lunes, 25 de febrero de 2013

Minijob (/mɪnidʒɒb/)


Término inglés referido a aquellos contratos de baja remuneración y un máximo de quince horas de trabajo a la semana, en los que el trabajador no paga impuestos y puede hacer de forma voluntaria aportaciones a los sistemas sociales. Se recomienda emplear la versión española “miniempleo”, en una sola palabra y sin guión, o la más española aún tras las últimas reformas laborales del PPSOE, “infrajob”.

Minería de datos


Oída a una amiga que es un filón, esta joyita proviene de la expresión “data mining” (/'deɪtə'maɪnɪŋ/), equivalente a “data processing” (/'deɪtə'prəʊsesɪŋ/), es decir, “procesamiento de datos” o “proceso de datos”. Se trata de un término propio de las ciencias de la computación, referido al proceso que, por medio de los métodos de la inteligencia artificial, intenta descubrir patrones en grandes volúmenes de conjuntos de datos para extraer información y transformarla en una estructura comprensible para su uso posterior. Como mola mucho, se ha puesto de moda, con lo que se utiliza cada vez más frecuentemente de manera errónea para referirse a cualquier procesamiento de información a cualquier escala. Eso sí, hay que reconocer lo bien que queda uno soltando eso de “minería de datos”, a no ser que se tenga un amigo recalcitrante con el buen uso del castellano y con un poco de mala leche. ¡Si es que hablar bien es bueno, bonito, barato y muy, muy fácil! ¡Es mucho más difícil y enrevesado hablar mal!

Metrosexual


Neologismo derivado de “metropolitan” /metrə'pɒlɪtən/ (“metropolitano”) y “heterosexual” (/ˈhetərəʊˈseksjuəl/), acuñado en 1994 por el periodista británico Mark Simpson para describir al hombre que vive en una cultura capitalista y post-industrial y muestra un comportamiento acorde con los estereotipos asociados a los hombres homosexuales (tal como una fuerte preocupación por su apariencia física e interesado por la cosmética, los adornos y la ropa), aunque sin serlo. Yo, de hecho, soy un reconocido “metrosexual” (todo lo que saben mis amigos David y Cristiano lo han aprendido de mí), y al mismo tiempo un abrumador machote.

viernes, 22 de febrero de 2013

Debuguear / Debuggear


Feos calcos, típicos de la jerga informática, del verbo inglés “debug” /di:'bʌg/ (“depurar errores”, “eliminar fallos”), que a su vez deriva del sustantivo “bug” /bʌg/ (“bicho”, “insecto”, “chinche”), común en textos sobre informática, redes sociales y tecnología digital para designar a los errores introducidos en el código de un programa informático que desencadenan un resultado indeseado, y recogido en el diccionario Merriam-Webster como ‘imperfección, error, fallo, anomalía o defecto inesperados’.
El Diccionario académico define “fallo” como ‘falta o deficiencia’, “imperfección” como ‘falta de perfección’, “anomalía” como ‘defecto de forma o de funcionamiento’, “defecto” como ‘carencia o imperfección’ y “error” como ‘cosa hecha equivocadamente’, términos todos cercanos al concepto inglés de “bug”, aunque en ocasiones, de forma coloquial, también se utiliza la palabra “bicho” en lugar del anglicismo.
La detección y eliminación de errores de programación se denomina “depuración” (“debugging” /ˌdiːˈbʌgɪŋ/), y los programas que realizan dichas actividades “depuradores” (“debugger” /ˌdiːˈbʌgəʳ/).

Día de los tontos de abril


Traducción literal del inglés “April Fools’ Day” (“Día de los Santos Inocentes”). Aunque el primero corresponde a la tradición protestante (1 de abril) y el segundo a la católica (28 de diciembre), se trata de celebraciones equivalentes, por lo que no es necesario inventarse una interpretación nueva que puede dar lugar a confusiones.

jueves, 21 de febrero de 2013

Bonhomía


Galicismo del francés “bonhomie” /bɔnɔmi/ (“sencillez”, “simplicidad”, “ingenuidad”), incorporado al léxico francés desde el siglo XVIII (formado por “bon” —“bueno”— y “homme” —“hombre”—) que entró en el DRAE en la edición de 2001, definido como ‘afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento’.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Extradir


Derivado regresivo de “extradición”, incluido en la vigésima tercera edición del DRAE por influencia del francés “extrader” /ɛkstʀade/ (“extraditar”).

Examen de barra


En los EE. UU. (y probablemente también en más países) existen una pruebas, gestionadas por el Colegio de Abogados, denominadas “bar exam” (/bɑː(r)ɪg'zæm/), requisito previo para poder ejercer en un estado en particular una vez se hayan terminado los estudios correspondientes. En este caso, el sustantivo “bar” no debe interpretarse como “barra”, sino como “Colegio de Abogados”, luego el término “bar exam” podría traducirse por “pruebas de acceso a la abogacía”, pero nunca por “examen de barra”, que en español en todo caso se correspondería con una de las pruebas físicas que deben superar los aspirantes a policía o bombero. No tuvo en cuenta estas consideraciones el traductor del doblaje del noveno capítulo de la cuarta temporada de la serie televisiva The Wire, lo cual dificulta la comprensión del diálogo.

martes, 19 de febrero de 2013

Meteo


En tiempos del gran José Antonio Maldonado, los locutores y presentadores de radio y televisión introducían la sección dedicada a la predicción meteorológica con frases del estilo de «vamos a ver qué tal tiempo vamos a tener este fin de semana»; en esta época nuestra de ridículas jubilaciones anticipadas, sufridas por profesionales competentes y pagadas por todos los contribuyentes, lo más normal es que algún ignorante rebuzne idioteces como «¡y ahora, vamos con la meteo!» ¡La “meteo”! «¡Pero qué dice este imbécil!», pensarán quienes aún no hayan sido lobotomizados por los tubos catódicos, los gandíashores y demás opio del pueblo 3.0. Y es que esa palabra simplemente no existe en castellano, sino que se trata de un calco del francés “météo” (/meteo/) que significa exactamente eso: “meteorología”, “centro meteorológico” o “predicción meteorológica”.

