miércoles, 28 de octubre de 2015

Etimología popular



Se llama «etimología popular» al proceso que lleva a relacionar erróneamente dos palabras parónimas de distinto origen etimológico, porque el hablante encuentra proximidad semántica y, a partir de esa falsa relación, se modifica el significado o pronunciación de una por analogía con la otra.
Surge de enfrentarse la arbitrariedad de la palabra, como signo lingüístico, con el empeño de los hablantes por encontrar una motivación fonética, morfológica o semántica para los términos que les resultan extraños. Por esta razón, suele afectar a préstamos de otras lenguas y a palabras cultas o técnicas empleadas por el pueblo.
El calificativo de «popular» no es exacto, porque muchos de esos errores surgieron entre copistas medievales o humanistas del Renacimiento. Algunos lingüistas prefieren hablar de «etimología asociativa».
Aunque estas deformaciones semánticas o fonéticas suelen percibirse como vulgarismos o creaciones humorísticas, a menudo, pasan a la lengua común y son aceptadas por los hablantes cultos.

Existen dos grupos de casos de etimología popular:

1. Se mantiene el significado de la palabra, pero se modifica el significante para acomodarlo al de otro término con el que cree que tiene relación semántica. Por ejemplo: se dice *mondarina en lugar de «mandarina», porque se cree que el nombre de la fruta debe estar relacionado con los conceptos de «monda» y «mondar». Entre los casos que han pasado a la lengua común, podemos citar el de «cerrojo», que modificó su forma etimológica «verrojo» (de «verucŭlum», diminutivo latino de «veru», ‘cierre’) para asociarlo a su función, la de cerrar; también existieron las formas «ferrojo» y «herrojo», por asociación con el material de que está hecho, fierro hierro.

Otros ejemplos:

a) No aceptados por la RAE:
- *Canalones (canelones): por la forma tubular, se cree que viene de «canal».
- *Esparatrapo (esparadrapo): porque se relaciona con «trapo».
- *Guiñarla (diñarla, ‘morir’): porque al morir, como en los «guiños», se cierran los ojos.
- *Pinómano (pirómano): porque quema «pinos».
- *Telesférico (teleférico): porque la terminación –férico no tiene un referente claro.
- *Sinfonier (chifonier): por la idea de conjunto de cajones, de armonía, de composición «sinfónica».
- *Atiforrarse de comida (atiborrarse): por analogía con «forrarse» de dinero.
- *Semáfaro (semáforo): porque se ve formado por «faros».
- *Cortacircuito (cortocircuito): porque produce «cortes» de luz.
- *Destornillarse (desternillarse): por influencia de perder un «tornillo».
- *Ideosincracia (idiosincrasia): por influencia de «idea» y la terminación –cracia.
- *Gulimia (bulimia): por relación con «gula».
- *Micromina (mercromina): porque desinfecta, elimina «microbios».

b) Aceptados por la RAE:
- *Vagamundo (vagabundo): asociación con vagar por el «mundo», sin tener en cuenta que se trata de la terminación –bundo (moribundo, meditabundo...)
- *Altozano (antuzano, ‘delante de la puerta’): porque solía aplicarse a los de las iglesias, que solían estar en la parte «alta» de las poblaciones.
- *Sabihondo (sabiondo): por «hondura», profundidad.
- Estar en *pelotas (en pelota, ‘desnudo’): por entender que se refiere al vulgarismo «pelotas», ‘testículos’, aunque proceda de «pelo».
- *Verdolaga (debería ser bordolaga o pordolaga por proceder de portulaca): por asociarlo al color «verde».

2. Se modifica el significado, pero se mantiene el significante, la forma, porque es parecido al de otra palabra con significado conocido de la cual se cree que procede. Por ejemplo: se emplea la palabra *inhumar como ‘incinerar’, por asociación con humo y desconocimiento de la etimología de «humus», ‘tierra’. «Miniatura» es un ejemplo de los que sí han entrado en la lengua común: su origen etimológico está relacionado con «minio», ‘óxido de plomo de color rojizo empleado como pintura’; pero estas «miniaturas», ‘imágenes que iluminaban los libros y en las que el minio era el principal colorante’, solían ser muy pequeñas y los hablantes empezaron a relacionar la palabra con «mínimo», «menor», de donde tomó el significado de ‘cosa muy pequeña’.

Otros ejemplos:

a) No aceptados por la RAE:
- *Latente (como «palpitante»): porque se cree que procede de «latido», cuando realmente significa ‘oculto, escondido o aparentemente inactivo’.
- Hacer *paseíllo (por «hacer pasillo»): por influencia del lenguaje taurino y porque por el pasillo otras personas pasan, o pasean.
- *Cerúleo (como «céreo») porque se relaciona con cera, al perderse la idea de ‘azul como el cielo despejado’ caerulĕus.

b) Aceptados por la RAE:
- *Abigarrar (como ‘amontonarse, apretujarse’, referido a cosas varias y heterogéneas): a partir del significado ‘dar o poner a algo varios colores mal combinados’.
- *Álgido (como ‘culminante, crítico’, a partir de ‘muy frío’).
- *Lívido («pálido» a partir de «amoratado»).

