viernes, 23 de diciembre de 2016

En el mundo de la moda no eres nadie si no dices tres anglicismos por minuto



Cada vez que hay una nueva edición de Madrid Fashion Week, o de su equivalente en Barcelona, se pone de manifiesto que en el mundo de la moda no eres nadie si no sueltas tres anglicismos por minuto. ¿Pose?, ¿pertenencia a grupo?, ¿complejo de inferioridad?, ¿papanatismo? Un poco de todo eso hay.

Conviene saber inglés, o al menos chapurrearlo, si se va a asistir a los fashion shows o desfiles de la antigua Pasarela Cibeles, que cambió su nombre hace unos años para darle mayor carácter internacional y unificarlo con las fashion weeks de otros países. Si hace décadas era el idioma francés el que exportaba términos relacionados con la moda (glamour, prêt-à-porter, atelier…), desde hace tiempo ha ido ganando terreno el inglés, como ha sucedido en tantos campos. La pena es que el español, una lengua que hablan más de 400 millones de personas en el mundo, posee palabras de sobra para evitar esa invasión de extranjerismos.

«Hay cierto papanatismo en creer que, utilizando términos extranjeros, esto le da mayor seriedad al encuentro o mayor carácter internacional», le dice a EFE Salvador Gutiérrez, filólogo y académico de la Lengua. «Yo lo veo como una especie de complejo de inferioridad», asegura la escritora, y también académica, Soledad Puértolas. Y es que, al parecer, se ve mejor el desfile del diseñador de turno si te han sentado en el front row que en la primera fila, y es más trendy saludarlo luego en el kissing room que en la sala de encuentros.

Y no todo el mundo tiene acceso al backstage o camerinos para ver el ajetreo que se traen las esculturales top models, superando un fitting (prueba previa al desfile) tras otro. Esas supermodelos, como recomiendan la Real Academia Española y la Fundación del Español Urgente (Fundéu) que se llame a las top models, comenzaron sus carreras mostrando un buen book o álbum lleno de las mejores fotografías que les habían hecho, y todas ellas cuentan con un booker, que en español es la persona encargada de asesorarles.

Y por supuesto, superaron en su día un casting, anglicismo definitivamente incorporado a nuestro vocabulario, aunque conviene escribirlo en cursiva. En esas sesiones las modelos suelen entregar su composite, que en la lengua de Cervantes equivale a una tarjeta de visita con fotos y datos como la altura, las medidas corporales y el color de ojos.

De las top models tomarán idea los aficionados a la moda para llevar esa prenda must-have o imprescindible. Y ellas se convierten también con frecuencia en las it girls o chicas de moda, al igual que entre sus compañeros masculinos de profesión hay muchos it boys.

La nueva revista Grazia, que irrumpe con fuerza en el mercado español, saca en la portada de su primer número a Cara Delevingne, una it girl. Otra prueba más de cómo esta expresión se ha extendido.

En el press book o dossier de prensa que se facilita en estas pasarelas internacionales, se incluyen también muchos extranjerismos, y se prefiere hablar de animal print, y no del estampado de cebra o leopardo de toda la vida; de escote halter, ese que deja los hombros al descubierto y que se abrocha en la parte trasera del cuello; y de estilos urban, casual, sport wear o minimal.

Salvador Gutiérrez atribuye la profusión de anglicismos en los desfiles de moda a un afán de «demostrar que están al día y que pertenecen a un grupo más competitivo, más internacional. Pero se pasan tres pueblos de la raya, porque no se utiliza el castellano ni siquiera en cosas elementales como puedan ser la misma situación de los espectadores, el descanso para tomar un café o el resumen de prensa», asegura.

«Creo que hay cierto papanatismo en todo esto, cierto descuido del español. No costaría nada emplear términos castellanos en determinadas ocasiones», señala Gutiérrez, coordinador de la nueva Ortografía de la lengua española.

Soledad Puértolas ve «un cierto complejo de inferioridad» detrás de esta invasión de extranjerismos: «Si tenemos un idioma que lo hablan millones de personas y tan rico como el español, ¿por qué hay que importar esos términos?», se pregunta la autora de novelas como El bandido doblemente armado o Mi amor en vano. «Creo que es también una cuestión de marketing y de que se ha impuesto en la moda una dependencia con respecto a otras pasarelas más importantes», añade esta destacada novelista.

Aficionada a la moda, aunque no asista a los desfiles, Puértolas considera que hay, además, algo de «espejismo» en esos usos lingüísticos. Como si quisieran «hacer ver que esto es otra cosa, que esto es París o Nueva York. Pero esto es Madrid y está muy bien que lo sea. No pasa nada por hablar en español», subraya. En definitiva, «responde a una inseguridad y a un rechazo de lo que eres. Hay una falta de orgullo cultural», asegura la escritora.