Mesa de ayuda / Help-desk


Como si no fuese suficiente con olvidarnos de nuestros términos “departamento técnico”, “asistencia técnica”, “ayuda al cliente”, “asistencia telefónica” o “teléfono de ayuda” (algunos lo entenderán mejor si sustituyo “asistencia” y “ayuda” por “soporte”) para sustituirlos por “help-desk”, ahora a algún malandrín se le ha ocurrido traducirlo por “mesa de ayuda”. Así, por ejemplo, nos encontramos con que la empresa ITCON considera que “los usuarios de la mesa de ayuda cuentan con soporte permanente para sus problemas de TI”. Lo mismo sería aplicable al término “call center” (“servicio de atención telefónica”, “central telefónica”, “centro de llamadas”), que cualquier día veremos traducido como “centro de llamados”.

Merchandising (/'mɜ:tʃəndaɪzɪɳ/)


Sustantivo compuesto por la palabra “merchandise” /'mɜ:tʃəndaɪz/ (“mercancías”) y la terminación “-ing”, que indica acción), y que a su vez proviene del francés “marchand” /marʃã/ (“mercantil”, “mercante”, “comercial”, “vendedor”) y significa básicamente “comercialización”, “promoción comercial”, “promoción de ventas” o “incentivación de ventas”, aunque quienes prefieren aquel término a éstos le dirán que no es solo eso, sino que se trata de la “micro-mercadotecnia”, la parte del marketing que intenta aumentar la rentabilidad en el punto de venta por medio de actividades que estimulan la compra presentando el producto en las mejores condiciones al consumidor final. El término “merchandising” tiene, además, otra acepción, pues se utiliza para nombrar a los productos de propaganda de algún otro producto, es decir, a todos aquellos objetos que se venden con la forma, el anagrama, el logotipo o la marca de algo, y que sirven como publicidad para obtener ingresos.

lunes, 18 de febrero de 2013

Memorial


Como explica el Diccionario panhispánico de dudas, “memorial” como sustantivo se usa en español con los sentidos de ‘libro o cuaderno en el que se apunta o anota algo para un fin’, ‘boletín o publicación oficial de algunas colectividades’, ‘de la memoria o relacionado con ella’, ‘escrito en el que se pide algo alegando las razones o méritos en los que se funda tal petición’, ‘acto público que se celebra en memoria de alguien, generalmente de forma periódica’, ‘en la religión católica, acto por el que se evoca y hace presente un acontecimiento pasado’, ‘en deportes, prueba o competición que se organiza en memoria de alguien’. Sin embargo, su uso con el significado de ‘monumento conmemorativo’ es calco desaconsejable del inglés “memorial” /mɪˈmɔːrɪəl/ (“monumento [conmemorativo]”).

Mercado de pulgas


Expresión equivalente a “mercadillo” o “rastro”, derivada del francés “marché aux puces” (/maʀʃeopys/). Se trata de un concepto originado en la ciudad de París a finales del siglo XVIII, donde los ropavejeros recogían por la noche los cachivaches y ropa usada que desechaba la gente pudiente y después los vendían en mercados callejeros como el de Saint Ouen que, además de ser el primero de este tipo, en la actualidad se trata de la mayor concentración de tiendas de antigüedades y de segunda mano del mundo, con más de diez millones de visitantes cada año. El uso de la palabra “puce” (“pulga”) se debe a que el concepto de higiene que tenemos hoy en día no se parece demasiado al de hace doscientos años, y menos en una gran ciudad como París, por lo que los compradores solían llevarse a casa auténticas legiones de estos encantadores bichitos junto con sus compras.

viernes, 15 de febrero de 2013

Chóped


Adaptación de la voz inglesa “chopped [ham]” (“picado”: de “chop” /tʃɒp/ “picar”, “cortar”, “trocear”) que designa un tipo de embutido, semejante a la mortadela, elaborado a base de carne picada de vacuno, cerdo o pavo.

Crowdsourcing (/kraʊdsɔːsɪŋ/)


Compuesto de “crowd” (“masa”, “muchedumbre”) y “source” (“fuente”), formado posiblemente por analogía con “outsourcing” (/'aʊtsɔːsɪŋ/), término ya existente en el lenguaje de la economía para designar la ‘subcontratación de servicios propios’. “Crowdsourcing” se utiliza en el lenguaje empresarial y publicitario en relación con la “externalización hacia el público” de tareas que normalmente realiza la empresa, pero que en un momento dado transfiere al público consumidor, que se convierte así en partícipe del proceso de producción o de popularización de un producto. Por medio de esta estrategia, los publicistas convierten a los compradores en protagonistas, creativos y diseñadores de los anuncios.
Teniendo en cuenta, por un lado, que “externalización” es un vocablo que no recogen los diccionarios normativos, y por otro que se trataría de una equivalencia demasiado pobre y poco transparente, D.ª Josefa Alvarado propone en la revista Puntoycoma equivalentes más condensados como “publicidad colectiva” o “producción colectiva”.
Al abrigo de este término ha surgido también la voz “crowdhacking” (/kraʊd'hækɪŋ/) o ‘acción de manipular la supuesta sabiduría u opinión popular para beneficiar a una determinada empresa o producto’, que podría traducirse como “falseo de masas” o “manipulación de masas”.

jueves, 14 de febrero de 2013

Madama


Nuestro proverbial recelo y desprecio hacia nuestros vecinos del norte de los Pirineos convierte el francés “madame” (/madam/), que significa simplemente “señora”, en nuestra castellanización “madama”, que adquiere tintes algo más sórdidos: ‘prostituta’, ‘mujer que regenta un prostíbulo’ y, aunque con sentido irónico, ‘como fórmula de cortesía o título de honor, equivalente a señora’, además de ‘comadrona’, ‘partera’ y ‘mujer que atiende a otra durante el parto’ (en Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay).

