lunes, 25 de junio de 2012

Lip dub (/lɪpdʌb/)

 

También escrito “lipdub” (e incluso “lib-dub”), palabra compuesta por “lip” /lɪp/ (“labio”) y “dub” /dʌb/ (“doblar”), se trata de la antepenúltima moda surgida en Internet, en este caso consistente en la grabación de un video musical, normalmente en plano secuencia (una sola toma), por un grupo de personas que sincronizan sus labios, gestos y movimientos con una canción popular o cualquier otra fuente musical.

Link (/lɪɳk/)

 

Este argumento es asaz repetitivo pero, ¿por qué, entre todos los significados de “link” (“eslabón”, “lazo”, “relación”, “conexión”, “[hiper]vínculo”, “[hiper]enlace”, etc.), seguimos utilizando la mayoría en castellano, salvo los dos o tres últimos, que los hemos cambiado por el inglés? ¿Tan grande es la influencia de Internet, que nos embrutece y nos hace olvidarnos de nuestra propia lengua? Si al menos eso se tradujera en un mayor dominio de otros idiomas, habría que sopesar tal ventaja junto a la desventaja de la destrucción del castellano, pero es evidente que no es el caso. Es decir, que no aprendemos otras lenguas y, de remate, cada vez hablamos peor la nuestra (véase como muestra el “cacao mental” que tiene Nayara Malnero, que en este vídeo habla de «“links” a “hipervínculos”»).
También hay quien lo convierte en un extraño verbo (“linkear”) o, como escribe en el comentario de esta entrada —perdón, post— el autor de dos diarios —perdón, blogs— denominados “Despiertate!” (sic) y “Despiertate! OK” (sic), “linkar”, lo que supone no solo un anglicismo estúpido, sino un desconocimiento total de las reglas de formación de verbos en castellano (lo que me imagino que a este individuo le importará un pimiento pero, como a mí no, pues me dedico a despotricar).
En México y otros países americanos también utilizan el sustantivo “liga” y el verbo “ligar” (‘unir o enlazar’), siempre preferibles a engendros impronunciables (pero con infinididad de casos) como “linquar”.
Y últimamente, para hacer más aún el ridículo, también se ha puesto de moda el término “tag” /tæg/ (“etiqueta”), que ni siquiera viene a cuento.
Este anglicismo se emplea también, normalmente en la forma plural “links”, para designar el ‘campo en el que se practica el golf’. Debe sustituirse por las expresiones españolas “campo” o “cancha (de golf)”.

Línea caliente

 

Esta traducción directa del inglés “hot line” (/hɒtlaɪn/), incluida en el DRAE como ‘servicio, generalmente telefónico, de atención directa a reclamaciones, opiniones, preguntas o problemas concretos’, supone una de las mayores meteduras de pata del espanglish, puesto que en determinados lugares las connotaciones del término son las de una línea telefónica erótica para adultos, aunque el origen del término es el del teléfono directo entre la Casa Blanca y el Kremlin durante la guerra fría (“teléfono rojo”) y, en telecomunicaciones, una “línea caliente” es un ‘enlace de comunicaciones punto a punto en el cual una llamada es automáticamente producida, sin ninguna acción adicional, una vez activado el aparato de comunicación’ (por ejemplo, simplemente con descolgar el teléfono); un claro ejemplo de esto serían los “teléfonos de urgencias” apostados en algunas carreteras o túneles. De todos modos, en castellano disponemos de expresiones como “servicio telefónico de urgencia”, “teléfono de información”, “línea de emergencia”, “línea directa” o “teléfono de atención al cliente”, entre muchas otras, por lo que no veo necesario tener que recurrir al inglés ni a ningún calco.

viernes, 22 de junio de 2012

“Onomástica” no es sinónimo de “cumpleaños”


 

En vísperas del septuagésimo aniversario del nacimiento de la reina de España, aparecieron titulares como «La reina ha hecho unas declaraciones con motivo de su “onomástica”», cuando lo que debería haberse escrito es “cumpleaños”.
El sustantivo “onomástica”, emparentado con la voz griega “onoma”, que significa “nombre”, se utiliza en España para referirse al ‘día en el que una persona celebra su santo’ (en América, con este mismo sentido, se usa más la forma masculina, “onomástico”). Pero no quiere decir ‘aniversario del nacimiento de alguien’, para lo que se emplea la palabra “cumpleaños”.
Esta confusión entre “onomástica” y “cumpleaños”, más frecuente en España que en América, se extiende a veces al sustantivo “aniversario”: «Triste “onomástica”: 62 años de la bomba nuclear de Hiroshima», «ETA también quiso participar en la “onomástica” de la Constitución».

