viernes, 30 de noviembre de 2012

Manierismo


Mucho ojo con esta palabra a la hora de traducir, ya que puede ser un falso amigo según el contexto: mientras que al hacerlo del castellano al inglés “manierismo” (‘estilo artístico difundido por Europa en el siglo XVI, caracterizado por la expresividad y la artificiosidad’) siempre se va a traducir por “mannerism” (/'mænərɪzəm/), no ocurre lo mismo a la inversa, ya que “mannerism” suele utilizarse para referirse no tanto al mencionado estilo artístico (aunque también), sino con el sentido de “peculiaridad”, “gesto” o “amaneramiento”, palabras que bien podría haber utilizado Cristian Fernández para traducir la frase “language, dialect, mannerisms, traditions and accent of the British Culture” (“lengua, dialecto, peculiaridades, tradiciones y acento de la Cultura Británica”) en la versión en castellano de la guía del Movimiento Zeitgeist.

Manera, en toda


Traducción al espanglish “como a mí me da la gana” de las expresiones inglesas “in any way” (“de algún modo”, “de alguna manera”, “acaso”, “sea como sea”, “de una u otra forma”, “de cualquier manera”, “sea como fuere”) o “anyway” /'enɪweɪ/ (“de todos modos”, “de todas formas”, “de cualquier manera”).

miércoles, 28 de noviembre de 2012

“Escasa afluencia” es una contradicción



El término “afluencia” se refiere a la ‘concurrencia en gran número de personas o cosas a un lugar o sitio determinado’, por lo que no son adecuadas expresiones como “poca afluencia” o “escasa afluencia”.
Así, en frases como «Un estudio determina cuáles son los centros con “escasa afluencia” en esa franja horaria» o «Se comprobó que la “poca afluencia” de viajeros y de mercancías no hacían rentables las líneas de ferrocarril», lo recomendable habría sido utilizar términos como “asistencia” o “concurrencia”, que no tienen ese matiz.
Sí es apropiado usar “afluencia”, sin embargo, en titulares como «Once embarcaciones limpian a diario la costa en los meses de “máxima afluencia” de bañistas» o «Las calles de la fiesta recuperan la alegría perdida con una “afluencia masiva”».

Foco, fuera de


Equivalente de la expresión inglesa “out of focus” (/aʊtɒv'fəʊkəs/) que suele utilizarse en la jerga de la fotografía o la óptica como equivalente de “desenfocado” o “borroso”. Sin embargo, no es correcto adaptarla directamente cuando nos referimos en sentido figurado a “disperso”, “distraído”, “falto de concentración” o “como ido”, tal como encontramos en el artículo del 14 de marzo de 2012 de Robert Álvarez en El País, donde afirma que «durante algunas fases del partido se le vio realmente “fuera de foco”». Del mismo modo, tampoco es correcto utilizar el término “enfocado”, como calco de “focused”, cuando lo que se quiere decir es “concentrado” o “centrado”.
Nos hace dudar si se trata simplemente de un anglicismo o si, yendo un poco más lejos, es una mala traducción de otro artículo de algún colega anglosajón. Me inclino más bien por la primera opción, puesto que basta con un breve paseo por la Red para llegar a la conclusión de que es un calco bastante popular en el periodismo deportivo: «Entramos “fuera de foco”, a ver qué pasaba, enfatizó el capitán del conjunto», «Avasallan a un rival “fuera de foco”, débil en el juego y en su actitud y jugará (sic) la final», etc.

