miércoles, 1 de febrero de 2017

«Vuelta rápida» lo son casi todas



El televisor muestra bien claro el letrero: «Fastest lap, Hamilton, 1.28.02». Y los narradores nos traducen: «Vuelta rápida de Hamilton, en 1.28.02».
Las transmisiones de fórmula 1 constituyen un ejemplo de periodismo brillante, un lujo para el espectador. No solo durante la transmisión, sino antes y después. En las horas previas a la competición, tanto el sábado como el domingo, el equipo de Antonio Lobato nos ofrece unas piezas informativas muy didácticas que explican la historia de este deporte y los aspectos técnicos más complicados. Sus autores trabajan con generosidad, porque piensan en el público y no en su propio lucimiento. Incluso nos evitan las torpes opiniones del primer fanfarrón que se pone a tiro, tan socorridas en otros acontecimientos.
Todos los profesionales que trabajan ante la cámara o comentan cuanto se ve en la pantalla saben inglés, por supuesto. Y tanto saben, que hasta pueden descifrar esas conversaciones entre el piloto y su ingeniero que oímos de vez en cuando con sonido de radiogramola vieja y que resultarían dificilísimas de interpretar para cualquiera de nosotros incluso si las escucháramos en español.
El insustituible narrador (tan imprescindible como Fernando Alonso, con el que ha ido cambiando de cadena como si el periodista también formara parte indisociable del espectáculo) y sus colaboradores (de indudable competencia en la materia) conocen a la perfección que «fastest lap» no significa «vuelta rápida» (así traduciríamos «fast lap»), sino «vuelta más rápida». Y sin embargo traducen “vuelta rápida”.
Uno ve las carreras de motos o las de fórmula 1 y se da cuenta enseguida de que todas las vueltas son rapidísimas. Unas más rápidas que otras, desde luego. Y cuando alguien consigue la vuelta más veloz de la jornada, estamos ante «la vuelta rápida», dicen. Pero el significado cabal de esa expresión nos llevaría quizá a deducir que las otras fueron lentas. Y eso que apenas se diferenciaban en centésimas, imperceptibles para el espectador.
En la fórmula 1 o en moto GP o incluso en los 1500 metros se trata de correr lo más deprisa posible, y por eso las vueltas más rápidas se prefieren a las menos rápidas. O sea, aquellas son mejores. Así que podríamos conseguir con solo dos vocablos, ni uno más que en inglés, esa economía léxica que parecen precisar los narradores: «Fastest lap», «mejor vuelta».
Eso sí, recuerden ustedes que conseguir la mejor vuelta no resulta sencillo: es incompatible con la sanción de parar y arrancar (o sea, el stop and go que decimos los entendidos), o con la de pasar y seguir (que queda más elegante con los términos drive through; ea, que siga recto por la calle de talleres…, el mismísimo pit lane). Y tampoco conseguiremos la mejor vuelta de la jornada si en ese momento se produce un accidente y aparece el coche de seguridad (diga safety car si no quiere que le tomen por un inculto).
Otros inconvenientes para obtener la vuelta más rápida se derivan del creciente granulado de las ruedas, especialmente las lisas (vamos a ver: el graining de los slicks), y de los fallos de adherencia (o problemas con el grip).
Y si nos pasa todo eso en la jornada de clasificación (que también podría llamarse «de calificación» si pusiéramos notas a los pilotos), no habrá manera de lograr la mejor posición de salida (o pole position; no confundir con la pool position, que sería una posición de piscina), y en ese caso más nos valdría regresar al taller (o box); o tal vez volvernos a la caravana (que aquí se llama motorhome para no confundirla con las de la operación salida), o simplemente desahogarnos dando una vuelta por la explanada (que en este caso denominaremos paddock para que nadie se crea que nos referimos a cualquier otra que pueda quedar cerca).
¿Y con tantos anglicismos en las carreras, se preguntarán ustedes, va uno a fijarse en que omiten la expresión «vuelta más rápida» para pronunciar la escueta fórmula «vuelta rápida», que al menos se está manifestando en español?
Pues sí.
Los anglicismos le gustan a mucha gente; con esto no se ve problema. Se dicen y se queda muy bien, que por eso el inglés es un idioma de más prestigio. ¡Para una cosa que abunda hoy día! Lo malo del asunto es este nuevo recorte, esa renuncia a un elemento de la oración que quién sabe si nos viene impuesta desde Bruselas, esta austeridad con el adverbio como si costara dinero, como si fuera un lujo mediterráneo y panderetero, mientras se nos inunda con términos de importación en periodo de oferta.
Y deberíamos conocer, sin embargo, que el producto nacional sabe competir en austeridad con cualquiera, que tenemos capacidad para decidir nuestros propios tijeretazos y decir (con similar coste tipográfico) la expresión «mejor vuelta» si es necesario: con apenas una letra más que en la versión inglesa, pero ¡con cuatro menos que en alemán! (schnellste Runde), a pesar de lo cuidadosos que han sido siempre los germanos para mirar el gasto.
Está en juego la marca España, y el Gobierno no hace nada.
(Al principio del artículo pensaba echarle la culpa a Hamilton, pero se va librando).

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