jueves, 1 de octubre de 2015

Personas de edad y personas mayores



Como cada año desde 1991, las Naciones Unidas celebran hoy jueves, 1 de octubre, el Día Mundial de las Personas de Edad, que la Organización Mundial de la Salud prefiere llamar Día Mundial de las Personas Mayores y yo me pregunto si no deberíamos llamar más bien Día Mundial de los Ancianos.
En todos los idiomas abundan los eufemismos para referirse a las personas que han cumplido ya los 65 años, pero no entiendo bien por qué. ¿Qué tiene de malo o de vergonzoso o de ocultable el hecho de haber cumplido muchos años y haber ido acumulando conocimientos, experiencias y vivencias?
En nuestra lengua, por ejemplo, no me convencen nada —especialmente en los textos científicos— la mayoría de los eufemismos de moda: *las personas de edad* (¿de edad?, ¿de qué edad?, porque yo diría que todas las personas tenemos edad, desde los niños de pecho hasta los nonagenarios; en todo caso, habría que especificar por lo menos que se trata de «personas de edad avanzada», pues no es lo mismo la edad a secas que la edad avanzada), *los mayores* (¿mayores que quién?; para un niño, por ejemplo, «los mayores» son los padres y casi cualquiera que tenga más de veintipocos, y en una guardería «los mayores» tienen 4 años) y *la tercera edad* (empiezo a contar y a mí me salen más de tres edades: la lactancia, la niñez, la adolescencia, la juventud, la edad madura o adulta y la ancianidad, como mínimo).
De las denominaciones tradicionales, es cierto que la palabra ‘viejo’ se ha cargado de connotaciones peyorativas en la sociedad actual, pero no veo motivos para rehuir el uso de anciano. Elevo desde aquí una petición a la Asamblea General de las Naciones Unidas: ¿no les parece que, al menos en español, convendría rebautizar el Día Mundial de las Personas de Edad como Día Mundial de los Ancianos?

miércoles, 26 de agosto de 2015

Lo cool y otros anglicismos

David Pérez Tallón, 26 de agosto de 2015 (El País, cartas al director).



Al parecer, resulta más cool decir que se dará feedback al respecto de una cuestión que decir que se «dará una respuesta» o compartir que uno lleva tiempo haciendo running que decir que de un tiempo a esta parte está «saliendo a correr». Es curioso, pero se está extendiendo la idea de que cierta terminología de origen anglosajón transmite de manera más científica, profesional o incluso veraz que una de origen español. Y la verdad es que si uno repara en los motivos no hallará respuesta fácil o friendly. Podría ser que nuestra lengua no fuera rica en terminología para expresar con exactitud un pensamiento, o que nos encontramos más cómodos y seguros recurriendo a la inglesa. Sea como fuere no sé a ustedes, pero a mí creerlo me provoca cierto stress.
Llámenme conservador, desfasado, o sensiblero, pero prefiero expresar que «me vengo arriba» a que estoy on fire, sentir que algo o alguien me da «buenas vibraciones» a que tengo buen feeling. Y lo cierto es que, si después de este brainstorming lograra que hicieran un break y consiguiera su ok a afirmarse en nuestra lengua, sentiría que aunque Spain ya no es tan different aún puede ser auténtica y reconocible.

jueves, 26 de marzo de 2015

Eutanizar


Verbo mal formado, quizás por influencia del inglés “euthanize” /ˌjuːθəˈnaɪz/, para designar el acto de ‘practicar la eutanasia’, ‘someter a eutanasia’ o ‘recibir la eutanasia’. Partiendo de dicha raíz (del griego “εὖ”, “bien”, y “θάνατος”, “muerte”), lo correcto en todo caso sería “eutanasiar” (del mismo modo que no decimos “anestizar”, sino “anestesiar”, posiblemente gracias a que en este caso en inglés sí que han respetado la etimología —“anesthetize” o “anaesthetise” /æˈniːsθɪtaɪz/—) o “eutanatizar” (que también tiene su equivalente en inglés: “euthanatize” /ˌjuːθəˈnataɪz/), formado a partir del hipotético adjetivo “eutanático” (del latín moderno euthanaticus, -a, -um), siguiendo el mismo modelo que “democratizar” (de democrático), “aristocratizar” (de aristocrático) o “ironizar” (de irónico). Tampoco son correctas otras variantes aún más rebuscadas como “eutanisar” o “eutanatisar”.
Aparte de todo lo anterior, la Fundéu opina que no debemos confundir “eutanasiar” (‘acelerar o provocar la muerte de un enfermo incurable para evitarle sufrimiento, ya aplicando medios adecuados, ya renunciando a aplicar los que prolongarían su vida’) con “sacrificar” (‘hacer sacrificios, ofrecer o dar algo en reconocimiento de la divinidad’; ‘matar reses u otros animales, especialmente para el consumo’). Sin embargo, D. Fernando A. Navarro nos explica que, en el ámbito de la veterinaria y la experimentación con animales, es frecuente el uso de “to euthanize” con el sentido de ‘matar profesionalmente de forma indolora’ a un animal sano con el fin de obtener algún beneficio (ya sea éste alcanzar el favor de las divinidades, destinarlo al consumo humano o evitar la propagación de una enfermedad infectocontagiosa).

martes, 24 de marzo de 2015

Otros palabros (XLIII): Escrutinar


Calco del portugués utilizado por Luis M. Ariza en un artículo de El País Semanal. En español utilizamos el verbo “escrutar” (del latín “scrutāre”, no “scrutināre”), la expresión “realizar un escrutinio” (del latín “scrutinĭum”), o bien sinónimos como “indagar”, “examinar”, “explorar”, etc.