martes, 27 de noviembre de 2012

Futón


Aunque, como la gran mayoría de los artículos de consumo, para nosotros es como si viniera de los EE. UU. (donde lo pronuncian /'fʊ:tɒn/), en realidad tanto el término como el objeto en sí proviene de Japón (布団), cuyos ideogramas significan “tela” (“fu”) y “masa” (“ton”).
Los futones (‘colchoneta plegable de algodón que se apoya directamente sobre el suelo y sirve como asiento o como cama’) se utilizan mucho en Japón, donde el espacio es escaso, de tal modo que contar con la posibilidad de plegarlos y guardarlos durante el día permite a los japoneses maximizar sus pequeños alojamientos. En los años cuarenta, durante la II Guerra Mundial, los estadounidenses descubrieron estas colchonetas al estilo japonés, y más tarde se llevaron la idea de vuelta con ellos, junto con el término para describirla. No fue hasta los años ochenta cuando el diseñador William Brouwer les añadió un sencillo armazón de madera y su popularidad comenzó a extenderse por todo Occidente, haciendo que los fabricantes comenzaran a producirlo en masa. De hecho, en los EE. UU. los futones también se denominan “Brouwer bed” (“cama Brouwer”).

Facepalm (/'feɪspɑːm/)


Término coloquial inglés (de “face”, cara, y “palm”, palma de la mano) que designa la acción de llevar la palma de la mano a la cara, como signo de desconcierto o desesperación. Se utiliza sobre todo en las discusiones de internet como expresión de vergüenza, frustración, incredulidad o indignación. A pesar de ser algo tan común, todavía no se ha inventado ninguna palabra para definir este gesto en español.

lunes, 26 de noviembre de 2012

«Spanglish» (José María Carrascal)



Escribí por primera vez sobre el «spanglish» hace la friolera de veinte años. Entonces era una curiosidad, casi un chiste. Hoy es un medio idioma, o un idioma doble, que se derrama por la vida norteamericana con el vigor de la leche hervida no retirada a tiempo. El «spanglish» nace en los barrios de las ciudades norteamericanas y entre una población muy especial: los jóvenes de la segunda generación, que en casa hablan español y en la calle, inglés, sin llegar a dominar correctamente un idioma ni el otro. Les falta sobre todo mucho vocabulario de su lengua materna, y cuando no saben cómo decir algo en español, ¿qué hacen? Pues lo más simple: apropiarse del término inglés y españolizarlo. Surge así un idioma híbrido, que resulta a la vez gracioso y sacrílego. La enfermera se convierte en «nursa» (nurse en inglés), el techo, en «rufo» (roof), la adolescente, en «tinajera» (teenager), y el atracador, en «jalopero» (de hold up, atracar).
En algunos casos, el trasvase produce efectos hilarantes. Por ejemplo, cuando se oye: «Voy a vacunar la carpeta». Nada que ver con Medicina. Se trata, simplemente, de dar una pasada a la alfombra (carpet) con la aspiradora (vacuum cleaner). Pero lo que empezó como un simple recurso de chicos con un vocabulario español muy pobre, que completaban entrando a saco en el inglés, se ha ido extendiendo e incluso poniendo de moda en los programas ligeros de radio y televisión, comedias y entrevistas, alcanzando al público general norteamericano. Por no hablar ya de la publicidad, siempre proclive a forzar el lenguaje para lograr el mayor efecto posible. Suena a español, pero es inglés con otra ortografía, pronunciación y final de palabra, que se castellaniza. El producto no es ni una cosa ni otra, sino la corrupción de ambas lenguas.
Hay quien ha querido ver en ello un fenómeno parecido al del latín vulgar en el medievo, que derivó en las lenguas romances. Los expertos advierten que nada tiene que ver una cosa con la otra. Aquello fue la evolución natural de una lengua hacia otras completamente nuevas. O sea, un avance. El «spanglish», en cambio, es la tosca amalgama de dos lenguas perfectamente desarrolladas, reducidas a lo más elemental. O sea, un retroceso. La protesta de la comunidad intelectual ha sido tan amplia como sonora. El profesor González Echevarría, que lleva la cátedra de Literatura Comparada en la Universidad de Yale, sentencia rotundamente en el «New York Times» que el «spanglish» es una capitulación tanto personal como cultural, pues da a entender que el español no tiene términos suficientes para expresar la realidad diaria, y tuviera que pedírselos prestados al inglés. Quienes lo usan se automarginan de ambas culturas, ya que no son capaces de expresarse propiamente en cualquiera de ellas.
Yo voy más lejos y atribuyo la aparición de este semiidioma a la llamada «educación bilingüe» que ha pretendido darse a los niños hispanos en Estados Unidos, y que debido a su pésima calidad, los ha hecho analfabetos de hecho en ambos idiomas. No han aprendido bien el inglés y no han salido del español elemental que aprendieron malamente de sus padres, quedándose en una tierra de nadie, sin ser capaces de expresarse correctamente en ninguna de las dos lenguas. Ese es el «spanglish».
Las consecuencias van mucho más allá del terreno cultural, para adentrarse en el social y económico. Mientras no dominen el inglés, los hispanos en Estados Unidos no avanzarán en la escala social, por elevado que sea su número. El «spanglish», con toda su gracia, es un callejón sin salida: Ni siquiera les servirá si quieren alcanzar un puesto de responsabilidad en firmas hispanas, pues allí se les exigirá un español correcto. O dicho de otro modo: la mejor forma de conservar un español correcto es aprender un inglés correcto también. El mejunje de ambas lenguas no ayuda a la una, a la otra, ni, a la postre, a quien lo chapurree, por muy de moda que esté en televisión USA.

