miércoles, 18 de febrero de 2015

Curso de acción


Traducción literal del inglés “course of action” que terminará formando parte de nuestra habla habitual pese a que hay otras opciones más naturales como “camino/rumbo/pasos por seguir”, “forma de proceder”, “modo de obrar” o “línea de actuación”.

lunes, 16 de febrero de 2015

Normatizar


Vocablo portugués de significado similar a “normalizar” (‘regularizar o poner en orden lo que no lo estaba’) que se está abriendo paso en nuestra habla. No obstante, hay que tener en cuenta que en la lengua portuguesa distinguen entre “normatizar” (regular, establecer o fijar normas) y “normalizar” (aplicar esas normas).

Iridescente


Deformación del adjetivo “iridiscente” (‘que muestra o refleja los colores del iris’, ‘que brilla o produce destellos’) debida a su similitud con el inglés “iridescent” (/ˌɪrɪˈdesnt/).

viernes, 13 de febrero de 2015

Otros palabros (XLI): Energetizar


Término inventado para la jerga del esoterismo («feng shui para “energetizar” tu casa», «oración para “energetizar” los chakras», etc.), en la que por alguna razón “esotérica” se prefiere evitar el verbo “energizar” (‘estimular, dar energía’, ‘suministrar corriente eléctrica’, ‘obrar con energía, actuar con vigor o vehemencia’).

jueves, 12 de febrero de 2015

Comercio justo


La denominación de este sistema solidario, alternativo al comercio liberalizado, proviene del inglés “fair trade” (/fɛəʳtreɪd/), expresión en la que si bien “trade” no presenta ningún problema de traducción, “fair” es más ambiguo polisémicamente y los adjetivos españoles correspondientes (“justo”, “equitativo”, “recíproco”, “imparcial”, “limpio”, “razonable”, “leal”) no son siempre intercambiables.
Como se explica en uno de los boletines terminológicos del Parlamento Europeo, hasta muy entrado el siglo XIX “fair trade” tenía el sentido de “comercio legal”, por oposición al contrabando. Más adelante, los proteccionistas británicos, en su debate con los librecambistas de las nuevas potencias industriales del momento (Alemania y los Estados Unidos), se apropiaron del término para oponerlo a “free trade” (“libre comercio”). En estas controversias está la base de las políticas comerciales y de defensa de la competencia de los Estados Unidos, la Unión Europea y la OMC, cuyo elemento fundamental es el concepto de “fairness” /ˈfɛənɪs/ (“lealtad”, “justicia”, “equidad”, “imparcialidad”), de donde nacen expresiones como “fair trade” (“comercio leal”), “fair/unfair competition” (“competencia leal/desleal”) o las aparentemente contradictorias “free and fair trade” (“comercio libre y leal”) y “free and fair competition” (“competencia libre y leal”), usuales en la legislación comunitaria.
El concepto de “comercio justo” apareció a finales de los años cuarenta del siglo XX con la creación de las primeras organizaciones de comercio alternativo en los Estados Unidos partiendo de una idea de las relaciones comerciales basada en el desarrollo sostenible y dirigida a la integración de los productores de los países en desarrollo en circuitos comerciales más justos que los del comercio convencional. En 1988 se creó el primer sello de “comercio justo” por iniciativa de los productores mexicanos de café y en 2002 se introdujo esta nueva acepción de “free trade” en el Oxford English Dictionary. No obstante, este desdoblamiento de “fair trade” en “comercio leal” y “comercio justo” puede generar todo tipo de dudas, como indica Samuel Brittan en su artículo “Free trade versus fair trade”: «Hoy en día, cuando veo un artículo en el supermercado con la etiqueta “fair trade”, no estoy seguro de si se trata simplemente de que la compañía productora respeta las leyes, usos y costumbres, o si quiere decir que rechaza comerciar con empresas que hagan uso de mano de obra barata en países en vías de desarrollo».
Para añadir un poco más de confusión, en muchos documentos comunitarios se encuentra la variante “comercio equitativo”, calco del término francés “commerce équitable” (/kɔmɛʀsekitabl/); y también existen los términos “ethical trade” (/ˈeθɪkəltreɪd) y “ethical sourcing” (/ˈeθɪkəlsɔːsɪŋ/), referidos a la actividad comercial de las empresas que se comprometen a asumir, especialmente mediante códigos de conducta, una serie de responsabilidades sociales, éticas y ambientales respecto a sus cadenas de suministro en los países en desarrollo, como el respeto de los derechos humanos, el cumplimiento de normas laborales y ambientales mínimas y la erradicación del trabajo forzado y del trabajo infantil.
Así, podemos traducir “fair trade” por “comercio leal” cuando se refiere al juego limpio en las relaciones comerciales y por “comercio justo” para el contexto de la solidaridad comercial con los productores de los países en desarrollo, dejando “comercio ético” para “ethical trade” y “ethical sourcing”.
Otros términos relacionados serían los siguientes: “fair commercial practices” (“prácticas comerciales leales”), “fairtrade label/product” (“sello/producto de comercio justo”), “fair and reasonable price” (“precio justo y razonable”), “fair price” (“justiprecio”), “fair cash/market value” (“valor justo de mercado”), “principles of good faith and fairness” (“principios de buena fe y lealtad”), “free and fair elections” (“elecciones libres y justas”), “fair trial” (“juicio justo/equitativo/imparcial”).