Los futbolistas “hacen circular” el balón, no lo “circulan”



El verbo “circular”, en su acepción de ‘correr o pasar una cosa de unas personas a otras’, es intransitivo (se construye sin complemento directo), tal como señala el Diccionario académico, por lo que es inapropiado decir que alguien “circula” algo.
En noticias del ámbito deportivo, sin embargo, es frecuente encontrarse oraciones como «Los jugadores “circulan” el balón a dos o tres toques» o «No tuvieron un juego fluido, no “circularon” el balón con rapidez», en las que lo aconsejable habría sido decir «Los jugadores “hacen circular” el balón a dos o tres toques» o «No tuvieron un juego fluido, el balón no “circuló” con rapidez».
Aunque se reconocen algunos usos transitivos de “circular”, sobre todo en diccionarios de americanismos, se recomienda utilizar este verbo sin complemento directo en sus acepciones de ‘ir y venir’ y ‘correr o pasar de unas personas a otras’.
Además, se recuerda que también pueden emplearse, entre otras opciones, giros como “mover”, “tocar” o “desplazar” el balón.

Empatizar


No fue hasta junio de 2012 que la versión del DRAE en red incluyó este neologismo. Curiosamente, aunque ya estaba recogida la palabra “empatía” (‘sentimiento de identificación con algo o alguien’, ‘capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos’) a partir del griego “ἐμπάθεια” (“empátheia” —en, dentro; páthos, sentimiento—), el verbo correspondiente nos ha llegado a través del inglés “empathize” /'empəθaɪz/ (“identificarse con”, “sentir empatía”). No obstante, se trata de un vocablo cuyo uso y significado no es demasiado conocido y suele utilizarse de manera errónea en frases como «El público no “empatiza” con ese tipo de programas» (lo correcto sería «El público no “simpatiza / siente simpatía” por este tipo de programas». También hay quien crea versiones extrañas como “empatecir”, “empatecer” o “empatar” al intentar adaptar el término inglés sin consultar los diccionarios.

miércoles, 13 de febrero de 2013

“Se me antoja”, no “se antoja”



El verbo “antojarse” se usa solo en tercera persona y siempre con los pronombres me, te, le, nos, os y les: se me antoja, se les antoja...
Sin embargo, en ocasiones, en los medios de comunicación aparece sin pronombre cuando se utiliza para referirse a una cosa que se presenta como probable, como por ejemplo en «El acuerdo “se antoja” harto complicado», «El inicio del nuevo curso político “se antoja” de vital importancia para los intereses de la ciudad».
Se intenta de esa manera despersonalizar la información, eliminando el carácter subjetivo del verbo, pero, tal y como señala el Diccionario panhispánico de dudas, este uso no es apropiado. En esos casos resulta más recomendable emplear expresiones alternativas, como “se presume”, “se prevé”, “se presagia”, “se augura” o “se presenta”, en función del contexto.
En los ejemplos anteriores, por tanto, habría sido preferible escribir «El acuerdo “se prevé” harto complicado» y «El inicio del nuevo curso político “se presume” de vital importancia para los intereses de la ciudad».

lunes, 11 de febrero de 2013

Menial, trabajo


En el mundo del espanglish hay mucho badulaque que considera los diccionarios una pérdida de tiempo, dando como resultado que consideren “menial” /'mi:niəl/ (“de ínfima importancia”, “de baja categoría”, “poco importante”, “servil”, “nimio”, “trivial”, “insignificante”, “intrascendente”) como parte del vocabulario castellano y lo utilicen en expresiones como “trabajo menial” (de “menial work”) en unas ocasiones con las connotaciones de la palabra inglesa (“labores de poca monta/categoría”, “tareas sencillas”, “trabajos de baja cualificación”, etc.) y en otras confundiéndolo por su parecido con “trabajo manual”.

Memorándum / Memorando / Memo


A la hora de escribir ciertos vocablos, debemos diferenciar los vocablos latinos aceptados en nuestra lengua de los latinismos, considerados expresiones de una lengua extranjera en la nuestra, muchos de ellos incluso llegados en forma de anglicismos ocultos tras una máscara latina. Tal es el caso que nos ocupa, pese a que sería fácil sustituirlo por otras palabras como “nota”, “circular”, “apunte” o “indicación”.
“Memorando” sería la forma hispanizada (aunque este vocablo español no significa lo mismo que su falso amigo inglés “memorandum” /memə'rændəm/), y la peligrosa abreviatura “memo”, pues puede dar lugar a frases como “una función para memos” (ofrecida por un programa informático), en vez de simplemente “escribir notas para realizar ciertas tareas”.

viernes, 8 de febrero de 2013

Adición a, en


Calco del inglés “in addition (to)” que a veces se usa indebidamente en lugar de “además (de)” o “por añadidura”.

Estanflación


Término que muchos escriben “estagflación”, “stanflación” o “stagflación” (hay que reconocer que molan mucho más) y que es una castellanización del inglés “stagflation” (/stæg'fleɪʃən/), a su vez compuesto de “stagnation” /stæg'neɪʃən/ (“estancamiento”, “inactividad”, “paralización”, “anquilosamiento”) e “inflation” /ɪn'fleɪʃən/ (“inflación” —ojo con la hipercorrección “inflacción”, tan del gusto de muchos políticos y periodistas—, “inflado”, “hinchado”, “hinchamiento”). Designa la coyuntura (perdón, escenario) de inflación sostenida, combinada con una recesión (bajo crecimiento económico, paulatino aumento del desempleo); fue acuñado en 1965 por el entonces ministro de Finanzas británico, Ian McLeod quien, en un discurso ante el Parlamento dijo lo siguiente: «Ahora tenemos lo peor de ambos mundos: no sólo inflación por un lado o estancamiento por el otro, sino ambos a la vez. Tenemos una especie de “estanflación”. Y, en términos modernos, se está haciendo historia». Según nuestros sabios y expertos en Economía, se trata de una situación (perdón, escenario) que nunca puede darse en un contexto (perdón, escenario) de libre mercado. Ya se sabe: no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír.

jueves, 7 de febrero de 2013

Boarding pass (/'bɔːdɪŋpɑːs/)


Como bien dice D. Carlos Leáñez en su fantástica bitácora Hablo luego existo, en ocasiones parece como si rebuznar el vocablo del día de El inglés en mil palabras (“bordinpá”, “bordingpaj”…) hiciera a algunos sentirse superiores al resto de los mortales, vulgares hispanohablantes ignorantes y atrasados, incapaces de salir de su burda “tarjeta de embarque”.

