viernes, 30 de enero de 2015

“Hacerse a la idea” no es lo mismo que “hacerse una idea”



La “expresión hacerse a la idea” de algo significa ‘aceptarlo’ o ‘familiarizarse con cierta idea’, mientras que “hacerse una idea” de algo es ‘imaginárselo o formarse concepto al respecto’.
En los medios de comunicación es frecuente ver un uso inadecuado de “hacerse a la idea” en frases como «La existencia de numerosas casas de dos plantas y de hasta 250 metros cuadrados permite “hacerse a la idea” del poderío económico de este minúsculo pueblo» o «Después de ocho jornadas, uno puede “hacerse a la idea” del equipo tipo que más le gusta al entrenador».
En esos casos, y ya que lo que se quiere expresar es que uno puede imaginar el poderío económico del pueblo o los gustos del entrenador, lo apropiado habría sido escribir «La existencia de numerosas casas de dos plantas y de hasta 250 metros cuadrados permite “hacerse una idea” del poderío económico de este minúsculo pueblo» y «Después de ocho jornadas, uno puede “hacerse una idea” del equipo tipo que más le gusta al entrenador».
En cambio, esa expresión sí resulta adecuada en frases como «A los ciclistas aún les cuesta “hacerse a la idea” de que esto se acaba y de que su equipo desaparecerá la próxima temporada», ya que en ese caso lo que se quiere decir es que a los ciclistas aún les cuesta aceptar la desaparición del equipo.
El Diccionario de uso del español de María Moliner añade una tercera forma, “hacerse idea” o “hacerse la idea”, con el significado de ‘formarse un propósito’, como en «Ya me he “hecho idea” de visitarle mañana».

jueves, 29 de enero de 2015

Carpeta (vacumar, vacunar, vaquear…)

 

Ejemplo típico del espanglish neoyorquino más cazurro y chabacano. Adaptación grotesca del inglés “carpet” /'kɑ:pɪt/ (“alfombra”, “moqueta”) junto con el verbo “to vacuum” /'vækjʊəm/ (“pasar la aspiradora”).
También existe el calco “carpetero” (de “carpet layer/installer”, es decir, “alfombrista”), que a buen seguro no tardará en apartar al sentido con el que utilizan esa palabra en Cuba (‘recepcionista’).
Yendo aún más lejos (si cabe), tenemos el caso de Microsoft, que en el año 2008 se gastó 486 millones de dólares para adquirir la alemana Ciao pero no les llega para contratar a un profesional decente que no traduzca “red carpet” (“alfombra roja” o, en sentido figurado, “tratamiento exclusivo”) por “carpeta roja”.

miércoles, 28 de enero de 2015

Dramedia


Calco del acrónimo inglés “dramedy” (/ˈdrɑːmədɪ/), compuesto por “drama” (/ˈdrɑːmə/) y “comedy” (/ˈkɒmɪdɪ/), definido en el diccionario Merriam-Webster como ‘comedia con momentos dramáticos’, es decir, un formato de serie de televisión que reúne las características del drama y de la comedia. Al no estar limitada a la estructura de la comedia de situación, en una “dramedia” no es muy común escuchar las típicas risas enlatadas, la duración de los episodios suele ser superior a los 30 minutos (habitualmente entre 50 y 75) y las tramas son de más largo recorrido (abarcando temporadas completas). Actualmente es uno de los formatos televisivos con mayor éxito y difusión, pudiendo destacar casos paradigmáticos como Anatomía de Grey o Mujeres Desesperadas.

