miércoles, 28 de mayo de 2014

“La alma mater”, no “el alma mater”



“La alma mater” —en femenino, sin tilde y en cursiva—, no “el alma mater”, es la forma adecuada de escribir esta locución latina.
La norma de cambiar “la” por “el” ante palabras femeninas que comienzan con a tónica sólo afecta a sustantivos (“el alma contenta”, “el aula espaciosa”), pero en esta locución latina “alma” es un adjetivo que significa ‘que alimenta’, tal como indican los diccionarios de latín.
Sin embargo, en los medios de comunicación es frecuente encontrar oraciones en las que la locución se emplea con el artículo masculino: «Héctor Voglino fue durante muchos años “el alma máter” de ese cine» o «Con la perspectiva que dan tres décadas en la industria, Custo Dalmau, “el alma máter” de la firma Custo Barcelona, tiene muy claro que…».
En estos ejemplos, lo apropiado habría sido utilizar el artículo “la” en redonda y la locución latina “alma mater” sin tilde y en cursiva, de acuerdo con las normas al respecto de la Ortografía de la lengua española: «… la alma mater de ese cine» y «… la alma mater de la firma Custo Barcelona…».
Cabe además señalar que, aunque el Diccionario panhispánico de dudas circunscribe el significado de esta locución a su sentido etimológico de ‘madre nutricia’ —metáfora de la universidad— y desaconseja explícitamente emplear alma mater para referirse a la ‘persona que da vida o impulso a algo’, acepción más habitual en periodismo, este sentido sí se recoge en los principales diccionarios de uso.
No obstante, con este significado se recomienda sustituir la alma mater simplemente por el sustantivo “alma” (y entonces sí irá precedido del artículo “el”): «Héctor Voglino fue durante muchos años “el alma” de ese cine» y «Con la perspectiva que dan tres décadas en la industria, Custo Dalmau, “el alma” de la firma Custo Barcelona, tiene muy claro que…».

viernes, 16 de mayo de 2014

Bironga


Adaptación al espanglish de la palabra inglesa “beer” /bɪəʳ/ (“cerveza”), añadiéndole el sufijo –onga, quizás por similitud con “birlonga” (“a la birlonga”: ‘al descuido o con desaliño’). Algunos añaden aún más descuido y desaliño si cabe escribiéndolo con uve: “vironga”.

“Abdicar el trono” o “del trono”, no “abdicar al trono”



El verbo “abdicar”, que significa ‘ceder un monarca la soberanía sobre su reino’, como transitivo se construye sin preposición (“abdicar el trono”), y cuando funciona como intransitivo le sigue un complemento introducido por “de”, no por “a”, (“abdicar del trono”) tal como indica el Diccionario panhispánico de dudas.
Además, cuando se menciona al nuevo monarca, el verbo va seguido de “en” o “en favor de”.
Sin embargo, con motivo de la decisión del rey Alberto II de Bélgica de poner fin a su reinado, algunos medios de comunicación escribieron frases como «Alberto II de Bélgica “abdica a” su trono», posiblemente por confusión con el verbo “renunciar”, que sí se construye con la preposición “a”.
En el ejemplo anterior, lo apropiado habría sido escribir «Alberto II de Bélgica “abdica” su trono» o «Alberto II de Bélgica “abdica de” su trono».
Se recuerda asimismo que no es imprescindible precisar el complemento directo (“el trono”), de modo que es correcto escribir simplemente «Alberto II de Bélgica “abdica en” su hijo Felipe» o «Alberto II de Bélgica “abdica en favor de” su hijo Felipe».