Tanto Gutiérrez como Puértolas —al igual que hacen la RAE y la Fundéu— recomiendan evitar esos extranjerismos y no «despreciar» las numerosas voces españolas que hay para decir los mismos conceptos. «Deberíamos velar más por el cuidado de nuestra lengua, que es internacional, riquísima, y que no desmerece nada con el inglés en ningún aspecto», concluye Salvador Gutiérrez.

martes, 20 de diciembre de 2016

Composite (/ˈkɒmpəzɪt/)


Préstamo del inglés para designar la “resina compuesta”, materiales sintéticos (polímeros orgánicos y partículas o fibras inorgánicas) mezclados de manera heterogénea para su utilización en restauraciones dentales. La RANM desaconseja su uso por por considerarlo un anglicismo innecesario, a lo que yo añadiría el hecho de que en España, para variar, nos hacemos un lío con la pronunciación: mientras que en inglés el acento recae sobre la primera sílaba (como se puede ver en la transcripción fonética del título), aquí lo cambiamos de sitio, tanto quienes lo usan como voz inglesa y dicen /kompósit/ como quienes lo castellanizan y pronuncian /komposíte/.
Tiene también otras aplicaciones fuera de la medicina, como por ejemplo la confección de suelos y baldosas exteriores o, en el mundo de la moda, el catálogo en el que se exponen fotos y datos personales (altura, medidas corporales, color de ojos) de uno o varios modelos publicitarios.

Los grandes clásicos «están llenos de basura», según el mexicano Ilan Stavans


El escritor y filólogo mexicano Ilan Stavans, llamado por algunos «el evangelista del espanglish», afirmó en Santiago de Chile que los clásicos de la literatura «están llenos de basura» y puso como ejemplo al Quijote.

La obra de Cervantes, «tiene demasiadas páginas, es descuidado [sic], de estilo torpe», opinó Stavans, que ofreció este miércoles una conferencia sobre «Literatura y basura» como invitado en la cátedra «Roberto Bolaño» de la universidad Diego Portales.

A su juicio, el Quijote está lleno de tropiezos, a Cervantes «se le olvida lo que dijo en el capítulo anterior» y es «imperfecto», aunque también reconoció que es un libro «exquisito» y «el que mejor expresa el alma de la cultura hispana».

No es esta la primera vez que Stavans se involucra con Cervantes, pues sus ideas aparecieron ya en el 2005 en una carta ficticia que un editor actual le dirige a un Cervantes que quiere publicar su obra.
También convirtió a la obra cervantina en juguete de su pasión por el espanglish al escribir en esa jerga —que para él «ya no es marginal» en EE. UU.—, el primer capítulo de las aventuras del caballero de la triste figura.

In un placete de La Mancha of which nombre no quiero remembrarme, vivía, no so long ago, uno de esos gentlemen who always tienen una lanza in the rack, una buckler antigua, a skinny caballo y un grayhound para el chase, comienza el texto, que motivó curiosidad y críticas de conocedores del espanglish que juraron no haber escuchado en su vida muchos términos empleados por Stavans, entre ellos placete.

Stavans nunca dijo si pensaba escribir todo el Quijote en espanglish, pero en Santiago planteó reescribir la obra incluyendo nuevos elementos, como vampiros y ciencia ficción. «A los clásicos hay que intervenirlos», sostuvo.

Deben ser, precisó, intervenciones muy sutiles, lanzándole al lector elementos foráneos, que pueden considerarse basura.

«Mostrar que a fin de cuentas los clásicos existen para que los volquemos de cabeza», sostuvo, en declaraciones al diario El Mercurio.

Stavans es un conocido generador de polémica, con afirmaciones como que Julio Cortázar había contraído el sida en relaciones homosexuales o al llamar «aficionado» a Mario Vargas Llosa o «curiosamente decepcionante» a Gabriel García Márquez.

Hardware (/'hɑ:dweər/) / software (/'sɒftweə(r)/)


Dentro del mundo de la informática (también significa “ferretería”, “quincalla”, “armas” o “armamento”), “hardware” se refiere al ‘conjunto de componentes que integran la parte material de una computadora’ (es decir al “equipo informático”).
En el caso de “software”, en la mayoría de las ocasiones puede traducirse por “programa”, “programa informático” o “aplicación informática” (‘conjunto de programas, instrucciones y reglas informáticas para ejecutar ciertas tareas en una computadora’). El resto de casos se correspondería con las líneas de programación y se podría traducir como “código [fuente]”.

martes, 8 de noviembre de 2016

Coda


Préstamo del italiano “coda” (plural “code”) /ˈkoda/ (“cola” [de un animal], “final”, “parte de atrás”, “estela”, “fila”), a su vez proveniente del latín “cauda”. En español se utiliza en varios ámbitos: en métrica, designa el ‘conjunto de versos que se añaden como remate a ciertos poemas’; en música, la ‘parte final de un movimiento, con frecuencia la repetición de uno de sus mejores motivos, añadida con el fin de redondear la obra’ (frecuente en las sonatas y en las sinfonías), una ‘repetición de los motivos más agradables del baile al final de una pieza bailable’ o el signo musical empleado en notación para señalar determinados puntos de referencia cuando se quiere indicar una repetición; finalmente, en fonología, es la ‘parte de la sílaba que es posterior a su núcleo’ (como por ejemplo la –j de “carcaj” o “reloj”), donde la consonante inicial de la primera sílaba se llama “cabeza” y el núcleo se llama “cima”.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Excuse me?