viernes, 23 de enero de 2015

Multipropiedad


Confusa (quizás a propósito) traducción del término inglés “timesharing” (/ˈtaɪmʃɛərɪŋ/), puesto que se trata de un régimen en el que ni se “compra” ni se “posee” nada. Esta denominación ya ha quedado prohibida en España según la legislación actual y debería sustituirse por la expresión “tiempo compartido”. Incluso la propia definición del DRAE (‘condominio de un inmueble, cuyo disfrute está restringido a períodos determinados’) puede inducir a error, puesto que no se puede “comprar” una vivienda “en multipropiedad”, aunque ésta sea la expresión que se suele usar en estos casos. El diccionario Clave lo define en unos términos más fidedignos: ‘sistema o régimen de utilización de un inmueble por diferentes personas en temporadas diferentes, bajo determinadas condiciones’.
Se trata de un servicio consistente en el derecho de uso, durante un período de tiempo pactado de antemano, de un alojamiento de vacaciones (normalmente integrado en un completo turístico o residencia de vacaciones) o incluso de un automóvil, una embarcación o un avión. En lugar de adquirirse en propiedad, se comparte su uso con otras personas durante una o varias semanas determinadas al año, a lo largo de un número determinado de años (es decir, que al contrario de lo que aseguran algunos vendedores sin escrúpulos, no es una fórmula de inversión). Su duración puede variar desde uno a 50 años (hasta 99 en algunos países) e incluso se puede tener acceso a una bolsa de intercambio internacional donde cambiar el período de estancia por alojamientos en otros lugares del mundo, aunque las condiciones no suelen ser muy ventajosas.
Jurídicamente se sitúa entre la propiedad y el aquiler («derecho de aprovechamiento por turno de bienes inmuebles, especialmente de uso turístico», según la Ley 42/1998, o «contrato de aprovechamiento por turno de bienes de uso turístico, de adquisición de productos vacacionales de larga duración, de reventa y de intercambio», según el Real Decreto-Ley 8/2012), lo cual ha dado lugar a infinidad de estafas, como los casos de Mundo Mágico, Casinomar, Atlantic Club de Marbella, Europlayas… (con sentencias judiciales que tildan al modelo de “turbio”, “opaco” y “fraudulento”) e incluso varias empresas fantasma que, tras atraer a sus víctimas con el típico reclamo de ser beneficiario de un premio (sin ni siquiera haber participado) a las características reuniones-encerrona (agresivas técnicas de venta, prisas y presiones con el pretexto de que la oferta sólo es válida para quienes firmen en el momento, señuelos que firman y son felices y comen perdices…) vendían “timesharing” con contratos falsos en inmuebles inexistentes o propiedad de otras empresas para después desaparecer con el dinero.

jueves, 22 de enero de 2015

Constipado


Es este uno de los falsos amigos que más confusiones (y más descacharrantes) provoca, con mayor frecuencia que muchos otros debido a que muchos hispanohablantes americanos lo utilizan en su acepción original.
Tanto el español como el inglés o el francés comparten el mismo origen en la palabra latina “constipāre” (“constreñir”), que se compone del prefijo “con-” más el verbo “stipāre” (“estibar”: ‘apretar, recalcar materiales o cosas sueltas para que ocupen el menor espacio posible’, ‘distribuir convenientemente la carga en un vehículo’, ‘cargar o descargar un buque’, ‘distribuir convenientemente en un buque los pesos’) para designar el “estreñimiento” (“constipation” tanto en inglés /ˌkɒnstɪˈpeɪʃən/ como en francés /kɔ̃stipasjɔ̃/) y al “estreñido” (“constipated” /ˈkɒnstɪpeɪtɪd/ en inglés y “constipé” /kɔ̃stipe/ en francés).
Sin embargo, tal como nos explica Ignacio Aguirre en su estupenda bitácora dedicada a los falsos amigos, la afectación de la Corte madrileña del siglo XVIII provocó que la palabra “constipado” empezara a adquirir un nuevo significado como paradójico eufemismo de “acatarrado” o “resfriado”, restringiendo “constipación” al ámbito gástrico junto con “estreñimiento”.