Kissing room

 

Literalmente “habitación de los besos”, se trata de la “sala de encuentros”, el lugar donde, después de un desfile de moda, se reúnen el diseñador y todo su equipo (perdón, troupe) para celebrar el éxito (o no) de la nueva colección, y donde reciben asimismo la visita y felicitaciones de las diversas celebridades que hayan acudido a ver el espectáculo (o a dejarse ver).

Fuera de orden

 

Es perfectamente posible traducir la expresión inglesa “out of order” (/aʊtəv'ɔ:də(r)/) por “fuera de orden”, siempre que estemos hablando de sinónimos de “desordenado” o “desorganizado”.
Sin embargo, son muchísimo más comunes las situaciones en las que realmente nos estamos refiriendo a otras traducciones como “averiado”, “no funciona”, “fuera de servicio” (neologismo por contacto o contagio, aunque ya asentado) e incluso “descompuesto” (Argentina); tan comunes como las malas traducciones, sobre todo en el (perdón, a nivel del) lenguaje científico o técnico, donde nos encontramos joyitas como “En los procesadores que ejecutan las instrucciones “fuera de orden”, el hardware es capaz de, dinámicamente, detectar qué instrucciones posteriores a las que tienen problemas no dependen de éstas y entonces, las ejecutan antes que las anteriores” o “la desventaja es que el hardware necesario para implementar esta política de ejecución “fuera de orden”, junto con otros mecanismos asociados para detectar y eliminar las dependencias no verdaderas entre instrucciones, es realmente caro y complejo y parece poco escalable en el sentido de que esta complejidad va en contra de las tecnologías futuras” (el arte de traducir para que se entienda menos aún que en una lengua desconocida).

miércoles, 20 de junio de 2012

“A medida que” y “en la medida en que”


 

En los informativos de radio y televisión es habitual la confusión entre las expresiones “a medida que” y “en la medida en que”.
La expresión “a medida que” es temporal y significa ‘al paso que’, ‘según’, ‘al mismo tiempo que’, ‘a la vez que’, y expresa una progresión paralela de dos acciones: «“A medida” que pase el tiempo irá remitiendo la crisis financiera».
La expresión “en la medida en que” es condicional y significa ‘en el grado en que’, ‘en la intensidad en que’, y tiene un sentido condicional que nos muestra una relación de dependencia o condicionamiento entre dos oraciones: «El Gobierno ayudará a las empresas de transporte “en la medida en que” se cotice el barril de petróleo»; «Las ayudas serán eficaces “en la medida en que” las cuantías sean las adecuadas».
También es válida la forma “en la medida que”: «Argentina será católica “en la medida que” sus habitantes acepten el Evangelio». Sin embargo, son incorrectas las variables “a medida de que” y “en la medida de que” porque se produce dequeísmo.
No son correctos los siguientes usos de “en la medida en que”: «Cualquier información que tenga relación con los hechos se conocerá “en la medida en que” avance la labor investigativa»; «Solo un tres por ciento del electorado británico pertenece a uno u otro partido político. Este volumen se reduce lógicamente “en la medida en que” se asciende hasta la cúpula del poder». En esos ejemplos debió emplearse la expresión “a medida que”.

martes, 19 de junio de 2012

“Tras” indica posterioridad, no simultaneidad



La preposición “tras” siempre implica posterioridad, ya sea en el espacio o en el tiempo, como en «”tras” la puerta está la escoba» o «”tras” la tempestad viene la calma»: es decir, después de una cosa está o sucede otra.
Sin embargo, en algunos medios se emplea impropiamente con un sentido de simultaneidad, como cuando se dice «el motorista sufrió diversas heridas “tras” chocar con un poste», pese a que las heridas se produjeran en el momento del accidente, no después.
Lo adecuado en este caso habría sido decir que el motorista sufrió lesiones «”al” chocar contra un poste», «”a causa del” choque contra un poste» u otra construcción parecida.

lunes, 18 de junio de 2012

Limusina

 

Calco del francés “limousin(e)” /limuzƐ˜, in/ (‘carruaje antiguo cerrado en la parte de los asientos traseros y abierto en la del conductor’), denominado así por ser originario de la provincia del Lemosin (con capital en Limoges). Por extensión, hoy en día también se denomina así al ‘automóvil lujoso de gran tamaño’. Como influencia del inglés estadounidense, también se las denomina “limos”, que es la abreviatura que utilizan en el imperio para referirse a este ostentoso vehículo. En el español americano se usa también, aunque menos que “limusina”, la variante “limosina”. Debe evitarse la forma híbrida “limousina”, que no es ni francesa ni española.

