miércoles, 30 de mayo de 2012

Hacktivismo


Acrónimo de “hacker” (/'hækə(r)/) y “activismo” para referirse a ‘la utilización no violenta de herramientas digitales para para protestar y defender una opinión o ideología política como la libertad de expresión, los derechos humanos o la ética de la información’. Dichas herramientas incluyen desfiguraciones de páginas, redirecciones, ataques de denegación de servicio, robo de información, parodias, sustituciones virtuales, sabotajes virtuales y desarrollo de aplicaciones informáticas.
Los “hacktivistas” actúan en grupo y sus movimientos están considerados como una forma constructiva de desobediencia civil.
El término fue acuñado por el crítico cultural y autor Jason Sack en un artículo sobre el artista de medios Shi Lea Cheang y publicado en InfoNation en 1995.

Disquete


Adaptación gráfica de las voces inglesas “diskette” (/dɪs'ket/) o “floppy disk” /'flɒpɪdɪsk/, ‘disco flexible para almacenar datos informáticos’. Debe evitarse la adaptación “disquet”, que no goza de aceptación generalizada. Se desaconseja, por minoritaria, la forma semiadaptada “diskete”. El dispositivo donde se inserta el “disquete” para su grabación o lectura se denomina “disquetera” (en inglés “FDD” o “floppy disk drive”), no “disketera”.

“Piquete” y “piquetero”



Para aludir a un participante en un piquete considerado individualmente no es adecuado emplear el sustantivo “piquete”.
Un “piquete” es un ‘grupo de personas que, pacífica o violentamente, intenta imponer o mantener una consigna de huelga’, un ‘pequeño grupo de personas que exhibe pancartas con lemas, consignas políticas, peticiones, etc.’ o un ‘grupo poco numeroso de soldados que se emplea en diferentes servicios extraordinarios’. En todos los casos se alude a un grupo, no a cada uno de sus integrantes.
Por ello, resultan impropias frases como: «La muerte de un “piquete” frena las negociaciones» o «Los tres detenidos son “piquetes” que estaban impidiendo la entrada a la fábrica», en lugar de «La muerte de un “miembro del piquete” frena las negociaciones» o «Los tres detenidos son “piqueteros” que estaban impidiendo la entrada a la fábrica».
Para denominar a la persona que forma parte de un “piquete”, la mayor parte de los medios españoles emplea la expresión “miembro de un piquete”, y algunos el término “piquetero”, muy extendido en varios países americanos, aunque en Argentina, por ejemplo, tiene en la actualidad un sentido político que desborda el de mero “participante en un piquete”.
Por lo tanto, es incorrecto utilizar “piquete” para referirse a uno de los integrantes del grupo de personas que forman un “piquete”. Lo correcto sería emplear “piquetero”, “miembro de un piquete”, “participante en un piquete”…

lunes, 28 de mayo de 2012

Light (/laɪt/)


Adjetivo ya omnipresente en nuestra habla, no toma los significados “claro” o “rubio”, sino aquellos referidos a las comidas, bebidas, tabaco, etc.: “de bajo contenido en alcohol”, “bajo en calorías” (normalmente “diet” /'daɪət/, no “light”, en inglés, de donde viene la descacharrante traducción “soda dietética” —“refresco sin azúcar”—) o “de bajo contenido en nicotina o alquitrán”. Además de estos significados (‘con menos calorías de las habituales’, ‘portador de menos elementos nocivos’), en España hemos pergeñado otro más en sentido figurado, recogido en el DRAE como ‘que ha perdido gran parte de sus caracteres esenciales’ (por ejemplo, “un comunista ‘light’”), casos en los que el anglicismo puede sustituirse por “ligero”, “liviano”, “leve”, “suave”, “frívolo”, “superficial” e incluso “descafeinado”.

Lifting (/lɪftɪɳ/)


Adopción, por parte del castellano de uso, de un término inglés ya de por sí incorrecto, puesto que significa “alzamiento” o “levantamiento”, cuando de lo que se trata es de un “estiramiento” (de piel con fines estéticos). Más exactitud alcanza el francés con sus “lissage” /lisaƷ/ (“alisado”) y “remodelage” /rəmƆdəlaƷ/ (“remodelación”). Si se quieren evitar los términos científicos “ritidectomía” o “ritidoplastia”, lo más acertado sería utilizar, por ejemplo, “estiramiento de piel” o “estiramiento facial”.
También se utilizan otros calcos similares como “facelift” /'feɪslɪft/ (“renovación”, “estiramiento [facial]”, “reforma [superficial]”, “modernización [ligera]”, “remozamiento”) o “restyling” (“reforma”, “remodelación”), también empleados en la industria automovilística para referirse a la “actualización”, “mejoras, cambios o retoques estéticos”, y copiados en un sinnúmero de otros usos con el sentido de “renovación”, “puesta al día”, “modernización” o “lavado de cara” (por ejemplo, «Inditex le hace un “lifting” a Stradivarius» en lugar de «Inditex “renueva la imagen” de Stradivarius»).