Otros palabros (XLII): Equilicuá / Equilicual


Interjección procedente del latín “aequalis” (“igual”) que se exclama, con cierto matiz de sorpresa, cuando se encuentra la solución a un problema o la respuesta acertada a un enigma («¡“Equilicuá”, ya lo tengo!»).
En algunas zonas también se utiliza como corrupción del italiano “eccolo quá” (“helo aquí”), que a su vez deriva del latín “eccum hac” (“he aquí”), para reafirmar lo dicho o expresar conformidad («“Equilicuá”, en saliendo del pueblo a la derecha to tieso»).
Miguel Delibes, por su parte, recoge otro uso bien diferente en su genial obra “Castilla habla”, recopilación de varios artículos periodísticos que hacen las delicias de antropólogos o de cualquier persona que esté interesada en la historia, la economía, la agricultura, el lenguaje o la cultura en general: «Que yo me recuerdo antes, en llegando San Pedro, ya andaban los ganados en el monte, y el pastor “equilicual” [“igual” o “igual que”], a ver, allí esclavo, hasta octubre, tres meses.»

lunes, 23 de marzo de 2015

Magnificar


Probablemente por influencia del inglés “to magnify” (/ˈmægnɪfaɪ/), en informática, óptica y otras disciplinas, se ha extendido el uso de “magnificar” en casos en los que habría sido preferible escribir “ampliar”, “agrandar” o “aumentar”.
Aparte de este calco, en español “magnificar” suele utilizarse como sinónimo de “ensalzar”, “alabar”, “engrandecer” o “exagerar”. Es por ello que, si buscamos posibles traducciones de “magnificar” al inglés, no nos encontramos con “magnify”, sino con “exaggerate”, “praise”, “extol”, “glorify” o “acclaim”.

viernes, 20 de marzo de 2015

Blooper (/ˈbluːpəʳ/)


Incluido por el diario 20 Minutos en su Diccionario de palabros de la tele, donde lo definen como ‘meteduras de pata en la grabación de un reportaje o serie’, como las “tomas falsas” que se solían mostrar al final de cada capítulo de El príncipe de Bel-Air o de películas de Pixar como Toy Story, Bichos o Monsters Inc., o las “pifias” o “gazapos” que detectan los espectadores, como en Felipe y Letizia.
El diccionario Merriam-Webster define este término como ‘error embarazoso, generalmente en público’ y en los bilingües encontramos traducciones como “planchazo”, “burrada”, “chascarro” (Chile), “carnecitas” (Perú), etc. Por su parte, la Fundéu recomienda alternativas como “cantada”, “patinazo”, “descuido”, “tropezón [bochornoso]”, “error [garrafal]”, “fallo [estrepitoso]”, “accidente [embarazoso]” o “cagada”.

jueves, 19 de marzo de 2015

M-Commerce (/emˈkɒm3ːs/)


Abreviatura de “mobile commerce” (/ˈməʊbaɪlˈkɒm3ːs/), es decir, literalmente “comercio móvil”, que designa la evolución del “e-commerce” (/iːˈkɒm3ːs/) o “comercio electrónico” con la variante de que la compraventa de bienes y servicios no sólo se tramita por internet, sino que se realiza a través de dispositivos móviles, bien por medio de una aplicación o “mobile app” (/ˈməʊbaɪlˌæp/), bien entrando a la página del vendedor adaptada para su navegación para móviles o “m.site” (/emsaɪt/).

miércoles, 18 de marzo de 2015

Consumible


El DRAE lo define como ‘que puede consumirse’ y se utiliza habitualmente para referirse al material que se consume con el uso, especialmente en el caso de oficinas (cartuchos de impresora, papel para impresión…). El propio uso de la palabra (‘que se consume con el uso’) nos lleva al vocablo “[material / bien / artículo] fungible”, que sería mucho más apropiado en este contexto, pero la influencia del inglés “consumable” (/kənˈsjuːməbl/), como de costumbre, ha sido implacable, por lo que ya es prácticamente imposible hacerse entender a no ser que utilicemos este calco.
En algunos países americanos se ha extendido el uso de la palabra “insumo” (‘conjunto de elementos que toman parte en la producción de otros bienes’) para designar materiales que no son materias primas ni propiamente de producción, como es el caso de los “fungibles” informáticos, aunque también se utiliza para referise a los propios “componentes” o “accesorios” de un equipo informático (tarjetas, placas, procesadores, discos duros…); «Nuestras equipas son manufacturados con “insumos” first quality», rezaba la publicidad de un fabricante de ordenadores de La India con ajustadísimos precios gracias a su ahorro en traducciones profesionales.

martes, 17 de marzo de 2015

Esclavaje


Innecesario calco del francés “esclavage” (/ɛsklavaʒ/) que en ocasiones se utiliza en lugar del español “esclavitud”. Esperemos que palabras de la misma familia como “esclavagisme” (/ƐsklavaƷism/) y “esclavagiste” (/ɛsklavaʒist/) no sigan el mismo camino, con lo que pronto se popularizarían otras adaptaciones como “esclavajismo” en lugar de “esclavismo” y “esclavajista” en lugar de “esclavista”.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Curso de acción