Traducir (o no) los topónimos



Permítaseme empezar con una nota personal: vivo en una localidad que tiene un nombre en francés (Helmsange), un nombre en alemán (Helmsingen) y otro nombre en luxemburgués (Helsem), y pertenece a un municipio que tiene un nombre en francés (Walferdange), un nombre en alemán (Walferdingen) y otro nombre en luxemburgués (Walfer): siempre me ha parecido excesivo que un pueblo tan pequeño tenga tantos nombres.
Lo primero que pensará cualquier ciudadano normal es: si esto es el cantón de Luxemburgo, del distrito de Luxemburgo, del Gran Ducado de Luxemburgo, lo lógico sería que el pueblo solo tuviera un nombre: el luxemburgués. Si tiene más, el problema ya trasciende de lo puramente lingüístico y pasa a ser un problema de orden jurídico-político.

Los mapas: qué significan y cómo deben traducirse.

Hubo un tiempo en el que los mapas servían simplemente para que los viajeros no se perdieran, pero con el auge del nacionalismo adquirieron un incalculable valor simbólico y llegaron a convertirse en representaciones de las soberanías y de los conflictos nacidos de los enfrentamientos entre ellas.
En los tiempos coloniales, las cancillerías europeas cubrieron los mapas de todos los continentes con fronteras trazadas con tiralíneas: África (¡aquellas «provincias españolas del Sáhara y Río Muni» con casi todas sus fronteras terrestres rectas!), América (la frontera entre Canadá y los Estados Unidos es la mayor recta del globo político), Asia (en toda la península arábiga) y Oceanía (Papúa Nueva Guinea está separada de Papuasia Occidental exactamente por el meridiano 141 E de Greenwich). Esto en Europa sería inconcebible1: el territorio del Hombre Blanco no podía tratarse del mismo modo que el delindígena.
Aun hoy en día, ¡cuántas reuniones internacionales de alto nivel han debido suspenderse o interrumpirse para modificar los mapas!: una vez, para que Taiwán no apareciera como un Estado soberano2; otra, para que los territorios palestinos figuraran de forma «decorosa» para ambas partes3; una tercera, para que se viera claramente que el Alto Karabaj no forma parte de Armenia4... los mapas han llegado a ser más peligrosos que las propias banderas.
En la actualidad, en gran parte del mundo se mata -y se muere- por los mapas: para eso se hacen las limpiezas étnicas. Antes se vaciará un territorio de sus habitantes que se permitirá la más mínima alteración del mapa sagrado. Así pues, los mapas -y los nombres y leyendas que incluyen- constituyen un aspecto delicado cuando de traducir para una institución se trata: ante una realidad tan descarnada, ¿qué deberá hacer el traductor de un organismo público cuando se encuentre con un topónimo nuevo -u obsoleto-?: ¿mantener el antiguo, en nombre de la tradición de la lengua en la que escribe?, ¿o adoptar el nuevo, para ajustarse a alguna modificación política sustancial?

¿Hay topónimos inocentes?

Seguramente no, pues prácticamente todos los territorios del planeta han sido bautizados varias veces. Solo en el siglo pasado hubo miles de cambios; recordemos algunos de ellos:
1914
Nueva Pomerania
Nueva Bretaña
1920
Mesopotamia
Iraq
1925
Cristianía
Oslo
1930
Constantinopla
Estambul
1935
Persia
Irán
1937
Quintanilla de Abajo
Quintanilla de Onésimo
1939
Siam
Tailandia
1945
Königsberg
Kaliningrado
1957
Costa de Oro
Ghana
1964
Nyasalandia
Malawi
1966
Basutolandia
Lesotho
1966
Bechuanalandia
Botsuana
1973
Annobón
Pagalu
1975
Dahomey
Benín
1984
Alto Volta
Burkina Faso

También se han dado múltiples casos de topónimos de ida y vuelta: durante unos años, la ciudad de Saarlouis se denominó Saarlautern5, la capital de la República Dominicana dejó de llamarse Santo Domingo para ser bautizada Ciudad Trujillo6 y el antiguo Congo belga se denominó Zaire (y su provincia de Katanga, Shaba)7. En muchos otros casos, los cambios han sido múltiples -y estamos limitándonos a hablar del siglo xx-: en 1973, la isla de Fernando Poo pasó a llamarse Macías Nguema, pero seis años después tomó el nombre de Bioko. Estos tripletes fueron muy frecuentes en las tierras de la antigua urss: en 1932 y 1934, respectivamente, Kuznetsk y Bobriki fueron bautizadas Stalinsk yStalinogorsk, pero en 1961 recibieron los nuevos nombres de Novokuznetsk y Novomoskovsk; la más célebre de estas fue Tsaritsin, llamada desde 1925 Stalingrado (nombre con el que adquiriría un gran valor simbólico) y Volgogrado desde 1961. Más complejos fueron los casos de San Petersburgo y Vladikavkaz, que recuperaron su antigua denominación después de haber llevado otros dos nombres (para el primero: Petrogrado hasta 1924 y Leningrado hasta 1992; para el segundo: Ordzhonikidze de 1931 a 1944, Dzaudzhikau de 1944 a 1954, y de nuevo Ordzhonikidze de 1954 a 1990).
Existen incluso inventos de términos totalmente originales para bautizar nuevos Estados: el caso más curioso es el de Pakistán, creado en 1948 como un acrónimo para que todas sus etnias estuvieran cómodas en él: la «p» de Punjab, la «a» de Afganistán, la «k» de Cachemira (Kashmir), la «i» de islam (el elemento aglutinador), la «s» de Sind y «tán» de Baluchistán.
A lo primero que debería atenerse el traductor de un servicio público que se enfrenta a estas alteraciones es a respetar la forma vigente. En efecto: si el traductor de una empresa privada podría en ciertos casos fingir que cierra los ojos ante los cambios que se suceden en el mundo exterior, es evidente que esta postura no es de recibo para nadie que trabaje para una institución política.

