miércoles, 7 de mayo de 2014

Otros palabros (IX): Postureo


Neologismo, normalmente despectivo, acuñado recientemente y usado especialmente en el contexto de la redes sociales y las nuevas tecnogías, para expresar formas de comportamiento y de pose, más por imagen o por las apariencias que por una verdadera motivación (‘Actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción’). También se usa el verbo “posturear”, con el significado de ‘actuar con postureo’ y los sustantivos “posturas” o “posturitas” para designar la ‘persona que actúa con postureo’ (concepto para el que antes se utilizaban los vocablos “fantasma” o “posero” —‘dicho de una persona: Que actúa de forma poco auténtica o natural’—).
En la cuenta homónima de Twitter @postureo_ explican el término con un ejemplo: «“postureo” es ir a ese sitio de moda sólo para dejarte ver, colgar esa foto en Instagram, subir esa foto a Facebook, compartir esa ubicación en Twitter, ir a un evento con tu mejor sonrisa cuando lo que desearías es estar en casa. Gente que viendo su muro te preguntas cómo pueden sobrevivir a base de sushi, cupcakes y gintonics o que no ve cine español porque no está subtitulado. En resumen, “postureo” es hacer cosas más de cara a la galería que por una propia y verdadera motivación, es decir, sólo porque crees que es lo que toca. Somos consumistas, nos gusta vivir cada vez más rápido, viajar más lejos, compartir más vídeos, hacer más fotos, tener más ropa, ir a más sitios, conocer más gente, fingir más. Vivimos así».
Según José Luis Orihuela, profesor en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra y experto en comunicación digital, «el primer germen lo encontramos a finales de los noventa, cuando comienzan a popularizarse los blogs y la preocupación por la cantidad de comentarios recibidos en cada post. La generosidad de los blogueros al compartir contenidos en abierto tenía una recompensa no monetaria pero sí social (gratitud, reconocimiento, prestigio, influencia, visibilidad)».
Son las consecuencias de vivir en una sociedad más preocupada por aparentar, impresionar o sorprender a nuestros receptores o buscar el aplauso del público, que por ser. La maldición del ser miserable y competitivo, deseoso de demostrar que es más feliz, más listo, más guapo y más interesante que los demás, pero incapaz de ser feliz viendo un atardecer maravilloso si no le saca una fotografía y la comparte en una red social, del que no disfruta de la cena y las copas en el apartamento de playa al que se ha ido con sus amigos porque lo que realmente le hace feliz es que todo el mundo sepa que está disfrutando de una cena y unas copas en el apartamento de playa al que se ha ido con sus amigos.
José Luis Díez, editor de la sección de moda de la revista GQ, lo define así: «Al final lo que buscamos es el reconocimiento de los demás, convertirnos en alguien especial, crear la imagen que queremos proyectar de nosotros mismos, como las mujeres que, tras la II Guerra Mundial, se pintaban una raya en la pierna para simular que llevaban medias».

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