domingo, 30 de septiembre de 2012

«Esto fue así toda la vida» y otros tópicos


Vengo de un foro de traductores excelente en el que un colega acaba de llamarme purista por enésima vez. Y digo enésima porque han sido muchas aunque esta no será la última... y de la primera, ni me acuerdo. El adjetivopurista es uno de esos vocablos otrora descriptivos, pero que repetidos ad náuseam por boca o pluma de algunos acaban desvirtuándose y convirtiéndose en una suerte de arma arrojadiza. Igual suerte han corrido otros como radicalnacionalistaespañolliberaltradicionalfuncionario,folclórico..., que lo mismo significan una cosa que su antónima, aunque esto ya es harina de otro costal.
Me llamaba purista, decía, porque yo le recordé que la labor de los traductores es traducir, oficio a veces desagradecido y que consiste en parar los goles en un equipo llamado Los Hispanohablantes. Y que no consiste en ser portero suplente sino en estar en el campo sudando la camiseta y procurándole victorias a nuestro equipo, no metiendo goles sino parándolos.
Aducía mi colega de equipo unos argumentos ya trillados. Decía que como en este partido amistoso el equipo contrario (The English Gang) tenía a cien jugadores en el campo, era en vano resistirse. «Además, lo que la hinchada quiere es goles, aunque sea en propia meta», decía. O algo así.
Y luego salpimentaba su argumento con esas frases lapidarias del tipo «no se puede luchar contra la corriente» o una mejor: «la gente habla como le da la gana y no como queramos nosotros».
Pero se confunde: la gente de la calle no habla como le da la gana. Eso es una gran superchería. La gente de la calle —lamentablemente para lo malo y afortunadamente para lo bueno— habla imitando a periodistas, traductores, redactores, políticos, artistas...
Si un politicastro de mollera esponjosa dice «ciudadanos y ciudadanas»; si el megáfono de una estación de trenes dice que «el tren efectuará su entrada» (es decir, que entrará); si un periodista dice que los motoristas están en la guarmap (warm-up, ‘vuelta de calentamiento’) o si un traductor dice que «el reloj de muñeca tiene un display luminoso» (pantalla), es una solemne tontería decir que esos términos se introdujeron en nuestro idioma con la naturalidad con que otrora lo hicieron los arabismos, galicismos y demás, y que el idioma es una lengua viva, y que el hablante tiene derecho a decir lo que le dé la gana (algo que es cierto) y topicazo tras topicazo... No, señores, no se introdujeron en la lengua, fueroncalzados con palanca por personas con nombre y apellidos. Por personas que, a diferencia de gran parte del público, sí que saben qué significan esas palabras en el otro idioma, por personas que saben decir esas expresiones correctamente, pero no lo hacen, bien por negligencia o bien por afectación.
Los que trabajamos con la cultura y para ella no debemos lanzar pelotas fuera y justificar nuestra dejadez y laxitud con aquello de que el pueblo nos apoya; eso es populismo.
Nuestra obligación es crear textos, información, opinión, arte y cultura en un español correcto para esa mayoría silenciosa de hispanohablantes que no sabe idiomas y que confía en nosotros para hacerlo bien. El gran círculo vicioso aparece cuando nosotros —los que tenemos ascendiente sobre los hablantes— incurrimos en errores, y aquellos, que nos presuponen un mayor conocimiento, nos imitan tomándolos por buenos.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Esprit de corps (/ƐspridekƆr/)


Locución francesa que suele utilizarse para expresar la “conciencia de grupo” o el “espíritu de grupo”, la identificación de diversas personas con unos fines comunes que intentan alcanzar sumando las fuerzas individuales para actuar como si fueran un solo cuerpo.

Por qué lo llaman "cookie" cuando quieren decir galleta



Please, ya que vas a Starbucks te doy cash y me traes una cookie de chocolate y un Chai Tea Latte que tengo que mandar unos e-mails urgentes y escribir unos tuits antes de que empiece el shooting”. Si mi abuela levantase la cabeza y oyese esta frase tan común hoy en día, nos daría una colleja. Pero lo que es aún peor es que, además de la mía, la abuela de Brighton tampoco sabría de qué estamos hablando. Nos (in)comunicamos en unspanglish que no es correcto ni en un idioma ni en otro y del que los medios de comunicación tienen gran parte de culpa (por supuesto, incluido smoda.es).
“He llegado a leer en una revista una frase con 12 palabras y 4 de ellas en inglés que tienen además su correspondencia en castellano”, nos cuenta Urbano Hidalgo, Jefe de Edición y Cierre de la revista Vanity Fair. Y es que en la mayoría de los casos, los términos que empleamos en inglés tienen su equivalente en nuestro idioma. Por ejemplo, ¿por qué decimos parking si podemos emplear la palabra aparcamiento, o ropa vintage y no de segunda mano? “En general su empleo no está justificado, siempre existe un equivalente. A veces incluso me enfrento al problema de términos que han sido castellanizados y que ni siquiera significan lo mismo en el idioma original. Un caso flagrante es `publicista´ que se usa como sinónimo de agente o relaciones públicas mientras que en castellano significa: persona que escribe para el público, generalmente de varias materias, o persona que se dedica a la publicidad”.
El hecho de que una sola palabra en inglés encierre un significado más complejo en su traducción al castellano ha provocado la proliferación del empleo de estos extranjerismos. Porque no es lo mismo decir Wi-Fi que dispositivo de conexión inalámbrica, aunque no sepamos ni de lo que estemos hablando y lo pronunciemos incorrectamente (no es /wɪfɪ/, sino /waɪfaɪ/), y porque parece ser menos costoso decir que un alimento es lightque bajo en calorías. Realmente gracioso si pensamos que vivimos en uno de los países en los que peor se habla inglés.
Pero además de la excusa de coger un atajo para explicar las cosas de una forma más simplificada, los anglicismos tienen su razón de ser en el esnobismo: “Creo que se usan para mostrar al lector ciertas dosis de cosmopolitismo o modernidad, pero si pienso en la cantidad de gente que las escribe sin conocer el idioma original, me preocupa doblemente”. Razón no le falta. Es my común leer el adjetivo casual (según la RAE: “que sucede por casualidad”) acompañando a los nombres chaqueta, falda o pantalón en una mala traducción del inglés casual (informal).
Precisamente ese afán por hacernos los modernos es el que ha provocado que en el mundo de la moda solo se hable de top modelsfittings, outifits, peep toe, prendas must obackstage, y que las semanas de la moda se denominen fashion week. “La moda significa vértigo, rapidez, sucesión y sustitución. Pero el trabajo del idioma es todo lo contrario: fijarse en la estabilidad”, afirmó el secretario de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva, en el número 12 de la revista S Moda“No podemos estar a la última en lo que respecta al vocabulario de moda porque la Academia exige un tiempo de vigencia del vocablo, que suele ser de cinco años”.
Ese mismo tiempo tuvieron que esperar otros términos hoy aceptados por la RAE y, por lo tanto, denominados anglicismos como chip, píxel o web en el campo de la informática; y fútbol, chutar o córner en el de los deportes. De hecho fue el lenguaje futbolístico el que abrió las fronteras de esta importanción lingüística.
Un "nugget" sabe mejor que un trozo de pollo


Uno de los sectores donde más se usan términos anglosajones es en el de la alimentación. Ya no comemos patatas fritas, sino chips; ni horneamos magdalenas, sino cupcakes omuffins; o preferimos snacks de nugget a aperitivos de pollo frito. Pero ¿por qué da la sensación de que el mismo alimento sabe mejor en inglés que en español? “Para los nuevos consumidores una galleta Fontaneda es la que compraban sus abuelos. Sin embargo, una cookie es una galleta moderna, que está mucho más de acuerdo con su estilo de vida, con su lenguaje... Llamar cookie a una galleta es una seña de identidad igual que llevar un determinado corte de pelo o un estilo de indumentaria”, opina Luis Sánchez Villa, profesor de Marketing de Esic. Visto así, los responsables de esta modificación en el idioma podrían ser los departamentos demarketing: “Los especialistas de marketing no están forzando está tendencia lingüística. Simplemente se limitan a nadar a favor de la corriente porque es algo que el consumidor está demandando”. 