Liftar


Calco del francés “lifter” (/lifte/), que a su vez es una adaptación del inglés “to lift” /lɪft/ (“levantar”) para referirse, en el mundo del tenis, a la acción de golpear la pelota en diagonal, de abajo arriba, para que coja efecto y gire (lo que, también en la jerga del tenis, se denomina “topspin”).

viernes, 25 de mayo de 2012

Articulado


En este falso amigo inventado por D. Pedro Rodríguez, corresponsal de ABC en Washington, en su reportaje del 7 de noviembre de 2010 titulado “A la espera del primer presidente hispano de EE. UU.”, se juntan dos problemas (bastante comunes, por cierto, en ABC en general): primero, cuando en vez de escribir algo original se copia de otra fuente, y segundo, cuando además de copiarlo se pasa al español directamente con algún tipo de traductor automático.
En esta ocasión, al encontrarse con el adjetivo inglés “articulate” /ɑ:'tɪkjʊlɪt/ (“elocuente”, “claro”), se utiliza directamente el castellano “articulado” (‘que tiene articulaciones’), consiguiendo rozar el absurdo con la frase «Carismático, casado y con cuatro hijos, “articulado” y con impecables credenciales conservadoras».

jueves, 24 de mayo de 2012

Para entenderse en distinos países latinoamericanos

 

Unos 400 millones de personas hablan español como primera lengua en el mundo. la segunda lengua más hablada del mundo por el número de personas que la tienen como lengua materna, tras el chino mandarín. Pero ¿qué español? ¿Podemos comprender y hacernos comprender perfectamente en Sevilla, Maracaibo, Neuquén o Oaxaca?
A pesar de lo que se piensa desde fuera, Latinoamérica es muy diversa y no habla un mismo español. Distintas raíces, desarrollos históricos, políticas educativas, herencias, hacen que cada país tenga sus formas coloquiales particulares. Parecidos, pero no iguales. En ocasiones estas formas son compartidas por un cierto grupo de países, en una región, o todo lo contrario. En países extensos, ciudadanos de distinos puntos pueden necesitar una explicación para ciertas palabras, aún hablando todos el “castellano“ que se habla en América.
Y no hay que rascar mucho para encontrar diferencias, aunque éstas no levanten verdaderas barreras de comunicación. Todo lo contrario. Son muestras de la versatilidad, la energía y capacidad de adaptación que tiene una lengua tan viva como el español.
Encuentro esta simpática infografía que nos ayudará cuando viajemos por distintos paises latinoamericanos con algunas palabras y frases coloquiales que tienen diversas formas en un país o en otro. En este caso se comparan las mismas palabras dichas en España, Argentina, México, Chile y Venezuela.

lunes, 21 de mayo de 2012

Favoritismo


El empleo de la palabra “favoritismo” no es adecuado para referirse a la condición o al hecho de ser “favorito” (‘aquel a quien se estima con preferencia’). “Favoritismo” alude a la ‘preferencia dada al favor sobre el mérito o la equidad’, es decir, al trato de favor que se da a alguien en perjuicio de otros con iguales o mayores méritos para conseguir aquello de que se trate.
Sin embargo, desde hace algunos años se está empleando este sustantivo, sobre todo en informaciones deportivas, con un sentido que no le corresponde. Por ejemplo, al referirse a la Eurocopa 2008, algunos medios publicaron titulares como «Portugal y Turquía ponen a prueba su “favoritismo” en el grupo», «Croacia, Polonia y Austria, a romper el “favoritismo” de Alemania» o «Portugal derrota a Turquía y confirma su “favoritismo” para esta Eurocopa». Asimismo, en las informaciones sobre las elecciones presidenciales francesas de 2012 se ha empleado el sustantivo “favoritismo” para referirse a la ventaja en la intención de voto de un candidato respecto a otro: «Sarkozy redujo dos puntos su distancia de “favoritismo” con respecto al socialista Hollande», «Hollande afirma su “favoritismo” tras el debate con Sarkozy», «El “favoritismo” del candidato François Hollande complica la reelección del actual presidente».
Estos usos de “favoritismo” son claros calcos del inglés, idioma en el que “favoritism” (/'feɪvərɪtɪzəm/) sí que significa ‘condición o hecho de ser favorito’.
Los ejemplos habrían ganado en propiedad si se hubieran redactado de otra manera: «Portugal y Turquía ponen a prueba su “capacidad para encabezar” el grupo», «Croacia, Polonia y Austria, preparados para romper la “condición de favorita” de Alemania», «Portugal derrota a Turquía y “se confirma como favorita” en esta Eurocopa», «Sarkozy redujo dos puntos su distancia “en intención de voto” con respecto al socialista Hollande», «Hollande afirma su “ventaja” tras el debate con Sarkozy» o «La “condición de favorito” del candidato François Hollande complica la reelección del actual presidente».