Me encontraba en un sitio muy pintoresco de la ciudad tomándome un café cuando entró una señora que se acercó a pedir en el mostrador. Tras unos minutos, le dijo a la dependienta que quería una galleta de chocolate y un batido. La dependienta la miró con cara extrañada y le preguntó que si se refería a la cookie de chocolate y al smoothie verde. Yo no pude evitar sorprenderme, la dependienta parecía casi indignada; pero más me sorprendió la respuesta de la señora: «¿y no son lo mismo?» Y tenía toda la razón: son lo mismo. Pero hoy en día nos creemos más cool por usar ese tipo de palabras. Y es que están muy bien los anglicismos y todo eso, pero ¿hasta qué punto lo estamos llevando?

viernes, 28 de octubre de 2016

Otros palabros (XLVII): «Factores de distancia» (o del lenguaje engolado y antieconómico)


Rezaba hace poco un diario peruano que «el alcalde no pudo llegar al acto oficial debido a “factores de distancia”» (es decir, “porque estaba lejos”). Otros ejemplos parecidos, bastante típicos en los medios de comunicación (perdón, los mass media), son disparates como los siguientes:
• «Los atracadores huyeron “a bordo de” una moto»: la fórmula “a bordo de” (que también hay quien confunde con “abordo”, presente del verbo “abordar”), válida para naves y aeronaves, resulta ampulosa e inexacta al hablar de motos, coches o bicicletas, cuando podemos resolverlo con un llano “en”. Además, no debe usarse para transportes sin espacio interior (nadie viaja “a bordo de” motos o bicicletas, puesto que no van “dentro de” sus vehículos, sino “sobre” ellos).
• «Caerán “precipitaciones en forma de” nieve o agua» (es decir, “nevará” o “lloverá”) y otras perífrasis relativas al tiempo atmosférico como “condiciones climatológicas adversas” (“mal tiempo”).
• «Se espera que aumente “la siniestralidad en vías interurbanas”» (habrá “más accidentes en las carreteras”) o «Se ha producido un accidente en el “punto kilométrico” 242 (en el “kilómetro” 242, para evitar el oxímoron que supone que un punto tenga una longitud tan extensa).

martes, 18 de octubre de 2016

Lehendakaresa / Lendakaresa


Al igual que “aquelarre”, “chabola”, “gabarra” o “ikurriña”, entre muchos otros, el vocablo “lendakari”, préstamo del euskera “lehendakari” (‘jefe de gobierno’) para designar al ‘presidente del gobierno autónomo vasco’, lleva mucho tiempo asentado en la lengua castellana.
No así “lehendakaresa”, neologismo que evidentemente no ha sido creado por ningún hablante de euskera, sino más bien por alguna persona aquejada de esa imperiosa necesidad—tan contagiosa en nuestros días— de distinguir el género en todas y cada una de las palabras. Si bien la terminación –esa se utilizó en los inicios de la Academia Vasca, antes de la normalización, en palabras como “alkatesa” (de “alkate”, “alcalde”) o “aktoresa” (de “aktore”, “actor”), salvo contadas excepciones el euskera carece de flexión de género por sexo: son simplemente palabras diferentes para seres de sexo diferente, como gizon·hombre/andre·mujer, mutil·chico/neska·chica o aita·padre/ama·madre. Así, cuando una mujer llegue a la presidencia del gobierno del País Vasco, será “la lendakari”. Además, el sonido de la palabra “lendakaresa” se parece mucho al de “lehendakaritza” (‘presidencia del gobierno vasco’), con lo que podría llevar a confusión en el lenguaje hablado.
El desconocimiento del euskera hace que caigamos en malentendidos e inexactitudes cuando, por las razones que sean, intercalamos vocablos de dicha lengua en nuestra habla del día a día, como por ejemplo referirse a los “padres” como “aitas”: “aita” quiere decir exclusivamente “padre”, luego “aita” en plural son dos padres varones, no un padre y una madre.
Por otra parte, en caso de considerarse imprescindible formar el femenino de “lendakari”, en todo caso debería ser “lendakara”, siguiendo las normas de formación del género femenino en castellano; parece ser que el motivo por el cual se ha optado por la denominación “lendakaresa” ha sido totalmente arbitrario (un caso parecido al de “lideresa”) y también se podría haber elegido “lendakarisa” (como “sacerdotisa” o “poetisa”) o “lendakarina” (como “zarina”).

martes, 11 de octubre de 2016

Extimidad


Concepto creado en 1958 por el psicoanalista francés Jacques Lacan en su seminario “La ética del psicoanálisis”. Calcado del francés “extimité” al resto de lenguas (“extimacy” en inglés, por ejemplo), alude a lo “éxtimo”, el aspecto más íntimo de la personalidad, irreconocible para el sujeto por estar situado en un espacio mental ajeno a la conciencia e inexplicable por apuntar a lo más real de cada uno. Como el tal Lacan no sale en ningún “reality” ni tiene ningún “follower” en las redes sociales, ha comenzado a utilizarse este término, de manera errónea y simplista, como antónimo de “intimidad” o sinónimo de “exhibicionismo”, con el sentido de ‘hacer externo o difundir lo íntimo’. Incluso hay quien se atreve a enmendarle la plana a este psicoanalista y afirmar que fue él mismo quien lo definió como ‘la tendencia de las personas a hacer pública su intimidad’.