Sin embargo, esta mala práctica viene de lejos, concretamente tras la Segunda Guerra Mundial, cuando durante la implantación del estado de bienestar en Estados Unidos se acuñó el término American way of life (estilo de vida americano) que Hollywood se encargó de propagar y por el que comenzamos a vestir jeans y comer hamburgersLa tendencia se fue acrecentando posteriormente por una generación que comenzó a viajar por el mundo, a estudiar en el extranjero mediante planes de intercambio y becas Erasmus y que con la llegada de Internet y las redes sociales comenzaron a googlear. En definitiva, una generación que ha perdido la riqueza de un idioma que hoy hablan más de 450 millones de personas en el mundo (segunda lengua materna más hablada). Quién sabe, quizás los ahora denominados hipstersesos apasionados por la ropa de ayer y los pasatiempos de nuestros abuelos, que ponen de moda todo lo que tocan, quieran dejar de ser hipsters y volver a llamarse modernos, recuperando el buen uso de la lengua de Cervantes.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Jara


Aparte de un tipo de arbusto endémico de los montes del centro y sur de España (perdón, “la roja”), también es un simpático vocablo del espanglish puertorriqueño neoyorquino que calca la pronunciación del apellido O’Hara, apellido típico irlandés muy habitual entre los miembros de la policía de la Gran Manzana, para referirse a la “policía”: «¡Cuidao, ahí viene la “jara”!»

Estoqueado


Además del participio pasado del verbo español “estoquear” (‘herir de punta con espada o estoque’), también existe la versión espanglish que pretende sustituir al clásico y simple “atascado” por medio de un estrambótico calco del inglés “stuck” /stʌk/ (“atascado”, “atrancado”).

“Allanamiento ilegal” es redundante



Cuando los ladrones entran en una casa esos allanamientos son siempre ilegales, por lo que hablar de “allanamiento ilegal” es hacer un uso redundante.
En las noticias sobre robos en domicilios, comercios u oficinas es habitual ver escrito u oír “allanamiento ilegal”, y si el acto en sí del robo es ilegal, también lo es el de entrar en un sitio sin autorización.
En la jerga jurídica, un “allanamiento de morada” es el delito que comete quien, sin habitar en ella, entra o se mantiene en morada ajena contra la voluntad de su ocupante. Queda claro, pues, que se trata de un acto ilegal.
Sin embargo, en algunos países de América, el “allanamiento” es el ‘registro policial de un edificio’, y en ese caso se trata de un acto legal, por lo que en estos países, y solo en ellos, se podría, según el caso, calificar el “allanamiento” de legal o ilegal.
Para el resto de países hispanohablantes, siempre que se informe sobre tales acciones delictivas se recomienda usar solo la palabra “allanamiento”, ya que el contexto nos indica que no se trata de un hecho legal.

Gamificación


Horrendo calco fonético del neologismo inglés “gamification” (de entrada, uno tiende a pensar en algo relacionado con alguna “gama” de productos, o tal vez con el estudio de los “gamos”), acuñado en 2007 a partir de “game” /geɪm/ (“juego”), para el que se han ofrecido diversas traducciones al español como “jueguización” o “juguetización” (¡Corrector ortográfico de Word! ¿Hay alquien ahí?). Probablemente las alternativas más adecuadas sean “ludificación” (‘aplicación de iniciativas que pretenden la motivación a través de la diversión con mecánicas de juego en entornos no lúdicos o ambientes no propios para ello, tales como las empresas, la educación o la salud’) o “ludotecnia” (lo mismo, pero enfocado a la fidelización de clientes), puesto que los derivados de “juego” se forman a partir de la raíz latina “lūdus”, lengua en la que significa ‘juego, diversión, broma’ (lúdico, ludoteca, ludópata, etc.), con lo que desde el punto de vista lingüístico se hace más fácil intuir su significado.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

“Exhumar” restos, no fosas



Las fosas no se pueden “exhumar”, pues lo que se hace es “abrirlas” para “exhumar los restos” que hay en ellas.
En varias noticias relacionadas con la exhumación de los restos mortales de Federico García Lorca, se pudieron leer frases como la siguiente: «El juez expresaba ayer su deseo de que concluya el proceso administrativo para “exhumar” la fosa de Alfacar».
“Exhumar” significa ‘desenterrar restos humanos o arqueológicos’. Lo correcto es hablar de “abrir” una fosa, en este caso con el propósito de “exhumar” los restos del poeta y dramaturgo granadino. En consecuencia, el ejemplo dado debería haberse redactado del siguiente modo: «El juez expresaba ayer su deseo de que concluya el proceso administrativo para “abrir” la fosa de Alfacar».
Por la misma razón debe decirse “apertura de la fosa” en lugar de “exhumación de la fosa”.

Feca / Fekero


Calcos del inglés “fake” /feɪk/ (“falso”, “sintético”, “imitación”, “falsificación”, “farsante”, “impostor”) utilizados en la jerga espanglish puertorriqueña y, más concretamente, en el vocabulario típico de ese hito de la música denominado “reguetón”, con grandes sentencias como «deja de estar metiéndome la “feca”, ya tu amigo me contó la verdad» o «ese tipo es un “fekero”» que, si bien no son tan míticas como esos «¡perrea, perrea!» o «¡me gusta la gasoliiiiina!», también tienen su aquel.

Mainstream (/'meɪnstrɪ:m/)


Literalmente, significa “corriente dominante”, “cultura principal” (como sustantivo) o “establecido”, “dominante”, “mayoritario”, “de masas”, “convencional” (como adjetivo), y suele utilizarse para referirse a las ideologías, modas o tendencias aceptadas mayoritariamente en una sociedad. Se emplea al hablar de arte en general y de música moderna en particular para designar los trabajos que cuentan con grandes medios para su producción y comercialización, y que llegan con gran facilidad al gran público, por lo que adquiere un matiz peyorativo para caracterizar obras de carácter excesivamente comercial y poco innovador o artístico.

martes, 25 de septiembre de 2012

Errores comunes en el lenguaje periodístico (adaptado del curso de Alberto Fernández y Pilar Úcura)

A nivel de expresión, vamos muy mal.
Ya no recuerdo a qué se refería aquella secretaria que salió en las noticias de cierta cadena. Fuese lo que fuese, ella lo había consultado «a nivel de jefes». ¿No sería bastante más sencillo y natural decir «se lo he consultado a los jefes»?
Un locutor de radio mencionó que los sombreros de paja son muy molestos cuando hace frío, «a nivel de que entra aire en el sombrero». Verdaderamente, algunos periodistas «locutan» mucho, pero parece que no saben ni hablar.
A nivel personal, a nivel mundial, a nivel general… Cosas así se pueden escuchar casi todos días. Se trata de un galicismo, que proviene de la expresión «au niveau de», y que ahora se ha convertido en un tópico del que incluso algunos correctores ortográficos de ordenador avisan. Como diría mi profesora de francés, «C´est une expression très à la mode», a la que casi nos hemos acostumbrado.
Es correcto decir que nos situamos al nivel de Europa, que tal punto está a nivel del mar, que el nivel de lenguaje de un escrito es culto… siempre que haya distintos niveles que distinguir, pero nunca lo es usarlo porque sí.
Como decía la página Avión de papel (ahora desaparecida o trasladada), «la expresión no es correcta, pero tampoco incorrecta», aunque el autor del artículo agregaba: «Deducimos de la omisión del Diccionario de la RAE y del María Moliner que es mejor no usarla, y que su pronunciación obedece más a una falsa acreditación cultural que a un sincero conocimiento de la lengua». En el Libro de estilo de El País podemos leer que se trata de una expresión que suele ser mal empleada, puesto que implica un concepto de altura («a nivel del mar», «no ha llegado al nivel de otras veces»). Es incorrecta cuando se usa para extensiones o similares: «está prohibido a nivel estatal», «hay que hacerlo a nivel de prueba». En el Museo de los horrores del Centro Virtual Cervantes nos encontramos con que «el sustantivo “nivel” significa “altura”, “grado”, “categoría”, “situación”. No debe utilizarse “a nivel de” sin que aluda a esos significados». También se nos proponen ejemplos correctos:
Yo no puedo ponerme al nivel de ese jugador.
A nivel del mar.
A nivel de la superficie terrestre, hay anticiclón.
Ya estamos a nivel europeo.
A nivel de dirección.
A nivel técnico.
A nivel de presencia.
A nivel de influencia.
La corrida falló a nivel de picadores.
Huelga a nivel de ferroviarios.
Incendios a nivel de librerías.
Lo que está claro es que la expresión «a nivel» puede sustituirse por otras (a nivel personal: personalmente; a nivel mundial: en el mundo; a nivel general: en general; a nivel de Estado: a escala o en el ámbito estatal; a nivel de ministros: entre ministros…), y suena bastante más idiomático.