Los exotopónimos contraatacan.

A efectos de traducción, los topónimos pueden desglosarse en dos categorías: endotopónimos (topónimos escritos en la lengua local) y exotopónimos (que pueden ser simples traducciones o adaptaciones del endotopónimo o incluso denominaciones totalmente distintas utilizadas en una lengua diferente). Por ejemplo, para muchas capitales de Estados miembros de la Unión Europea, en español se utilizan exotopónimos más o menos tradicionales: Praga, Bruselas, Copenhague, Tallin, Atenas, Nicosia, Luxemburgo, La Valeta, Viena, Varsovia, Liubliana, Estocolmo, Londres. En otros se respeta el endotopónimo: Roma, Vilnius, Budapest, Amsterdam, Lisboa, Bratislava, Helsinki. En ciertos casos, la diferencia entre ambos se limita a pequeños detalles diacríticos: Berlín, París, Riga.
El Grupo de Expertos de las Naciones Unidas para los Nombres Geográficos aconseja respetar los endotopónimos (que ellos denominan «endónimos»). Así, por ejemplo, los nombres en lengua inuit (Kalaallit y Nuuk) han desplazado a los exotopónimos daneses (Grønland y Godthåb) del Glosario de terminología toponímica de las Naciones Unidas.
Los servicios de traducción al español de las instituciones de la ue han debido hacer muchos equilibrios entre el criterio de respetar el endotopónimo y el de la hispanización. Inclinarse por una forma u otra depende, claro está, de la mayor o menor tradición en el uso de la forma hispanizada. Intentemos resumir los criterios que deben seguirse:
ReglasExcepcionesExcepciones a la excepción
Alfabeto latinoUtilizar el endotopónimo
Bujumbura, Detroit, Lisboa, Ottawa, Rocroi, Roma, Washington
Exotopónimo tradicional
Amberes, Estocolmo, Gerona, La Coruña, Londres, Nueva York
(o «tradicional asimilado»:
Chequia, Nuakchot, Ruanda, Uagadugu)
Razones jurídicas o políticas
(en textos oficiales)
A Coruña, Girona, Lleida, Ourense, República Checa
Otros alfabetos
y escrituras
Transliterar 
o transcribir*
el endotopónimo
Novisibirsk, Osaka
Exotopónimo tradicional
Benarés, Bombay, Calcuta, El Cairo, Moscú, Nueva Delhi, Pekín
Razones jurídicas o políticas
(en textos oficiales)
Beijing, Kolkata, Mumbai, Varanasi
* Se transcribe si existe una transcripción tradicional en español; en caso contrario, se translitera. Recordemos que la transliteración consiste en transformar los grafemas de la escritura del original en letras del alfabeto latino, mientras que la transcripción es anotar los fonemas del original (así, Αθήνα: transliteración Athína, transcripción Atina, traducción Atenas [de la forma clásica Αθήναι]).
Si bien la regla general es evidente, las excepciones están menos claras: ¿cuándo es tradicional el exotopónimo?, ¿cuándo la razón jurídica es suficientemente imperativa? National Geographic publicó un atlas en el que aparecía el golfo Arábigo; Irán expresó su más enérgica protesta por ese cambio de nombre del golfo Pérsico. Querellas semejantes han tenido lugar entre Corea y Japón acerca de la denominación del mar que los une/separa. Ah, y recordemos aquí que la National Geographic Society no es más que una empresa privada, que en principio puede elegir el topónimo que prefiera sin someterse a obligaciones políticas explícitas8.
Afortunadamente, disponer de una lista de Estados y territorios única para todas las instituciones europeas puede servir de mucho como orientación para poder actuar por analogía con ella en los nuevos casos que vayan suscitándose.

La larga marcha hacia una lista única de Estados y territorios.

Faltaría mucho espacio en este artículo para referir la ardua labor desarrollada por el Grupo Interinstitucional de Toponimia para lograr la lista que actualmente constituye la referencia para todos los servicios de traducción de la Unión Europea. Me limitaré a recordar el origen lejano del problema, pues es cierto que a menudo colegas de otras unidades lingüísticas se hacen cruces, y con toda la razón, al saber que en español existían varias listas de países.
El 24 de octubre de 1945 nacían las Naciones Unidas: los vencedores de la guerra mundial estaban presentes en esa creación, de la que cabe recordar la ausencia de la dictadura de Franco, alineada con el Eje. No obstante, el régimen lingüístico de la nueva organización incluirá el castellano entre sus idiomas oficiales (no hay que olvidar que Argentina, Chile, Cuba, Nicaragua, Paraguay y otros países del nuevo continente sí formaban parte de los Aliados), con lo que toda la documentación producida resultará de la labor de profesionales latinoamericanos, y uno de sus frutos será su lista oficial de países. En dicha lista había términos sorprendentes para un español peninsular: arcaísmos como Tabago, localismos como Zelandia, copias del topónimo francés o inglés, como DjiboutiRwanda y tantos otros. Problema: esa era la lista oficial de las Naciones Unidas y fue aceptada como tal por los servicios de traducción de las instituciones más «políticas», como el Parlamento y el Consejo. El rechazo que suscitó en la Comisión condujo a docenas de reuniones interminables que, en abril de 2005, lograron desembocar en la aprobación de la lista única.
Hay traductores -incluso varios de nuestros colegas de la ue- que se preguntan: ¿merece la pena tanto trabajo para esto?, ¿qué más da poner Zimbabue o Zimbabwe, si no hay equívoco posible?, ¿qué importancia tiene?

Cambiar un nombre es variar la percepción de la realidad.