Liquear

 

Feo, feo, feo este calco del inglés “leak” /lɪ:k/ para sustituir innecesariamente a verbos castellanos tan terriblemente difíciles de recordar y pronunciar como “gotear”, “dejar pasar el agua”, “filtrar(se)”, “hacer agua”, “calar” o “escaparse”. Así, tenemos expresiones tan espantosas como “liquear el rufo” (tener goteras en el tejado).

viernes, 15 de junio de 2012

“Hidrológico”, “hídrico” e “hidráulico”


 

Los términos “hidrológico”, “hídrico” e “hidráulico” no deben confundirse, pues cada uno de ellos tiene un significado propio y específico.
Se debe hablar de “recursos hídricos” cuando se trata de las ‘reservas de agua con las que cuenta una región, una ciudad o un país’, y no de “recursos hidráulicos” o “recursos hidrológicos”.
Por otra parte, lo correcto es emplear la forma “plan hidrológico” para referirse a los ‘usos, distribución, circulación del agua en una cuenca hidráulica o en el conjunto del territorio’.
“Hidrológico” hace referencia a lo que estudia la ‘distribución del agua en la Tierra’, “hídrico” a lo ‘relacionado con el agua’, e “hidráulico” a lo que estudia el ‘equilibrio y el movimiento del agua’.
El DRAE indica que “hidrológico” es lo ‘perteneciente o relativo a la hidrología’, e “hidrología” es a su vez la ‘parte de las ciencias naturales que trata de las aguas’. De acuerdo con este diccionario, “hídrico” es lo ‘perteneciente o relativo al agua’, e “hidráulico” lo ‘perteneciente o relativo a la hidráulica’ o lo ‘que se mueve por medio del agua o de otro fluido’, mientras que “hidráulica” es la ‘parte de la mecánica que estudia el equilibrio y movimiento de los fluidos’, o el ‘arte de conducir, contener, elevar y aprovechar las aguas’.

martes, 12 de junio de 2012

Sobre ayes y puajs


 

Recuerdo la sorpresa y desazón que me causó leer, en mi adolescencia, algunas actas de interrogatorios de la Inquisición española. En estos era preceptivo relatar al reo de antemano los suplicios a los que iba a ser sometido, algo que ya era una tortura en sí.

Durante todo el proceso, un escribano tomaba nota de lo que ocurría casi al pie de la letra:

...y decía ayes y profería gritos, nada sé ay nada, más ayes...

Esa tosca brusquedad del texto, la narración entrecortada por los gritos del reo se metía en mi cabeza a pesar de que nos distanciaban más de trescientos años. Esos ayes casi lograban hacerme oír aquel grito. Una onomatopeya evocativa. Me paré a pensar en los recursos con que cuenta el idioma para conmovernos... sin necesidad de efectos especiales.

Cada idioma tiene sus onomatopeyas, y como estas están estrechamente relacionadas con nuestra forma de oír y transcribir los sonidos, son tan vernáculas como la propia lengua.

Encuentro cada vez con más frecuencia onomatopeyas mal traducidas (o sin traducir) en las traducciones de películas españolas e incluso en libros. Este problema es especialmente preocupante cuando se trata de libros infantiles, destinados a enseñar vocabulario a los infantes.

Aunque los perros ingleses ladren con woof, los nuestros ladran con guau. Nuestra expresión de sorpresa o descuido es ¡uy! y no ¡oops!; nuestros gallos dicen quiquiriquí y no un críptico cock a-doodle doo. Expresamos nuestro asco con un sonoro ¡puaj! o ¡aj!, pero no con yuk! Y si algo parece apetitoso decimos ñam ñam, pero no yummy.

Hace poco vi unos dibujos animados en los que ninguna onomatopeya había sido traducida; incuria no solo del traductor sino de todas las personas implicadas en el proceso de doblaje: desde el director hasta los actores. En ella unos niños expresaban su alegría al grito de ¡yija! (del inglés, yeeha) o hurra (expresión conocida, pero de poco uso en nuestro idioma). Asimismo, gritaban ¡sí! (traducción literal de yes!) cuando se conseguían algo provechoso, en lugar de ¡bien! o ¡guay! o ¡chévere! o cualquier otra expresión coloquial hispanoamericana. En aquellos dibujos, los relojes hacían tic toc en lugar de tic tac y, cuando aquellos niños jugaban, cantaban, tropezaban o se alborotaban, no se oían expresiones tan sonoras como pum, plaf, pumba, tralará, gluglú, buf, pataplaf, hala, dale... sino otras ajenas a nuestros niños.

Ay, cómo le duelen a uno estas cosas.