jueves, 15 de mayo de 2014

Parafernalia


Palabra que ha invadido poco a poco el léxico hispano, pese a que no comparte la misma definición en inglés y en español. Mientras que la acepción que le reconoce y le asigna la RAE es: ‘conjunto de usos habituales en determinados actos o ceremonias, y de objetos que en ellos se emplean’, el significado inglés “paraphernalia” (/ˈpærəfəˈneɪlɪə/) es más amplio: ‘lote de pequeños objetos que pertenecen a alguien o, se necesitan para una actividad particular’ («la “parafernalia” para acampar», «toda la “parafernalia” de uso de la burocracia», «perdido entre tanta “parafernalia” militar»).
El vocablo procede del griego “παράφερνα” (“παρά” —“pará”: ‘junto a, al margen de’— y “φερνα” —“ferna”: ‘dote matrimonial’—). En la Roma Antigua designaba los bienes que la mujer conservaba como propios después del matrimonio (“parafernalia bona”), en oposición a los “bienes dotales”, que eran los aportados en la dote, significado que se ha mantenido en el lenguaje jurídico según el Derecho Romano.
Como explica D. Roberto Guzmán, de la Academia Dominicana de la Lengua, «el sentido de la palabra en inglés es más lato que el del español. En español tiene un sentido más restringido». Mientras que en español la “parafernalia” es, por ejemplo el ‘conjunto de objetos que se utilizan en un rito de sacrificio de animales para saciar a los dioses’ (indumentaria, adminículos y objetos usados durante la ceremonia), en inglés cualquier equipamiento o accesorio podría calificarse como “paraphernalia”. La Fundéu recomienda, con este uso, utilizar los términos españoles “utillaje”, “utensilios”, “artilugios” o “adminículos”.

Sólo hacer que + infinitivo



“Sólo hacer que” + infinitivo («“sólo hace que” empeorar») es una construcción desaconsejable, que se recomienda sustituir por “no hacer sino”, “no hacer más que” o “no hacer otra cosa que” + infinitivo («no hace sino/más que/otra cosa que empeorar»), tal como señala el Diccionario panhispánico de dudas.
En los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como «Las últimas encuestas “sólo hacen que” ratificarlo», «Un supuesto conflicto que “sólo hace que” debilitar…» o «Los desmarques de Duran “sólo hacen que” aumentar los votantes republicanos».
En los ejemplos anteriores, lo adecuado habría sido escribir «Las últimas encuestas “no hacen sino” ratificarlo», «Un supuesto conflicto que “no hace más que” debilitar…» o «Los desmarques de Duran “no hacen otra cosa que” aumentar los votantes republicanos».
La construcción “sólo hacer que”, en cambio, sí es apropiada cuando no va seguida de infinitivo, como en «Comer distraídos “no sólo hace” que comamos más; además…» o «Con prohibirlo no eliminan la práctica: “sólo hacen que” las mujeres vayan a abortos clandestinos».

miércoles, 14 de mayo de 2014

Otros palabros (XI): Asfalteado


En muchas ocasiones se define una superficie como “asfalteada”, pero no entiendo a qué razones obedece la adición de esa e en medio de la palabra para convertir el participio del verbo “asfaltar” en “asfalteado”, aunque también he encontrado el verbo “asfaltear” en muchos foros y bitácoras refiriéndose al hecho de correr o pedalear sobre asfalto.

Otros palabros (X): Asesorizar


Extraño terminacho con aspiraciones de sustituir al vulgar “asesorar” a lomos de la reforma laboral “pepera”, tal como propugna la empresa Asesoriza con su estupendo seminario.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Otros palabros (IX): Postureo