En base al lenguaje, todavía peor.
Muchísima gente utiliza la expresión “en base a”. Algunos porque prefieren emplear expresiones rimbombantes (tipo “a nivel de”), que suenan sofisticadas pero se quedan en mera apariencia, y otros porque ya se ha convertido en un hábito. La expresión “en base a” es utilizada por todo tipo de personas, desde catedráticos de Derecho y abogados hasta tertulianos de programas de cotilleo y sucesos, pasando por periodistas serios. Y todos cometen un error al usarla.
La locución “en base a” es una de las peor utilizadas, según un artículo del Museo de los horrores. Otra fuente la califica de «horrible latiguillo y barbarismo de políticos y abogados». El corrector de Word nos indica que la expresión se ha convertido en un tópico.
Aquí van algunas construcciones que se pueden usar en su lugar:
• A partir de.
• Basándose / basándonos / basado en.
• Sobre la base de.
• Tomando como base.
• En relación con.
• Según.
• De acuerdo con.
• Con.
La opción que se emplee dependerá del contexto. Lo que nos queda claro es que hay muchas soluciones para el problema, y que un poco de reflexión antes de hablar no nos vendría mal.

Hacerme la receta, que os va a gustad.
¿Qué ha pasado con el modo imperativo? Muchísima gente emplea el infinitivo en su lugar. Cierto cocinero, muy famoso por su programa de televisión, cuando la receta es adecuada por su fácil preparación suele decirnos: «¡Hacerme este plato!», «¡Hacerme esta receta!», «¡Aprender a hacer esto!». Otro cocinero, mediante el infinitivo, nos anima a que le acompañemos a buscar especias, o a ver cómo nos ofrece trucos sobre alimentos. «¡Seguirme!», nos dice. Y nosotros asumimos que nos pide hacerlo. También podemos encontrar presentadores que, mediante un «fijaros», nos invitan a observar algo que están realizando.
El infinitivo, según la RAE, es la forma no personal del verbo, que en español lleva las terminaciones –ar, –er, –ir; en español y otras lenguas identifica o da nombre al verbo. La RAE define el modo imperativo como el que manifiesta desinencias exclusivas para denotar mandato, exhortación, ruego o disuasión.
La forma del imperativo en segunda persona del plural suele terminar en –d: haced, ved, frotad, comed, volved, salid. Si el imperativo va seguido del pronombre para el plural se produce la caída de la –d– intervocálica, como en largaos, veníos, traeos, gustaos, fijaos. Pero existe la excepción del verbo ir: idos.
Por tanto, si lo que queremos es pedir a la gente que haga algo, debemos utilizar el modo imperativo en lugar del infinitivo, y así podremos decir que hablamos un poco mejor a la vez que continuamos siendo corteses.

Yo soy músico: juego el violín.
Ahora se juegan los papeles como quien juega a las canicas. Aunque ya viene de largo, el periodismo ha jugado un papel muy importante en la transmisión de esta expresión, más calcada imposible (bueno, sí, es posible calcarla más: jugar un rol).
En inglés y en francés, los verbos “to play” y “jouer” tienen los significados de “jugar”, “actuar” o “representar” y “tocar [un instrumento]”. Nosotros nunca habíamos “jugado” papeles antes, los “representábamos”, sobre todo en el teatro. Por tanto, si escogemos calcar las expresiones “to play a role” o “jouer un rôle”, también deberíamos poder decir en español “jugar un instrumento”.
«El ocio “juega” un papel importante en la vida de mi familia: mi hermana “juega” actualmente el papel de Julieta en la obra del cole, mi hermano “juega” el violonchelo y yo “juego” a las canicas». ¿Se imaginan a un niño diciendo esta frase? No, ¿verdad? Entonces, intentemos hablar español (o castellano, como se quiera), y dejemos de importar expresiones y locuciones extranjeras que desplacen a las utilizadas en nuestro idioma.
La sugerencia: “desempeñar”, “representar [un papel, una función]”, o incluso algo tan sencillo como “tener [un papel]”.

Hago deporte, luego soy duda.
«Fulanito es duda para el partido del sábado». Todos comprendemos el significado, pero ¿no piensan ustedes que la expresión “ser duda” aplicada a una persona no tiene mucho sentido? Si decimos que “se pone en duda” la asistencia de tal jugador a un partido, ya no sonamos “sofisticados”, ahora los jugadores tienen que “ser” duda, luego tal vez no existan. En cierto programa de televisión se mofaban de esta expresión; yo no quiero entrar en calificativos, pero tengo que decir que soy de la misma opinión.

Periodistas a eliminar.
«Lleva una camisa “a rayas” que le regalé por su cumpleaños». Esta frase, que cualquiera podría haber dicho, contiene un gran calco sintáctico que hemos importado del francés. Se trata de la preposición “a”. Las faldas “a cuadros”, las cocinas “a gas”, etc. son galicismos, por lo que pueden y deben evitarse a la hora de hablar correctamente. Debería utilizarse la preposición “de”; camisa “de rayas”, falda “de cuadros”, cocina “de gas” (algunas construcciones se han empleado tanto que se encuentran ya admitidas, como es el caso de “avión a reacción” y “olla a presión”).
Siguiendo con las preposiciones: «El enemigo “a batir” somos nosotros», decía una cita usada como titular que nos regalaba hace un tiempo un diario deportivo muy vendido. Seguro que han oído ustedes muchas veces hablar de “modelos” o “ejemplos a seguir”. Un anuncio de coches nos habla hasta de «mitos “a seguir”». ¿Tanto nos gustan el francés y el inglés? Es mejor que dirija esta pregunta a los periodistas, que son quienes siembran la fértil lengua española con semillas extranjeras. Se abusa de la preposición “a”: temas “a tratar”, pasos “a seguir”… Dentro de poco todos hablaremos de acciones “a realizar”, ejercicios “a completar”, momentos “a recordar” y, así, infinidad de tareas “a hacer”. Imagínense a alguien diciendo «Ésta es una película “a no perderse” por nada». Yo también tengo muchos artículos “a escribir”, pero quiero detenerme en este tema lo suficiente como para que se tomen el tiempo “a reflexionar” sobre la labor “a realizar” por los periodistas. ¿Se han fijado en que incluso hay que usar la voz pasiva en este tipo de expresiones para añadir el sujeto agente? Es verdad que, en lenguaje administrativo, el uso de la preposición “a” más el infinitivo es más que común («cantidad “a pagar”: 50 euros»), e incluso se omite el sustantivo («“a pagar”: 50 euros»), pero eso no justifica su uso: si lo pone en un formulario, ¿lo decimos todos? Si lo dice un periodista, ¿debemos decirlo todos?
¿Por qué hemos sustituido las preposiciones “por”, “para”, “que”, por la calcada y tan manida preposición “a”? Los asuntos “que tratar”, las tareas “que se deben completar” o “que quedan por hacer”, los pasos “que hay que seguir”, los puntos “que hay que tener en cuenta”, se han impregnado gracias a los idiomas extranjeros de un toque “fashion” que los convierte en “periodísticos”. ¡Pero si a veces hasta son redundantes! Si yo veo a una persona como un “modelo a seguir”, ¿dejaré de verla como un “modelo” a secas? Quizá sea una pregunta “a no hacerse”.