miércoles, 11 de febrero de 2015

¿Qué hay en el menú?



A veces apetece o no queda otro remedio que comer fuera de casa, y viene la pregunta inevitable: ¿dónde? Quienes no posean ya su lista mental de restaurantes preferidos, es posible que vayan dando vueltas hasta encontrar algo que les abra el apetito, leyendo los carteles que anuncian la comida del día. Aquí viene el motivo del artículo de hoy: esas listas o menús, no siempre tan limpios (ortográficamente hablando) como las comidas o los restaurantes que las ofrecen.
Sin ir más lejos, más de una vez nos sorprende leer almuersos, enzalada, papas reyenas, papa a la huancayna, enrrollado, etc. Si así ocurre con palabras de nuestro idioma, ya se imaginará lo que sucede cuando se deben escribir menús que incluyen comidas internacionales. Si no se conoce la escritura correcta, lo lógico sería preguntar a un especialista o informarse en una fuente fiable, pero ¿se hace realmente? Cuando pase usted por un restaurante, mire atentamente y no se fíe de todo lo que está escrito: incluso en locales de tres o cuatro tenedores, podrá leer cosas como milcheit por “milkshake” (leche batida), cheff por “chef” (jefe de cocina), homelet por “omelette” (tortilla), lomo extrogonó por “strogonoff” (de origen ruso), gordon blu y sus variantes gordon blue, cordón blu (que parece inglés) por el término francés “cordon bleu”.
También encontramos errores en las bebidas y en los postres, por ejemplo, el caso de la limonada frosert, en lugar de “frozen” (o sea, congelada), de los famosos chessecake, en lugar de “cheesecake” (recuerde que lo que se duplica es la “e”), de pai o pay de limón o manzana, escrito así para evitar quizá que la forma correcta “pie” dé lugar a confusiones con las extremidades inferiores.
En el idioma español, la introducción de extranjerismos suele corresponder a distintas modas y épocas. Así pues, los nombres de las comidas se escriben en el idioma del país de origen. Muchas de ellas provienen del francés por el prestigio que ha tenido la cocina francesa durante los últimos siglos: “soufflé” (suflé), “mousse”, “baguette”, “croissant” (cruasán), “consommé” (consomé), “menu” (menú), etc.
La Real Academia Española nos anima a respetar la ortografía original de los términos de otros idiomas que no hayan sido adaptados al español y a escribirlos entre comillas o en cursiva. Asimismo, las palabras ya adaptadas a la pronunciación y a la grafía española deben seguir las reglas ortográficas. Así sucede con “bistec” o “bisté”, por ejemplo, que proviene la voz inglesa “beefsteak” y ha sido adaptada para su uso en español (su plural es “bistecs” o “bistés”). En la zona del Río de la Plata está generalizada la forma “bife” (que no bifé), de “beef”, y así la encontramos en restaurantes donde ofrecen parrilladas. También es errónea la grafía bisteck, ya que no es ni inglesa ni española, aunque está claro que esa “ck” se escribe por ser más apetitosamente “gringa”.
La ortografía es un símbolo de educación y de cultura: antes de escribir, si no estamos seguros, debemos informarnos o, por lo menos, tener mucho cuidado con las palabras que usamos; sobre todo si se trata de un papel que puede ser leído y releído. Será por tener ya años de profesora, pero muchas veces extraño el lapicero rojo ante esas cartas escritas de cualquier manera. Y no solo me refiero a esa última en un restaurante de comida criolla, donde ofrecían sopa de pata de loro (sí, con “l”: fue imposible no hacer el chiste a la mesera): evidentemente era un error de tipeo, pero también parte de la carta de presentación de su local.