Cuando la urss dejó de existir empezaron dos procesos paralelos de modificación de la toponimia, uno más político (la descomunistización), dirigido a borrar los nombres que el régimen soviético había dedicado a antiguos revolucionarios, y otro más lingüístico (la desrusificación), dedicado a marcar las diferencias entre las lenguas nacionales y el ruso: paso del alfabeto cirílico al latino o, en todo caso, modificación de la forma cirílica que provoca cambios en su transliteración (por ejemplo, en Ucrania, Jarkiv y Lviv sustituyen a Jarkov y Lvov)9.
Recordemos que los cambios masivos de topónimos no solo se dan en países exóticos. En 1937, por ejemplo, el Gobierno republicano catalán decidió suprimir todos los topónimos con nombres relativos a la monarquía, la aristocracia o la religión: els Prats de Rei se convirtieron en els Prats d'Anoia; la Parròquia de Ripoll, en Fontfreda de Ter; Santa Fe del Penedès, en la Torre del Penedès, etc. En la actualidad vuelven a llevar sus nombres tradicionales10.
Ya hemos visto que los topónimos no son inocentes; elegir uno u otro es casi siempre una opción política, y los traductores de un servicio público están sujetos a determinadas servidumbres, que muchas veces no tienen nada que ver con las cuestiones meramente lingüísticas.

La importancia del orden.

Hay listas en muchas lenguas, y países que tienen la suerte de encontrarse siempre en el mismo lugar (al menos en el alfabeto latino): Argentina, Burundi, Laos, Nicaragua, Senegal, Singapur, etc. Parece lo lógico, pero en realidad solo algunos privilegiados gozan de esta situación (pensemos en España misma, que tantas veces hay que ir a buscar en la «s», incluso en textos aparentemente «españoles», que en realidad no son sino versiones procedentes del inglés realizadas por algún traductor que debía creer que su trabajo no tiene nada que ver con el orden alfabético...).
Costa de Marfil ostentaba una plusmarca mundial en estos problemas del orden alfabético: en español está en la «c», pero en alemán está en la «e»; en griego, en la «α»; en inglés, en la «i»; en finés, en la «n»; en polaco, en la «w»; en turco, en la «f»; en ruso, en la «б»; en indonesio, en la «p», etcétera. En 1986, el Gobierno marfileño decidió poner fin a este desbarajuste y estableció que a partir de entonces el nombre del Estado sería «Côte d'Ivoire» en todas las lenguas del mundo11. Las Naciones Unidas lo aceptaron (y, con ellas, los pocos organismos internacionales que pueden ufanarse de contar con más miembros aún: el coi y la fifa), así como instituciones privadas tan prestigiosas como The Economist o la Encyclopædia Britannica. En cambio, The Times, el New York Times y la bbc siguieron utilizando el exotopónimo «Ivory Coast». En esta línea se situó también nuestro Libro de estilo interinstitucional de la Unión Europea («Costa de Marfil»).
Como se ve, todas las soluciones se sitúan en una especie de cuerda entre dos fundamentalismosirrealizables: el de respetar a rajatabla los endotopónimos (Cumbre de London) y el de hispanizar todo lo que se encuentre (Reunión en Uásinton); cabe citar aquí la tradición portuguesa, que ha llegado a crear muchos exotopónimos castizos al cien por cien: Arcansas, Bangladeche, Catar, Gana, Helsínquia, Quénia, Quília12.

Los diez mandamientos de la traducción de topónimos en la UE.

  1. Tener siempre presente la «Lista de Estados y territorios»13, incluida en el Libro de estilo interinstitucional14 y, por tanto, de obligado cumplimiento para traductores, correctores, revisores y terminólogos de los servicios de todas las instituciones y órganos de la ue.
     
  2. Estar al corriente de la evolución política general; tener el reflejo de no cambiar de forma automática un topónimo desconocido que pueda reflejar un cambio político que debe tenerse en cuenta. En tal caso, dar cuenta de tal modificación a los corresponsales de la institución ante el Grupo Interinstitucional de Toponimia15.
     
  3. Saber distinguir entre los documentos protocolarios y los textos de divulgación: un acuerdo pesquero puede exigir la forma «Côte d'Ivoire», mientras que en un folleto destinado al gran público la forma «Corea del Norte» es mucho más explícita que «la r.p.d. de Corea».
     
  4. Ante un topónimo desconocido, no tener ningún miedo a consultar los atlas y las enciclopedias que haga falta: primero es la geografía, y luego la traducción16.
     
  5. En caso de duda, no vacilar en acudir a los corresponsales de la institución ante el Grupo Interinstitucional de Toponimia.
     
  6. Si el endotopónimo se escribe en otro alfabeto o en cualquier forma de escritura distinta del alfabeto latino y carece de transcripción tradicional al español, tener en cuenta las normas establecidas para transliterar dicha escritura.
  7. Vigilar los diacríticos, aunque no sean propios del español: así, Munster (endotopónimo: An Mhumha) es una provincia irlandesa, mientras que Münster pertenece a Westfalia17.
     
  8. En la medida de lo posible, no inventar nunca un topónimo de nueva planta sin haber efectuado una consulta previa al Grupo Interinstitucional de Toponimia. En caso contrario, informarle a posteriori.
     
  9. En los topónimos menores (nombres de pueblos, aldeas o pequeños accidentes geográficos), la mejor solución acostumbra a ser ceñirse al endotopónimo.
     
  10. Utilizar lo menos posible los gentilicios (por ejemplo: preferir siempre «una iglesia de Jerusalén» a «una iglesia hierosolimitana») y recurrir a ellos solo en última instancia (para evitar la repetición o ganar en concisión, por ejemplo: al sustituir «un ciudadano de los Emiratos Árabes Unidos» por «un emiratounidense»).
Estos diez mandamientos se resumen en dos: usar bien las listas y los demás instrumentos terminológicos de los que disponemos y saber a quién hay que dirigirse para efectuar las consultas pertinentes.