jueves, 17 de mayo de 2012

Depleción / depletar / depletado


En español, sobre todo en el campo de (perdón, a nivel de) la medicina, se usan a veces términos como “depletar”, “depletado”, “depleción”, “[agente] depletante” o “deplecionar” (un caso claro del mal denominado por D. Amando de Miguel “afecto por las palabras más largas”, caracterizado no por sustituir a las voces ya conocidas, sino en alargar las ya existentes con nuevas derivaciones; en este caso, si de “depletar” vamos a “depleción”, para formar el verbo ya no hay vuelta atrás posible, sino que hay que seguir siempre hacia delante y crear el verbo “deplecionar”).
Tanto “depleción” (‘disminución de la cantidad de líquidos, especialmente de la sangre contenida en la economía animal o bien acumulada en un órgano’) como “depletar” o “depletado”, pese a provenir del latín “depletio” (‘derramamiento de sangre’), han llegado al castellano desde el inglés “depletion” /dɪ'plɪ:ʃən/ (“reducción”, “disminución”, “agotamiento”), “deplete” /dɪ'plɪ:t/ (“reducir”, “agotar”, “mermar”, “disminuir”) y “depleted” /dɪ'plɪ:tɪd/ (“reducido”, “agotado”, “empobrecido” —referido al uranio—).

miércoles, 16 de mayo de 2012

“Aterrizar”, no “amartizar”

 

En referencia a la llegada a planeta Marte de la nave espacial Phoenix, algunos medios de comunicación optaron por inventarse el verbo “amartizar” y, a partir de ese neologismo, formaron otro término, “amartizaje”, ambos innecesarios.
Se trata de palabras bien formadas en español, es decir, que se ajustan a los recursos de nuestra lengua para crear nuevos términos, pero no por ello dejan de ser innecesarias, ya que para referirnos a esa acción contamos con el verbo “aterrizar” y el sustantivo “aterrizaje”.
“Aterrizar”, referido a aviones, helicópteros, cohetes o cualquier otra nave voladora, significa ‘posarse tras una maniobra de descenso, sobre tierra firme o sobre cualquier pista o superficie que sirva a tal fin’. En esta definición la palabra “tierra” aparece como nombre común, es decir, como equivalente a “superficie” o “suelo”, y no como el nombre propio de nuestro planeta: “Tierra”. No se trata de posarse en el planeta Tierra, sino de hacerlo sobre cualquier pista o superficie, incluidas las de los portaaviones.
Por esa razón, se recomienda que se prefieran el verbo “aterrizar” y el sustantivo “aterrizaje” para hablar de la acción de posarse una nave, sea en Marte, en Júpiter o en cualquier otro planeta.
No obstante lo anterior, y como particularidad, la RAE incorporó en su momento al Diccionario el término “alunizar” (‘dicho de una nave espacial o de un tripulante de ella: posarse en la superficie de la Luna’).

Crítico


Debido a las malas traducciones del inglés “critical” (/'krɪtɪkəl/) en los textos informáticos, hoy en día palabras como “fundamental” o “indispensable” han caído en desuso, viéndonos obligados a sufrir rebuznos como «esta solución proporciona acceso a la información de los servidores Webs y a los datos “críticos” que la empresa archiva en los data warehouses».

Mi DVD no habla español



Todos conocemos los «traductores» disponibles en Internet. Son desternillantes. Usted pone por un lado I’m just pulling your leg y por el otro sale «soy justo tirando de su pierna» en vez de «sólo bromeo».
Claro, una nota nos advierte: «El resultado precisa siempre de corrección. '' [nombre del que patrocina la ciberpágina] no se responsabiliza del texto que se traduce ni de la traducción resultante». Y con razón. Pero esa pequeña nota no la veo en ninguna parte cuando escucho en la pista en «español» de mi DVD que fulano «hace mucho dinero», que le encanta «tener sexo», que «su salud mejoró dramáticamente».
¿Será que mis DVDes son traducidos por máquinas? Una máquina hace una traducción estúpida: no tiene el discernimiento que da el conocer el mundo, es apenas un depósito de lo que los hombres programan en ellas. Sólo así puede entenderse que en un diálogo informal, el escuchar «grandioso», «es correcto» y «casual», me desconcierte sobremanera. Me voy a la pista en inglés: great, that’s right, casual, es decir, en la situación concreta, «estupendo», «así es» e «informal» respectivamente.
Claro que no son máquinas las que traducen los DVDes. Son empresas —muchas— irresponsables a las que nadie les pone el cascabel y que trastocan por completo la vida de la lengua, ya que del DVD la cosa pasa a la vida real: un familiar me dijo recientemente que de haber persistido yo en el ejercicio del Derecho habría «hecho mucho dinero». Repliqué que la única manera posible de hacerlo era trabajando en la Casa de la Moneda. Me miró perplejo.
¿Qué importa si hay empresas que traducen como máquinas? Mucho. Que las lenguas cambien para realizar los ajustes que requieren sus culturas, metabolizando los aportes de las otras, es maravilloso y necesario, pero que por optimizar unos costos de producción una empresa empuje a nuestra lengua hacia un calco de otra, vaciándola del genio del pueblo que la ha forjado, es grave: un comienzo de aculturación que termina en el descampado o la alienación, ambos con eventuales pataleos fundamentalistas.
Borges decía: «Un idioma es una tradición, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de símbolos». Así es: las lenguas inclinan nuestra manera de percibir y sentir. Hablan de aquello que es fundamental para sus culturas —tipos de nieve para los esquimales, instrumentos financieros para los estadounidenses, honoríficos para los japoneses— y lo hacen tiñendo al mundo de emociones muy disímiles —la palabra puente, femenina en alemán, lleva a sus hablantes a sensaciones de belleza y fragilidad, mientras que nosotros pensamos en solidez y robustez—. De allí que invertir esos cables sea jugar con fuego: se corre el riesgo de desfigurar un rostro, de quemar una casa. Por eso, en un mundo de incesantes e intensos intercambios, una traducción de calidad es fundamental. Si es buena nos abrirá, desde nuestros códigos, mundos desconocidos. Si es mala, horadará nuestros códigos y no hará justicia al otro. Cancelará el diálogo.
Y ahora, para evitarme rollos, voy a repasar la última de Almodóvar...