¿Quieres involucrarte conmigo?
«¡No quiero que te “involucres” en esto!» Así decía un personaje de una serie de ficción a otro. «Varios coches se han visto “involucrados” en el accidente», relataba un periodista. Es correcto, pero oímos demasiadas veces el verbo “involucrar”. Ya nada está “implicado” o “envuelto”.
«Juan se ha “involucrado” mucho en este negocio». «La traducción “involucra” el trabajo con textos escritos». «Nuestra sociedad valora a aquellos “involucrados” en la producción de bienes y servicios». Salta a la vista que estos ejemplos son frases traducidas que incluyen el verbo “to involve”, el cual muchas veces se traduce directamente por “involucrar” sin pensar en otras traducciones más precisas. Hasta se usa “involucrar” en relaciones personales: «Juan se “involucra” con Ana», «Daniel es quien más se “involucra” en la relación». (Juan “mantiene” una relación con Ana, Daniel es quien “se toma la relación más en serio”).
Si decimos que Juan “ha colaborado” en el negocio, que la traducción “supone”, “implica” o “conlleva” trabajar con textos escritos, que la sociedad valora a los que “intervienen” en la producción de bienes o “se dedican” a ella, estamos siendo más precisos, más idiomáticos, mejores traductores, mejores periodistas. Involucrémonos más en el cuidado del idioma, pongamos más empeño en ello.

Soportamos al cliente desde el día 26 hasta el 30, ambos incluso.
«Su asistente nos negó todo el incidente. “Inclusive” nos dijeron que eso no era posible». Esta frase la pronunció una presentadora hablando de una famosa cantante, y se quedó tan ancha. Probablemente siga hoy sin saber que cometió un error.
Ella, como muchos otros, no sabe que “inclusive” significa ‘incluyendo el último objeto nombrado’: «hay muchísimos para elegir, modelos transparentes “inclusive”», «está abierto hasta el día 30 “inclusive”». Debería haber utilizado “incluso”, un adverbio muy común que, por influencia de hispanohablantes (que no “hispano-parlantes”) de América, está siendo desplazado poco a poco. Convendría mucho visitar la página de Internet de Xosé Castro para consultar su conocido artículo Diez errores típicos en la traducción del inglés: así nos enteraríamos de la diferencia entre “incluso”, “inclusive” e “incluido”, que falta hace tanto a periodistas como a traductores.
Una vez consultado, también podremos advertir que, en castellano, hay gran diferencia de significado entre “ayudar” y “soportar”: Todos esos servicios de “soporte” al cliente, “soportes” técnicos y otros, han llegado a nuestro idioma venidos de Estados Unidos (que no América, pues ese sustantivo propio designa a todo el continente). Aunque con tantas quejas, reclamaciones y demás, quizá es verdad que esos servicios se dedican a “soportar” al cliente, en vez de ayudarle. Gracias a todas aquellas compañías que mantienen servicios de “asistencia técnica” o de “ayuda al cliente”: así no tenemos que soportar abusos al idioma.

A esta jornada de la fecha del día de hoy.
«“A día de hoy” no se sabe si estará presente o no», «Se dijo que se haría pero, “a día de hoy”, nadie ha movido un dedo», «Ha dado una audiencia en “un día de hoy” muy especial»… El francés cuenta con la palabra “aujourd´hui” (/oʒuʀdɥi/), que significa “hoy” y que los periodistas han traducido literalmente por “a día de hoy”. También se puede oír decir “a fecha de hoy”, pero creo que está menos extendido. Carreter afirma que se puede decir “hoy” o “hasta hoy”, y así nos dejamos de “bobaditas” (podemos decir perfectamente «“aún hoy” / “hasta el momento” no se sabe si estará presente o no», «Se dijo que se haría, pero “hasta hoy” nadie ha movido un dedo», «Ha dado una rueda de prensa “hoy”, en un día muy especial»).
Hemos llegado a tal exageración que hasta se dice “en la tarde del día de hoy”, “durante la mañana del día de hoy”, cuando es bastante más recomendable decir “esta tarde” o “durante esta mañana”. Ya sólo nos queda decir “a mediodía del día de hoy”, y supongo que pronto lo escucharemos (probablemente de la boca de un periodista).

El castellano tiene la culpa de conseguir su humillación diaria.
«Mi mujer “tuvo la culpa” de que ganásemos la lotería». Y yo “tengo la suerte” de que me odien, ¿no? Porque, que yo sepa, si alguien tiene culpa, ha hecho algo malo. Pero ahora no, ahora nos debería atormentar el remordimiento cada vez que hacemos a los demás un bien. Ahora la medicina “tiene la culpa” de que vivamos mejor, “gracias” a las armas hay guerras y la educación “tiene la culpa” de nuestra libertad. Por supuesto, las mejoras se “sufren”, y no se “experimentan”.
Además, según algunos periodistas, “conseguir” ya no es ‘lograr lo que se pretende o desea’, sino ‘obtener algo involuntariamente’. Los equipos “consiguen” derrotas, las empresas “consiguen” la bancarrota y uno “consigue” su propia muerte como si la buscase cada día. Si no cuidamos nuestra forma de expresarnos, pronto conseguiremos acabar con nuestro idioma, y echaremos la culpa a otro.

Locutando, que es gerundio.
El día en que me presenté por segunda vez al examen de conducir práctico no pude evitar escuchar una conversación entre dos estudiantes de periodismo. «Me han dicho que tengo voz para “locutar”», afirmó el chico. No pude evitar sonreír. Lázaro Carreter nos avisó de que ya se había introducido este verbo en el lenguaje periodístico, y yo tuve la oportunidad de comprobarlo. Por supuesto, después hice mis averiguaciones, y vi que tenía su origen en El Salvador. Pero estos aspirantes a periodistas eran cien por cien españoles, por lo que no cabe disculpa alguna. Pues eso, que “locuten” por muchos años, «y que los cantautores “cantauten”», que diría Carreter.
En una nota de prensa de la página de Internet de un conocido antivirus leo que un fichero crea en cierto directorio «un archivo “conteniendo” el código del virus». Y se han quedado tan a gusto plantando ese gerundio de influencia inglesa/francesa. Por cierto, en la misma página se pueden encontrar “soportes” técnicos, factores “a tener en cuenta”, estrategias de protección “a nivel de” firewall, y otras lindezas por el estilo. En cuanto al gerundio, imagínense que oyen a un profesor decir que ha mandado a sus alumnos leer un libro “contando” la historia de los Borgia. ¿Quiere decir el profesor que, mientras contaba la historia, les mandó leer un libro? ¿Tal vez quería decir que los alumnos debían leer un libro mientras ellos mismos contaban la historia? Y si, en vez de tener los alumnos que hacer un ímprobo esfuerzo mientras leen, lo que se quiere decir es que el libro cuenta la historia de los Borgia, ¿por qué no usar un relativo? Si se crea un archivo “que contiene” el código del virus, si el profesor manda leer un libro “que cuenta” la historia, se comprende mejor el sentido de la frase y se habla con algo más de corrección.
Respecto a los gerundios, aquí van unos magníficos ejemplos del abuso que se hace de ellos:
«Se ha producido una explosión, “resultando” heridas tal número de personas»; «La página es muy completa, “siendo” muy fácil navegar por ella». Estos gerundios se pueden sustituir perfectamente por una oración coordinada copulativa, con nexo “y”: «Se ha producido una explosión, “y han resultado” heridas tal número de personas»; «La página es muy completa, “y resulta” muy fácil navegar por ella». Otro ejemplo de mal uso del gerundio: «La mejor forma de superarlo es “enfrentándote” a ello». Aquí se debería usar el infinitivo en vez del gerundio, y decir “es enfrentarte a ello”.

Que viva Miami... Digo, Colombia.
Cierta cantante colombiana contó a todos sus admiradores en una entrevista que ella “rentó” una casa en las Bahamas. En otro momento afirmó: «Es muy distinto “ordenar” una pizza en inglés o hablar con mi “manager” que hablar de tus sentimientos más profundos». También nos dijo: «Uno “se influencia” de todo lo que ve y todo lo que oye». A mí siempre me habían dicho que en Colombia se hablaba muy bien el castellano, y me pareció extraño encontrarme con tantos atropellos a la lengua. Luego reflexioné. ¡Pero si esta mujer vive en Miami! Además, tiene que hablar casi todos los días en inglés con alguien. Pues no me extraña que “se influencie” de todo lo que oye. Ella “renta” casas en vez de alquilarlas (to rent), “ordena” pizzas como quien ordena unos papeles en la mesa, en vez de pedirlas (to order) y “se influencia” de su entorno en vez de recibir influencias de él. ¡Y luego pretenden convertirla en adalid y difusora de nuestro idioma! Al final acabaremos todos hablando “espanglish”.