Traducción literal del inglés “course of action” que terminará formando parte de nuestra habla habitual pese a que hay otras opciones más naturales como “camino/rumbo/pasos por seguir”, “forma de proceder”, “modo de obrar” o “línea de actuación”.

lunes, 16 de febrero de 2015

Normatizar


Vocablo portugués de significado similar a “normalizar” (‘regularizar o poner en orden lo que no lo estaba’) que se está abriendo paso en nuestra habla. No obstante, hay que tener en cuenta que en la lengua portuguesa distinguen entre “normatizar” (regular, establecer o fijar normas) y “normalizar” (aplicar esas normas).

Iridescente


Deformación del adjetivo “iridiscente” (‘que muestra o refleja los colores del iris’, ‘que brilla o produce destellos’) debida a su similitud con el inglés “iridescent” (/ˌɪrɪˈdesnt/).

viernes, 13 de febrero de 2015

Otros palabros (XLI): Energetizar


Término inventado para la jerga del esoterismo («feng shui para “energetizar” tu casa», «oración para “energetizar” los chakras», etc.), en la que por alguna razón “esotérica” se prefiere evitar el verbo “energizar” (‘estimular, dar energía’, ‘suministrar corriente eléctrica’, ‘obrar con energía, actuar con vigor o vehemencia’).

jueves, 12 de febrero de 2015

Comercio justo


La denominación de este sistema solidario, alternativo al comercio liberalizado, proviene del inglés “fair trade” (/fɛəʳtreɪd/), expresión en la que si bien “trade” no presenta ningún problema de traducción, “fair” es más ambiguo polisémicamente y los adjetivos españoles correspondientes (“justo”, “equitativo”, “recíproco”, “imparcial”, “limpio”, “razonable”, “leal”) no son siempre intercambiables.
Como se explica en uno de los boletines terminológicos del Parlamento Europeo, hasta muy entrado el siglo XIX “fair trade” tenía el sentido de “comercio legal”, por oposición al contrabando. Más adelante, los proteccionistas británicos, en su debate con los librecambistas de las nuevas potencias industriales del momento (Alemania y los Estados Unidos), se apropiaron del término para oponerlo a “free trade” (“libre comercio”). En estas controversias está la base de las políticas comerciales y de defensa de la competencia de los Estados Unidos, la Unión Europea y la OMC, cuyo elemento fundamental es el concepto de “fairness” /ˈfɛənɪs/ (“lealtad”, “justicia”, “equidad”, “imparcialidad”), de donde nacen expresiones como “fair trade” (“comercio leal”), “fair/unfair competition” (“competencia leal/desleal”) o las aparentemente contradictorias “free and fair trade” (“comercio libre y leal”) y “free and fair competition” (“competencia libre y leal”), usuales en la legislación comunitaria.
El concepto de “comercio justo” apareció a finales de los años cuarenta del siglo XX con la creación de las primeras organizaciones de comercio alternativo en los Estados Unidos partiendo de una idea de las relaciones comerciales basada en el desarrollo sostenible y dirigida a la integración de los productores de los países en desarrollo en circuitos comerciales más justos que los del comercio convencional. En 1988 se creó el primer sello de “comercio justo” por iniciativa de los productores mexicanos de café y en 2002 se introdujo esta nueva acepción de “free trade” en el Oxford English Dictionary. No obstante, este desdoblamiento de “fair trade” en “comercio leal” y “comercio justo” puede generar todo tipo de dudas, como indica Samuel Brittan en su artículo “Free trade versus fair trade”: «Hoy en día, cuando veo un artículo en el supermercado con la etiqueta “fair trade”, no estoy seguro de si se trata simplemente de que la compañía productora respeta las leyes, usos y costumbres, o si quiere decir que rechaza comerciar con empresas que hagan uso de mano de obra barata en países en vías de desarrollo».
Para añadir un poco más de confusión, en muchos documentos comunitarios se encuentra la variante “comercio equitativo”, calco del término francés “commerce équitable” (/kɔmɛʀsekitabl/); y también existen los términos “ethical trade” (/ˈeθɪkəltreɪd) y “ethical sourcing” (/ˈeθɪkəlsɔːsɪŋ/), referidos a la actividad comercial de las empresas que se comprometen a asumir, especialmente mediante códigos de conducta, una serie de responsabilidades sociales, éticas y ambientales respecto a sus cadenas de suministro en los países en desarrollo, como el respeto de los derechos humanos, el cumplimiento de normas laborales y ambientales mínimas y la erradicación del trabajo forzado y del trabajo infantil.
Así, podemos traducir “fair trade” por “comercio leal” cuando se refiere al juego limpio en las relaciones comerciales y por “comercio justo” para el contexto de la solidaridad comercial con los productores de los países en desarrollo, dejando “comercio ético” para “ethical trade” y “ethical sourcing”.
Otros términos relacionados serían los siguientes: “fair commercial practices” (“prácticas comerciales leales”), “fairtrade label/product” (“sello/producto de comercio justo”), “fair and reasonable price” (“precio justo y razonable”), “fair price” (“justiprecio”), “fair cash/market value” (“valor justo de mercado”), “principles of good faith and fairness” (“principios de buena fe y lealtad”), “free and fair elections” (“elecciones libres y justas”), “fair trial” (“juicio justo/equitativo/imparcial”).

miércoles, 11 de febrero de 2015

¿Qué hay en el menú?