martes, 15 de mayo de 2012

Anticiclones: se instalan, no se instauran

 

Con la llegada del buen tiempo resulta bastante habitual escuchar en las radios y televisiones españolas que el anticiclón se “instaura” en nuestro país, confundiendo de esa manera los verbos “instaurar” e “instalar”.
“Instaurar” es ‘establecer, fundar o instituir’, e “instalar” es ‘poner o colocar en el lugar debido a alguien o algo’.
Es incorrecto, por lo tanto, afirmar que el anticiclón que avanza por el Atlántico se “instaurará” durante algunos días sobre España, puesto que lo que hará será “instalarse”, usado con el significado de ‘colocarse en un sitio y quedarse en él durante algún tiempo’.

Business (/'bɪznɪs/)


Voz inglesa cuyo uso es innecesario en español por existir, con plena vigencia, los equivalentes “negocio” o “actividad comercial”. Es igualmente superfluo el uso de la adaptación gráfica “bisnes”.
En el caso de la expresión “business class”, que se refiere a un tipo de pasaje aéreo, se recomienda traducirla por “clase preferente” o “clase ejecutiva”.

Late-night (/'leɪt'naɪt/)


Término inglés que puede traducirse por “nocturno”, “de sesión de noche”, “de medianoche”, “de noche” o “de trasnoche”, y que suele utilizarse (normalmente acompañado de “show”: “late-night show”) para designar a los programas emitidos en horario nocturno del estilo de los presentados en EE. UU. por David Letterman, Conan O’Brian o Jay Leno, y más tarde importados a nuestro país por Pepe Navarro (Esta noche cruzamos el Mississippi), Javier Sardá (Crónicas marcianas) o, más recientemente, Andreu Buenafuente.

Botánico


La reciente fiebre por los combinados de ginebra con tónica ha traído consigo la aparición en el mercado de decenas de nuevas marcas de ginebra y tónica más, de premio, este neologismo artificial y poco preciso utilizado para describir determinados componentes de las ginebras o las tónicas. La palabra “botánico” funciona en español como adjetivo (“jardín botánico”) o como nombre del oficio de los especialistas en botánica, pero no como equivalente de “producto botánico”.
Así, en informaciones sobre gastronomía y restauración se pueden oír y leer frases como: «Se presentaron mezclas atrevidas con “botánicos” como el lichi, la amapola y la canela de Vietnam» o «La ginebra recién llegada al mercado internacional de bebidas cuenta con una mezcla de doce “botánicos”». Esa forma de utilizar la voz “botánico” es una traducción poco acertada del inglés “botanical” (/bə'tænɪk(əl)/), que sí tiene, entre otros, el significado genérico de ‘hierba, raíz o semilla’ y también el de ‘producto botánico’.
Se trata de un caso parecido al uso de “químico” (‘perteneciente o relativo a la química’; ‘especialista en química’), debido a la traducción errónea del inglés “chemical” (/ˈkɛmɪkəl/), cuando en realidad queremos decir “producto químico” o “sustancia química”.
El uso de “botánico” o “químico” como sustantivo en estos contextos es tan incorrecto como afirmar que un producto es “zoólogo” o “zoológico” por tener componentes de origen animal. En español lo adecuado es hablar de “hierbas aromáticas”, “especias”, “productos botánicos” o “ingredientes vegetales”.