1
Por ejemplo: a nadie le pasó por la cabeza coger el tiralíneas para trocear el Reich y hacer que la frontera entre la República Federal de Alemania y la República Democrática Alemana tuviera la forma de una perfecta «L».
2
Reunión ministerial del PNUMA en febrero de 2001: la República Popular China obligó a retirar el mapa en cuestión.
3Fuente de conflicto en la Cumbre de la Tierra de Johannesburgo de 2002.
4Reunión del Foro Económico Internacional en Praga, 2002: el representante azerbaiyano solicitó la interrupción de la sesión; el armenio se negó.
5Durante el periodo nazi, entre 1935 y 1945.
6Del 11 de enero de 1936 al 20 de noviembre de 1961.
7Del 27 de enero de 1971 al 17 de mayo de 1997.
8En cambio, las Naciones Unidas llegaron a contemplar la posibilidad de que el pnuma denominase a dicho golfo «ropme Sea Area», donde ropme significa «Regional Organization for the Protection of the Marine Environment».
9Lo que no implica que automáticamente todas las demás lenguas deban cambiar a su vez: Kiev es una forma tradicional en español que se usa en lugar de la nueva transliteración Kiyv.
10Salvo durante los años de la dictadura, que se dedicó a traducir los topónimos: así, Sant Boi de Llobregat pasó en 1937 a ser Vilaboi y, en 1939, San Baudilio del Llobregat.
11Y las que no usaran el alfabeto latino debían transcribir la voz /kotdivuar/.
12Aclaro: Quília es la capital del Estado federado alemán de Eslésvico-Holsácia.
13http://publications.europa.eu/code/es/es-5000500.htm
14http://publications.europa.eu/code/es/es-000300.htm
15Hay corresponsales en el git del Consejo, la Comisión y el cese-cdr (en Bruselas) y del Parlamento, la Comisión y el Tribunal de Cuentas (en Luxemburgo). Los correctores de la opoce deben dirigirse a la persona responsable del Libro de estilo interinstitucional.
16Se evita así el comportamiento de ciertos periodistas que hace tres años afirmaron que Guangdong era una «adaptación al español» de Guangzhou, ignorando olímpicamente que el primero es el topónimo de una provincia, y el segundo, el de una ciudad (y ninguno de los dos español, como hubiera debido ser aún más evidente).
17En estos tiempos de uso generalizado de la informática ya no caben las excusas de que no disponemos de determinados caracteres. Es más, si se quiere que los textos escritos en otras lenguas respeten grafías particulares (como la eñe), procede obrar con arreglo al principio de reciprocidad y asumir los apóstrofos y otros diacríticos (Nuku'alofa, Åland).

Concept store (/'kɒnseptstɔː(r)/)


De “concept” (“concepto”, “monográfico”) y “store” (“tienda”, “almacén”) nace la expresión “concept store”, comercios que buscan marcar la diferencia por medio de espacios interiores decorados con formas innovadoras, coloridas y vanguardistas, todo ello para cautivar al consumidor a través de los sentidos, las emociones y una experiencia única y diferente. El objetivo es que la visita a un “concept store” (cuyos productos, de alta gama, suelen estar relacionados con la creatividad, el diseño, el interiorismo, la decoración, los complementos, la moda o la tecnología), se convierta en una experiencia estimulante equivalente a un museo, una galería de arte o una exposición.
Como bien dice Jesús Cano en la revista XL Semanal, quien no sepa lo que es un “concept store” es que está totalmente out.

Siéntate aquí, chaval



Cuando el periodismo aún se parecía al Periodismo, y eras un redactor novato que pisaba por primera vez la redacción, había dos personajes a los que mirabas con un respeto singular, mayor que el que te inspiraban los redactores jefes en mangas de camisa con tirantes y una botella de whisky metida en un cajón de la mesa, o los grandes reporteros con firma en primera página, a cuyas leyendas soñabas con unir un día la tuya. Los dos personajes a los que más podía respetar un joven periodista eran el corrector de estilo y el redactor veterano. El primero solía ser un señor mayor con la mesa cubierta de libros y diccionarios, encargado de revisar todos los textos para detectar errores ortográficos o gramaticales antes de que se convirtieran en plomo de linotipia. A veces, a medio redactar un artículo, te levantabas e ibas a plantearle una duda. Solían ser cultos, educados y pacientes. A uno del diario Pueblo -lamento no recordar ya su nombre- debo desde 1973 un truco para no equivocarme nunca, después, al manejar debe y debe de. Cuando es obligación, me dijo, pon siempre debe. Cuando es suposición, debe de. Tampoco he olvidado su aclaración sobre leísmo y loísmo: Lo violó a él, la violó a ella, les violó la correspondencia

El otro personaje era el redactor veterano. El primer día de trabajo, cuando te internabas entre aquel incesante tableteo de máquinas de escribir y teletipos mirando en torno con aire de parvulito desamparado, siempre había un fulano de cierta edad, sonrisa fatigada y ojos vivos, que señalaba la mesa que tenía al lado y decía: «Siéntate aquí, chaval». Así lo hacías; y de él, en los siguientes días y meses, aprendías sobre tu oficio más que cuanto escuelas de periodismo y universidades podían enseñarte jamás. Solía tratarse de periodistas curtidos en la redacción; hombres en su mayor parte, aunque no faltaban mujeres. Anónima infantería, toda ella, sin demasiado futuro. Veteranos maduros, desprovistos ya de ilusiones o esperanzas, seguros de que su carrera profesional no iría mucho más lejos de aquella mesa y de la desvencijada Olivetti que había encima. Conscientes, a esas alturas, de que nunca llegarían a redactores jefe, y tal vez ni siquiera a jefes de sección. Ese periodista veterano solía ser poco gregario, vagamente cínico, con un punto de simpática misantropía. Respetado por todos, aunque a menudo se mantuviera algo aparte de los compañeros que aún tenían ambición y esperanza. Y tú, intuyendo que era precisamente él quien poseía las claves del oficio, la experiencia y las certezas que te faltaban, te dejabas adoptar con aplicación y respeto, procurando hacerte digno de su estima. Aprendiendo a la vez de sus conocimientos, su cinismo y su ternura. Yéndote luego de madrugada, al cierre de la edición, a tomar con él una copa -ese personaje solía beber hasta el amanecer- y formular las preguntas oportunas para hacerlo hablar, y contarte. Para escuchar de su boca los secretos fundamentales del oficio y de la vida. Y él lo hacía con gusto, cómplice, generoso como si tu futuro empezase exactamente allí donde terminaba el suyo.