Preparados, listos... ¡a destacar!
«Sólo decir que…» «Y destacar que…» ¿Cuántas veces hemos oído comenzar una frase con un encabezamiento de ese estilo? “Cabe destacar”, “se debe destacar”, “hay que decir”, “me gustaría decir”, “queremos comentar”… Hay tantas formas de iniciar una frase como mensajes queramos transmitir, pero decidimos empezar frase ¡con un infinitivo! A veces incluso nos valemos de la preposición afrancesada: “A destacar la gran actuación de…”, dando a entender de ese modo que por mucho que queramos destacar, no tenemos ni idea de español. Así que la próxima vez que sintamos la tentación de utilizar el infinitivo para comenzar una frase, pensemos en la infinidad de encabezamientos que podemos emplear en su lugar.

Sobre los correctores automáticos.
No son el invento del siglo, es cierto que a veces pueden darnos quebraderos de cabeza y traernos a mal traer, y que, aun funcionando bien, no nos solucionan todos los fallos que cometemos. Pero los correctores automáticos de procesadores de textos nos ayudan muchísimo: cuando nos equivocamos, cuando nos baila una letra o nos la hemos “comido”, el subrayado en rojo nos salva de entregar trabajos o informes con erratas a profesores, jefes, altos cargos… Algunos correctores (o mejor, algunas versiones de correctores) nos informan de que estamos incurriendo en tópicos, como “a nivel de”, “en base a”, “jugar un papel”… y eso, quieran que no, es una gran ventaja respecto a no tener ninguno.
Lo que me gustaría expresar aquí es mi desagrado por que las nuevas versiones de procesadores de textos no incluyan esas detecciones de tópicos, que tanto contribuirían a que cuidemos un poco más el idioma.

Los centavos premios al atropello lingüístico.
Obtener el “decimoprimer” o “decimoprimero” puesto en cualquier prueba no es un buen resultado, y menos aún el “decimosegundo”. No porque quedar undécimo y duodécimo sean unos puestos poco relevantes, sino porque los puestos decimoprimero y decimosegundo simplemente no existen: la Real Academia Española no acepta el uso de esos términos, que se han creado en analogía con decimotercero y sucesivos. Es verdad que cuando llegamos a la veintena normalmente hablamos de “vigesimoprimero” (o “vigésimo primero”) y “vigesimosegundo” (o “vigésimo segundo”), y tal es una de las razones por las que asimilamos que con los puestos 11 y 12 debemos hacer lo mismo, aunque cometamos un error. Pero lo peor es emplear el determinante numeral partitivo al hablar de posiciones y puestos: «el onceavo lugar fue para…» El partitivo designa lo que su nombre indica: una parte o porción de un total, por lo que nunca debe utilizarse para hablar de lugares o puestos. Porque, imagínense: si ahora el puesto vigésimo es el puesto veinteavo, el puesto centésimo… ¿será el centavo?

La guerra se acabaría y yo sería rico mañana.
La de veces que empleamos el condicional para expresar la duda. «Según fuentes, el suceso “habría” ocurrido en tal lugar», «Parece ser que se “estaría” preparando un proyecto de ley». En el Libro de estilo de El País leo: «según esas fuentes, “habrían” muerto 10 personas». En perfecto castellano, esto equivale a decir que no murieron, pues con arreglo a la gramática el potencial en pasado refleja una acción que pudo ocurrir y que finalmente no se realizó. Pongo un ejemplo: «podría haber ido si hubiese tenido tiempo» (como no tuve tiempo, no fui).
Yo ahora mismo podría haberme tomado un flan, o podría haber escuchado una canción, pero no lo he hecho porque me encuentro escribiendo esto. Hay otras expresiones en nuestro idioma que se pueden usar para indicar incertidumbre: puede que, es posible que + subjuntivo; parece que, se piensa que + infinitivo… Es muy frecuente en francés usar el condicional para expresar duda, pero si estamos hablando en español, no hablamos en francés. Eso es algo que los periodistas parecen no entender.

Este curso es muy asequible para todos nosotros: no tiene precio.
La de veces que se oye que algún curso, libro, explicación, es “asequible” para todos. Y dicen bien si a lo que se refieren es al precio. Por supuesto muchos pensarán que “asequible” y “accesible” son sinónimos, pero si echan un vistazo al diccionario de la RAE comprobarán que “accesible” significa de fácil comprensión, inteligible. Por tanto, no se debe confundir un término con otro. Algunos verán que no es lo que afirma su diccionario, si lo que tienen a mano es un María Moliner o un Manuel Seco, y yo añado que el Gran Diccionario Salvat también considera a los dos términos sinónimos. Pero hay que aclarar que se trata de diccionarios de uso, y no normativos, por lo que supongo que también aparecerán las expresiones “a nivel de” y “en base a”. Por tanto, la explicación de un profesor es “accesible” si consigue que nos enteremos de ella de forma fácil, y cierto objeto es “asequible” cuando el precio por el que se vende se puede pagar sin decir «¡qué caro!», cosa que últimamente no es muy común.
Aprovecho también para hablar de lo fácil que es emplear el adjetivo “fácil” cuando lo correcto es utilizar el adverbio “fácilmente”. «Esto lo escribo yo “fácil”», «Verás cómo lo hacemos “fácil” y en un santiamén», «Y el problema se resuelve “fácil”». ¿De verdad opina la gente que suena bien?

La rumorología
Recuerdo las declaraciones de la princesa de Asturias cuando le preguntaban por un posible embarazo en esa época en que aún no se encontraba encinta. Creo que Letizia respondía: «La “rumorología” sobre el embarazo siempre va a estar ahí».
Es normal que utilice esos palabros: ella fue periodista, así que los vicios de lenguaje que ha adquirido durante su trayectoria profesional son difíciles de eliminar.
Hoy contamos con la palabra “chismografía”, cuyo significado es el mismo que atribuyen al neologismo “rumorología”. Ambas palabras se han formado, según Carreter, como voces burlescas «para designar la marea de chismes que empapa a la sociedad en un momento dado». Pero hay una diferencia: “chismografía” está aceptada por la RAE; “rumorología”, no.

Más calcos.
“Por contra” es un galicismo calcado del francés “par contre”, así que debe sustituirse por expresiones como “por el contrario”, “en cambio” o “sin embargo”.
“Por así decir”: de nuevo galicismo (“pour ainsi dire”). Debe utilizarse “por decirlo así”.
“Al completo”: del francés “au complet”, que debe sustituirse por “completo” solamente.
“De acuerdo a”: un calco, en este caso del inglés “according to”. Hay que decir “de acuerdo con”.
“Hacer mención a”: según Manuel Seco, se dice «“hacer mención de”, no “hacer mención a”, como escriben y dicen muchos periodistas».
“La deriva”: se dice ahora que «no se sabe la “deriva”» de tal o cual acontecimiento, o que «parece que ha tomado una “deriva” diferente a la esperada»; pues es otro galicismo, del francés “dérive”, y que no debería sustituir a nuestro “rumbo” (el rumbo que toman los acontecimientos, no la deriva). Sí es correcto decir que algo va “a la deriva”, es decir, que no tiene rumbo fijo, como nuestro uso del castellano.