Control


Curioso cómo este galicismo (de “contrôle” /kÕtrol/), ya asentado en nuestra lengua desde hace mucho tiempo, se torna anglicismo merced al lenguaje informático, en el cual al hablar de esa tecla auxiliar en el teclado del ordenador (CTRL) deja de ser aguda y por arte de birlibirloque se convierte en llana como remedo de la pronunciación anglosajona (/kən'trəʊl/).

lunes, 14 de mayo de 2012

Líder, liderar, liderazgo


Calcos de la palabras inglesas “leader” (/'li:də(r)/), “lead” (/liːd/) y “leadership” (/ˈliːdəʃɪp/) —con su variante “leathership”— que muchos prefieren a otras españolas como, respectivamente, “jefe”, “ser jefe de” y “jefatura”; “mando” y “estar al mando”; “dirigente”, “dirigir” y “dirección” o “directiva”; “mandatario” y “mandar” (que no “mandatar”); “orientador” y “orientar”; “cabecilla” e “ir en o a la cabeza de”; “cabeza” y “encabezar”; “capitán” y “capitanear”; “primero” y “ocupar el primer puesto en”; “delantera” y “tomar o llevar la delantera”; “guía” y “guiar”; “conductor” y “conducir”; etc.
También está muy de moda el vocablo “lideresa”, personificado en España en la insaciable Esperanza Aguirre, así como otros aún más rebuscados como liderear, liderizar (aparece en el DRAE como sinónimo de “liderar” utilizado en Venezuela, pero a mí me parecen ganas de complicarse la vida), lideralizar, liderancia, lideración o lideralización.

Leitmotiv (/'laɪtməʊti:f/)


Voz alemana, acuñada por el compositor Richard Wagner, compuesta por “leiten” (guiar, dirigir) y “motiv” (motivo). En música, se refiere al ‘tema característico que se refiere a lo largo de una composición’; en general, indica cualquier ‘asunto central o que se repite’ (literatura, cine, pintura, arquitectura, etc.) Puede sustituirse por las voces españolas “motivo” o “tema”, acompañadas de los adjetivos “conductor”, “central”, “principal” o “recurrente”.

Legitimizar


“Legitimar” significa ‘convertir algo en legítimo’ o ‘probar algo conforme a las leyes’, por lo que debe evitarse la forma “legitimizar”, posible calco del inglés “legitimize” (/lɪˈdʒɪtəmaɪz/).
Del mismo modo, el sustantivo correspondiente es “legitimación” y no “legitimización” (pista para los talibanes del espanglish: en este caso en inglés se dice “legitimation”, luego el origen, del latín “legitĭmus”, es claro).
Además, en ocasiones se confunde inadecuadamente “legitimar” con “legalizar” que es ‘dar carácter legal a algo’, aunque con el significado de ‘certificar la autenticidad de una firma o un documento’ algunos diccionarios recogen el uso de ambos: «El notario deberá legitimar/legalizar las firmas de los contratantes».

“Después de” y “tras” no son lo mismo que “a causa de” o “en”

 

Con excesiva frecuencia se encuentra en los medios un uso equívoco o claramente erróneo de “después de” y de “tras”: «tres heridos “después de” un tiroteo»; «el jugador se lesionó “tras” un choque con el delantero contrario». Nada habría que objetar a estas frases si se hubiese producido el tiroteo y al cabo de un rato tres personas hubieran resultado heridas por otra causa; o si el jugador, después de su encontronazo con el delantero, hubiera seguido jugando y algo más tarde se hubiese, por ejemplo, dislocado una rodilla.
Pero lo que quería decirse en las noticias es que los heridos lo habían sido “a causa del” tiroteo o “durante él” y que la lesión del jugador la había producido el choque o que se había producido “en el momento de” chocar, y para expresar que algo es causa de otra cosa o que se produce simultáneamente a ella no puede emplearse “después de” o “tras”, que no indican causa y expresan siempre posterioridad. Más adecuado, en los ejemplos anteriores, habría sido decir «tres heridos “a causa de” un tiroteo», o «en un tiroteo», y «el jugador se lesionó “en” un choque con el delantero contrario», o «”a causa de” un choque».

viernes, 11 de mayo de 2012

¿Bloquear, blocar o taponar?


Se trata de una confusión bastante común en la prensa deportiva española, además de en muchas películas dedicadas al mundo del baloncesto, e incluso en algunas de otra temática, tal como ocurre en Jack, en la que el “pequeño” Robin Williams es instruído en los entresijos del mencionado deporte por su profesora Jennifer López, quien exclama “¡Tienes que “bloquearle”, Jack!”
Si bien las primeras traducciones que encontramos del verbo “to block” (/blɒk/) son las de “bloquear”, “obstaculizar” y “obstruir”, hay que tener en cuenta la diferencia en el deporte del baloncesto entre un “bloqueo” (acción realizada entre dos jugadores, uno de los cuales utiliza su cuerpo para obstaculizar al defensa de su compañero, quien queda libre y en situación ventajosa para recibir un pase, lanzar a canasta, botar, etc. —“screen” /skrɪ:n/ o “pick” /pɪk/ en inglés—) y un “tapón” (acción en la que un jugador defensivo desvía legalmente el lanzamiento a canasta de un jugador ofensivo del equipo contrario —“block” /blɒk/ en inglés—).
En definitivas cuentas, lo que J-Lo quería decir al pobre Jack es que “taponara” los tiros de sus compañeros de colegio.
Otro caso parecido es el del verbo “blocar” y su sustantivo “blocaje”, típicos de la jerga de deportes como el balonmano, rubgy, fútbol, judo, boxeo, etc. y calcos respectivamente del francés “bloquer” /blƆke/ (“bloquear”, “estorbar”, “atrancar”) y “blocage” /blƆkaƷ/ (“bloqueo”). El DRAE, rindiendo homenaje al balompié y a sus guardametas, define sin demasiada exactitud “blocar” como ‘sujetar el balón con ambas manos protegiéndolo con el cuerpo’ cuando en realidad la connotación no es tanto de “sujetar” o “proteger” como de “parar”, “detener” o “impedir el avance”.