Cidí / Sidí / Dibidí


Lecturas pseudoinglesas (en realidad sería /sɪ:dɪ:/) de las siglas CD (“compact disc”). En español debe leerse /zedé/ o, mejor aún, el equivalente en castellano “disco compacto”.
Algo parecido ocurre con las siglas DVD (“digital versatile disc” o “digital video disc”), que los pedantes pronuncian /dibidí/ (en realidad sería /dɪ:vɪ:dɪ:/) mientras miran por encima del hombro a quienes dicen /deubedé/ (o /debedé/, dependiendo del nombre con que se denomine la letra v).
Como a los pedantes al final se les termina viendo el plumero, quienes pronuncian “cidí”, “sidí” o “dibidí” suelen ser los mismos que también dicen “cederrum” en lugar de “cederrón” (añadiendo una “o” a CD-ROM, como si se tratara de una “habitación” —“room” /ruːm/— en lugar de un tipo de memoria —“read-only memory”—) o /yiga/ o /giga/ en lugar de /xiga/ (para después, incoherentemente, no mantener el mismo criterio con “gigante”, que tiene la misma raíz).

Mandatorio


Muchos desaprensivos, tan pronto encuentran un vocablo parecido al español como “mandatory” (/'mændətərɪ/), siguen el movimiento natural de su pensamiento (una tosca lógica aplastante: de “mandar”, “mandatorio”) y lo traducen por “mandatorio” en lugar de “obligatorio”, “preceptivo” o “forzoso”. Además, como se parece a “mandatario” (“leader” /'lɪ:də(r)/ en inglés), algunos terminan confundiendo ambos términos.
Ya puestos, en la visita de Madrileños por el mundo a Las Vegas, uno de los participantes va más allá y se atreve no solo con el adjetivo, sino también con el adverbio “mandatoriamente”.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Mandatar