Errores varios.
Aquí voy a comentar algunos errores comunes que se cometen muy a menudo:
Incautar: “incautarse” es un verbo pronominal, y no se puede decir nunca que alguien incauta algo. Por ejemplo, la policía no incauta 200 kilos de droga en una operación, la policía se incauta de 200 kilos de droga. Como bien explica el Libro de estilo de El País, «gramaticalmente, el verbo “incautarse” se emplea como “apropiarse” (alguien se apropia de algo)».
En loor de multitudes: la expresión correcta es “en olor de multitudes” (‘con la admiración y la aclamación de muchas personas, en medio del fervor y el entusiasmo de mucha gente’), frase hecha formada por analogía de otra que todos aceptamos como correcta sin ningún problema: “en olor de santidad”, que se utiliza para indicar buena fama o reputación. Pero mientras nadie dice en “en loor de santidad”, al hablante sí que le parece que “olor” en la expresión “en olor de multitudes” es un gazapo; por eso se busca otra palabra, esta vez más culta (hipercorrección), con una identidad fónica similar, “loor”, cuyo significado (‘elogio’, ‘alabanza’) parece alejarse de un uso que en principio sorprende a muchos. Como bien explica el Diccionario panhispánico de dudas, «la construcción “en loor de” (‘en alabanza de’) es frecuente y correcta, pero va seguida siempre del sustantivo que expresa la persona o cosa a la que va dirigida la alabanza, no del sustantivo que expresa quién la realiza, por ejemplo: “Hablaban en loor del difunto”».
Delante mío, detrás tuyo, encima suyo: a veces hasta se dice “delante suya”, “detrás nuestra”. Este es un error considerado vulgarismo. Se trata de la utilización errónea del pronombre posesivo en una construcción que denota ubicación. Hay que decir “delante de mí”, “encima de él”, “cerca / lejos de nosotros”, “detrás de ti”… Tampoco se debe decir “en contra nuestra”, “a favor tuyo”, sino “en contra de nosotros”, “a favor de ti”. Por cierto, el pronombre de segunda persona “ti” nunca se acentúa. Cierta empresa de publicidad en carteles cometió ese gran error en su lema durante mucho tiempo, y supongo que habrá recibido quejas por ese motivo.
A priori: no debe utilizarse este latinismo en sustitución de “en principio” o “de antemano”, puesto que el significado no es el mismo: “a priori” es una locución que significa “independientemente de la experiencia”. Es incorrecto decir «“a priori” se sabe que va a ganar el partido» (siempre puede ser que pierda, no hay seguridad). Sí es correcto decir «“a priori” se sabía que surgirían nuevas variantes del virus» (siempre ocurre, es una norma dictada por la experiencia, este caso no es una excepción). La expresión “de antemano” (por anticipado) es válida para todos los casos.
Valoraciones: «la “valoración” que ha hecho del asunto es positiva», «la crítica ha “valorado” negativamente la ópera prima de este director». Frases de ese estilo se oyen en los medios de comunicación, y constituyen un gran error: siempre que se “valora” algo, se está ofreciendo una opinión positiva, porque “valorar” significa “dar valor a algo”. No se puede “valorar negativamente”, ya que el verbo posee un concepto positivo, y resulta una redundancia valorar las cosas positivamente.
Confrontaciones: “confrontar” no es un sinónimo de “enfrentar”, sino de “contrastar”, “comparar”. “Enfrentar” significa ‘afrontar, hacer frente al enemigo, hacer cara a un peligro’.
Puntual: en el Libro de estilo de El País se nos dice: «Suele hablarse de propuestas o aspectos “puntuales”, en lugar de citar aspectos “concretos”. Esa acepción de “puntual” no es castellana». Y tienen razón porque, en español, “puntual” significa según el DRAE ‘pronto, diligente, exacto en hacer las cosas a su tiempo y sin dilatarlas; indubitable, cierto; conforme, conveniente, adecuado; que llega a un lugar o parte de él a la hora convenida’.
Barajar una hipótesis: «la Policía “baraja la hipótesis” de que pudo haber sido el mismo individuo». Esto no es correcto, aunque se oiga mucho, porque se “barajan” varias hipótesis, nunca una.
Deber de, deber: existe una diferencia importante entre “deber” y “deber de”. El último indica suposición: «“Debe de” ser Juan», mientras que el primero indica obligación: «“Debes” hacerlo para curarte». Por tanto, es incorrecto decir «“debes de” dejar de fumar porque lo dice el médico», y también es incorrecto decir «supongo que “debe” ser Juan quien llama».
Quien, el que: “quien” se utiliza para personas, y “que” para cosas. No debe decirse «es el consejo “quien” debe tomar medidas», hay que decir «es el consejo “el que” debe tomar medidas». Tampoco hay que decir «es Juan “el que” te ha estado llamando todo el rato».
¿Junto o separado? Se escribe “a gusto”, nunca “agusto”: «esto se hace “a gusto” del consumidor», «aquí estamos muy “a gusto”». “Aparte” va junto: «punto y “aparte”», «¿“aparte” de Juan, quién ha venido?» Pero: «Se lo repartieron “a partes” iguales».
Sospechar de: se sospecha de una persona: «“sospecho de” Juan, parece que tiene algo que esconder». Pero se sospecha una cosa: «no “sospechaban” las consecuencias de su acción. ¡Qué ilusos!», «“sospecho” que aquí está pasando algo importante».
Para relacionar: hay dos formas de decirlo: “en relación con” y “con relación a”, pero nunca “en relación a”.
Contra más... contra menos... Se dice “cuanto”, y no “contra”: “cuanto más visito esta tienda, más me gusta”; “cuanto menos estudies, peor te saldrá”.

Mailing (/'meɪlɪɳ/)


¡Anda que son ganas de complicarse la vida! Luego pasa que alguien le comenta a un angloparlante algo de un “mailin” (en lugar de /'meɪlɪɳ/) y no sabe de lo que está hablando. ¡Si es que nos obsesionamos con el espanglish y ni siquiera conseguimos hacernos entender en inglés! ¡Que no hemos progresado nada desde que el gran Alfredo Landa ligaba con las suecas en la playa! Por no hablar del propio castellano, que cada día lo hablamos peor. ¿Para qué meternos en camisas de once varas (o “balas”, como se oye últimamente por ahí) con “mailing” si tenemos palabras tan sencillas como “envío [postal]”, “correo directo” o “buzoneo”?
Tres cuartos de lo mismo ocurre con “mailing list” (“lista de envío”, “fichero de direcciones”, “fichero comercial” o “directorio [postal]”, en función del contexto concreto en el que se esté empleando), con el añadido de que en España suele utilizarse el término “mailing” a secas para referirse realmente a “mailing list” («te incluyo en nuestro “mailing”», «a partir de ahora estarás en nuestro “mailing”», «tenemos un “mailing” de 170 personas e instituciones»).

“Pirata” no es lo mismo que “corsario”



Con motivo del secuestro en aguas del océano Índico del pesquero español Alakrana, muchos medios utilizaron como sinónimos los términos “pirata” y “corsario”, pese a que entre ambos existe una diferencia de sentido.
Un “pirata” es la ‘persona que, junto con otras de igual condición, se dedica al abordaje de barcos en el mar para robar’. Sin embargo, el “corsario”, aunque practique la misma actividad, lo hace protegido por una patente de corso (de ahí su nombre), una licencia concedida por un determinado Gobierno para saquear embarcaciones que se consideran enemigas.
Por lo tanto, en las informaciones sobre el citado secuestro debió tenerse en cuenta que cuando se hablaba de “corsarios” se estaba dando a entender que actuaban con el aval —directo o tácito— del Gobierno de Somalia.