lunes, 10 de octubre de 2016

Numerización


Calco del neologismo anglosajón “numeracy” /ˈnjuːmərəsɪ/ (‘conocimientos básicos de aritmética’, ‘habilidad para la aritmética’, ‘habilidad con los números’), contracción de “number” /ˈnʌmbə/ (“número”) y “literacy” /ˈlɪtərəsɪ/ (“alfabetismo” —‘capacidad de leer y escribir’—, “alfabetización”, “conocimientos de”, “competencia en”, “habilidades de”, “don para”) y acuñado en 1982 por el Dr W. H. Cockcroft, presidente de la comisión de investigación de la enseñanza de Matemáticas en las escuelas que, en su informe para los gobiernos de Inglaterra y Gales, definía los dos atributos de este término: «El primero: sentirse “a gusto” con los números y ser capaz de utilizar las habilidades matemáticas que permiten a una persona hacer frente a las necesidades matemáticas prácticas de la vida diaria. El segundo: ser capaz de captar y entender la información que se presenta en términos matemáticos, como por ejemplo en gráficas, diagramas y cuadros, o mediante referencias a incrementos o decrementos porcentuales».
Para referirnos a este concepto, en español utilizamos las expresiones “aptitud numérica” (AN) o “capacidad numérica” (‘habilidad para manejar y utilizar números y relaciones matemáticas en su doble versión de rapidez en su manejo y de resolución de problemas’), también denominadas en ocasiones “alfabetización numérica” (término contradictorio, al menos etimológicamente, pues “alfabetización” se refiere a la lectura y a la escritura) o “competencia numérica” (designación más inclinada hacia los usos prácticos de los conocimientos numéricos que a su comprensión).
En otros ámbitos, también se utiliza el verbo “numerizar” con el sentido de “digitalizar” o “escanear” debido a una traducción errónea del francés “numériser” (/nymeʀize/).

jueves, 6 de octubre de 2016

Bomba de tiempo


Calco del inglés “time bomb” (/taɪmbɒm/), cuyos equivalentes en español son “bomba de relojería” o “bomba cronometrada”, muy común en el campo de la informática para designar las “bombas temporales”: virus programados para que se activen en un momento determinado, incluso en varios equipos al mismo tiempo (viernes 13, día de los Inocentes, etc.) Son parecidos a las “bombas lógicas” (de “logic bomb” /ˈlɒdʒɪkbɒm/), que permanecen ocultas hasta que se cumplan una serie de condiciones preprogramadas en el equipo infectado o que ejecutan una acción maliciosa no autorizada cuando el usuario realiza una acción determinada (enviar un correo electrónico, ejecutar un comando, abrir alguna aplicación, etc.), y a los “disparadores de base de datos” (de “database trigger” /ˈdeɪtəˌbeɪsˈtrɪɡə/), cadenas de código ocultas que, por ejemplo, comienzan a borrar archivos si detectan que el programador deja de aparecer como activo en el sistema (es decir, si le despiden). Los programas de evaluación, que desactivan algunas de sus funciones después de un plazo prefijado, no se consideran “bombas temporales”, puesto que en este caso el usuario ya conoce previamente la acción que va a ejecutar el programa informático.

martes, 4 de octubre de 2016

¿Archivo o fichero?


Al elaborar los glosarios para la traducción de sus productos, Microsoft decidió traducir “file” /faɪl/ (fuera del campo de la informática, “carpeta”, “archivador” o “clasificador”) como “archivo” (más común en América) en lugar de como “fichero” (más común en España), incluso llegando a proscribir el uso de “fichero” para instaurar un español neutro en su terminología. Sin embargo, lo que consiguieron realmente fue crear una especie de falso cognado o de confusión entre el continente y su contenido, puesto que en español “fichero” es la “carpeta” donde se almacenan los “archivos”, amén de infinidad de malentendidos por su similitud con el término “archive” (/ˈɑːkaɪv/).

jueves, 29 de septiembre de 2016

Gossipear / Gosipear


El inglés antiguo “godsibb” (“mecenas”, “padrino”), formado por los lexemas “God–” (“Dios”) y “–sibb” (“pariente”, “familiar”), dio lugar a “sibling” /ˈsɪblɪŋ/ (“hermano”, “hermana”) y al inglés medio “gossip” /ˈɡɒsɪp/ (“cotilleo”, “chismorreo”, “cotillear”, “chismorrear”). Ya en nuestros días, el espanglish adaptó el verbo inglés a la morfología del español, unas veces manteniendo la doble ese y otras dejando una sola… Y no sólo el espanglish, puesto que en Extremadura también utilizan este híbrido, añadiéndole otras dos variantes: “guisopear” (también utilizada en Murcia, pero como sinónimo de “hisopear”: ‘rociar de agua con el hisopo’) y “gusipear”.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Base