La agencia EFE asegura que se trata de un verbo apropiado en español, ya que los medios de comunicación lo utilizan a menudo. No es un gran argumento, pero veamos los ejemplos que aportan, ricos en ese uso anglicado de la voz pasiva tan del gusto de nuestros “piriodistas”: «Al menos 110 misiles han sido lanzados contra Libia en el primer día de la intervención “mandatada” por Naciones Unidas»; «Se resolvió por unanimidad “mandatar” a los legisladores oficialistas votar el proyecto alternativo que deja sin efecto la Ley de Caducidad»; «La ONU decidió “mandatar” a la OTAN para que interviniese en Libia»; «Afirmó que el Banco Central Europeo no está “mandatado” para actuar en el mercado cambiario con el fin de manipular a la baja la paridad con otras divisas»; «El Foro Consultivo sobre Biotecnología fue “mandatado” para evaluar los beneficios y riesgos de la biotecnología moderna».
Afirman asimismo que está correctamente formado a partir del sustantivo “mandato” y que, pese a no haber sido recogido aún por la Real Academia Española, sí figura en otros diccionarios, como el Diccionario de uso del español de América y España Vox o el Diccionario Clave, con los significados de ‘otorgar la capacidad de representación personal o la de gestión y desempeño de uno o más negocios’ y ‘dar un mandato’. No hay, pues, según la agencia EFE, motivo para tildar de impropio su uso, bastante extendido en los ámbitos políticos, diplomáticos y administrativos (todos ellos, como todo el mundo sabe, conocidos por su buen uso de la lengua).
Sin embargo, siguiendo el mismo razonamiento (el hecho de que esté correctamente formado a partir del sustantivo “mandato”), podemos indagar un poco más y observar que el significado de “mandato” es ‘acción de mandar (ordenar)’, luego sería suficiente con los verbos “mandar”, “ordenar”, “establecer”, “dar/conferir un mandato”, etc. para expresar todos los significados arriba expuestos, quedando claro que “mandatar” no es sino una deformación innecesaria que a muchos, en una de esas bromas pesadas del subconsciente, les recuerda a “maniatar”.
Otros ejemplos de esta horrenda palabra pueden encontrarse en la Resolución del Comité Confederal Extraordinario de UGT del 1 de febrero de 2011 («en interés de los trabajadores y trabajadoras [sic], “mandata” a la CEC para que proceda a suscribir el citado Acuerdo»), en el manifiesto de rechazo de CC. OO. a la supresión del Ministerio de Igualdad del 21 de octubre de 2010 («compromisos de igualdad europeos e internacionales que “mandatan” a los gobiernos al tratamiento de los temas de igualdad») o en el comunicado de CC. OO. en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora del 5 de marzo de 2011 («un retroceso en las políticas de género [sic] y una ruptura con los compromisos que “mandatan” a los gobiernos al tratamiento de los temas de igualdad»).

Manage up (/'mænɪdʒʌp/)


Según el Urban Dictionary, es el procedimiento de manejar o dirigir a tu superior de manera que tus compañeros y tú podáis hacer vuestro trabajo sin interferencias; es decir, el arte de relacionarse con los jefes y de moverse en las alturas o, en palabras de los gurús del management, “promocionarse a uno mismo”, “tener mano izquierda” o “gestionar nuestro propio desempeño”, aunque algunas técnicas no son aptas para personas dotadas genéticamente con unas dosis mínimas de moral y dignidad.

Mánager


Voz tomada del inglés “manager” (/'mænɪdʒə(r)/), con la que se designa al ‘directivo de una empresa’ y al ‘representante de un artista o deportista’. Por ser palabra esdrújula, en español debe acentuarse y permanecer invariable en plural: “los mánager”. Aunque suele pronunciarse /mánayer/, imitando al inglés, en español debe adaptarse la pronunciación a la grafía y decirse /mánajer/. Es común en cuanto al género: “el/la mánager”.
No obstante, antes de usar esta palabra recordemos que en nuestro idioma tenemos los equivalentes “director”, “gerente”, “encargado”, “jefe”, “administrador”, “entrenador”, “director técnico” (de un equipo deportivo), “representante”, “agente” o “apoderado”.
“Management” (/ˈmænɪdʒmənt/) también es un anglicismo evitable, ya que equivale a los términos españoles “dirección”, “gestión” o “administración”. También significa ‘cuerpo directivo de una empresa’, caso en el que debe sustituirse por “dirección”, “gerencia” o “directiva”.

