miércoles, 18 de diciembre de 2013

Donquear / Donqueo


Calcos del inglés “[slam] dunk” /ˈslæmdʌŋk/ (“machacar”, “mate”, “volcada” en Argentina, “clavada” en México), que en la jerga baloncestística designa la ‘jugada que consiste en introducir con una o dos manos el balón en la canasta impulsándolo con fuerza hacia abajo’.

Hangout (/ˈhæŋaʊt/)


Sustantivo informal que, hasta la aparición de la afamada red social Google+ (donde designa una videollamada con un contacto), solía traducirse por “garito”, “guarida” o “lugar de reunión habitual”. El hecho de que el significado del sustantivo no sea totalmente equivalente al del verbo (“to hang out”: “pasar el rato”) suele provocar que se confunda con “reunión” o “quedada”, como pudimos comprobar los seguidores de Rafael Nadal en junio de 2012, cuando a través de las redes sociales nos comunicaba lo siguiente: «Entrenando con Gilles Simon antes de la Hangout en mi casa!».

martes, 17 de diciembre de 2013

Oleoducto, estar en el


Traducción literal, que carece de sentido para un hispanohablante en la mayor parte de los textos, de la expresión inglesa “to be in the pipeline”. En el mundo empresarial se utiliza en sentido figurado para indicar que un producto todavía no está disponible, pero lo estará en breve. Puede traducirse, según el contexto, por “estar en fase de desarrollo / investigación”, “estar en proyecto” o “estar tramitándose”.
Si se utiliza “pipeline” a secas, la mejor traducción suele ser “[cartera de] productos en fase de desarrollo”, que no debe confundirse con “[product] portfolio” o “cartera de productos [comercializados]” de la empresa.

Ófset


Adaptación gráfica de la voz inglesa “offset” /ɒf'set/ (“compensar”, “contrarrestar”), que designa el ‘procedimiento de impresión en el que la imagen entintada es traspasada a un rodillo de caucho que, a su vez, la imprime en el papel’, así como la ‘máquina que imprime por este procedimiento’.
Creado por Ira Rubel a comienzos del siglo XX, consiste en aplicar una tinta oleosa sobre una plancha metálica, en un proceso similar al de la litografía. La plancha se moja con agua para que repela la tinta en las zonas de no imagen (zona hidrófila) y que el resto de la plancha tome la tinta en las zonas donde hay un compuesto hidrófobo previamente grabado en la plancha. La imagen o el texto se trasfiere por presión a una mantilla de caucho, para pasarla al papel por presión.

Escrache


Es paradójico que ilustres personajes de la talla de Cristina Cifuentes y María Dolores de Cospedal demuestren una y otra vez su ignorancia y su ineptitud, atreviéndose tanto a calificar de terroristas de ETA a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, como a acusar de nazis a las personas que practican “escraches” contra miembros de su casta. Si bien en alguna ocasión no habría estado de más un poco de moderación en algunas de estas execraciones o vituperaciones públicas, también convendría que quienes hablan en público apliquen también moderación a su lenguaje (además de un poco de coherencia y documentación previa), puesto que los “escraches” nacieron precisamente durante la caza de asesinos nazis al finalizar la II Guerra Mundial. Como nos explica D. Roberto A. Pazo Cid, Serge y Beate Klarsfeld, él un abogado francés de origen judío y ella la hija de un soldado del ejército alemán, descubrieron en Bolivia el domicilio del oficial de las SS Klaus Barbie, el carnicero de Lyon, así como los domicilios alemanes donde vivían plácidamente Kurt Lischka, Herbert Hagen y Ernst Heinrichsohn, el primero jefe de la Gestapo, el segundo jefe de las SS y el tercero guardia feroz de un campo de concentración en Francia. Acudieron con cámaras a la puerta de estos domicilios junto con supervivientes de los campos de concentración, que protestaron encadenándose a la fachada de sus casas. Consiguieron así que todos esos nazis fueran juzgados y condenados.
Según el Diccionario de americanismos de las Academias de la Lengua, “escrache” alude a la ‘manifestación popular de denuncia contra una persona pública a la que se acusa de haber cometido delitos graves o actos de corrupción y que, en general, se realiza frente a su domicilio o en algún otro lugar público al que deba concurrir la persona denunciada’. El término, cuya connotación sonora evoca algo que sucede con estrépito (y tiene así un valor onomatopéyico), se popularizó en los años noventa para referirse a las manifestaciones organizadas frente a los domicilios de procesados por delitos cometidos durante la dictadura argentina que luego habían sido puestos en libertad. No obstante, como hemos visto más arriba, su origen es muy anterior y bastante lejano de Argentina. Su uso nos ha llegado ahora de regreso a Europa, en otros países y contextos, después de dar unas cuantas vueltas por el mundo.
El verbo “escrachar” también aparece en el Diccionario de americanismos con varios significados, entre ellos los de ‘dejar en evidencia a alguien’ y ‘golpear duramente a alguien’. El DRAE, que no recoge sus derivados americanos “escrache” (‘poner en evidencia o delatar públicamente a alguien’, ‘situación desairada en que se deja a alguien’) y “escracho” (‘cara o rostro, especialmente si es feo o desagradable’, ‘fotografía de una persona, generalmente de mala calidad’ y ‘cosa mal hecha’, además de, por influencia del italiano “scaracio” —“billete”— ‘boleto de lotería o pasaporte falsificados o engañosos’ —que seguramente precisaban de alguna raspadura para alterar sus datos—), sí incluye el verbo “escrachar” como un coloquialismo argentino y uruguayo con los significados de ‘romper, destruir, aplastar’ y ‘fotografiar a una persona’, quizás a partir del gallego (‘cascar, aplastar, despachurrar’; ‘hacer cachos, romper’), que se basa a su vez en el verbo “cachar”, asimismo registrado por la Academia: ‘hacer cachos o pedazos algo’. Por su parte, el Diccionario etimológico del lunfardo, del argentino Óscar Conde, apunta como origen de “escrachar” un posible cruce entre el genovés “scraccâ” (expectorar, escupir —parecido al francés “cracher”, con el mismo significado—), y el italiano “schiacciare” (romper, destrozar).
Desafortunadamente, esta palabra ha tenido la mala suerte de parecerse al inglés “scratch” /skrætʃ/ (“rayar”, “arañar”, “rascar(se)”), dando como resultado que otro uso muy común de este verbo hoy en día se corresponda con esta versión espanglish («me “escracharon” el coche.»).