Contagiándote el amor por el oficio, la fiebre que en su juventud tuvo, y que al hablar le afloraba todavía, pese a los desengaños, en las palabras y la sonrisa. Y el día que, al fin, firmabas en primera página, te miraba orgulloso como un padre miraría a un hijo, o un maestro a un alumno aventajado. Sabiendo que tu triunfo también era suyo. Ya no hay gente así en las redacciones. Ni corrector de estilo, ni viejos maestros con la clave del gran periodismo en los ojos cansados. Ni siquiera quedan apenas redacciones. Los tiempos cambiaron mucho las cosas, los periódicos de papel mueren despacio, las ediciones digitales sustituyen a los grandes rotativos que antes se apilaban en los quioscos -edición especial: Franco ha muerto-, y los propietarios de medios informativos, prensa, radio y televisión, hace tiempo jubilaron a esa clase de gente. Nadie quiere correctores de un estilo que no importa un carajo, y que además se consigue gratis, aunque de manera torpe e imperfecta, con los correctores informáticos. Tampoco hacen falta, ni conviene tenerlos cerca, molestos veteranos que abran los ojos a la carne de cañón barata que ahora exigen las empresas: jóvenes becarios mal pagados, pendientes de una pantalla de ordenador, nutridos con notas de prensa y mediante Internet, que ni siquiera duran allí lo suficiente para enseñar al joven que los sustituirá en el periodismo superficial e irresponsable, al que nuestro tiempo nos condena. Sin nadie que el primer día de trabajo, al señalar una mesa cercana y decir «siéntate aquí, chaval» le abra generoso, desinteresado, las puertas del que en otro tiempo fue el oficio más hermoso del mundo. 

martes, 5 de febrero de 2013

Memorabilia (/'memərə'bɪliə/)


Aunque tiene un origen latino, se trata de un término inglés, luego su uso supone un anglicismo. En castellano diríamos en su lugar “objetos de interés”, “pertenencias de un personaje famoso”, “objetos conmemorativos” o, simplemente, “recuerdos” (perdón, souvenirs).

Membresía / Membrecía


Probable adaptación del inglés “membership” /'membəʃɪp/ (“socios”, “miembros”, “afiliados”, “pertenencia”, “número de miembros o socios”) para designar la ‘condición de miembro de una entidad’ o el ‘conjunto de miembros’.
Dado que la palabra tiene su origen en países seseantes (Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Panamá o Cuba), está muy extendida en el uso la forma “membresía”, aunque la grafía correcta es “membrecía”, puesto que el sufijo español para formar este tipo de derivados es -cía (de abogado, abogacía; de clero, clerecía); la terminación -sía es propia de los sustantivos derivados de nombres o adjetivos que terminan en -s: burguesía (de burgués), feligresía (de feligrés). Ambas formas están aceptadas por igual en la Nueva gramática de las Academias, que al mismo tiempo rechazan las formas “miembría” y “membría”.

Melé / Maul / Ruck


Castellanización de la voz francesa mêlée /mele/ (“pelea”, “barullo”, “mezcolanza”, “refriega”, “aglomeración”), voz propia del rugbi que significa ‘jugada en la que varios integrantes de cada equipo, agachados y agarrados, se empujan para hacerse con el balón, que ha sido introducido en medio de ellos, y pasárselo a otro jugador que está detrás’. Al tratarse de un deporte de origen británico, realmente los términos más apropiados para referirse a la “melé” son “maul” /mɔ:l/ (“atacar”, “herir”, “magullar”, “maltratar”, “sobar”) y “ruck” /rʌk/ (“multitud”), ya que cada uno describe lances diferentes del juego, mientras que “melé” sería una palabra genérica para ambos (en el “maul”, el balón está en la mano del jugador, mientras que en el “ruck” está en el suelo).

Enseñar inglés a los niños aumenta el riesgo de que se dediquen al marketing



En su informe anual “Estado Mundial de la Infancia 2013″, UNICEF advierte de los peligros que conlleva una “sobreexposición al inglés” en países no anglosajones por parte de la población infantil. La organización ofrece datos alarmantes que vinculan el aumento de profesionales del sector del marketing, “community managers”, “coolhunters”, “nethunters” o “entrepreneurs” a la creciente presencia del inglés en las aulas.
El marketing conduce a una vida erigida sobre la nada
“Si queremos que nuestros hijos tengan una profesión digna, con ingresos obtenidos gracias a su propio esfuerzo, y que no construyan una vida basada en la apariencia y en la cocaína, es fundamental que moderemos su dominio del inglés”, explica la psicóloga infantil Dalezzia Rizti, coautora del informe. UNICEF entiende que esa moderación del nivel de inglés pasa por “evitar que se acostumbren a usar anglicismos para referirse a cosas que no existen, como por ejemplo el ‘engagement’”, insiste la experta.

Un nivel demasiado alto de francés puede arrojarlos a la poesía

Tampoco el francés es una lengua conveniente si se enseña a los niños sin moderación. Aunque la Sociedad Americana de Lingüística certificó en un estudio que el francés es el mejor idioma contemporáneo para comer y hacer el amor, UNICEF cree que, empleado en exceso, puede incitar a los alumnos a interesarse por la poesía, siendo ésta la quinta causa de pobreza en el mundo occidental. “En casos extremos, la poesía lleva a la filología, ésta a las lenguas muertas y de las lenguas muertas pasamos a tener a adultos que a los cuarenta años siguen siendo mantenidos por sus padres”, sentencia Rizti.