viernes, 6 de febrero de 2015

Elicitar / Elicitación


Impagable la página elicitar.com, donde nos explican que, en el campo del aprendizaje experiencial, “elicitar” es la acción que se produce en la aplicación del debriefing para el [sic] despertar conciencias y el [sic] estimular hacia acciones para desencadenar [esta vez sin “el”] compromisos. Gracias a esta página también aprendemos que se trata de un neologismo que proviene del latín “elicit”, palabra que no conocía (siempre había pensado que el origen era “ēlicere”: “atraer”, “tentar”, “motivar”, “provocar”, “sonsacar”).
¿Se equivoca entonces la RAE al afirmar con toda la cachaza en su Diccionario panhispánico de dudas que se trata de una adaptación innecesaria del verbo inglés “to elicit” (/ɪˈlɪsɪt/), que aparece a veces en textos de psicología con el sentido que corresponde a los verbos españoles “provocar” (‘inducir a alguien a hacer algo’), “suscitar” u “obtener [información de una fuente]”, según los casos?
¿O bien nos encontramos ante un intento de construir, para variar a la mayor gloria de la lengua del Imperio, una jerga supuestamente culta para oscurecer a los ojos del profano algo que ya estaba lo suficientemente claro?

miércoles, 4 de febrero de 2015

Otros palabros (XL): Embite / Embiste


Extrañas mezclas entre “embestida” (‘acción y efecto de embestir’), “envite” (‘en algunos juegos de naipes y otros, apuesta que se hace parando, además de los tantos ordinarios, cierta cantidad a un lance o suerte’, ‘ofrecimiento de una cosa’, ‘envión, empujón’) y “embate” (‘golpe impetuoso de mar’, ‘acometida impetuosa’), inventadas respectivamente por D. Stanley Johnson (en su artículo “Apuestas ilegales” de la revista XL Semanal del 22 de julio de 2012) y D. José Confuso (en su artículo “Tengo tuit y otras perlas de Rajoy en Salvados” del diario El País del 4 de abril de 2016).
Curiosamente, en el primer artículo mencionado, que versa sobre el bello arte (cultura, tradición, historia, etc.) de las peleas de caballos, tanto “envite” (“apuesta”) como “embate” (“acometida”) tendrían sentido en la frase donde aparece “embite” («el propietario del caballo ganador del “embite” se llevará una buena tajada»).
Además, como si en ese número del semanario se hubiera celebrado un concurso de juegos de palabras que comenzaran por “em-” o “en-”, ocho páginas más adelante D.ª Ixone Díaz Landaluce nos asegura que Michael Caine fue “embestido” caballero por la reina de Inglaterra. Según el DRAE, “embestir” significa ‘ir con ímpetu sobre alguien o sobre algo’ o ‘acometer a alguien pidiéndole limosna o prestado, o bien para inducirle a algo’, mientras que “investir” (seguido de “con” o “de”), que es la palabra que debería haber utilizado, quiere decir ‘conferir una dignidad o cargo importante’.
Por último, en el libro Escuela práctica para padres, de Javier Urra (recomendable, aunque lo sería aún más si pasara por el filtro de un corrector), nos encontramos con la frase «[…] sentir el latido del corazón ante cada “envestida” igual y cambiante del mar contra las rocas […]», quizás un error al traducir del catalán, puesto que en español se escribe “embestida”.

Otros palabros (XXXIX): Electrolinera


Con la llegada de los automóviles eléctricos, aparecieron las estaciones de servicio con dispensadores de energía para recargar sus baterías, y para referirse a ellas comenzó a emplearse el neologismo “electrolinera”, formado a partir de los términos “electricidad” y “gasolinera”.
Si bien se han elaborado otras propuestas más correctas sintáctica y etimológicamente como “electricera”, “electrinera” o “electricidera”, finalmente por familiaridad ha triunfado la versión “electrolinera”, pese a que la “gasolina” realmente queda fuera de contexto y dificulta su comprensión en muchos otros países hispanohablantes, donde en lugar de “gasolinera” usan los nombres “estación de servicio” o “estación de nafta”.
No obstante, según la Fundéu, además de otras denominaciones explicativas como “estación de carga (eléctrica)”, “estación de recarga de vehículos eléctricos”, “estación de servicio ecológica” o “punto/poste de recarga”, el término “electrolinera” resulta apropiado para referirse a este tipo de estaciones de servicio.

lunes, 2 de febrero de 2015

Atractivo


Hay que tener cuidado al traducir el adjetivo “attractive” (/əˈtræktɪv/). En inglés tiene dos componentes semánticos (‘guapo o bien parecido’ y ‘con probabilidades de proporcionar ventajas’ —por ejemplo: «“attractive” pay» o «this is an “attractive” version of your printer»—) pero en español sólo el primero de ellos y en ningún caso el segundo (salvo calco, como por ejemplo escribir “salario atractivo” en lugar de “salario tentador”).