Son muchos los ejemplos de calcos del inglés “basis” /ˈbeɪsɪs/ (“base”, “fundamento”, “forma”) directamente como “base” cuando en realidad no corresponde.
El caso más común y paradigmático es la locución “en base a”, giro propio del derecho posiblemente proveniente del inglés “on the basis of”, aunque muchos autores lo califican de galicismo tomado de “sur la base de” y el DPD lo considera un calco del italiano “in base a”.
El Museo de los horrores del CVC indica que «procede del lenguaje forense» y nos ofrece alternativas como “basándonos en”, “basándose en”, “sobre la base de”, “en relación con” o simplemente “por”. La Fundéu apunta que «para decir que aquello de lo que se habla se hace con apoyo o fundamento en algo, se recomienda emplear preferiblemente “a partir de”, “en función de”, “basado en”, “a partir de”, “de acuerdo con”, “con base en”, “con apoyo en”, “apoyándose en” o “según”». Otras posibilidades serían “tomando como base” o “con” a secas.
También es muy típica la expresión “en una base diaria” (calcada de “on a daily basis”, cuando en español contamos con giros más habituales como “a diario”, “diariamente”, “cada día” o “todos los días”), similar a “en base permanente” (calcada de “on a permanent basis”, en lugar de “de modo permanente”, “permanentemente” o “para siempre”) y “en base regular” (calcada de “on a regular/ongoing basis”, en lugar de “regularmente”, “a intervalos regulares”, “cada tanto” o “de manera regular”).

Impacto


Sus acepciones tradicionales (‘choque de un proyectil o de otro objeto contra algo o alguien’, ‘huella o señal que deja dicho choque’, ‘efecto de una fuerza aplicada bruscamente’) provienen del latín tardío “impactus” (in–, “hacia el interior”, y –pactum, raíz del verbo “pangere”, que significa “clavar”).
Las acepciones más modernas (‘golpe emocional producido por un acontecimiento o una noticia desconcertantes’, ‘efecto producido en la opinión pública por un acontecimiento, una disposición de la autoridad, una noticia, una catástrofe, etc.’), además de las expresiones “impacto ambiental” o “impacto medioambiental” (‘conjunto de posibles efectos sobre el medio ambiente de una modificación del entorno natural, como consecuencia de obras u otras actividades’) son un calco del inglés “impact” (/ˈɪmpækt/), por lo que en esos contextos es preferible optar por otras traducciones más correctas de dicho anglicismo, tales como “impresión”, “efecto”, “repercusión” o “consecuencia”.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Final del día, al


Según el contexto, la expresión inglesa “at the end of the day” puede tener un sentido literal (“al finalizar el día”, “al terminar el día”, “al final de la jornada”) o figurado (“después de todo”, “a fin de cuentas”, “al fin y al cabo”). Conviene, por lo tanto, prestar atención a ese contexto para no calcar esta expresión inglesa al español en su sentido literal cuando en realidad corresponda su sentido figurado.
Véase como ejemplo el siguiente extracto, tomado de un texto de D. Jesús Fernández-Villaverde (de quien ya publicamos su estupenda presentación La salida de la crisis: cómo y cuándo) en la bitácora Nada es gratis: «“Al final del día”, una reducción dramática de este nivel de intercambios puede ser más perjudicial para Alemania y sus socios que para el Reino Unido». Es evidente que otras expresiones como “en definitiva” o “al fin y al cabo” habrían sido más correctas idiomáticamente, puesto que la frase no se refiere a que dicha reducción de intercambios esté teniendo lugar “en las últimas horas de la tarde o de la noche”.
Como profesor universitario en la Universidad de Pensilvania, es natural que se produzcan fenómenos de alternancia de código entre la lengua materna y la de trabajo, de tal modo que se adquiera una tendencia a este tipo de calcos. No obstante, la importante presencia que ha adquirido “NeG” en los últimos años podría justificar la participación de algún corrector que mejorara este tipo de aspectos lingüísticos, quizás el pie de donde más cojea esta interesante publicación.