A veces apetece o no queda otro remedio que comer fuera de casa, y viene la pregunta inevitable: ¿dónde? Quienes no posean ya su lista mental de restaurantes preferidos, es posible que vayan dando vueltas hasta encontrar algo que les abra el apetito, leyendo los carteles que anuncian la comida del día. Aquí viene el motivo del artículo de hoy: esas listas o menús, no siempre tan limpios (ortográficamente hablando) como las comidas o los restaurantes que las ofrecen.
Sin ir más lejos, más de una vez nos sorprende leer almuersos, enzalada, papas reyenas, papa a la huancayna, enrrollado, etc. Si así ocurre con palabras de nuestro idioma, ya se imaginará lo que sucede cuando se deben escribir menús que incluyen comidas internacionales. Si no se conoce la escritura correcta, lo lógico sería preguntar a un especialista o informarse en una fuente fiable, pero ¿se hace realmente? Cuando pase usted por un restaurante, mire atentamente y no se fíe de todo lo que está escrito: incluso en locales de tres o cuatro tenedores, podrá leer cosas como milcheit por “milkshake” (leche batida), cheff por “chef” (jefe de cocina), homelet por “omelette” (tortilla), lomo extrogonó por “strogonoff” (de origen ruso), gordon blu y sus variantes gordon blue, cordón blu (que parece inglés) por el término francés “cordon bleu”.
También encontramos errores en las bebidas y en los postres, por ejemplo, el caso de la limonada frosert, en lugar de “frozen” (o sea, congelada), de los famosos chessecake, en lugar de “cheesecake” (recuerde que lo que se duplica es la “e”), de pai o pay de limón o manzana, escrito así para evitar quizá que la forma correcta “pie” dé lugar a confusiones con las extremidades inferiores.
En el idioma español, la introducción de extranjerismos suele corresponder a distintas modas y épocas. Así pues, los nombres de las comidas se escriben en el idioma del país de origen. Muchas de ellas provienen del francés por el prestigio que ha tenido la cocina francesa durante los últimos siglos: “soufflé” (suflé), “mousse”, “baguette”, “croissant” (cruasán), “consommé” (consomé), “menu” (menú), etc.
La Real Academia Española nos anima a respetar la ortografía original de los términos de otros idiomas que no hayan sido adaptados al español y a escribirlos entre comillas o en cursiva. Asimismo, las palabras ya adaptadas a la pronunciación y a la grafía española deben seguir las reglas ortográficas. Así sucede con “bistec” o “bisté”, por ejemplo, que proviene la voz inglesa “beefsteak” y ha sido adaptada para su uso en español (su plural es “bistecs” o “bistés”). En la zona del Río de la Plata está generalizada la forma “bife” (que no bifé), de “beef”, y así la encontramos en restaurantes donde ofrecen parrilladas. También es errónea la grafía bisteck, ya que no es ni inglesa ni española, aunque está claro que esa “ck” se escribe por ser más apetitosamente “gringa”.
La ortografía es un símbolo de educación y de cultura: antes de escribir, si no estamos seguros, debemos informarnos o, por lo menos, tener mucho cuidado con las palabras que usamos; sobre todo si se trata de un papel que puede ser leído y releído. Será por tener ya años de profesora, pero muchas veces extraño el lapicero rojo ante esas cartas escritas de cualquier manera. Y no solo me refiero a esa última en un restaurante de comida criolla, donde ofrecían sopa de pata de loro (sí, con “l”: fue imposible no hacer el chiste a la mesera): evidentemente era un error de tipeo, pero también parte de la carta de presentación de su local.

viernes, 6 de febrero de 2015

Elicitar / Elicitación


Impagable la página elicitar.com, donde nos explican que, en el campo del aprendizaje experiencial, “elicitar” es la acción que se produce en la aplicación del debriefing para el [sic] despertar conciencias y el [sic] estimular hacia acciones para desencadenar [esta vez sin “el”] compromisos. Gracias a esta página también aprendemos que se trata de un neologismo que proviene del latín “elicit”, palabra que no conocía (siempre había pensado que el origen era “ēlicere”: “atraer”, “tentar”, “motivar”, “provocar”, “sonsacar”).
¿Se equivoca entonces la RAE al afirmar con toda la cachaza en su Diccionario panhispánico de dudas que se trata de una adaptación innecesaria del verbo inglés “to elicit” (/ɪˈlɪsɪt/), que aparece a veces en textos de psicología con el sentido que corresponde a los verbos españoles “provocar” (‘inducir a alguien a hacer algo’), “suscitar” u “obtener [información de una fuente]”, según los casos?
¿O bien nos encontramos ante un intento de construir, para variar a la mayor gloria de la lengua del Imperio, una jerga supuestamente culta para oscurecer a los ojos del profano algo que ya estaba lo suficientemente claro?