Como bien explicaba D. Arturo Pérez-Reverte en su columna “Sobre piratas y corsarios”, «En los últimos tiempos, con esto de los secuestros de barcos en el Índico y demás peripecias náuticas españolas, las palabras “pirata”, “bucanero”, “filibustero” y “corsario” han salido mucho a relucir en periódicos, telediarios y sitios así. No siempre con propiedad, creo. Se observa cierta confusión de ideas y conceptos, comprensible quizás en el joven enviado especial que sobre el terreno hace su crónica apresurada; pero no en las redacciones, donde hay jefes de sección, redactores jefes y gente que se supone, aunque sólo sea por edad, vocación y oficio, dedica tiempo a leer, o ha leído. O es capaz de recorrer los metros que separan su mesa de trabajo del estante donde están —deberían— los libros de consulta, o teclear en el ordenata el “ábrete Sésamo” de la página de Internet —veinte millones de visitas mensuales de todo el mundo— donde se accede al diccionario de la Real Academia Española.
«“Pirata”, comprobarán si lo hacen —dejando mitificaciones románticas aparte—, es el hijo de puta a secas: quien se dedica al abordaje de barcos para robar, sin otro móvil que enriquecerse con el producto del robo. Desde la remota Antigüedad a nuestros días, esta actividad va acompañada de otros desmanes que suelen incluir el asesinato, la violación, la tortura de prisioneros y la exigencia de rescates. Por eso al pirata se le consideró siempre la escoria de los mares, el más bajo escalón de la escala moral. Así, en tiempos de menos matices que los actuales, el que caía en manos de la Justicia terminaba en la horca, como fue el caso de Benito Soto, de quien me ocupé alguna vez en esta página: el último pirata español, ejecutado en Gibraltar en 1832.
«“Filibustero” y “bucanero” son variantes de pirata caribeño en tiempos de la dominación española. Especializaciones regionales. Los primeros eran ladrones y asesinos a palo seco, sin otra filiación que dedicarse a eso bajo un nombre que se supone derivado de la antigua palabra “freebooter”, que significa “merodeador”, o por ahí. Los “bucaneros” tenían origen francés: eran colonos asentados en el Caribe que ahumaban la carne en lugares llamados “boucans”, y que acabaron dedicándose al más rentable negocio del saqueo y el degüello marítimo. Ellos convirtieron en nido de piratas la isla de Tortuga y luego Jamaica, bajo la habitual protección inglesa, siempre cínica e interesada a la hora de saquear los intereses españoles en América, hasta que los chicos malos empezaron a saquear también los suyos. Entonces todo fueron tratados internacionales auspiciados por Londres, campañas contra piratas y patíbulos bien provistos. Lo típico de Su Graciosa. Lo de siempre.
«“Corsario”, en cambio, es un título digno, dentro de lo que cabe. Y complejo. De una parte, se aplica a cualquier nave que en tiempo de guerra combata el tráfico mercante enemigo. El acorazado alemán Graf Spee, por ejemplo, era un buque corsario, como lo fue el crucero auxiliar Atlantis —el de la película Bajo diez banderas—, pertenecientes ambos a la marina de guerra alemana, con la diferencia de que el segundo operaba camuflado como mercante de bandera neutral. Pero éstas son variantes modernas. Otra cosa fueron los corsarios clásicos: barcos armados y tripulados por particulares que, en tiempo de guerra, estaban autorizados por su Gobierno, con arreglo a estrictas Ordenanzas, para atacar y apresar a naves enemigas, generalmente mercantes, y también para combatir a las embarcaciones piratas. Eran los corsarios, por tanto, auxiliares civiles de las marinas de guerra, y lo hacían por dinero, a cambio del beneficio obtenido por las embarcaciones apresadas y sus cargamentos. Para esta actividad era necesaria la “patente de corso”, que sólo autorizaba presas de países con los que la autoridad que expedía la patente se encontrase en guerra, o de barcos fuera de la ley internacional. Frase ésta, la de “patente de corso”, que ha terminado significando, en uso coloquial, la libertad de que, por diversos motivos, goza un particular para actuar al margen de las normas generalmente establecidas.
«En ese contexto, llamar corsarios a los piratas somalíes no es sólo una inexactitud técnica, sino un error moral. Supone dignificarlos con un título impropio, elevándolos de simples saqueadores sin reglas —“a toda ropa”, decía Cervantes— a una categoría casi respetable. Algo parecido a lo que nuestra imbecilidad nacional hizo en los años setenta, al conceder la prestigiosa palabra “comandos” —combatientes de la Guerra Bóer y fuerzas especiales modernas— a grupos de terroristas vascos cuyo único mérito era apoyar pistolas en la nuca y apretar el gatillo. Así que dejémonos de cursiladas. Corsarios como Dios manda fueron Antonio Barceló, Roger de Flor, Robert Surcouf, John Paul Jones, Jean Lafitte —aunque este último tuviese su punto filibustero—, o los protagonistas de la espléndida novela La cacería, del uruguayo Alejandro Paternain. Lo otro es gentuza del mar, ladrones y asesinos. Para entendernos: “piratas”.»

Background (/'bækgraʊnd/)


Voz inglesa que empleamos innecesariamente en nuestro idioma con los sentidos de ‘conjunto de circunstancias vitales, conocimientos o experiencias que han contribuido a la formación de una persona’, ‘orígenes o antecedentes de una situación’ y ‘zona posterior o más alejada del espectador, o situada más allá de lo visible’. Se recomienda usar en su lugar términos españoles de sentido equivalente como “origen”, “procedencia”, “formación”, “bagaje”, “conocimiento(s)”, “experiencia(s)”, “antecedentes [personales]”, “ambiente [familiar]”, “entorno [familiar]”, “contexto [social, económico, político]”, “circunstancias [personales]”, “fondo”, “segundo plano” o “trasfondo”.

“Rescate de la banca”, no “rescate a la banca”



Con la palabra “rescate”, aquello que se recupera o se libera de un peligro o daño se introduce con la preposición “de” y no “a”, por lo que se recomienda hablar de “rescate de la banca” en lugar de “rescate a la banca”.
En las noticias sobre las ayudas de la Unión Europea a los bancos españoles no es raro ver el uso de la preposición “a”, como en los siguientes ejemplos: «El Eurogrupo supedita el “rescate a la banca” al compromiso de España con el déficit» o «El “rescate a los bancos” se coloca como tema de moda en Twitter».
Aunque con el verbo “rescatar” se usa la preposición “a”, con el sustantivo “rescate” lo apropiado es emplear “de” (“rescate de la banca”), tal como se señala en el Diccionario de uso de las preposiciones españolas, de Emile Slager.
Así, de igual modo que se habla, por ejemplo, del rescate de unos mineros o de un submarino, lo apropiado en los ejemplos anteriores habría sido “rescate de la banca” y “rescate de los bancos”.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Cotonete


Extraña construcción a partir del inglés “cotton” /'kɒtən/ (“algodón”) utilizada en México y otros países para referirse a los “bastoncillos de algodón” que, para disgusto de algunos, en inglés no se denominan “cottonette”, sino “cotton buds” (/'kɒtənbʌd/).

jueves, 20 de septiembre de 2012

Asociado con / Asociado a


Como bien indica D. Juan Manuel Martín Arias, traductor científico técnico, en su artículo «Asociado con y asociado a: ejemplos de anglicismos de frecuencia en la traducción médica», en las traducciones médicas del inglés se observa un exceso de “asociado a” y “asociado con”, que tiene su origen en una traducción demasiado literal del original. En muchas ocasiones se puede, y se debe, omitir el “associated with” del inglés, y en otras se pueden, y se deben, utilizar otros recursos de traducción, como por ejemplo resolverla solamente con las preposiciones “de” o “sobre”, olvidándonos del “asociado”, como por ejemplo en «Treatment complications “associated with” the use of cholesterol-lowering drugs», que se podría traducir simplemente por «complicaciones “del” tratamiento con…» en lugar de «complicaciones “asociadas con/a” el tramiento con…».

“Visualizar” no es lo mismo que “ver”



“Visualizar” significa ‘hacer algo visible’, generalmente por medios artificiales, o ‘representar algo con imágenes’, por lo que no es apropiado su uso como mero sinónimo de “ver”.
En ocasiones se emplea este verbo indebidamente, en casos como los siguientes: «El humo del incendio se “visualizaba” desde la costa» o «El árbitro volvió para “visualizar” el estado del campo».
Sin embargo, en el Diccionario académico no hay ninguna definición de “visualizar” que equivalga simplemente a “ver”, “mirar”, “observar”, “comprobar”, “ser visible”, etc., sino que se alude sobre todo a las acciones de ‘hacer visible’, ‘representar algo mediante imágenes’ y ‘formar en la mente la imagen de algo’.
Por ello, en los ejemplos anteriores habría sido preferible haber escrito «El humo del incendio “era visible” desde la costa» o «El árbitro volvió para “comprobar” el estado del campo».
Tampoco significa lo mismo el verbo “visionar”, por lo que no deben utilizarse los tres verbos indistintamente.
Uno de los significados del verbo “visionar” es ‘examinar técnica o críticamente, en una sesión de trabajo, un producto cinematográfico, televisivo, etc.’ y no debe emplearse en el sentido de “ver” cuando lo que se quiere decir es que se “observa” o “contempla” algo.
Por lo tanto, es incorrecta una frase como «Los españoles “visionamos” la televisión unos diez minutos cada hora». Lo correcto sería «Los españoles “vemos” la televisión unos diez minutos cada hora». Por eso, el verbo “visionar” debe utilizarse únicamente cuando se trate de examinar imágenes televisivas o cinematográficas desde un punto de vista técnico o crítico (por ejemplo: «El entrenador “visiona” vídeos de otros partidos para corregir los posibles defectos»).