martes, 30 de agosto de 2016

Opcional


El DRAE lo define como ‘optativo, no obligatorio’, aunque sin marca de anglicismo pese a tratarse de un calco del inglés “optional” (/ˈɒpʃənəl/), que se puede traducir al español como “facultativo” (‘opcional, no obligatorio’) o “discrecional” (‘que se hace libre y prudencialmente’), además de “optativo” (‘que depende de opción o la admite’), que es también un calco, en este caso del francés “optatif” (/Ɔptatif/).
En relación con la sinonimia entre “opcional” y “optativo”, el DPD indica lo siguiente: «[…] existen ciertos contextos en los que se emplea con preferencia uno de estos adjetivos, y no ambos indistintamente; así, referido a materias de estudio, se usa de forma casi exclusiva el adjetivo ‘optativo’ (“asignaturas o materias ‘optativas’”), a menudo sustantivado: “Deberán anotarse año tras año las materias ‘optativas’ escogidas y cursadas por el alumno”; “Impartía la ‘optativa’ de Teatro en el instituto donde trabajo”. Para referirse a las prestaciones suplementarias que pueden añadirse a las básicas al adquirir algo, se emplea normalmente el adjetivo ‘opcional’: “La promoción está dotada de plazas de garaje y trasteros, ambos ‘opcionales’”; “La chaqueta puede ser con o sin cierre, más un chaleco interior ‘opcional’”».
Otra diferencia entre ambos términos radica en el número de posibilidades que implica cada uno. Cuando hablamos de algo “opcional”, sólo hay dos posibilidades (hacer o no hacer): «El examen de Traductología es “opcional”» (no es obligatorio presentarse). Sin embargo, en el caso de “optativo” se escoge entre más posibilidades: «El examen de lenguas extranjeras es “optativo”; se puede elegir entre inglés, francés o alemán» (es obligatorio —no es “opcional”—, y hay que optar por una de las tres posibilidades).
Por su parte, el inglés “optative” (/ˈɒptətɪv/) también proviene del francés “optatif” y, al igual que en el caso del español, tampoco es totalmente intercambiable con “optional”: mientras que éste vocablo se refiere más estrictamente a la posibilidad de “optar”, aquél tiene el matiz de expresar un deseo que puede ser elegido. No obstante, a la hora de traducir hay que prestar también mucha atención a las colocaciones, ya que la traducción de “materia optativa” sería “optional subject”.

jueves, 28 de julio de 2016

Booktuber (/bʊkˈtjuːbə/)


La palabra compuesta “youtube” (/juːtjuːb/) está formada por la acepción coloquial de “tube” que, además de “metro”, significa “tele” o “caja tonta” (por afinidad con “cathode-ray tube” o “tubo de rayos catódicos”).
El famoso servicio de alojamiento de vídeos, lanzado en el año 2005 por tres antiguos empleados de PayPal y adquirido un año más tarde por Google, tomó como lema «broadcast yourself» («transmite tú mismo» o «emítete a ti mismo»). No tardó en convertirse en la página más utilizada en internet dentro de su campo, tanto es así que dio origen al verbo “to youtube” (buscar en YouTube), del mismo modo que con Google nació el neologismo “gugolear”. Aun así, probablemente sus creadores no anticiparon que, merced al auge de los “listófonos”, su idea terminaría dando lugar a una nueva profesión, el “youtuber” /juːˈtjuːbə/ (‘usuario de YouTube’ o ‘productor de vídeo en YouTube’), cuyos exponentes más populares (“YouTube personalities” o “YouTube celebrities”), con millones de suscriptores en todo el mundo, llegan a ganar cifras astronómicas cercanas a los 100 000 euros al mes.
La terminación –er, utilizada en inglés para formar este neologismo, indica en este caso una profesión relacionada con el nombre que se antepone. El sufijo correspondiente español es –ero (no –ante, como en “youtubante”, otra alternativa también utilizada en algunas páginas), con lo que las reglas de formación de palabras de nuestro idioma nos dan “youtubero”, que se podría adaptar a nuestro sistema fonético como “yutubero”.
A caballo del fenómeno “youtubero” han surgido más recientemente los “booktubers” (“youtubers” que leen) o “videoblogueros/vloggers literarios” que, con el deseo de contagiar su pasión lectora, recomiendan sus últimos descubrimientos, hacen videoreseñas literarias y recorridos guiados por sus propias bibliotecas, comentan otros aspectos relacionados con los libros (juegos, colecciones, hallazgos en librerías de segunda mano, oportunidades en internet…), comparten guías para escribir y publicar, etc.
Pese a tratarse de un fenómeno denostado por los críticos literarios más puristas (sobre todo desde que les roban protagonismo tras su salto desde la pantalla del ordenador hasta las ferias de libros), los datos demuestran que su auge está siendo una buena noticia: la mayoría de “booktubers” son mujeres jóvenes de entre 12 y 28 años y, no por casualidad, el rango de edad más lector en España se encuentra entre los 14 y los 24 años (es a partir de los 54 cuando la lectura cae en picado), según el Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros de la Federación de gremios de editores de España, si bien es cierto que con protagonismo de los grandes éxitos editoriales y mucha literatura fantástica, ciencia-ficción, aventuras distópicas y pseudorománticas.