miércoles, 4 de febrero de 2015

Otros palabros (XL): Embite / Embiste


Extrañas mezclas entre “embestida” (‘acción y efecto de embestir’), “envite” (‘en algunos juegos de naipes y otros, apuesta que se hace parando, además de los tantos ordinarios, cierta cantidad a un lance o suerte’, ‘ofrecimiento de una cosa’, ‘envión, empujón’) y “embate” (‘golpe impetuoso de mar’, ‘acometida impetuosa’), inventadas respectivamente por D. Stanley Johnson (en su artículo “Apuestas ilegales” de la revista XL Semanal del 22 de julio de 2012) y D. José Confuso (en su artículo “Tengo tuit y otras perlas de Rajoy en Salvados” del diario El País del 4 de abril de 2016).
Curiosamente, en el primer artículo mencionado, que versa sobre el bello arte (cultura, tradición, historia, etc.) de las peleas de caballos, tanto “envite” (“apuesta”) como “embate” (“acometida”) tendrían sentido en la frase donde aparece “embite” («el propietario del caballo ganador del “embite” se llevará una buena tajada»).
Además, como si en ese número del semanario se hubiera celebrado un concurso de juegos de palabras que comenzaran por “em-” o “en-”, ocho páginas más adelante D.ª Ixone Díaz Landaluce nos asegura que Michael Caine fue “embestido” caballero por la reina de Inglaterra. Según el DRAE, “embestir” significa ‘ir con ímpetu sobre alguien o sobre algo’ o ‘acometer a alguien pidiéndole limosna o prestado, o bien para inducirle a algo’, mientras que “investir” (seguido de “con” o “de”), que es la palabra que debería haber utilizado, quiere decir ‘conferir una dignidad o cargo importante’.
Por último, en el libro Escuela práctica para padres, de Javier Urra (recomendable, aunque lo sería aún más si pasara por el filtro de un corrector), nos encontramos con la frase «[…] sentir el latido del corazón ante cada “envestida” igual y cambiante del mar contra las rocas […]», quizás un error al traducir del catalán, puesto que en español se escribe “embestida”.

Otros palabros (XXXIX): Electrolinera


Con la llegada de los automóviles eléctricos, aparecieron las estaciones de servicio con dispensadores de energía para recargar sus baterías, y para referirse a ellas comenzó a emplearse el neologismo “electrolinera”, formado a partir de los términos “electricidad” y “gasolinera”.
Si bien se han elaborado otras propuestas más correctas sintáctica y etimológicamente como “electricera”, “electrinera” o “electricidera”, finalmente por familiaridad ha triunfado la versión “electrolinera”, pese a que la “gasolina” realmente queda fuera de contexto y dificulta su comprensión en muchos otros países hispanohablantes, donde en lugar de “gasolinera” usan los nombres “estación de servicio” o “estación de nafta”.
No obstante, según la Fundéu, además de otras denominaciones explicativas como “estación de carga (eléctrica)”, “estación de recarga de vehículos eléctricos”, “estación de servicio ecológica” o “punto/poste de recarga”, el término “electrolinera” resulta apropiado para referirse a este tipo de estaciones de servicio.

lunes, 2 de febrero de 2015

Atractivo


Hay que tener cuidado al traducir el adjetivo “attractive” (/əˈtræktɪv/). En inglés tiene dos componentes semánticos (‘guapo o bien parecido’ y ‘con probabilidades de proporcionar ventajas’ —por ejemplo: «“attractive” pay» o «this is an “attractive” version of your printer»—) pero en español sólo el primero de ellos y en ningún caso el segundo (salvo calco, como por ejemplo escribir “salario atractivo” en lugar de “salario tentador”).

viernes, 30 de enero de 2015

“Hacerse a la idea” no es lo mismo que “hacerse una idea”



La “expresión hacerse a la idea” de algo significa ‘aceptarlo’ o ‘familiarizarse con cierta idea’, mientras que “hacerse una idea” de algo es ‘imaginárselo o formarse concepto al respecto’.
En los medios de comunicación es frecuente ver un uso inadecuado de “hacerse a la idea” en frases como «La existencia de numerosas casas de dos plantas y de hasta 250 metros cuadrados permite “hacerse a la idea” del poderío económico de este minúsculo pueblo» o «Después de ocho jornadas, uno puede “hacerse a la idea” del equipo tipo que más le gusta al entrenador».
En esos casos, y ya que lo que se quiere expresar es que uno puede imaginar el poderío económico del pueblo o los gustos del entrenador, lo apropiado habría sido escribir «La existencia de numerosas casas de dos plantas y de hasta 250 metros cuadrados permite “hacerse una idea” del poderío económico de este minúsculo pueblo» y «Después de ocho jornadas, uno puede “hacerse una idea” del equipo tipo que más le gusta al entrenador».
En cambio, esa expresión sí resulta adecuada en frases como «A los ciclistas aún les cuesta “hacerse a la idea” de que esto se acaba y de que su equipo desaparecerá la próxima temporada», ya que en ese caso lo que se quiere decir es que a los ciclistas aún les cuesta aceptar la desaparición del equipo.
El Diccionario de uso del español de María Moliner añade una tercera forma, “hacerse idea” o “hacerse la idea”, con el significado de ‘formarse un propósito’, como en «Ya me he “hecho idea” de visitarle mañana».