“Excusa” y “pretexto” no siempre son sinónimos



Todos los “pretextos” son “excusas” pero no todas las “excusas” son “pretextos”.
Un “pretexto” es ‘una excusa falsa’, ‘una causa simulada que aparentemente se alega para hacer, o no hacer, algo’. Una “excusa” puede ser falsa o verdadera; ‘es un motivo que se presenta como justificación para eludir una responsabilidad; pudiendo ser, o no, la justificación real de la disculpa’.
A pesar de esto, en los medios de comunicación encontramos frecuentemente frases como: «Una nueva ola de ataques se utiliza como falso “pretexto” para endurecer la represión», «Las mujeres eran traídas a España con el falso “pretexto” de un contrato laboral» o «La oposición acusa al Gobierno de haber encontrado en la crisis la “excusa” perfecta para retrasar los planes».
A tenor de las definiciones anteriores, en los dos primeros ejemplos la expresión “falso pretexto” es redundante (pues todos los “pretextos” son ‘excusas falsas’) y que en el tercer ejemplo habría sido preferible emplear el término “pretexto” y no “excusa” (puesto que la palabra “excusa” deja abierta la posibilidad de que la crisis sea, en efecto, la ‘causa real’ del retraso).
Todos los “pretextos” son ‘excusas falsas’, mientras que las “excusas” pueden ser justificaciones reales o impostadas.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Desorden


Según el Diccionario crítico de dudas inglés-español de medicina, de Fernando A. Navarro, la palabra inglesa “disorder” (/dɪs'ɔ:(r)də(r)/), en el lenguaje médico, no significa “desorden”, sino “trastorno” (sobre todo en psiquiatría), “alteración”, “enfermedad”, “afección”, “desequilibrio” o “perturbación”. Se trata de un error frecuente en textos médicos por calco del inglés. En otros contextos, cuando significa ‘confusión, alboroto, alteración del orden o disturbio’, la palabra “disorder” sí que se puede traducir por “desorden”.

martes, 20 de noviembre de 2012

Buche


Innecesario y confuso calco del inglés “bush” /bʊʃ]/ (“arbusto”, “mata”) haciendo uso de la palabra “buche”, que ya tiene otros significados totalmente diferentes en castellano (‘en las aves, ensanchamiento del esófago donde se reblandecen los alimentos’, ‘en algunos animales cuadrúpedos, estómago’, ‘en una persona, estómago’, ‘cantidad de líquido que cabe en la boca’) y cuya traducción al inglés no tiene nada que ver (“crop”, “craw”, “maw”, “mouthful”, “belly”…). Podría ser un falso amigo si fuese un vocablo serio en vez de una aberración más del espanglish.

Chitear / Chirear


Calcos del inglés “to cheat” /tʃɪ:t/ (“hacer trampa”, “copiar”, “engañar”, “poner cuernos”, “timar”, “evitar”, “burlar”, “jugar sucio”) utilizados en algunos países como Argentina, Guatemala (con el sentido de “deshacerse de alguien”) o México. También es común en la jerga de los videojuegos con el sentido de “hackear”.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Malware (/mælweər/) / Spyware (/spaɪweər/)


“Malware” (también denominado “badware”) es el acrónimo de “malicious software” o “programa [informático] malicioso o malintencionado”, es decir, aquél que tiene como objetivo dañar una computadora o infiltrarse en ella sin consentimiento. El tipo más común es el “spyware” o “programa [informático] espía”, que se instala furtivamente en un ordenador para recopilar información sin su conocimiento (nombres de usuario y contraseñas, dirección IP y DNS del equipo, hábitos de navegación o incluso datos bancarios —para informar a una empresa con fines publicitarios o ilegales—). Estos programas pueden estar integrados intencionadamente dentro de otros que cumplen una función positiva, y actúan maliciosamente en segundo plano.