lunes, 25 de julio de 2016

Otros palabros (XLVI): Disconvivencial / desconvivencial / anticonvivencial


Términos utilizados en la jerga de la pedagogía para designar problemas de convivencia dentro del ámbito educativo, es decir, situaciones de ruptura de la convivencia escolar, no tanto por acoso o violencia como por interrupciones o faltas de disciplina.
Dependiendo del contexto, podrían sustituirse por vocablos más entendibles como “asocial” (‘que no se integra o vincula al cuerpo social’, si nos referimos a personas reacias a comunicarse o a integrarse en un grupo, bien por timidez bien por alguna patología, pero cuya actitud no altera el orden), “disfuncional” (‘que, por alguna alteración, no funciona como corresponde o no cumple adecuadamente su fin’), “disruptivo” (‘que produce una interrupción súbita de algo’, en el caso de personas que impiden el correcto funcionamiento de una clase) o “indisciplinado” (‘que no obedece o que no se comporta bien’).
Por otro lado, hay que tener en cuenta que los prefijos des–, dis– y anti– no son equivalentes: el primero indica una vuelta a un estado anterior (deshacer, desmontar, descalzar, descolgar, desandar, desconectar), el segundo la alteración de una estructura estable o la supresión de una de sus partes (disolver, dislocar, discapacitar, disfunción) y el tercero lo opuesto a algo o aquello que lucha o previene contra algo (anticongelante, anticonstitucional, antisemita, anticuerpo), por lo que sería más correcta la construcción con dis–.

jueves, 21 de julio de 2016

Doctor shopping (/ˈdɒktəˈʃɒpɪŋ/)


Expresión inglesa acuñada por Philip Woollcott Jr. en 1982 que podría traducirse por “ir de médicos” (por analogía con “ir de compras”). Designa la práctica de visitar a varios médicos, bien para conseguir más recetas de las permitidas para algún tipo de fármaco (analgésicos potentes…), bien como peregrinaje hasta encontrar la opinión médica que se desea oír o un profesional o equipo del agrado del paciente.
Es una práctica común entre drogadictos, traficantes de drogas, hipocondriacos en pos de un diagnóstico que confirme los temores de su grave enfermedad, o pacientes facticios (trastorno que se caracteriza por la aparición de síntomas producidos deliberadamente por el propio paciente con la intención de recibir atención médica y asumir un papel de enfermo).
En el ámbito de la pediatría, en el que son los progenitores quienes llevan de médicos a sus hijos, hay que diferenciar entre “doctor shopping” (en el que los padres muestran una actitud poco colaboradora y resistente a todo planteamiento lógico, por genuina convicción de la existencia de la enfermedad de sus hijos, pero sin simulación ni provocación de enfermedad) y el denominado síndrome de Münchausen por poderes (SMP), descrito por Roy Meadow en 1977. Es una variante del maltrato infantil (con una mortalidad del 10 al 20 %) que consiste en provocar o inventar síntomas en los niños que induzcan a someterlos a exploraciones, tratamientos e ingresos hospitalarios innecesarios, ya sea por medio de la falsificación de muestras (por ejemplo, añadiendo sangre menstrual a la orina del niño), ya sea provocando sintomatologías (inyectando heces por vía subcutánea; forzando la ingesta en exceso de agua —hasta producir intoxicación hídrica con hiponatremia—, sal común —puede llegar a ser mortal—, zumo de manzana —hasta producir diarrea—, pimienta —como castigo, provocando oclusión de laringe, tráquea y bronquios—; e incluso caídas “accidentales” con roturas óseas —está verificado que el 30 % de las fracturas de cráneo y extremidades en niños menores de tres años son provocadas—). En el 95 % de los casos, estos síntomas están provocados por la madre, un 80 % de éstas con profesiones relacionadas con la salud, víctimas a su vez de SMP en su infancia o pacientes de tratamiento psiquiátrico previo (el 60 % con antecedentes de intento de suicidio).

lunes, 18 de julio de 2016

Descontinuar / Discontinuar


La primera vez que me encontré con este término fue en el libro Escuela práctica para padres, de Javier Urra (recomendable, aunque lo sería aún más si pasara por el filtro de un corrector): «[…] lo difícil que resulta reanudar la lactancia al pecho cuando se ha “discontinuado”». No obstante, parece ser que su uso es mucho más común en el campo de (perdón, a nivel de) la informática e internet:

• «La enciclopedia Microsoft Encarta “será descontinuada” a finales de 2009» (calco, con voz pasiva anglicada de regalo, de “MSN Encarta to be Discontinued” en lugar de “saldrá del mercado”).
• «Que Google vaya a “descontinuar” el desarrollo de su Bloc de Notas no hay que tomarlo como una mala noticia» (en lugar de “paralizar” o “no continuar”, aparte de la espantosa sintaxis).
• «Apple “ha puesto el estado descontinuado” en el auricular bluetooth del iPhone» (calco de “Apple discontinues iPhone Bluetooth Headset” en lugar de “deja de vender”).
• «Los Mac Mini eran el producto de Apple que la marca más tiempo llevaba sin actualizar, pero tampoco sin “descontinuar”» (en lugar de “descatalogar”).
• «[…] la intención que tiene la empresa de “descontinuar” las versiones de 7 y 8,9 pulgadas […]» (en este caso no es un calco, sino querencia por el palabro, ya que en la fuente utilizan el verbo “replace” /rɪˈpleɪs/: “sustituir”, “reemplazar”).

