miércoles, 28 de octubre de 2015

Etimología popular



Se llama «etimología popular» al proceso que lleva a relacionar erróneamente dos palabras parónimas de distinto origen etimológico, porque el hablante encuentra proximidad semántica y, a partir de esa falsa relación, se modifica el significado o pronunciación de una por analogía con la otra.
Surge de enfrentarse la arbitrariedad de la palabra, como signo lingüístico, con el empeño de los hablantes por encontrar una motivación fonética, morfológica o semántica para los términos que les resultan extraños. Por esta razón, suele afectar a préstamos de otras lenguas y a palabras cultas o técnicas empleadas por el pueblo.
El calificativo de «popular» no es exacto, porque muchos de esos errores surgieron entre copistas medievales o humanistas del Renacimiento. Algunos lingüistas prefieren hablar de «etimología asociativa».
Aunque estas deformaciones semánticas o fonéticas suelen percibirse como vulgarismos o creaciones humorísticas, a menudo, pasan a la lengua común y son aceptadas por los hablantes cultos.

Existen dos grupos de casos de etimología popular:

1. Se mantiene el significado de la palabra, pero se modifica el significante para acomodarlo al de otro término con el que cree que tiene relación semántica. Por ejemplo: se dice *mondarina en lugar de «mandarina», porque se cree que el nombre de la fruta debe estar relacionado con los conceptos de «monda» y «mondar». Entre los casos que han pasado a la lengua común, podemos citar el de «cerrojo», que modificó su forma etimológica «verrojo» (de «verucŭlum», diminutivo latino de «veru», ‘cierre’) para asociarlo a su función, la de cerrar; también existieron las formas «ferrojo» y «herrojo», por asociación con el material de que está hecho, fierro hierro.

Otros ejemplos:

a) No aceptados por la RAE:
- *Canalones (canelones): por la forma tubular, se cree que viene de «canal».
- *Esparatrapo (esparadrapo): porque se relaciona con «trapo».
- *Guiñarla (diñarla, ‘morir’): porque al morir, como en los «guiños», se cierran los ojos.
- *Pinómano (pirómano): porque quema «pinos».
- *Telesférico (teleférico): porque la terminación –férico no tiene un referente claro.
- *Sinfonier (chifonier): por la idea de conjunto de cajones, de armonía, de composición «sinfónica».
- *Atiforrarse de comida (atiborrarse): por analogía con «forrarse» de dinero.
- *Semáfaro (semáforo): porque se ve formado por «faros».
- *Cortacircuito (cortocircuito): porque produce «cortes» de luz.
- *Destornillarse (desternillarse): por influencia de perder un «tornillo».
- *Ideosincracia (idiosincrasia): por influencia de «idea» y la terminación –cracia.
- *Gulimia (bulimia): por relación con «gula».
- *Micromina (mercromina): porque desinfecta, elimina «microbios».

b) Aceptados por la RAE:
- *Vagamundo (vagabundo): asociación con vagar por el «mundo», sin tener en cuenta que se trata de la terminación –bundo (moribundo, meditabundo...)
- *Altozano (antuzano, ‘delante de la puerta’): porque solía aplicarse a los de las iglesias, que solían estar en la parte «alta» de las poblaciones.
- *Sabihondo (sabiondo): por «hondura», profundidad.
- Estar en *pelotas (en pelota, ‘desnudo’): por entender que se refiere al vulgarismo «pelotas», ‘testículos’, aunque proceda de «pelo».
- *Verdolaga (debería ser bordolaga o pordolaga por proceder de portulaca): por asociarlo al color «verde».

2. Se modifica el significado, pero se mantiene el significante, la forma, porque es parecido al de otra palabra con significado conocido de la cual se cree que procede. Por ejemplo: se emplea la palabra *inhumar como ‘incinerar’, por asociación con humo y desconocimiento de la etimología de «humus», ‘tierra’. «Miniatura» es un ejemplo de los que sí han entrado en la lengua común: su origen etimológico está relacionado con «minio», ‘óxido de plomo de color rojizo empleado como pintura’; pero estas «miniaturas», ‘imágenes que iluminaban los libros y en las que el minio era el principal colorante’, solían ser muy pequeñas y los hablantes empezaron a relacionar la palabra con «mínimo», «menor», de donde tomó el significado de ‘cosa muy pequeña’.

Otros ejemplos:

a) No aceptados por la RAE:
- *Latente (como «palpitante»): porque se cree que procede de «latido», cuando realmente significa ‘oculto, escondido o aparentemente inactivo’.
- Hacer *paseíllo (por «hacer pasillo»): por influencia del lenguaje taurino y porque por el pasillo otras personas pasan, o pasean.
- *Cerúleo (como «céreo») porque se relaciona con cera, al perderse la idea de ‘azul como el cielo despejado’ caerulĕus.

b) Aceptados por la RAE:
- *Abigarrar (como ‘amontonarse, apretujarse’, referido a cosas varias y heterogéneas): a partir del significado ‘dar o poner a algo varios colores mal combinados’.
- *Álgido (como ‘culminante, crítico’, a partir de ‘muy frío’).
- *Lívido («pálido» a partir de «amoratado»).

jueves, 1 de octubre de 2015

Personas de edad y personas mayores



Como cada año desde 1991, las Naciones Unidas celebran hoy jueves, 1 de octubre, el Día Mundial de las Personas de Edad, que la Organización Mundial de la Salud prefiere llamar Día Mundial de las Personas Mayores y yo me pregunto si no deberíamos llamar más bien Día Mundial de los Ancianos.
En todos los idiomas abundan los eufemismos para referirse a las personas que han cumplido ya los 65 años, pero no entiendo bien por qué. ¿Qué tiene de malo o de vergonzoso o de ocultable el hecho de haber cumplido muchos años y haber ido acumulando conocimientos, experiencias y vivencias?
En nuestra lengua, por ejemplo, no me convencen nada —especialmente en los textos científicos— la mayoría de los eufemismos de moda: *las personas de edad* (¿de edad?, ¿de qué edad?, porque yo diría que todas las personas tenemos edad, desde los niños de pecho hasta los nonagenarios; en todo caso, habría que especificar por lo menos que se trata de «personas de edad avanzada», pues no es lo mismo la edad a secas que la edad avanzada), *los mayores* (¿mayores que quién?; para un niño, por ejemplo, «los mayores» son los padres y casi cualquiera que tenga más de veintipocos, y en una guardería «los mayores» tienen 4 años) y *la tercera edad* (empiezo a contar y a mí me salen más de tres edades: la lactancia, la niñez, la adolescencia, la juventud, la edad madura o adulta y la ancianidad, como mínimo).
De las denominaciones tradicionales, es cierto que la palabra ‘viejo’ se ha cargado de connotaciones peyorativas en la sociedad actual, pero no veo motivos para rehuir el uso de anciano. Elevo desde aquí una petición a la Asamblea General de las Naciones Unidas: ¿no les parece que, al menos en español, convendría rebautizar el Día Mundial de las Personas de Edad como Día Mundial de los Ancianos?