El kateyano (Arturo Pérez-Reverte)



En vista de la evolución del lenguaje castellano en los últimos años, debido especialmente a las aportaciones realizadas por los jóvenes y sus mensajes por teléfonos móviles, la Real Academia Española dará a conocer, próximamente, la reforma modelo 2008 de la ortografía española, que tiene como objetivo unificar el español como lengua universal de los hispanohablantes.
Me han mandado, con carácter exclusivo, un documento reservado que revela cómo se llevará a cabo dicha reforma. Será, pues, una enmienda paulatina, que entrará en vigor poco a poco, para evitar confusiones.
La reforma hará mucho más simple el castellano de todos los días, pondrá fin a los problemas de otros países, especialmente los iberoamericanos, y hará que nos entendamos de manera universal quienes hablamos esta noble lengua. De acuerdo con el expediente secreto, la reforma se introducirá en las siguientes etapas anuales:
Supresión de las diferencias entre c, q y k. Komo despegue del plan, todo sonido parecido al de la k (este fonema tiene su definición téknika lingüístika, pero confundiría mucho si la mencionamos akí) será asumido por esta letra. En adelante, pues, se eskribirá kasa, keso, Kijote...
También se simplifikará el sonido de la c y la z para igualarnos a nuestros hermanos hispanoamericanos ke convierten todas estas letras en un úniko fonema s, Kon lo kual sobrarán la c y la z: «El sapato de Sesilia es asul».
Por otro lado, desapareserá la doble c y será reemplasada por x: «Tuve un axidente en la Avenida Oxidental». Grasias a esta modifikasión, los españoles no tendrán desventajas ortográfikas frente a otros pueblos hispanoparlantes por su estraña pronunsiasión de siertas letras.
Asimismo, se funden la b kon la v; ya ke no existe en español diferensia alguna entre el sonido de la b larga y la v chikita. Por lo kual, a partir del segundo año, desapareserá la v y beremos kómo bastará kon la b para ke bibamos felises y kontentos.
Pasa lo mismo kon la elle y la y. Todo se eskribirá kon y: «Yébeme de paseo a Sebiya, señor Biyar». Esta integrasión probokará agradesimiento general de kienes hablan kasteyano, desde Balensia hasta Bolibia. Toda b será de baka, toda b será de burro.
La hache, kuya presensia es fantasma en nuestra lengua, kedará suprimida por kompleto: así, ablaremos de abichuelas o alkool. No tendremos ke pensar kómo se eskribe sanaoria y se akabarán esas komplikadas y umiyantes distinsiones entre «echo» y «hecho». Ya no abrá ke desperdisiar más oras de estudio en semejante kuestión ke nos tenía artos.
A partir del terser año de esta implantasión, y para mayor konsistensia, todo sonido de erre se eskribirá kon doble r: «Rroberto me rregaló una rradio».
Para ebitar otros problemas ortográfikos, se fusionan la g y la j, para ke así, jitano se eskriba komo jirafa y jeranio komo jefe. Aora todo ba kon jota: «El jeneral jestionó la jerensia». No ay duda de ke esta sensiya modifikasión ará ke ablemos y eskribamos todos kon más rregularidad y más rrápido rritmo.
Orrible kalamidad del kastellano, en jeneral, son las tildes o asentos. Esta sankadiya kotidiana jenerará una axión desisiba en la rreforma; aremos komo el inglés, ke a triunfado universalmente sin tildes. Kedaran ellas kanseladas desde el kuarto año, y abran de ser el sentido komun y la intelijensia kayejera los ke digan a ke se rrefiere kada bokablo. Berbigrasia: «Komo komo komo komo!»
Las konsonantes st, ps o pt juntas kedaran komo simples t o s, kon el fin de aprosimarnos lo masimo posible a la pronunsiasion iberoamerikana. Kon el kambio anterior diremos ke etas propuetas okasionales etan detinadas a mejorar ete etado konfuso de la lengua.
Tambien seran proibidas siertas konsonantes finales ke inkomodan y poko ayudan al siudadano. Asi, se dira: «¿ke ora es en tu relo?», «As un ueko en la pare» y «La mita de los aorros son de agusti». Entre eyas, se suprimiran las eses de los plurales, de manera ke diremos «la mujere» o «lo ombre». Despues yegara la eliminasion de la d del partisipio pasao y kanselasion de lo artikulo. El uso a impueto ke no se diga ya «bailado» sino «bailao», no «erbido» sino «erbio» y no «venido» sino «benio».
Kabibajo asetaremo eta kotumbre bulgar, ya ke el pueblo yano manda, al fin y al kabo. Dede el kinto año kedaran suprimia esa de interbokalika ke la jente no pronunsia. Adema, y konsiderando ke el latin no tenia artikulo y nosotro no debemo imbentar kosa ke nuetro padre latin rrechasaba, kateyano karesera de artikulo. Sera poko enrredao en prinsipio, y ablaremo komo fubolita yugolabo, pero depue todo etranjero beran ke tarea de aprender nuebo idioma resultan ma fasile. Profesore terminaran benerando akademiko ke an desidio aser rreforma klabe para ke sere umano ke bibimo en nasione ispanoablante gosemo berdaderamente del idioma de Serbante y Kebedo.
Eso si: nunka asetaremo ke potensia etranjera token kabeyo de letra eñe. Eñe rrepresenta balore ma elebado de tradision ispanika y primero kaeremo mueto ante ke asetar bejasione a simbolo ke a sio korason bibifikante de istoria kastisa epañola unibersa.