jueves, 10 de mayo de 2012

Consistente


Por influencia de traducciones poco cuidadas del inglés, idioma en el que “to be consistent with” significa “concordar con”, “ser acorde con”, “ser consecuente con”, “estar de acuerdo con” o “ser compatible con”, en algunos medios se emplea con estos sentidos la expresión “ser consistente con”: «Esa teoría “no es consistente con” las leyes de la física», «Un dólar que crece al 7,6 % anual “no es consistente con” la inflación del 25 %».
En español, “consistente” significa ‘que tiene estabilidad, solidez, fundamento o duración’, pero para expresar los sentidos señalados existen numerosas alternativas: “ser acorde con”, “estar de acuerdo con”, “ser congruente con”, “ser consecuente con”, “ser compatible con”… Para indicar que existe conformidad entre dos cosas, puede decirse que la primera es acorde con la segunda, pero no que es “consistente” con ella.
Algo parecido ocurre con el adjetivo “consistent” /kən'sɪstənt/ (“consecuente”, “pertinaz”, “tenaz”), que en muchas ocasiones se traduce de manera incorrecta por “consistente” con el sentido de “constante”, especialmente en informaciones procedentes de países anglosajones, como en «El dirigente conservador es el más “consistente” opositor de la ley de extranjería».
En español, el adjetivo “consistente” es la condición de ‘estabilidad, solidez o fundamento de algo’. Por el contrario, “constante” se refiere a ‘alguien que tiene constancia’, a ‘lo que persiste o que dura’, a ‘lo que se repite continuamente’.

Desarrollar


La irresistible atracción generada por el verbo inglés “to develop” /dɪ'veləp/ (no solo “desarrollar(se)”, sino también “crear”, “idear”, “fomentar”, “crecer”, “aumentar”, “progresar”, “perfeccionar(se)”, “elaborar”, “contraer [una enfermedad]”, “mostrar”, “urbanizar”, “ampliar”, “revelar”, “producirse”, “darse”, “surgir” o “aparecer”) provoca que “desarrollar” se convierta en un comodín del que se abusa cada vez más en contextos en los que otros verbos son más adecuados. Por ejemplo, las conferencias se “dan” o se “pronuncian”, las reuniones se “celebran” o “tienen lugar”, los encuentros se “producen” o se “llevan a cabo”, etc.
No tardaremos en ver cómo “desarrollo” termina sustituyendo a “urbanización”, como calco mostrenco de esta acepción del inglés “development” (/dɪ'veləpmənt/).

miércoles, 9 de mayo de 2012

Fumet


Del francés “fumet” /fymƐ/ (“olor”, “sabor”, “fondo de pescado”), se trata de una elaboración culinaria consistente en un caldo de pescado concentrado que se obtiene tras la cocción de espinas y otros restos de pescado junto con mirepoix y hierbas y que sirve como ayuda de cocina para aromatizar y dar sabor a los platos.