lunes, 16 de diciembre de 2013

Estriptis o estriptís / Estríper o estriptisero


Formas propuestas para adaptar gráficamente al español las voces inglesas “striptease” /ˈstrɪptiːz/ (‘espectáculo erótico en el que una persona se va desnudando poco a poco al compás de la música y de una manera insinuante’; ‘local en que se realizan este tipo de espectáculos’) y “stripper” /ˈstrɪpəʳ/ (‘persona que se dedica profesionalmente a desnudarse en público’; ‘artista de estriptis’). La forma llana “estriptis” refleja la pronunciación inglesa etimológica y es invariable en plural, mientras que la forma aguda “estriptís” se debe al influjo de la pronunciación francesa del anglicismo y su plural es “estriptises”.
Bien están las propuestas, aunque no conviene olvidar que en español el uso de la grafía inglesa es abrumadoramente mayoritario, si bien con dificultades a la vista de la variedad de alternativas encontradas por ahí, algunas de las cuales me suenan más a pastillas para la tos o admiradores de Meryl Streep: striptis, streaptis, streeptis, streptis, striper, streaper, streeper, streapper, extriper, etc.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Otros palabros (III): Copago


Suele ser en los primeros años de escuela cuando los niños aprenden que el prefijo “co”, procedente del latín “cum”, indica unión, colaboración o compañía; lo cual no dice mucho en favor de la educación recibida por la ministra de Sanidad Ana Mato y de todo el resto de demagogos que malinterpretan el significado del neologismo “copago”.


El DRAE define “pago” como ‘entrega de un dinero o especie que se debe’; si le añadimos el prefijo “co”, estamos diciendo que esta entrega se realiza por medio de la unión o colaboración de varias partes (pago compartido). Sin embargo, cuando nuestros politicastros nos hablan del “copago”, esa entrega se realiza por una sola persona, si bien en dos momentos diferentes: primero, el cliente (que solía ser “paciente”, “enfermo”, etc. antes de que Capio y otras empresas con amiguetes en el PP decidieran convertir nuestra Sanidad en su negocio) financia la totalidad de nuestro sistema sanitario (construcción y gestión de hospitales, gastos de personal, compra de productos farmacéuticos, etc.) con sus impuestos. Es decir, que no existe tal cosa llamada “Sanidad gratuita” o “gratis total”, por mucho que nos quieran vender el concepto al estilo Joseph “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad” Goebbels, sino en todo caso un sistema sanitario hasta hace poco basado en valores como la universalidad, la equidad o la financiación y previsión públicas. Lamentablemente, ese dinero se destina en un primer momento a la construcción de aeropuertos sin aviones, estaciones de tren sin trenes, autopistas sin automóviles, etc., así como al pago de comisiones, sobresueldos y sobres varios. Así, cuando llega el momento de asignar a la Sanidad el presupuesto que necesita (cámbiese “Sanidad” por “Educación”, “pensiones” o lo que se desee —incluso el préstamo bibliotecario—, ya que estamos ante problemas con orígenes similares), el hatajo de corruptos que seguimos votando como borregos cada cuatro años se da cuenta de que se han quedado sin perras, con lo que se inventan esta obra cumbre del neolenguaje del fundamentalismo liberalista, auténtica tomadura de pelo hacia el ciudadano desinformado por parte de una casta que está completamente convencida de que somos totalmente imbéciles. En resumen, el contribuyente paga también por segunda vez cuando recibe medicamentos o asistencia sanitaria, luego no hay “copago” que valga, sino pago, “repago”, y vuelvo a pagar, y sigo pagando porque me toca, como en el juego de la Oca pero independientemente de la casilla en la que caiga, mientras la casta, y la banca, multinacionales, ceoes, etc. a quien rinden pleitesía, se descojonan cuando lo que deberían hacer es avergonzarse de su total y absoluta ineptitud para gestionar nuestros ya de por sí abultados impuestos (los de las clases medias y bajas, me refiero, que para las grandes fortunas y multinacionales ya existen las SICAV, amnistías fiscales o lo que haga falta antes que devolver un miserable céntimo a su país).

jueves, 12 de diciembre de 2013

Offshore (/ɒf'ʃɔ:(r)/)


Término inglés que significa “fuera de costa”, “en alta mar”, “en mar abierto”, “mar adentro”, “marino”, “en el exterior”, “en el extranjero”, “extraterritorial” o “en un paraíso fiscal”. Como anglicismo, suele utilizarse con dos acepciones: ‘que se realiza en el mar’ (referido a la explotación de plataformas petrolíferas o de obtención de energía eólica) o, metafóricamente, ‘que invierte en distintas empresas extranjeras, especialmente en países con ventajas fiscales, y se beneficia de un régimen fiscal especial’ (referido a una empresa inscrita en un paraíso fiscal —de esas que en España nos gusta premiar con amnistías fiscales—). Así, el terminacho ha terminado adquiriendo la connotación de ‘de baja fiscalidad’ o ‘paraíso fiscal’.