Mall


En inglés significa “alameda”, “paseo”, “calle peatonal” y “centro comercial” (“shopping mall”), y se conoce que algunos han decidido dejar de utilizar esta última expresión y sustituirla por la anglosajona (estadounidense —perdón, americana— sobre todo, ya que los británicos suelen utilizar “shopping centre” o “shopping precinct”). Ya veremos cómo lo pronuncian si llega a cuajar: me imagino que /mæl/, puesto que hacerlo bien (/mɔ:l/) podría dar lugar a confusión, y probablemente por eso cada vez hay más petardos que omiten “mall” y utilizan sólo “shopping” para referirse al “centro comercial”.

Malfuncionamiento


Escrito tal cual, “tó junto”, por uno de los ingenieros de mi empresa; es decir, como calco ortográfico, que no semántico, del inglés “malfunction” /mæl'fʌɳkʃən/ (“fallo”, “falla”, “disfución” o “mal funcionamiento”, pero en dos palabras, como diría el “im-prezionante” Jesulín de Ubrique).
También he encontrado más ejemplos en la interesantísima sección “OMG” (es decir, “Oh, my God!” o, en español castizo, “¡válgame!”) de yahoo, donde nos ofrecen imprescindibles noticias como “Madonna vuelve a las andadas con malfuncionamiento de vestuario” o “Steven Tyler se burla del malfuncionamiento de vestuario de J. Lo”, que enlazo aquí (perdón, linkeo) para que el lector sea consciente de la gravedad de la situación a nivel de esos “malfuncionamientos” de vestuario.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Collabó


Apócope en francés del adjetivo “collaborationniste” /kƆllabƆrasjƆnist/ (“colaboracionista”) que, con el recuerdo de la II Guerra Mundial y las humillaciones de la invasión alemana, se aplicaba (sin necesidad de pruebas) a los artistas sospechosos de haber colaborado con los invasores, que eran mirados con desconfianza por el público y severamente omitidos u olvidados por la crítica. La acusación de “colaboracionista” era lo peor que se podía recibir por esos años en Europa. En Francia, la palabra “collabó” era casi un insulto.