Neologismo, normalmente despectivo, acuñado recientemente y usado especialmente en el contexto de la redes sociales y las nuevas tecnogías, para expresar formas de comportamiento y de pose, más por imagen o por las apariencias que por una verdadera motivación. También se usa el verbo “posturear”, con el significado de ‘actuar con postureo’ y los sustantivos “posturas” o “posturitas” para designar la ‘persona que actúa con postureo’ (concepto para el que antes se utilizaban los vocablos “fantasma” o “posero” —‘dicho de una persona: Que actúa de forma poco auténtica o natural’—).
En la cuenta homónima de Twitter @postureo_ explican el término con un ejemplo: «“postureo” es ir a ese sitio de moda sólo para dejarte ver, colgar esa foto en Instagram, subir esa foto a Facebook, compartir esa ubicación en Twitter, ir a un evento con tu mejor sonrisa cuando lo que desearías es estar en casa. Gente que viendo su muro te preguntas cómo pueden sobrevivir a base de sushi, cupcakes y gintonics o que no ve cine español porque no está subtitulado. En resumen, “postureo” es hacer cosas más de cara a la galería que por una propia y verdadera motivación, es decir, sólo porque crees que es lo que toca. Somos consumistas, nos gusta vivir cada vez más rápido, viajar más lejos, compartir más vídeos, hacer más fotos, tener más ropa, ir a más sitios, conocer más gente, fingir más. Vivimos así».
Según José Luis Orihuela, profesor en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra y experto en comunicación digital, «el primer germen lo encontramos a finales de los noventa, cuando comienzan a popularizarse los blogs y la preocupación por la cantidad de comentarios recibidos en cada post. La generosidad de los blogueros al compartir contenidos en abierto tenía una recompensa no monetaria pero sí social (gratitud, reconocimiento, prestigio, influencia, visibilidad)».
Son las consecuencias de vivir en una sociedad más preocupada por aparentar, impresionar o sorprender a nuestros receptores o buscar el aplauso del público, que por ser. La maldición del ser miserable y competitivo, deseoso de demostrar que es más feliz, más listo, más guapo y más interesante que los demás, pero incapaz de ser feliz viendo un atardecer maravilloso si no le saca una fotografía y la comparte en una red social, del que no disfruta de la cena y las copas en el apartamento de playa al que se ha ido con sus amigos porque lo que realmente le hace feliz es que todo el mundo sepa que está disfrutando de una cena y unas copas en el apartamento de playa al que se ha ido con sus amigos.
José Luis Díez, editor de la sección de moda de la revista GQ, lo define así: «Al final lo que buscamos es el reconocimiento de los demás, convertirnos en alguien especial, crear la imagen que queremos proyectar de nosotros mismos, como las mujeres que, tras la II Guerra Mundial, se pintaban una raya en la pierna para simular que llevaban medias».

martes, 6 de mayo de 2014

Otros palabros (VIII): Aperturar


Término utilizado por un comercial de banca desesperado por venderme aire y que casi consigue que “cierrerice” mi cuenta. Si alguna vez en su vida hubiese abierto un diccionario, en una de las primeras páginas habría visto que “apertura” (cultismo surgido a partir de “abertura”) es la ‘acción de abrir’ (aludiendo normalmente al principio de una asamblea o actividad determinada), verbo éste que hace innecesaria la invención de engendros rimbombantes, pretenciosos y malsonantes a partir del sustantivo “apertura”, que no enriquecen el idioma y tan abundantes son dentro de la jerga bancaria y otros campos (“aperturar procedimientos judiciales”, “aperturar fronteras”, “aperturar nuevos negocios a nivel nacional” —y también oficinas, desfiles de moda, festivales, veladas de poesía, jornadas literarias, etc., como equivalente de “inauguración”— e incluso “aperturar regalos” —después de “recepcionarlos”, claro está—), odioso hábito de “ejecutivos agresivos” para intentar sonar más técnicos, impresionar a los legos o crearse un falso sentimiento de exclusividad. Al igual que otros archisílabos como “obstruccionar” o “recepcionar”, se trata de un verbo terminado en –ar y formado a partir de un sustantivo deverbal (derivado de un verbo) que no muestra significados diferentes a los del primer verbo (“abrir”, “obstruir”, “recibir”), sino que se trata de una simple forma alternante innecesaria.
El verbo relacionado con “apertura” es “abrir”, y por eso conviene evitar “aperturar” ya que, como decía D. Fernando Lázaro Carreter: «Aperturado el camino, nada impide que lecturar sustituya a leer, baraturar a abaratar y licenciaturarse a licenciarse». A partir de “aperturar” se podría derivar otro sustantivo, “aperturación”, y de éste otro verbo, “aperturacionar”, y de éste otro sustantivo, “aperturacionación”… Y también podríamos hacer lo mismo con los adverbios (cambiando “abiertamente” por “aperturadamente”) o los adjetivos (“aperturado” en lugar de “abierto”), e incluso refinar aún más el palabro con otros verbos como “aperturizar”, “aberturar” u “oberturar”.
Sirva como ejemplo el artículo de D. José María Romera en Juego de palabras, del suplemento cultural Territorios de El Correo el 25 de octubre de 2006: «Emitía la radio una tertulia entre servidores públicos, uno de los cuales se lamentaba de la actual tendencia a “emocionalizar” la política. Al poco rato, otro contertulio hablaba de “electoralizar” los debates. Una oyente envió entonces a la emisora un mensaje por correo electrónico quejándose amargamente de esos abusos léxicos que le habían sobresaltado tanto cuando estaba “desayunizando” que por poco se le “atragantiza” el cruasán. No le faltaba razón. En principio el sufijo –izar aporta un recurso sencillo y útil para formar verbos de acción a partir de nombres o adjetivos (“idealizar”, “enfatizar”, “armonizar”, “centralizar”). Pero el neoespañol de los medios de comunicación —especialmente los hablados— hace un empleo inmoderado de ese procedimiento derivativo, cosa en la que no le van a la zaga los lenguajes técnicos y científicos. Si un sociólogo llega a decir que los niños “se adultizan”, un médico recomienda que ciertos pacientes sean “ambulatorizados” y una entidad bancaria ofrece ventajas a los clientes que quieran “aperturizar” nuevas cuentas, algo peligroso está ocurriendo en el idioma. ¿Hasta dónde llega lo correcto, hasta dónde lo lícito o lo razonable? No resulta fácil marcar límites al uso de una fórmula bastante práctica en ocasiones. Pero sí es notorio el delito cuando el engendro resultante de la sufijación (“maximizar”) reemplaza a un verbo más corto ya existente (“aumentar”, “agrandar”) y lo hace por el simple prurito de estirar las palabras creyendo que así suenan mejor».