martes, 8 de mayo de 2012

Leggings


Hasta hace poco, las niñas en invierno solían llevar “leotardos” de lana; los deportistas, gimnastas, bailarines, etc. “mallas” elásticas (que no “mayas”, por favor) y los montañeros “polainas” (que suelen ir de los tobillos a las rodillas), que son tres de los significados de la palabra “leggings” (/'legɪɳz/), si bien con los matices que nos explica OMA en su comentario relativo al término “leotardo”, cuyo curioso origen es una prenda de gimnasio de una pieza de cuerpo entero (no sólo para las piernas) popularizada por el acróbata y equilibrista francés del siglo XIX Jules Léotard; paradójicamente, la palabra se extendió más al inglés “leotard” (/ˈlɪətɑːd/) que al francés, lengua en la que utilizan los vocablos “collant, e” (/kƆlã, ãt/) o “justaucorps” (/ƷystokƆr/). Más adelante, como es habitual, en español adoptamos el significado inglés y obviamos su origen etimológico.
Hoy, debido a los dictados de la moda, la palabra “leotardo” ha sido condenada al ostracismo: curiosamente, pese a tratarse de la misma prenda de vestir (salvo por el hecho de que los “leotardos” suelen cubrir los pies y los “leggings” habitualmente no), del conceptos similares expresados en dos lenguas diferentes, llevar “leggings” es cool, mientras que llevar “leotardos” no lo es en absoluto. Por poner como ejemplo otro artículo de moda, es como si dijéramos “bailarinas” o “ballerinas” según su marca, precio o el establecimiento donde hubiéramos adquirido dicho calzado; es decir, como si dejáramos el castellano para lo más zafio y utilizáramos el inglés para lo más chic. Lo irónico es que, a quienes intentar parecer más sofisticados y elegantes utilizando esta palabra, termina viéndoseles el plumero de su ignorancia, ya que escriben “leggins” y pronuncian “lenins” (y no recuerdo que Vladimir Ilich acostumbrara a llevar esa prenda de vestir).
Eso sí, lo último de lo último no son ni los jeans ni los “leggings”, sino los “jeggings”, es decir, una mezcla entre leotardos y pantalones vaqueros (o, para que me entiendan los fashion victims, unos leggings de denim), cuyo nombre ha perdido una ge al cruzar el Atlántico para pasar a denominarse “jeggins” y convertirse en el must de la temporada verano 2011.

Lectura


¡Mucho cuidado con este falso amigo! Cada vez veo más casos en los que se utiliza “lectura” no con el significado castellano (‘disertación, exposición o discurso sobre un tema sorteado en oposiciones o previamente determinado’, ‘exposición ante un tribunal de un ejercicio redactado o escrito previamente’), sino con el del vocablo inglés “lecture” /'lektʃə(r)/ (“clase”, “conferencia”, “charla”, “sermón”) y, sinceramente, con todos los términos disponibles en nuestra lengua, no veo la razón para causar desconcierto y confusión haciendo traducciones erróneas.

Leasing (/ˈliːsɪŋ/)


Se trata del verbo inglés “to lease” /lɪ:s/ (“arrendar”, “tomar en arriendo”, “alquilar”, “dar en arriendo”), cuyo sustantivo también es “lease” (“contrato de arrendamiento”). Sin embargo, la terminación en “-ing” es muy popular entre los amantes del espanglish (incluso se crean empresas —“vueling”— con este recurso), que utilizan el término “leasing” para referirse al ‘arrendamiento o alquiler con opción de compra del objeto arrendado’ (el arrendador traspasa el derecho a usar un bien, generalmente de bienes de equipo, a cambio del pago de rentas de arrendamiento durante un plazo determinado, al término del cual el arrendatario tiene la opción de comprar el bien arrendado pagando un precio determinado, devolverlo o renovar el contrato).
Algo parecido ocurre con “renting” /ˈrentɪŋ/ (‘alquiler de un bien a una empresa por parte de una entidad financiera que es la propietaria del bien’, de acuerdo con el Diccionario de términos económicos, financieros y comerciales, de Alcaraz Varó y Hughes), puesto que “rent” (/rent/) es sinónimo de “lease”.

lunes, 7 de mayo de 2012

Cancán


Adaptación gráfica de la voz francesa “cancan” /kãkã/ (“cotilleo”, “cancán”), que designa una ‘danza frívola y muy movida en la que se levantan las piernas hasta la altura de la cabeza, típica de coristas y originada en París en el siglo XIX’, así como ‘la enagua con volantes almidonados para ahuecar la falda’. Se escribe en una sola palabra; no es válida la grafía en dos palabras (“can can”) o con guion intermedio (“can-can”).

Applet (/'æplət/)


Término informático que designa la ‘aplicación escrita en lenguaje de programación Java, que está integrada en una página de Internet y se ejecuta en el navegador del usuario’. Ejemplos de “applets” (que muchos denominan “aplis” o “programillas”) son las animaciones Flash o Media Player, que se diferencian de un programa en que no pueden ejecutarse de manera independiente.

viernes, 4 de mayo de 2012

Clipping (/'klɪpɪɳ/)


Vocablo inglés que significa “recorte de prensa” y que en España se utiliza para designar el proceso de ‘recopilación de noticias’, actividad llevada a cabo cada vez por un número mayor de empresas, tanto como herramienta de comunicación interna como para analizar los diversos artículos de prensa en los que hayan sido mencionadas.

Freegan (/'frɪ:ɡən/)


Término que resulta de la contracción de “free” /frɪ:/ (“gratis”, “libre”, “desocupado”) y “vegan” /'vi:ɡən/ (“vegetariano estricto”) y designa un estilo de vida anticonsumista que consiste en el empleo de estrategias alternativas para vivir, basadas en una participación limitada en la economía convencional y en un mínimo consumo de recursos, recuperando los alimentos desechados en los contenedores de basura de supermercados y restaurantes (por razones políticas, más que por necesidad). Nació a mediados de los noventa junto a los movimientos antiglobalización y ecologistas, y aboga por la vida en comunidad, la generosidad, la conciencia social, la libertad, la cooperación y la solidaridad, en oposición a la sociedad basada en el materialismo, la apatía social, la competición, la conformidad y la codicia.