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Magacín / Magazín


Normalmente, en castellano seguimos llamando “revistas” a las ‘publicaciones periódicas con artículos de diversos autores, dirigidas al público en general’. Sin embargo, sí que hemos adoptado el otro significado de este anglicismo (“magazine” /mægə'zɪ:n/), a su vez proveniente del francés “magazine” /magazin/ (aquí hay un error en el DRAE, donde se indica que proviene del francés “magasin” /magazƐ˜/, que realmente significa “tienda”): ‘espacio de televisión en que se tratan muchos temas inconexos y mezclados’ (“programa de entrevistas y variedades”).
Otro término relacionado que hemos importado es “e-zine” /'i:zi:n/ (“revista electrónica”), en ocasiones también “webzine” /webzi:n/ e incluso la extraña adaptación “intervista”, como acrónimo de “internet” y “revista”. Se trata de una publicación que tiene las características de una revista, pero en lugar de emplear el formato tradicional de papel emplea como medio de difusión un formato electrónico, ya sea como documento, que puede abrirse en una aplicación a tal efecto (por ejemplo un fichero TXT, PDF o HTML, por lo general con enlaces para recorrerlo a modo de hipertexto), o bien como un programa ejecutable para una plataforma específica.

Mad doctor (/mæd'dɒktə(r)/)


Término anglosajón que designa un subgénero del cine de terror protagonizado por “científicos locos” que, por un motivo u otro, sobrepasan la línea que separa lo ético de lo que no lo es, abandonando por completo el código deontológico y cualquier otro código moral para conseguir algún propósito extravagante que suele retar los límites preestablecidos por la sociedad, la ciencia o la religión.

martes, 18 de septiembre de 2012

Licra


El DRAE recoge este vocablo (con i latina, no griega) como ‘tejido sintético elástico, utilizado generalmente en la confección de prendas de vestir’, indicando que se trata de un calco del inglés “lycra”, que también es una marca registrada. En realidad, LYCRA® /'laɪkrə/ (patentada por DuPont en 1959) no es un tejido, sino un tipo de fibra sintética (también denominada elastano o spandex, aunque no todos son de marca LYCRA®), que compone un tejido, dotándolo de mayor elasticidad.

Guagua


Además de las acepciones andinas ‘niño de pecho’ y ‘pan dulce con forma de niño’, así como la locución adverbial coloquial “de guagua” (‘de balde’), el uso más conocido en nuestro país de esta palabra es el proveniente de Canarias, Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, donde lo utilizan para designar al ‘vehículo automotor que presta servicio urbano o interurbano en un itinerario fijo’, es decir, el “autobús”, “ómnibus”, o “jardinera” en el caso canario. La etimología es discutida, asegurando muchos autores que es una deformación del inglés “wagon” /'wægən/ (“carro”, “carreta”, “vagón”), aunque parece más probable que derive de la marca registrada “Wa & Wa Co. Inc.” (Washington, Walton and company incorporated), una compañía norteamericana que exportó autobuses a las tres islas antillanas, para después ser exportado a las Canarias merced a los movimientos migratorios.

Back office (/bæk'ɒfɪs/) / Front office (/frʌnt'ɒfɪs/)


Literalmente significan “parte trasera de la oficina” y “parte delantera de la oficina” respectivamente, aunque suelen traducirse (según el contexto) por “trastienda” o “parte administrativa” en el caso de “back office” y “directivos”, “altas instancias” o “personal de cara al público” en el de “front office”. Dejo a la discreción del lector decantarse por nuestro castellano o por tan atractivos barbarismos.

lunes, 17 de septiembre de 2012

“Pago en especie”, no “en especias” ni “en especia”



“Pago en especie” (o “en especies”) es la expresión adecuada para decir que algo se paga (o se cobra) ‘en frutos o géneros y no en dinero’, tal y como recoge el Diccionario panhispánico de dudas. No es apropiado, por tanto, hablar de pago “en especia” o “en especias”.
Se pueden encontrar, sin embargo, ejemplos en los medios de “pago en especia” o “en especias”: «El modo de reembolso de los préstamos es “en especia”, como petróleo y otras materias primas», «La compañía permitirá el pago fraccionado y que parte del crédito se le devuelva “en especias”, en servicios de promoción en la ciudad».
En estos ejemplos lo apropiado habría sido escribir que el reembolso y el crédito se harían “en especie” (o “en especies”).
Aunque es poco frecuente, a veces se encuentran documentos —sobre todo de economía— donde se usa el acrónimo inglés PIK (payment in kind) para referirse al “pago en especie”. Si por alguna razón se opta por usar dicho acrónimo en textos en español, es recomendable explicar su significado entre paréntesis, al menos la primera vez que se utilice.

viernes, 14 de septiembre de 2012

“Sinfín” y “sin fin” no son equivalentes



“Sinfín”, escrito en una sola palabra, significa ‘infinidad’, mientras que “sin fin”, escrito en dos, significa ‘sin número, sin límite’, y por lo tanto no es adecuado emplearlas indistintamente.
Sin embargo, en algunos medios de comunicación se encuentran frases como «La llegada de las nuevas tecnologías como las pantallas digitales ha abierto un “sin fin” de posibilidades para alumnos y profesores»; «La crisis apunta a la bancarrota cuando el libre comercio y el crecimiento “sinfín” quedan al desnudo».
En estos casos lo adecuado habría sido «La llegada de las nuevas tecnologías como las pantallas digitales ha abierto un “sinfín” de posibilidades para alumnos y profesores» y «La crisis apunta a la bancarrota cuando el libre comercio y el crecimiento “sin fin” quedan al desnudo».
Además, también se utiliza “sin fin” cuando algo gira continuamente, como en «El minero perdió el brazo izquierdo en un accidente en la cinta “sin fin”».

“Tabaquismo” no es ‘consumo de tabaco’



Con motivo del Día Mundial Sin Tabaco, en muchas noticias en las que se hablaba de medidas o estudios sobre el consumo de tabaco se empleaba de modo inadecuado el término “tabaquismo”, como se ve en los siguientes ejemplos: «Los resultados confirman que el “tabaquismo” tiene un profundo arraigo cultural», «La legislación sobre el “tabaquismo” resulta un bien jurídico superior».
“Tabaquismo”, según el DRAE, es la ‘intoxicación crónica producida por el abuso del tabaco’ y no es adecuado usarlo para referirse al ‘consumo de tabaco’ ni al ‘hábito de fumar’.
De este modo, en los anteriores ejemplos, lo apropiado habría sido escribir: «Los resultados confirman que el “hábito de fumar” tiene un profundo arraigo cultural», «La legislación sobre el “consumo de tabaco” resulta un bien jurídico superior».

jueves, 13 de septiembre de 2012

Hasta sun


Impresionante y brutal castellanización del inglés “see you soon” /sɪ:jʊsʊ:n/ (“hasta pronto”) patentada a mediados de los años ochenta por el pionero “espanglés” Ed Gómez en sus programas de radio en Albuquerque (Nuevo México —no debe confundirse con la ciudad de Alburquerque en Badajoz, España, que lleva otra erre—).
Si algún día este engendro dialectal llega a ser reconocido, sin duda se deberá rendir pleitesía a este señor, puesto que consiguió tal éxito que pronto (perdón, sun) infinidad de locutores de música y noticias se lanzaron a usar spanglish y lo transformaron en un lenguaje corriente de las más de trescientas estaciones de radio hispanas de Estados Unidos. De allí se extendió a la televisión, con las dos cadenas latinas Telemundo y Univisión, y lentamente se ha ido incorporando a los medios impresos, donde sobresale la revista “Latina” de Nueva York, escrita por completo en spanglish. Hoy en día incluso el ejército norteamericano utiliza el spanglish en sus programas de reclutamiento de jóvenes hispanos bajo el lema «Yo soy el Army».