lunes, 5 de mayo de 2014

Business angel (/ˈbɪznɪsˈeɪndʒəl/)


Junto con la expresión similar “angel investor” (/ˈeɪndʒəlɪnˈvestəʳ/) —o simplemente “angel”—, se trata de anglicismos innecesarios con alternativas adecuadas en español como “padrino inversor/empresarial” o “mentor empresarial” (‘persona física, normalmente empresarios o directivos de empresas, que ofrece financiación y experiencia empresarial en la compañía de reciente creación en la que decide invertir’).
Esta figura no sólo invierte su tiempo y dinero en proyectos de riesgo con la esperanza de obtener retornos cuantiosos e incentivos fiscales, sino que, gracias a sus conocimientos, experiencia, solidez, credibilidad y contactos en el sector, se convierte en el “padrino” de tales proyectos, esto es, en su “valedor”, entre otras aportaciones.
El término “business angel” no es un concepto nuevo, sino que cuenta con una larga tradición en los países anglosajones (por lo menos desde principios del siglo XX, en referencia a los empresarios que apoyaban las producciones teatrales de Broadway), y en los últimos años están ganando mucho protagonismo en Francia, Alemania, Italia o España.
Un ejemplo arquetípico sería el de Frederick Terman, decano del departamento de ingeniería de la Universidad de Standford, quien en 1938 prestó quinientos dólares a dos de sus licenciados, Bill Hewlett y Fred Packard, para que pudieran desarrollar su proyecto empresarial. Además del préstamo, también los ayudó a desarrollar su negocio y les apadrinó en los primeros años de su carrera como nuevos empresarios. Hoy en día, Hewlett Packard es una de las industrias de referencia a escala mundial dentro de la industria electrónica.
Otras empresas de éxito como The Body Shop, Amazon, Skype, Starbucks o Google contaron en sus inicios con el apoyo de un “business angel”. En EE. UU., los “business angels” son la principal fuente de financiación para las empresas en las fases iniciales de su ciclo de vida y desempeñan un papel fundamental en el desarrollo económico y en la generación de empleo del país. En Europa, a pesar del impulso de los últimos años, se estima que el tamaño del mercado de “business angels” es unas diez veces inferior al de EE. UU.
En relación con la nueva ley de emprendedores, también se están empleando giros como “inversor privado”, “inversor informal”, “inversor providencial” (calco de la fórmula acuñada en francés “investisseur providentiel”), “inversor particular”, “inversor de proximidad”, “ángel de los negocios”, “ángel inversionista” e incluso la desconcertante traducción literal “inversor angelical” que aparece en Wikipedia, pero se recomienda optar por las dos opciones reseñadas más arriba por considerarse más fieles al concepto que subyace en la expresión inglesa.
Dado que esta figura está reservada a personas físicas, cabe indicar que, si se trata de una mujer, lo apropiado sería hablar de “madrina inversora”, no “padrina inversora”.