Como bien interpreta D. José Luis Merino en su bitácora Desde este otro lado, aunque se trate de verbos recogidos en el DRAE (discontinuar: ‘romper o interrumpir la continuación de algo’) o el DPD (descontinuar: ‘interrumpir la continuidad [de algo]’, ‘descatalogar o dejar de fabricar [una mercancía]’), se utilizan habitualmente como calcos del inglés “discontinue” /ˌdɪskənˈtɪnjuː/ (“interrumpir” —la alternativa más correcta para la frase sobre la lactancia—, “suspender”, “cesar”, “abandonar”, “dejar de fabricar”).
Encontramos el mismo uso calcado en diccionarios como el Clave («Exigió a los responsables que intercediesen para “discontinuar” esa práctica brutal»), que se podría sustituir perfectamente por “cesar” o “abandonar” y páginas supuestamente dedicadas a la lengua española como Como [sic] se escribe («El jefe se enfadó y “discontinuó” la discusión»; «La cadena de producción “se vio discontinuada” por problemas técnicos»).

From lost to the carta: las peores traducciones de menús.



Los errores de traducción de las cartas generan momentos tragicómicos como el pulpo to the party (a feira) o el pescado in nautical fashion (a la marinera). ¿Quién the hell las escribe? «Traduttore, traditore», dice el proverbio italiano. «Traduttore, criminale», diría yo tras leer algunas cartas de restaurantes, porque más que traicionar, sus traducciones asesinan lenguas y generan cadenas de palabras tan incomprensibles como absurdas.


Quien haya comido alguna vez en restaurantes turísticos, generalmente de bajo perfil [sic], se habrá encontrado a buen seguro con disparates con los que reírse un rato. La mayoría se producen del castellano al inglés: un pescado a la plancha puede convertirse con facilidad en un fish to the iron que lleve al angloparlante a preguntarse por qué echamos acero [sic] a las sardinas, mientras que unos pimientos con bonito reinterpretado como peppers with beautiful le pueden dejar «picueto» un mes. Las lenguas cooficiales tampoco están a salvo del desastre, con pulpos a feira transformados en fiesteros octopusses [sic] to the party y algún que otro mató con miel reinterpretado en clave de homicidio como killed with honey.


Lo primero que cabe preguntarse es quién c****** hace las traducciones de las cartas de los restaurantes. «Hay de todo», explica Luis Rodríguez, de la agencia de traducción Okodia. «Unos copian lo que dice el traductor automático, otros lo envían al primo que estuvo de Erasmus, y otros lo piden a agencias o traductores profesionales. Por suerte estamos notando que se están pidiendo cada vez más de estas últimas». Algo parecido expone Óscar Nogueras, de OnTranslation: «Desgraciadamente, un alto porcentaje de restaurantes optan por la vía fácil: Google Translate o el cuñado versado en lenguas y culturas del mundo, con resultados desastrosos. Sin embargo, cada vez más son los restaurantes y hoteles que apuestan por la calidad y se lo encargan a expertos en traducciones gastronómicas».


Lo que ahuyenta a los pequeños restaurantes de las traducciones profesionales suele ser el coste, de entre 30 y 50 euros para una carta estándar. «Muchas veces el empresario no se da cuenta de que eso es lo equivalente a tres o cuatro menús, y que es una mínima inversión que facilita llegar a un público más amplio», asegura Luis Rodríguez. Una carta mal traducida suele incitar a la risa, y difícilmente hundirá a un bar o restaurante sin pretensiones si su comida es buena. Ahora bien, tiene su impacto si el local aspira a algo más. Tal como afirma Óscar Nogueras, «influye en un factor muy importante para el éxito del negocio: la primera impresión que se lleva el cliente».


Nogueras recuerda maravillosas traducciones vistas en chinos, como el cangrejo que en vez de crab es crap («mierda») o el panecillo relleno de chino, gran reclamo para cualquier caníbal aficionado a la cocina oriental. Pero el lost in translation hostelero se produce en restaurantes de todo tipo. Ben Holbrook, periodista británico afincado en Barcelona y autor del blog Driftwood Journals, afirma que siempre ve errores en las cartas. «De hecho, me decepcionó un poco si no encuentro ninguno. Hay algunos muy buenos como los untidy eggs and ham (literalmente, "huevos desordenados con jamón"), los drunk chickens ("pollos borrachos") o las strawberries with scum ("fresas con escoria"), que no sé muy bien a qué se refieren».


Me da la sensación de que los reporteros anglosajones disfrutan como enanos cada vez que se encuentran con estos desmadres idiomáticos. Fiona Dunlop, periodista inglesa especialista en gastronomía y viajes, recuerda haberse reído un rato con unos tentáculos de calamar traducidos como squid testicles, un cochinillo asado como piglet spit («escupitajo de cerdito») y un pescado a la marinera como fish in nautical fashion. Como Holbrook, la colaboradora de National Geographic ve algo entrañable en los fallos, que incluso pueden tener algo positivo. «En un local caro esperas una traducción correcta,» señala, «mientras que en un local pequeño, con encanto, en el que no esperan a muchos turistas, los errores lo hacen más auténtico».


GRANDES ÉXITOS DE LA TRADUCCIÓN

Cola de cocaína


Yo habito, tú habitas


Cuando te pisan el callo en catalán


Pagar por la traducción


A los peces del rock and roll, bienvenidos


Él, ella, tú