entorno ni su entorno las reconoce a ellas. Vamos, que no las reconoce ni la madre que las parió…
Hace poco, la hija de un amigo mío, que tiene doce años, volvió del colegio con sus deberes: tenía que construir frases empleando varios términos correctamente. Uno de ellos era el adjetivo “ecológico”, así que escribió la frase: Aprobar un examen es “ecológico”. Su padre le preguntó: «¿Pero qué significa para ti “ecológico”?», «Pues ‘que es “guay”’, ‘que está bien’, ¿no?», respondió ella. Sin comentarios.
El adjetivo “radical” no significaba, por raro que parezca al lector, ‘terrorista malo malísimo que atenta contra todo y contra todos’. Muy al contrario, era —y sigue siendo para los que respetamos las palabras— el ‘partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático’.
El “evento” era sinónimo de “eventualidad”, es decir, era un ‘hecho imprevisto, incierto’. Ahora hay muchos “eventos deportivos”, que deberían ser partidos de fútbol organizados en el momento y sin previo aviso. También hay “eventos culturales” y aun “políticos”, que también deberían ser actos surgidos de repente, gracias a la inventiva de transeúntes o viandantes. Pero no, parece que todos son actos o acontecimientos, bien preparados y pergeñados de antemano.
Y “soportar”, ese término que se cacarea de continuo en contextos informáticos, no era más que algo que servía de apoyo o sostén, pero ahora parece que significa ‘ayudar’, hasta el punto de que algunas empresas informáticas de renombre, en lugar de “atender al cliente”, lo “soportan”. Cousas veredes…, que dicen por mi tierra.

jueves, 2 de febrero de 2012

Input / Output / Imputar


Voces inglesas muy utilizadas en los ámbitos de la industria, economía, informática, etc. (los dos primeros, aunque incluidos en el DRAE, propuestos para ser suprimidos en la próxima edición).
“Input” (/'ɪnpʊt/) se refiere a un ‘elemento de la producción, como un terreno, un trabajo o una materia prima’ (economía), o al ‘conjunto de datos que se introducen en un sistema informático’ (informática); es decir, que podría sustituirse sin problemas por palabras como “insumo”, “dato”, “información”, “entrada”, “introducción (de datos)”, “datos de entrada”, “contribución”, “aportación” o “inversión”, según los contextos. Por su parte, “output” (/'aʊtpʊt/) indica el ‘producto resultante de un proceso de producción’ (economía) o la ‘información que sale procesada por un sistema informático o por una computadora’, es decir, que no habría ninguna confusión al decir “producto (final)”, “producción”, “rendimiento” o “salida (de datos)”, “datos o información de salida”. 


La confusión generada por estos anglicismos se extiende al verbo “imputar” (‘atribuir a alguien la responsabilidad de un hecho reprobable’; ‘señalar la aplicación o inversión de una cantidad, sea al entregarla, sea al tomar razón de ella en cuenta’), que muchos cambian por el inexistente (de momento) “inputar” cuando se refieren a la segunda acepción de “input” (‘entrada o inserción de datos’).

In / Out


Hasta hace poco bastaba con que la ropa, la música, los restaurantes, etc. estuvieran de moda o se llevaran (o lo contrario); sin embargo, ahora un local nocturno no pasa de moda, sino que está “out”, y un determinado artículo de vestuario no se lleva, sino que está o es “in”, y así sucesivamente, elevando poco a poco el nivel de estupidez hasta límites insospechados.