Fiscal


El adjetivo fiscal /'fɪskəl/ (“fiscal”, “monetario”) tiene en inglés un doble sentido que puede dar lugar a cierta confusión cuando se traduce al español. Por un lado alude a lo ‘relativo a aspectos tributarios o impositivos’, pero por otro a la ‘relación entre ingresos y gastos públicos’, es decir, a la política presupuestaria de un país, que en inglés se denomina “fiscal policy”.
Por tanto, la expresión “pacto fiscal”, traducción habitual en los medios y diversas instituciones de “fiscal compact” (pacto que se abordó en la cumbre del 30 de enero de 2012 como parte del nuevo Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria) puede resultar ambigua en español, por lo que sería mejor traducirla por “pacto presupuestario”, dado que se refiere al control presupuestario de las Haciendas públicas.
El propio servicio de terminología del Consejo de la UE recomienda traducir el adjetivo inglés “fiscal” por “presupuestario”, “de la Hacienda pública” o “de las finanzas públicas”, y restringir el uso de los adjetivos españoles “fiscal”, “impositivo”, “tributario” y “contributivo” para traducir el término inglés “tax” (/tæks/).
Así, el anglicismo “tax lease”, empleado especialmente en el sector naval en relación con el arrendamiento financiero de buques, de traduciría por “bonificaciones fiscales” o “ayudas fiscales”.

jueves, 3 de mayo de 2012

Caucásico / Caucasiano


El término “caucásico” alude a la raza blanca, por lo que no debe usarse como gentilicio para el Cáucaso, para lo que es preferible “caucasiano”, aunque también se admite “caucáseo”. De todos modos, incluso en el caso del adjetivo “caucásico”, en nuestro contexto cultural siempre es preferible decir simplemente “blanco”, puesto que se trata de un uso calcado del que le dan en inglés, lengua en la que utilizan “Caucasian” (/kɔ:'keɪzjən/) para referirse tanto a la raza como al gentilicio.

Dobliu, tres / Dobliu dobliu dobliu


Pronunciación híbrida de inglés y español, a partir de la expresión “doble u” (calco del inglés “double u”), para hablar de la “world wide web” o “www”, que en realidad se pronunciaría /'dʌbəljʊ:/, es decir, el sonido vocálico /ʌ/ en la primera sílaba, más cercano a la a que a la o, y otro sonido vocálico (/ə/) entre la be y la ele, que se olvidan estas lumbreras.
También existe la versión “wa wa wa”, no pronunciada según el castellano (/b/) ni según el inglés (/w/, similar al sonido inicial de “huevo”), sino según le venga a cada cual en gana, en este caso con la fonética /hw/ (/w/ con la aspiración de la /h/), es decir, como “whale” (“ballena”) /hweɪl/ en vez de como “wail” (“llanto”, “lamento”) /weɪl/.

miércoles, 2 de mayo de 2012

App


Abreviatura de “appendix” /ə'pendɪks/ (“apéndice”) y de “application” /æplɪ'keɪʃən/ (tanto “solicitud” como “aplicación”), aunque hoy en día su uso más habitual se refiere a las aplicaciones informáticas creadas especialmente para teléfonos móviles. Los más enterados las llaman, familiarmente, “applies”.

Enqueuar


Impronunciable burrada inventada por alguna lumbrera a partir del verbo inglés “to queue” /kjʊ:/ (“hacer cola”), también con la extraña variante “poner en el ‘queue’”, derivada de “to enqueue”, verbo aparecido con los reproductores musicales de ordenador y que podría traducirse por “añadir a la lista de reproducción” o “colocar en lista de espera”.

Drugstore (/'drʌgstɔ:(r)/)


En EE. UU. es un tipo de farmacia donde también pueden comprarse periódicos, dulces, cosméticos y prensa (al fin y al cabo, la palabra está compuesta de “drug” /drʌg/ —“fármaco”, “medicamento”, “droga”, “estupefaciente”— y “store” /stɔ:(r)/ —“tienda”, “almacén”, “depósito”—).
Sin embargo, el diccionario Clave lo define como ‘establecimiento comercial en el que se venden muy diversos productos, que tiene cafetería o restaurante y que suele estar abierto las veinticuatro horas del día’ y asegura que también se le puede denominar simplemente “drug”. Viendo esta definición, es evidente que nos encontramos con otro caso más (entre cientos) en los que tomamos un vocablo inglés y cambiamos su significado a nuestro antojo para amoldarlo a lo que a nosotros nos parece que es o debería ser. Parece ser que algún indocumentado decidió en algún momento que los establecimientos tipo “7-Eleven” eran “drugstores”, cuando en realidad son tiendas de comestibles y prensa que abren las veinticuatro horas del día. Como la pedantería en este país tira mucho, al final ha llegado hasta los diccionarios.