miércoles, 21 de enero de 2015

Otros palabros (XXXVIII): Direccionar


La Secretaría de sistemas de información de mi empresa me informa de que «en el transcurso de la mañana se “direccionará” la página de inicio del Explorador de Windows para que automáticamente apunte a la nueva Intranet». Me imagino que con este sesquipedalismo se refieren a “dirigir”, “derivar” o “remitir”.
Como indica la Fundéu, el término “direccionar” (al igual que derivados como “redireccionar”, “direccionable”, “direccionamiento” o “direccionado”), es innecesario pues se ha formado a partir del sustantivo “dirección”, que significa ‘acción y efecto de dirigir’, y los posibles sentidos relacionados con “dirección” ya los tiene “dirigir”.
Aunque en el lenguaje informático se distingue entre “dirigir” (‘trasladar el contenido’) y “direccionar” (‘especificar una ruta en una red para que la información llegue a su objetivo’, ‘proporcionar la dirección de un elemento situado en la memoria del ordenador’, ‘buscar una dirección de memoria interna o externa’), es preferible no utilizar el verbo “direccionar” en lugar de “dirigir”, ni “redireccionar” en lugar de “redirigir”, por mucho que suenen más “técnicos” o “profesionales”.

martes, 20 de enero de 2015

Bondage (/ˈbɒndɪdʒ/)


Voz inglesa que significa “esclavitud”, “cautiverio” o “servidumbre” y que hemos importado con su segunda acepción: “juego con cuerdas” o “encordamiento erótico” (a partir del inglés medio “bond” —“siervo”— y del verbo “to bind” /baɪnd/ —“atar”, “sujetar”, “vendar”, “amarrar”—): ‘práctica sexual sadomasoquista en la que uno de los participantes permanece atado’. Las ataduras pueden hacerse en una parte o la totalidad del cuerpo, utilizando cuerdas, cintas, telas, cadenas, esposas o cualquier otra cosa que pueda servir para inmovilizar a la pareja, a la que en ocasiones también se amordaza o se le vendan los ojos.

Flyboard (/flaɪ'bɔːd/)


En el año 2011, a un tal Franky Zapata se le ocurrió la idea de conectar una tabla de madera y una manguera a la parte trasera de su moto de agua, consiguiendo como resultado propulsarse y ascender varios metros sobre el agua. Más adelante patentó la invención y, lo que hoy en día es mucho más importante, colgó un vídeo de demostración en YouTube que en una semana consiguió cuatro millones de visitas y que su teléfono se colapsara de llamadas de personas interesadas en su invento.
En menos de un año, España ya contaba con un distribuidor (que define el producto como ‘una tabla de snowboard de la que salen dos chorros de agua a gran potencia gracias a un sistema de cojinetes que van conectados a una manguera que se engancha al tubo de escape de una moto de agua’) y el nuevo deporte acuático se popularizaba en las playas más chic entre las celebrities más cool. Además, se celebró el primer campeonato mundial en, cómo no, Qatar, nueva sede oficial de los campeonatos del mundo de cualquier deporte y modelo internacional de trato ético a los trabajadores. También se ha solicitado que sea disciplina olímpica en los Juegos de 2020 de Madrid (perdón, Tokio).

miércoles, 14 de enero de 2015

Otros palabros (XXXVII): Desuscribir / Desinscribir


Otro modo más de complicarse la vida (lo he visto escrito incluso con dos eses y con guión: “dessuscribir” y “des-suscribir”). ¿Para qué liarse con neologismos que, si bien no están mal formados desde el punto de vista morfológico, ya que siguen las reglas de derivación por prefijación en castellano, no nos hacen falta?
Los neologismos sólo tienen justificación cuando no hay ningún término para designar algo y los mecanismos internos de la lengua no pueden generarlo. En este caso hay expresiones menos confusas y más elegantes y certeras como “borrar(se)”, “dar(se) de baja”, “desvincular(se)”, “romper”, “separar(se)”, “rectificar”, “desapuntar”, “anular o suspender una suscripción” o “cancelar” (término utilizado en el lenguaje administrativo: cuando se apunta algo en un registro —civil, de la propiedad…—, se “inscribe”; cuando lo inscrito deja de tener valor, se “cancela”), pero nos ciega la necesidad de comprimir los conceptos en una sola palabra, a imagen y semejanza de nuestra idolatrada lengua inglesa. Muchos blandirán el argumento de la brevedad en favor de estos neologismos, sin pararse a pensar que, por ejemplo, “darse de baja” tiene once caracteres, por los trece de “desuscribirse”.