jueves, 29 de enero de 2015

Carpeta (vacumar, vacunar, vaquear…)

 

Ejemplo típico del espanglish neoyorquino más cazurro y chabacano. Adaptación grotesca del inglés “carpet” /'kɑ:pɪt/ (“alfombra”, “moqueta”) junto con el verbo “to vacuum” /'vækjʊəm/ (“pasar la aspiradora”).
También existe el calco “carpetero” (de “carpet layer/installer”, es decir, “alfombrista”), que a buen seguro no tardará en apartar al sentido con el que utilizan esa palabra en Cuba (‘recepcionista’).
Yendo aún más lejos (si cabe), tenemos el caso de Microsoft, que en el año 2008 se gastó 486 millones de dólares para adquirir la alemana Ciao pero no les llega para contratar a un profesional decente que no traduzca “red carpet” (“alfombra roja” o, en sentido figurado, “tratamiento exclusivo”) por “carpeta roja”.

miércoles, 28 de enero de 2015

Dramedia


Calco del acrónimo inglés “dramedy” (/ˈdrɑːmədɪ/), compuesto por “drama” (/ˈdrɑːmə/) y “comedy” (/ˈkɒmɪdɪ/), definido en el diccionario Merriam-Webster como ‘comedia con momentos dramáticos’, es decir, un formato de serie de televisión que reúne las características del drama y de la comedia. Al no estar limitada a la estructura de la comedia de situación, en una “dramedia” no es muy común escuchar las típicas risas enlatadas, la duración de los episodios suele ser superior a los 30 minutos (habitualmente entre 50 y 75) y las tramas son de más largo recorrido (abarcando temporadas completas). Actualmente es uno de los formatos televisivos con mayor éxito y difusión, pudiendo destacar casos paradigmáticos como Anatomía de Grey o Mujeres Desesperadas.

viernes, 23 de enero de 2015

Multipropiedad


Confusa (quizás a propósito) traducción del término inglés “timesharing” (/ˈtaɪmʃɛərɪŋ/), puesto que se trata de un régimen en el que ni se “compra” ni se “posee” nada. Esta denominación ya ha quedado prohibida en España según la legislación actual y debería sustituirse por la expresión “tiempo compartido”. Incluso la propia definición del DRAE (‘condominio de un inmueble, cuyo disfrute está restringido a períodos determinados’) puede inducir a error, puesto que no se puede “comprar” una vivienda “en multipropiedad”, aunque ésta sea la expresión que se suele usar en estos casos. El diccionario Clave lo define en unos términos más fidedignos: ‘sistema o régimen de utilización de un inmueble por diferentes personas en temporadas diferentes, bajo determinadas condiciones’.
Se trata de un servicio consistente en el derecho de uso, durante un período de tiempo pactado de antemano, de un alojamiento de vacaciones (normalmente integrado en un completo turístico o residencia de vacaciones) o incluso de un automóvil, una embarcación o un avión. En lugar de adquirirse en propiedad, se comparte su uso con otras personas durante una o varias semanas determinadas al año, a lo largo de un número determinado de años (es decir, que al contrario de lo que aseguran algunos vendedores sin escrúpulos, no es una fórmula de inversión). Su duración puede variar desde uno a 50 años (hasta 99 en algunos países) e incluso se puede tener acceso a una bolsa de intercambio internacional donde cambiar el período de estancia por alojamientos en otros lugares del mundo, aunque las condiciones no suelen ser muy ventajosas.
Jurídicamente se sitúa entre la propiedad y el aquiler («derecho de aprovechamiento por turno de bienes inmuebles, especialmente de uso turístico», según la Ley 42/1998, o «contrato de aprovechamiento por turno de bienes de uso turístico, de adquisición de productos vacacionales de larga duración, de reventa y de intercambio», según el Real Decreto-Ley 8/2012), lo cual ha dado lugar a infinidad de estafas, como los casos de Mundo Mágico, Casinomar, Atlantic Club de Marbella, Europlayas… (con sentencias judiciales que tildan al modelo de “turbio”, “opaco” y “fraudulento”) e incluso varias empresas fantasma que, tras atraer a sus víctimas con el típico reclamo de ser beneficiario de un premio (sin ni siquiera haber participado) a las características reuniones-encerrona (agresivas técnicas de venta, prisas y presiones con el pretexto de que la oferta sólo es válida para quienes firmen en el momento, señuelos que firman y son felices y comen perdices…) vendían “timesharing” con contratos falsos en inmuebles inexistentes o propiedad de otras empresas para después desaparecer con el dinero.