“Meteorología” y “climatología”



Es erróneo el uso de los términos “meteorología” y “climatología” para referirse al estado del tiempo en un lugar y momento determinados, especialmente en los espacios dedicados a la previsión del tiempo.
Meteorología es ‘la ciencia que trata de los fenómenos atmosféricos’ y climatología es ‘la ciencia que estudia los climas, es decir, las condiciones atmosféricas habituales en un lugar determinado’. Por lo tanto, si decimos que «hoy llueve en Madrid» estamos refiriéndonos a la “meteorología”, pero si lo que se afirma es que «en el norte de España llueve con frecuencia», nos estamos refiriendo a la “climatología” propia de esa zona.
En cualquier caso, ninguno de los dos términos son los apropiados para hablar del estado del tiempo atmosférico. Para ello se hablará de “condiciones atmosféricas”, “mal tiempo” o “buen tiempo”: «Las “condiciones atmosféricas” no serán favorables para emprender esa expedición», «Se espera “buen tiempo” para el fin de semana» o «El “mal tiempo” obligó a suspender la corrida».

martes, 6 de noviembre de 2012

Concurso y reclamación de equipajes


Lamentables falsos amigos encontrados en el aeropuerto de LaGuardia (Nueva York), e inestimable ayuda otorgada por la autoridad portuaria de Nueva York y Nueva Jersey a la pequeña batalla que el oficio de traductor está librando contra el uso de traductores automáticos para según qué menesteres. Queda claro que dichas aplicaciones informáticas (perdón, software) son enormemente prácticas, e incluso indispensables hoy en día cuando navegamos por la Red, para hacernos una idea general de lo que dice un texto en una lengua desconocida.


Sin embargo, cuando se trata de que la traducción sea coherente e inteligible, conviene recurrir a la ayuda de un profesional, que sin duda habría evitado estas confusiones entre “concourse” /'kɒɳkɔ:(r)s/ (“vestíbulo”) y “concurso” (“competition”, “contest”, “quiz show”, “tender”), por un lado, y “baggage claim” /'bægɪdʒkleɪm/ (“recogida de equipajes”) y “lost luggage” /lɒst'lʌgɪdʒ/ (“reclamación de equipaje extraviado”), por el otro.

Cramming (/kræmɪŋ/)


Del verbo “to cram” (“atiborrar”) tenemos, a modo de símil, la poco ética práctica del “cramming” o “imposición de servicios”, por desgracia bastante común por parte de las empresas de telefonía e internet y consistente en la activación sin autorización o consentimiento del usuario de diferentes servicios, tarifas o contratos, que después serán cargados en las correspondientes facturas.
Esta práctica de facturar a un cliente por servicios que no ha solicitado es tan habitual que las operadoras ni siquiera tratan de ocultar su utilización. Por ejemplo, hace unos meses Vodafone se dedicaba a dar de alta unilateralmente una tarifa plana de acceso a internet, por valor de 17,70 euros al mes, por el mero hecho de detectar el uso de la tarjeta SIM desde un teléfono inteligente.

sábado, 3 de noviembre de 2012

“Detentar” es ejercer ilegítimamente un poder o cargo público



El verbo “detentar” significa ‘retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público’ («Los militares “detentaron” el poder después del golpe de Estado»). Por lo tanto, no puede emplearse como sinónimo de “alcanzar”, “ejercer”, “llegar a”, “desempeñar”, etc.
Sin embargo, los medios de comunicación usan “detentar” cuando quieren indicar que se posee un cargo o poder público conseguido de manera legítima.
De este modo, es común leer frases erróneas como: «La Administración andaluza “detenta” las competencias sobre el Parque Nacional de Doñana desde el año 2006»; «Se espera que ese candidato sea el que “detente” la jefatura del Gobierno».
En los anteriores ejemplos se debería haber escrito: «La Administración andaluza “tiene” las competencias sobre el Parque Nacional de Doñana desde el año 2006»; «Se espera que ese candidato sea el que “ejerza” la jefatura del Gobierno».