jueves, 22 de enero de 2015

Constipado


Es este uno de los falsos amigos que más confusiones (y más descacharrantes) provoca, con mayor frecuencia que muchos otros debido a que muchos hispanohablantes americanos lo utilizan en su acepción original.
Tanto el español como el inglés o el francés comparten el mismo origen en la palabra latina “constipāre” (“constreñir”), que se compone del prefijo “con-” más el verbo “stipāre” (“estibar”: ‘apretar, recalcar materiales o cosas sueltas para que ocupen el menor espacio posible’, ‘distribuir convenientemente la carga en un vehículo’, ‘cargar o descargar un buque’, ‘distribuir convenientemente en un buque los pesos’) para designar el “estreñimiento” (“constipation” tanto en inglés /ˌkɒnstɪˈpeɪʃən/ como en francés /kɔ̃stipasjɔ̃/) y al “estreñido” (“constipated” /ˈkɒnstɪpeɪtɪd/ en inglés y “constipé” /kɔ̃stipe/ en francés).
Sin embargo, tal como nos explica Ignacio Aguirre en su estupenda bitácora dedicada a los falsos amigos, la afectación de la Corte madrileña del siglo XVIII provocó que la palabra “constipado” empezara a adquirir un nuevo significado como paradójico eufemismo de “acatarrado” o “resfriado”, restringiendo “constipación” al ámbito gástrico junto con “estreñimiento”.

miércoles, 21 de enero de 2015

Otros palabros (XXXVIII): Direccionar


La Secretaría de sistemas de información de mi empresa me informa de que «en el transcurso de la mañana se “direccionará” la página de inicio del Explorador de Windows para que automáticamente apunte a la nueva Intranet». Me imagino que con este sesquipedalismo se refieren a “dirigir”, “derivar” o “remitir”.
Como indica la Fundéu, el término “direccionar” (al igual que derivados como “redireccionar”, “direccionable”, “direccionamiento” o “direccionado”), es innecesario pues se ha formado a partir del sustantivo “dirección”, que significa ‘acción y efecto de dirigir’, y los posibles sentidos relacionados con “dirección” ya los tiene “dirigir”.
Aunque en el lenguaje informático se distingue entre “dirigir” (‘trasladar el contenido’) y “direccionar” (‘especificar una ruta en una red para que la información llegue a su objetivo’, ‘proporcionar la dirección de un elemento situado en la memoria del ordenador’, ‘buscar una dirección de memoria interna o externa’), es preferible no utilizar el verbo “direccionar” en lugar de “dirigir”, ni “redireccionar” en lugar de “redirigir”, por mucho que suenen más “técnicos” o “profesionales”.

martes, 20 de enero de 2015

Bondage (/ˈbɒndɪdʒ/)


Voz inglesa que significa “esclavitud”, “cautiverio” o “servidumbre” y que hemos importado con su segunda acepción: “juego con cuerdas” o “encordamiento erótico” (a partir del inglés medio “bond” —“siervo”— y del verbo “to bind” /baɪnd/ —“atar”, “sujetar”, “vendar”, “amarrar”—): ‘práctica sexual sadomasoquista en la que uno de los participantes permanece atado’. Las ataduras pueden hacerse en una parte o la totalidad del cuerpo, utilizando cuerdas, cintas, telas, cadenas, esposas o cualquier otra cosa que pueda servir para inmovilizar a la pareja, a la que en ocasiones también se amordaza o se le vendan los ojos.

Flyboard (/flaɪ'bɔːd/)


En el año 2011, a un tal Franky Zapata se le ocurrió la idea de conectar una tabla de madera y una manguera a la parte trasera de su moto de agua, consiguiendo como resultado propulsarse y ascender varios metros sobre el agua. Más adelante patentó la invención y, lo que hoy en día es mucho más importante, colgó un vídeo de demostración en YouTube que en una semana consiguió cuatro millones de visitas y que su teléfono se colapsara de llamadas de personas interesadas en su invento.
En menos de un año, España ya contaba con un distribuidor (que define el producto como ‘una tabla de snowboard de la que salen dos chorros de agua a gran potencia gracias a un sistema de cojinetes que van conectados a una manguera que se engancha al tubo de escape de una moto de agua’) y el nuevo deporte acuático se popularizaba en las playas más chic entre las celebrities más cool. Además, se celebró el primer campeonato mundial en, cómo no, Qatar, nueva sede oficial de los campeonatos del mundo de cualquier deporte y modelo internacional de trato ético a los trabajadores. También se ha solicitado que sea disciplina olímpica en los Juegos de 2020 de Madrid (perdón, Tokio).

miércoles, 14 de enero de 2015

Otros palabros (XXXVII): Desuscribir / Desinscribir


Otro modo más de complicarse la vida (lo he visto escrito incluso con dos eses y con guión: “dessuscribir” y “des-suscribir”). ¿Para qué liarse con neologismos que, si bien no están mal formados desde el punto de vista morfológico, ya que siguen las reglas de derivación por prefijación en castellano, no nos hacen falta?
Los neologismos sólo tienen justificación cuando no hay ningún término para designar algo y los mecanismos internos de la lengua no pueden generarlo. En este caso hay expresiones menos confusas y más elegantes y certeras como “borrar(se)”, “dar(se) de baja”, “desvincular(se)”, “romper”, “separar(se)”, “rectificar”, “desapuntar”, “anular o suspender una suscripción” o “cancelar” (término utilizado en el lenguaje administrativo: cuando se apunta algo en un registro —civil, de la propiedad…—, se “inscribe”; cuando lo inscrito deja de tener valor, se “cancela”), pero nos ciega la necesidad de comprimir los conceptos en una sola palabra, a imagen y semejanza de nuestra idolatrada lengua inglesa. Muchos blandirán el argumento de la brevedad en favor de estos neologismos, sin pararse a pensar que, por ejemplo, “darse de baja” tiene once caracteres, por los trece de “desuscribirse”.